Sé que no vais a oírme o a leerme
en cuanto comprobéis que esta misiva
es para daros luz; empero, inerme
y mostrando mis palmas hacia arriba
en son de paz, ante los ojos de Argos,
os pido oídos para lo que escriba.
La carga descargáis de vuestros cargos
de conciencia culpable, testarudos,
acusando a los otros de letargos
que padecisteis, cómplices o mudos,
cuando los desafueros del foráneo
Raj, hoy cesante ¡al fin!, el roba-escudos
patrios, agente en el Mediterráno
occidental del Alemán Imperio
de la Unión Europea, en un pedáneo
distrito colonial y cementerio
futuro convirtieran nuestra tierra
y nuestro pueblo, clauso en monasterio
doméstico actualmente. Le dais guerra
al gobierno en mitad del cataclismo
culpándolo de ser quien solo yerra,
por su política social, y al mismo
tiempo aliviáis el cargo de atropello
al humano derecho al quien tal sismo
ocasionó: yo quiero vuestro cuello
salvar de pena capital, que os pide
para vosotros, por el descabello
de suicidio ideológico, ese Cide
Benengeli, la voz de la conciencia
reprimida en el Ello. Sí: escupid e
incendiad, olvidando la anüencia
que tenéis con el Mal, al inocente
que trata de salvarnos de la agencia
de un responsable irresponsable, gente
sin justicia, del corte destructivo
de nuestra Sanidad, el delincuente
impune, que ha vendido un pueblo vivo
y sano al interés de los emporios
merkantes de negocio improductivo
de riqueza real, como tenorios
seductores de masas para fraude
y decepción cuando los desposorios
-ya lo he cantado en mi Sapere Aude
y en mi Casandra- sin sus gananciales
os dejan, solos, y loáis con laude
perpetuo, criticando a los sociales
adversarios del Cártel Potentado,
también los vuestros: los neoliberales.
Sabed, en fin, que os cae en el tejado,
por errar de objetivo, cada piedra
que le tiréis. Ahora es, sí, el Estado,
quien os protege del ladrón que medra
a costa vuestra: no como fue antes.
Si es por trepar como rastrera yedra
comprendo la actitud de los cargantes.
Si no, es absurdo: criticar a un zurdo
por ser zurdo, es portarse como infantes
que no ven cuán absurdo es ser absurdo
por manías de hábito sin seso
o como sin cultivo un mal palurdo,
que no ve nada bueno en el progreso.
Rectificad por sabios, solidarios
con los benefactores: no hagáis eso
que hacéis sin daros cuenta, y los dïarios
pantuflos pierdan vuestra confianza:
son sólo mentirosos mercenarios.
Y sembrad con nosotros la esperanza
y no al contrario. Sanamente os pido
que, al son de esta canción, juntos la danza
acometamos, dadas al olvido
viejas rencillas, y una vida nueva
reinventar construyendo un nuevo nido.
Que, iguales todos, somos hijos de Eva.
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