jueves, 27 de junio de 2019

SOBRE LAS RAZONES DEL GUSTO ARTÍSTICO Y SUS CAMBIOS.


ACTUALIDAD DE ALEIXANDRE.

I.
Siempre se ha dicho que sobre gustos no hay nada escrito, pero todos sabemos que es mentira. Porque sobre gustos no se ha dejado de escribir desde por lo menos la Poética de Aristóteles.
Herrera, por ejemplo, no tenía por buen poeta a quien no gustara de los excelentes antiguos.
Y Don Marcelino Menéndez y Pelayo, era capaz de utilizar el concepto de buen gusto incluso para descalificar a poetas que, por lo demás, y así lo reconocía el eximio erudito, de no haber sido por eso, por su falta de buen gusto, podrían haber sido considerados sin empacho poetas eximios.
La cuestión en cuestión puede parecer trivial, pero es más importante de lo que parece. Oculto en el concepto de gusto se encuentra la única explicación empírica para el concepto de belleza, sin el cual mucho me temo que el arte y, por lo tanto, la poesía no tengan mucha razón de ser ni, en consecuencia, mucha explicación. Pero afirmar tal cosa, como acabo de hacer, es obviamente problemático, porque en el concepto de gusto también se esconde siempre un sustrato ideológico determinante. De hecho Don Marcelino opinaba que algún poeta, Joaquín María Bartrina en concreto, pese a su gracia e ingenio, no era un buen poeta por causa de su mal gusto, lo que para el egregio exégeta era lo mismo que decir que por causa de sus ideas, propias de un ateo y un materialista, cosa que al crítico inquisidor y perseguidor de vidas heterodoxas le parecía contrario a toda norma, incluida la poética.
Y he ahí el problema: que la única manera como puede definirse belleza es apelando al gusto: belleza es eso que gusta, que nos da gusto. Ahora bien: ¿por qué gusta lo que gusta? ¿Y a quién? A mi personalmente me gustan las democracias no confesionales y laicas, pero a Don Marcelino le gustaban los sacroimperios romano-germánicos; y, en fin, a unos, en verdad, nos gustan las mujeres, a otros, los hombres; a unos, el fútbol, a otros la ópera; a unos, Mozart, a otros, el bacalao (¿o es bakalao?); total: que a cada uno le gusta una cosa distinta y a todos imagino que les parecerán hermosas las cosas que les gustan, y feas las que no. ¿Pero cuál es la verdadera belleza? Platón dijo que el Bien, acaso pensando que nos gusta lo que nos resulta beneficioso. Pero aludir a Platón hoy día se sabe que es cosa de supersticiosos obsoletos que todavía no saben que todo idealismo es falaz. Será mejor citar a otro filósofo de mejor reputación. Creo que era el ateo Bertrand Russell el que afirmaba que la belleza, si queremos enjuiciarla desde el punto de vista más objetivo posible, hay que valorarla siguiendo un parámetro evolucionista, es decir: que consideraremos bello todo lo que nos aporte un gusto eficaz respecto al aumento prolífero de las probabilidades de supervivencia, por lo que un perfecto ejemplo de belleza sería una puerca-espín, claro que sólo desde la particular visión de una puerco-espín, perspectiva que yo me niego a considerar universal.
