sábado, 11 de abril de 2020

ALEGORÍA yámbica I &II



ALEGORÍA yámbica I

Entonces vi una inscripción y me incliné a leerla. ¡Dios santo!¿Mi nombre completo y las fechas de mi nacimiento y mi muerte! (…)Entonces supe que aquellas ruinas eran las de la antigua y conocida ciudad de Carcosa,
Ambrose Bierce, “Un habitante de Carcosa.”

Song of my soul, my voice is dead,
Die thou, unsung, as tears unshed
Shall dry and die in
Lost Carcosa.
Robert W. Chambers

Aspira esta milicia a exterminar a los hijos de la infidelidad...combatiendo a la vez en un doble frente: contra los hombres de carne y hueso y contra las fuerzas espirituales del mal.

San Bernardo de Claraval. Elogio de la nueva milicia templaria.


I. La guerra es un invento de machotes.
Cazaban animales, y un día hubo
tan pocos que se dieron los muy zotes
a caza de hombres elevada al cubo:

pasó la historia y fue fatal costumbre
institüir el vicio, y el Imperio
se lo inventó un ladrón de mucha lumbre
mental, y fuerte, igual que un megaterio

zorruno. Luego el siglo XXI
llegó, y quedó dudoso el belicismo.
Y el capo nuevo tuvo, el muy zorruno,
la idea de inventarse un organismo

que no pudiera verse: fue la China
a quien tocó la china de esta cámbrica
Big Rabia en piara, que ahora aquí culmina
en San Bernardos que usan la inalámbrica

pantalla como zombis al ataque
del micro bicho en niebla que es la excusa
para robar aún más. Salió de USA
y puso al mundo entero en mate jaque.

Ya sé que no es real. Lo finjo sólo:
ficción de ciencia: género poético
que narra distopías que enarbolo
por símbolo de fábula (con ético

-costúmbrico, en verdad, según el griego
antiguo (Etos)- Buen Mensaje histórico:
pues siempre ha sido así social el juego
y siempre gana el malo), y alegórico.

Hipótesis non fingo, dijo el Sabio.
Y así creó la ciencia verdadera.
Y luego vino Einstein. Un resabio
metió Sofía: sigo aquí, a la espera

de próximas versiones de la cosa
en sí: sé quién es justo y quién villano:
el de lujosa villa allá en Carcosa
comendador es el que mata sano.

II. Acusan a los chinos. Yo lo dudo:

la tontería el record siempre bate
en Occidente: el Rey del Disparate
locuno, sin Oriente, bien que pudo

pensar en el occidio, que le es propio
de siempre por imbécil que se fuma
un porro tras de otro y así esfuma
su mente, o lo parece, o pipas de opio.

Negó que fuera cierto que la Mami
Natura o su Ecológico Sistema
sufriera el morbo tóxico de quema
de qué más fraguas de armas: un tsunami

de gas nocivo tenue mucho mata,
porque la Eco sola en la que piensa
es de Nomía, gnomo,  y en defensa;
y el tiro le salió por la culata.

Yo no sé nada: sé que me equivoco
constantemente sólo; a nadie imputo.
Mas verosímil es que hacer el bruto
más propio es de un matón de sanos loco.

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