Normalmente se considera que la capacidad de degustación de la belleza artística aumenta en proporción al grado de cultivo intelectual del individuo degustante: cuanto más bruto y asilvestrado sea uno, más gustará del bakalao y el fútbol, y al revés con el gusto por Mozart y la ópera. Pero es ésta una consideración que no hacen precisamente los personajes silvestres, cuya opinión sería más bien la contraria. Después de todo a muchos artístas de fina sensibilidad les gusta el fútbol y al cultísimo Menéndez y Pelayo le gustaba la Inquisición.
Toda esta digresión introductoria ha sido traída a cuento por la razón siguiente: entiendo que es evidente que, dado que la percepción de un objeto, aunque causada por éste, está determinada por la estructura del aparato perceptor del sujeto que percibe, la belleza debe ser localizada, habida cuenta de la diferencia de gustos, más en el aparato perceptor del sujeto que en el objeto percibido.
Y he ahí de nuevo el problema: la estructura interna de lo sujetos cambia. Puede ser cambiada por la educación y el cultivo de las facultades perceptivas e intelectuales, pero puede cambiar también por otras razones. De entre ellas cabe que destaquemos dos: la moda y la ideología.
La razón por la cual un poeta contemporáneo puede encontrar más belleza en Lezama que en Darío puede estar determinada por la moda: Lezama es más moderno que el poeta modernista, porque durante el siglo XX hemos querido considerar que todo lo que se parezca al arte tradicional o clásico no es moderno, y Darío se parece a Baudelaire, a Góngora o a Horacio, mientras que Lezama no se parece a nadie anterior a 1900.
La razón por la que un poeta actual encuentre más belleza poética en Gil de Biedma que en Lezama está seguramente determinada por cierta ideología: Gil de Biedma fue un izquierdista de derechas: un antifranquista rico y señorito que sólo creía en el reino de este mundo. Mentalidad mayoritaria en los tiempos que vigen.
La razón por la que yo no encuentro tanta belleza poética en Gil de Biedma o Lezama como en Darío, son sin embargo, estrictamente técnicas: Rubén Darío hasta borracho dominaba las técnicas del lenguaje poético mejor que los otros dos juntos. Claro que esto último también puede estar determinado por una ideología: uno a lo mejor piensa que la técnica es más importante de lo que en realidad es, porque piensa, un tanto desfasada y retrógradamante, que la chapuza improvisada no es un canon de belleza poética universal y eterna.
Pero lo que me interesa en verdad destacar de todo esto no es tanto la diferencia de gustos que hay entre un lector y otro como la diferencia de gustos que yo encuentro en mi mismo a lo largo de mi historia evolutiva como lector.
Me pasó con muchos poetas a los que leí con ilusión y pasión en mi juventud lectora. Saint-John Perse, por ejemplo, pasó de fascinarme a no suscitar en mí más que extrañeza ante las razones de la antigua fascinación. Es obvio que la propia lectura trasforma la estructura del aparato perceptor, lector en este caso, del sujeto, y el mío parece haber cambiado tal como demuestra mi historia personal como lector de muchos de esos poetas que entonces fueron mis ídolos. Uno de ellos era Aleixandre.

II.
Aleixandre me fascinó cuando joven. Y me pareció más que maestro, gurú, cuando se convirtió en aquella especie de ídolo vivo para los novísimos. Eran tiempos de inocencia lectora, en que uno creía que todo lo que rezumara fama era bueno de necesidad, y que si yo no lo entendía, o si me parecía un pestiño insoportable, o le encontraba maldita la gracia, eso seguramente debería ser porque yo no era un entendido, o no estaba lo bastante entrenado en el trabajo arduo de leer, o mi sensibilidad ante la belleza del lenguaje poético estaba atrofiada, dormida, y había que despertarla con la disciplina.
Empecé a flagelarme rigurosamente con esa disciplina, y acaso como consecuencia de la voluntaria y sacrificada mortificación, llegué a creerme que aquello de las Espadas como labios me resultaba alucinante: me daba así como la sensación de que volaba por paraísos verbales, o al menos por sus sombras. Uno quería ser considerado un entendido, y por eso parecía -le parecía a uno- que uno entendía. Pero se trataba de un mal entendido: uno no podía entenderse con el maestro, el des sus primeros libros surrealistas, porque al maestro surrealista no había quien lo entendiera; es más: el maestro mucho me temo que no pretendiera ser entendido.
La verdad es que, con el tiempo, eso cambió hasta en el maestro, porque sus libros posteriores a La destrucción o el amor fueron más inteligibles para un lector inteligente. Pero no eran esos los libros que me fascinaban, tal vez porque podía entenderlos sin dificultad y eso los volvía sospechosos: no sé quién me había metido en la cabeza que la mejor poesía era la que no se entiende, porque la poesía no le habla a la razón, sino a no se sabe qué, acaso al inconsciente, puesto que el corazón andaba por entonces muy desprestigiado como lector. La verdad es que la mayoría de los poemas que solía leer entonces, no me refiero sólo los de Aleixandre, eran poco propicios al ejercicio del entendimiento, por lo que yo entendí que no tenía por qué entender ningún poema que en mis manos cayera, y acabé por juzgar la calidad de los mismos y su interés ya no en virtud de su oscuridad sino en virtud de su ininteligibilidad, o lo que es lo mismo, su falta de inteligencia.
Pero con el tiempo yo también cambié, de tal manera que un día me descubrí a mí mismo leyendo poemas que entendía sin dificultad. Al principio uno pensó que eso era porque uno había aprendido a entender. Pero no: pronto ví que lo que pasaba era que los textos que ahora estaban de moda y se encontraba uno en las librerías eran textos que perseguían la complicidad con el lector, y que por tanto se entendían bien con él. Textos que con tal de no caer en el oscurantismo vanguardista caían, cierto es, en la clara simpleza de las obviedades sin sentir ningún tipo de vergüenza.
Fue entonces cuando volví a repasar a maestros de la infancia, y resultó que todo había cambiado: los libros del Aleixandre surrealista ya no me fascinaban, ni me decían nada, ni yo tenía empacho en reconocérmelo a mí mismo: ahora me interesaban los libros escritos por el maestro después de la guerra, a partir de Sombra del paraíso, pero excluyendo esa pretenciosidad que se marcó el maestro cuando le llegó, como a todos nos llega, la senilidad, y que pretendían ser Diálogos del conocimiento, libro en donde se conoce que unos personajes dialogan sobre lo que parece que no conocen, o donde no se conoce sobre qué dialogan.
En especial me emocionaban los poemas de Historia del corazón.
Hoy puedo estar seguro de que me interesan unos poemas concretos de Aleixandre diseminados por toda su obra. De la primera época, “Unidad en ella” y todos esos en que la pasión erótica se convierte en ascesis para una suerte de mística panteísta. También esa especie de rebeliones contra la evidencia que aparecen en, por ejemplo, Mundo a solas: “Sólo la luna conoce la verdad/ y es que el hombre no existe”. Versos atinados por cuanto manifiestan como verdad lunática algo que es a todas luces (diurnas) claramente incierto, aparte de expresar mediante su tangencia connotativa verdades diurnas, evidentes, como la insignificancia de la condición humana, rayana en la inexistencia, verdad que, no obstante, sólo conocemos algunos lunáticos. Y enseguida algunos poemas típicos de Sombra del paraíso, porque en la evocación nostálgica de una infancia feliz en la Málaga pre-bélica se encuentra, a modo de crítico agravio comparativo tácito, una protesta contra la injusticia y la fealdad del mundo de la postguerra, extensible a todo el reino de este mundo: la realidad humana. También me siguen emocionando ciertos poemas de Historia del corazón, que me parecen mejores que todos los que del mismo tipo se escribieron en España por aquella época.
En Aleixandre, como en tantos poetas de su generación hay, pues, poemas para todos los gustos. Quizás si alguna vez mis gustos vuelven a cambiar como consecuencia de una saturación lectora que me promueva a la jubilación, quién sabe, a lo mejor hasta acaban por gustarme esos poemas en prosa loquísima que constituyen Pasion de la Tierra.
Por fin, creo que debe reconocérsele al maestro su gusto por la lengua española, de la que siempre hizo un rico uso, a veces acaso demasiado; razón por la que se convierte el maestro en uno de los poetas contemporáneos de obligada lectura, ya que el uso usual que de la lengua se ha hecho después de él ha sufrido una vertiginosa tendencia, salvo en honrosas y prestigiosas ocasiones, hacia el más analfabeto de los empobrecimientos.
Pero insisto: esto último es una visión subjetiva de este sujeto, de modo que con toda probabilidad no coincidirá con la de muchos. Este sujeto, no obstante, hace tiempo que no tiene el menor interés en seguir patrones estéticos que no respondan a sus propios intereses y gustos, y no está dispuesto a degustar productos de mal gusto como consecuencia de las influencias externas. Los externos pueden hacer lo mismo: allá ellos con sus gustos, si se sienten a gusto, pues que la libertad, al menos para mí, es hermosa.
Por eso, en lo que a mí respecta, el gusto es mío.

sábado, 22 de junio de 2019

SOBRE EL CONCEPTO "DIOS" COMO (IN)FORMANTE BIOCOSMOLÓGICO


(V. nota final.) 

Por Hugo de Los 

Ah de Fortuny. ¿Nadie me responde?
A ver en qué nirvana se ha perdido.
¿O le ha explotado el ego y le ha nacido
Un agujero negro adentro adonde,
Absorto en su universo, se me esconde?
¿En dónde se ha metido? ¿Se ha metido
A monje en su privado estado ido?
¿O puede que sü alma ahora ahonde
  Tanto que no ha salido? Si en cabalga-
Dura hipérbaton monto y blando tmesis
A diestro en anos psico- dando a Presis
Y a siniestro y a Dires entre nalga
De gris materia y nalga, y hago salga,
En ristre el calambur con catacresis
Supositorias, luz por anamnesis
De laxado big bang, que Dios nos valga.
   Contesta, dónde andas: 
                                         Bajo vahos
Veristas sobre nubes fantasmáticas,
Junto a las bases quantum-democráticas
De las ondapartículas del Caos
Mínimo en explosión máxima, daos
Cuenta de cuánto se alzan mis empáticas
Soledades a alturas matemáticas
De buen tono de coro en bravas naos
  -Que han descubierto pólvoras y américas
Y huevos de colón en altos rectos:
Orificios de dioses, predilectos,
Ca ponen Huevos Cósmicos de hystéricas
Estigmas Ovariables esotéricas
Diseñadas por Númina arquitectos,
Musa en el fondo, bien si no perfectos,
Rebelados creadores en mistéricas 
    Iniciaciones:
                         Nieto de Leonardo,
Viejo, aprendiz de todo, nuevo nada
Enseño, si, maestro no de grada,
Al parco mando pillo leo pardo
La cartilla, que agosto −y hago cardo
De mi rosa−  el jardín de mi morada,
Si dejo, fresco, el sitio al camarada
−Y no lo dejo en él− julio: me guardo
   De cesáreas soberbias: soy humilde
Ca jamás un hipócrita: no falto
A la verdad si digo que soy alto
Pero fino. Dejadme que me atilde
La sílaba egoísta, como mil de
Cada cien de vosotros, siempre falto
De tanto para ser (de un sobresalto,
Por ejemplo, la vez que se me tilde
  De flaco rico porque ha sido el Gordo
Mío, pobre de mí, según mantiene
La opinión, general). De poco pene
Quien me crea perdido como un sordo
Beethoven navegando solo a bordo
De su nave sinfónica, y condene
Mi genio tras su tapia: me conviene:
Solo y huraño salto al foso, al fiordo,
  Al mar, al oceäno, a los abismos,
Al non plus ultra y más allá, y fenómenos
Falsos vïolo o crasos anadiómenos
Penetro agudo velos o espejismos
Que cree el vulgo realidad, los mismos
Que impone el Coco que mis prolegómenos
Al Trasfondo se come, como cómenos,
Como si nada fueran, siendo sismos,
  La moral que, si brava, vibraría
Rebelde a su censura, contra el enza-
Patamiento del alma, que comienza
A tragar demasiado en pro del Guía
Del vulgo, al que intimida la herejía,
Al aún no demos ser, de Neoprovenza:
Todo Estado es rüín y sinvergüenza;
Un Estado moral, qué tontería.

(F. Fortuny, Canto I de “El laberinto de Fortuny” en Gaya Ciencia, Centro Cultural de la Generación del 27, Málaga, 2015).

            Cito ampliamente este fragmento de Fortuny por la idea contenida en una semasia seminal en la 3ª estrofa: “las bases quantum-democráticas/ de la ondapartículas del Caos” que dan lugar -y tiempo-, en la 4ª, a “Huevos Cósmicos/  De hystéricas/ Estigmas Ovariables” -nótese la androginia del tropo: alusión a los Testículos y al Hýsteron griego, Útero-, protagonista de tantas míticas cosmogonías, "de hystéricas/ Estigmas Ovariables esotéricas/ Diseñadas por Númina arquitectos,/ Musa en el fondo (…)” -y nótese tmabien el tambie en la 2ª aunciciado y, aquí, insinuado calambur "Ovariables"/ o variables (susceptibles de ser vaiadas en ovarios)-, que florecerá en las siguientes como razón poética de una rebelión anarquista o, mejor, demarquista, “contra el enza-/ patamiento del alma” (nótese la enfatiquísima tmesis, que ya anunció usaría en la 2ª, que suelen mantener a los demoi en su condición de vulgus, cuando se emperran en apoyar a sus opresores acro-jerárquicos, y su metáfora metonímica denigradora: el enzapatamiento es del alma o la psiké que, tradicionalmente sita en el corazón y actual y neurológicamente en el cerebro, ocupa el lugar de los pies -alusión al giro: pensar con los pies, pues- “en pro de Guía”, sic, con mayúscula: Leader, Fürer, Duce, Conducator).
            Y lo hago sobre todo por sus implicaciones teológicas, o teologomíticas, en el sentido en que ambos usamos es término, aunque con la párvula diferencia de que, pese a que yo sí soy psiquiatra, lo uso más en sentido filosófico y él en psicoanalítico lacaniano: el gran Otro del maestro francés es simbólico -o simbológico logomítico, como preferimos decir, pues, en tanto que todo mito es desarrollo narrativo de un símbolo (Durand) y vela lo Real (que nosotros preferimos llamar la Verdad Velada, tomando el adjetivo en este caso del físico D’Espagnat -Le reél voilé-), tiene, por lo tanto, sólo tiene existencia psicosocial, superegoica y superestructural, mientras que como, doctor en filosofía de la ciencia y en teología, yo tiendo a ver en nuestra “logomítica” más bien un método de orientar la búsqueda de lo que llamaré Sentido Cósmico, que según ciertas propuestas de la cosmofísica estándar, puede tener que ver con lo que se ha denominado Principio Antrópico: el Universo es como es, PORQUE, de no ser así, no estaríamos aquí para preguntarnos por ese Porqué.
       La idea que me sugiere se basa en una serie de conversaciones, pláticas y diálogos que mantenemos desde hace muchos años por diversas vías, y será tal que así:

         Desde siempre los poderosos ubicaron a Dios Todopoderoso en la cúspide de su pirámide jerárquica, y hasta llegaron a concebirlo tan superior a todo que lo pusieron por encima de la naturaleza, y lo hicieron sobre-natural.
            Y en nombre de Dios (y de la Patria y el Rey) han ido los tales potentados cometiendo tantos crímenes de lesa humanidad y de lesa naturaleza, esos crímenes ecológicos que ahora los fascistas neoliberales niegan, que incluso los seres humanos genéticamente determinados para entrañar una inevitable vena mística heterodoxa ˗como todas las místicas, al menos al principio: que hasta s. Juan estuvo en la cárcel˗ hemos tenido que apostatar de toda fe, sustituyéndola por una búsqueda asintótica ˗progresiva, aunque utópica˗ de conocimiento.
            El término Dios es voz latina/indoeuropea, etimológicamente relacionada con la luz de Día y, por ende, con el concepto de iluminación: se trata de encontrar en la filosofía y en la ciencia, o en la folosofá de la ciencia,  otra vía iluminativa.
            Pero el concepto primigenio que parecen haber concebido la hómines, u homínidos, anteriores al invento de la escritura, está más bien relacionado con el término Brisa o Soplo, en latín Spiritus u arcaicamente Anima, de donde alma, en griego Psiké, de donde psíquico o psiquiátrico.
            Las auras y los céfiros, los austros y los bóreas, parecen haber sido por analogía metafórica lo más parecido a lo que luego se llamaría Dioses: unas fuerzas invisibles que animan, ponen en movimiento, vivifican las cosas.
            El gran descubrimiento del s. XX es que el Universo es dinámico y evolutivo: está animado por una oscura energía cósmica desde su Origen, hoy conocido como Big Bang, hace unos 14.000 millones de años.
            Se impone, pues, la gran pregunta ˗es decir: sin respuesta˗ científica y filosófica:
            Qué anima al Cosmos.
            Todos los vientos provienen de Eolos.
            A Quien es forzoso colocar míticamente antes del Big Bang, soplando aire en miles de millones de burbujas siderales, como prosopopeya metafórica de esa Energía Oscura, que Einstein llamó Constante Cosmológica.              
            La otra alternativa nominal sinónima de Dios es Numen. Los Númina siempre fueron Dioses de la Naturaleza, nunca nadie dijo de ningún Numen que fuera un ser sobre-natural.
            Ese Viento, símbolo tan propio del simbolismo poético de León Felipe, que infla y organiza dinámicamente el Cosmos, es también el Logos de su Evolución vivificante, que lo lleva hacia la vida y la conciencia inteligente y autorrflexiva.
            Yo propongo a Eolos como Numen moderno, en tanto que Alma del Universo.
            Pero sobre todo porque sé que en ese Dios no va a creer nadie, dado que NO existe, ni puede existir, como no sea en sentido figurado, poético, nunca literal.
            Y además, y puesto que es figura o tropo, o figura trópica, de un nouménico, o pre-fenoménico, sustrato causativo cuántico, fundamento elemental de todo, sería tropo-figuración de una Base antes que de una Cúspide o Vértice de la -caso de existir-  simbológica -fantástica- cósmica Jerarquía piramidal y, por ende,  una Entidad o Sustancia -aristotélica ousía: materia y forma, hoy mejor decir formación, o incluso información, continua cuántico/democrática.
            Tal vez es esa una manera de darles un buen soplido o sopletazo iluminador a los fascistas antiecológicos que tanto proliferan en los últimos tiempos.     

(Nota final -por F. Fortuny-: publico aquí este comentario de mi querido amigo íntimo Hugo de Los, aparte de por ese ápice de vanidad narcisa a la que todos tenemos derecho, por agradacerle la humildad de no mostrarse como el verdadero creador de la Logomítica, y de la idea teológica de un Dios demárquico, más que democrático (porque jratos es poder y arjé es tanto príncipe como Principio), como necesario concepto de un Numen de Sentido teleológico y omeguiano (de punto Omega -Theilard de Chardin, Tipler, Deutsch-) que sustituya la concepción tradicional -y tradicionalista- de un Dios Soberano como Dueño de un Pueblo Esclavo por la más actual y relevante de un Dios Soberano como Pueblo/Demos que no alcanza su dimensión teologal mientras no se reconozca en el self junguiano seminal de su alma, más allá de personalidades personajiles de las personae -máscaras y caretas- exteriores e interiores como idéntico al Princeps/Principium Universi, como identidad o ecuación atman = Brahma de la teomitología, o teologomítica, hindú, haciento un Examen de Conciencia de su Profundidades psíquicas, una lúcido Acto de Contrición quasi místico; o, en su sabio defecto, al ateísmo ramplón y fideísta (propio del ateo que cree ciegamente en la inexistencia de Dios, sin admitir ninguna matización reflexiva y dialogante sobre este humanísimo y antropológico -y antrópico- Significante, que apareció con el lenguaje y la hominización, y que con no poca frecuencia, al quedar vacío de sentido desde la logomítica Muerte de Dios, ha conllevado a tantos en no escasas ni raras veces a depresivas o desesperadas -e incluso inmorales- actitudes inquisitoriales que frisan en el más intolerante de los fascismos o estalinismos inconscientes).
           

jueves, 20 de junio de 2019

ODA AL ECOLOGOS

(o a la "Razón de -nuestra- Casa" -en griego-)
"Cualquier mínima imperfección, aun permisible, puede crear, en todo sistema jerárquico, un revolucionario y creativo efecto mariposa: ¡no seamos capullos!" (Vivián Companyer)
“...Y un cisne negro dijo: «La noche anuncia el día». 
Y uno blanco: «¡La aurora es inmortal! ¡La aurora
es inmortal!» ¡Oh tierras de sol y de armonía,
aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!” (Rubén Darío)
¿No hay nada que se pueda en este siglo
XXI eficaz llevar a cabo
contra la insensatez de ese Vestiglo
que amenaza al planeta con su rabo
descomunal, Azote de Bang Big lo-
grado al revés, que absorbe hasta el ochavo
último del más pobre, un Crunch, un negro
boquete que nos lleva molto allegro
a la extinción, por inflación del Pluto
irresponsable, al que, si el vulgo vota
irresponsable, para el absoluto
darle poder, de puro Cabezota
es duro, más que, por diamante, bruto?:
Educación, información, divulga-
ción, y no tanta mala madre pulga
chupótera, con alas de quiróptera
rata que nos planea apocalíptica
como Cóndor quiróptero, chupóptera
sanguijuela fascista que en su elíptica
órbita de ojos ciegos, helicóptera-
mente, tornado, nuclear -sub críptica
consigna, donde yace el conde Drácula-,
todo lo marcha Atrás (en la vernácula
lengua esperanta: Coco comecocos):
Vacïados de seso, por despiste
cósmico, agradecemos soplamocos
que el Mal le endiña a nuestro Amigo, alpiste
jaula agradeciendo al Diplodocus
que, me desavia y, sic, licencia, triste,
con la su imperfección que al mesozoico
nos despacha. ¿Me he vuelto paranoico
o he visto lo Real?: este noúmeno
psico-social que por terror no acepta
mirar el feligrés o el catecúmeno
asesüado de la masa adepta
-o más claro: tantísimo energúmeno
que es partidario de- a la secta Clepta.
(La suma de Cleptócrator y Masa
nos va a quebrar la eco-materna Casa).

lunes, 17 de junio de 2019

DEL TEMA DE LA HONRA EN EL TEATRO ÁUREO. El médico de su honra, de Calderón.

Como sé, y he señalado en otra parte, que los tecnicismos de Marx, Freud, Jung y Lacan y Durand, han sido apropiados impropiamente por la curiosidad intelectual del que suscribe, hago la advertencia  liminar de que ese uso impropio está asumido por este comentarista, por lo que ya en su momento avisé de que amalgamaba en sintético sincretismo  unos cuantos de esos términos, para hacer desembocar su sentido en algún neologismo propio. Recuerde el alma dormida que Superestructura, Superego, gran Otro, e Inconsciente Colectivo y Fantástica Trascendental, entidades de hecho simbólicas y fantásmáticas, pero existentes, son la raíz maestra que fundan mis conceptos de Simbológica -o Simbologismo- y Logomítica: entidades significativas pero fantasmales que sólo habitan en las psiques de los ántropes asociados dentro de una Clausurura cultural (Castoriadis) regidas (según este filósofo)  por un sistema de SIS (Significaciones Imaginarias Sociales) que yo he querido hacer equivalentes a los matizables palabros antedichos.
Pues bien: uno de los más evidentes símbolos logomíticos -o logomitemas- presentes y entitativos, u ónticos, tomados por reales y, de facto, influyentes en las mentes alucinatorias que conforman toda mundo social clausurado es ese fantasma que imperara en nuestra sociedad de nuestro Siglo Áureo y que tanto preocupó y ocupó a nuestros grandes poetas dramáticos: la honra.
He hablado en mi El canon en castellano de Lope de V. Carpio, y podría hablar sobre Alarcón (Ruiz de). En el primer caso, tanto en Fuenteovejuna y Peribáñez y otras muchas reivindacaba don Félix el derecho de los villanos, o plebeyos, al honor, a modo de defensa contra los abusos de los poderosos de sangre noble e innoble corazón o moral. En el 2º, sobre el que volveré en otra ocasión, basta con recordar cómo Bermudo, hermano de la dama bajo sospecha de ultraje a la honra familiar, no duda en proponer la muerte de su hermana junto con su amante mancillador, caso de que se descubra su culpabilidad. Sin remordimientos de conciencia alguna: la pureza de la entrepierna femenina entraña el honor de toda la familia, que es más importante que la vida de su fraterna y sororal poseedora.
Pero es en don Pedro C. de la Barca, y no sólo en El Alcalde de Zalamea -en donde se continúa el rastro lopesco-, sino en El médico de su honra, en donde podemos observar con mayor nitidez la fantasmalidad paranoica del aludido logomitema: la Honra, entendida como Fama, esclava del Quedirán, o el Quedirá-el-gran-Otro, que son/somos todos los miembros de la sociedad que estemos sometidos a su autoridad simbológica (por entender que el mito, o el mitema, no es un mito, sino un logos, una racionalidad real, objetiva y sensata, con sentido), determina en esta ocasión dramática a un personaje,  Gutierre, el marido celoso de su honra, a cometer un injusto y trágico disparate:  puesto que no se atreve a enfrentarse contra -y vengarse de- el criminal, el Hermano del Rey, el único culpable del atropello, por otra parte no consumado, contra su esposa, Mencía, se siente obligado a lavar o sanar, como un médico, la mancha o herida de su honor, matando, como un asesino maltratador moderno, a su inocente mujer.
Por salvar la honorabilidad de su noble, o nobiliario, linaje, relacionado con la legítima heredabilidad patrilineal de sus Títulos y Propiedades, comete la innoble inmoralidad  delictiva de segar una vida humana, en nombre de su Buen Nombre.
Ese médico se comporta, así lo insinúa De la Barca, como un mal curandero sangrador y matasanos, sobre todo porque deja claro  en la obra que no es esa honra la que está enferma, sino que es la misma honra la que consiste toda ella en una enfermedad: una psicopatía paranoide, diríamos hoy.
La honra y su Quedirán, adscrita a, e inscrita en el Superyó inconsciente del uxoricida, lo ha condenado, por respeto obediente al logomítico y supergoico gran Otro superestructural, arqutípicamente patriarcal y fantástico/fantasmático trascendental, a comportarse como una impune mala bestia.
Y ¿qué dice el Monarca?: bien hecho.
El fantasma, la Entelequia, es más importante que la vida de una persona humana no culpable de carne y hueso.
Pero lo más trascendental, e incluso trascendente, de este poema dramático, es que es rigurosamente actual:
¿Cuál es el espectro que ha heredado en nuestra postmodernidad la categoría de la honra áurea? Se pensará: la mentalidad machista. Y será cierto. Pero hay más.
Piénsese en el uso que del PATRIarcal concepto de PATRIa están haciendo los PATRIcios PATRIoteros del CAPITalismo -de latín, Caput, capitis: cabeza-, esos CABECillas políticos, sus representantes, votados por sus víctimas. Esa España Una, defendida para tapar fantasmalmente los desfalcos y latrocinios y fraudes reales de los delincuentes en el poder, siervos de esa KAPUT, es inconsciente herencia del Caudillo (del latín, CAPITellus, -i: CABECilla) que nos hace preferir esa, por otra parte, deseable Unidad, antes que una Justicia Social aún más necesaria, absolutamente necesaria, por competir a inocentes víctimas -la mayoría del pueblo- de esos CABEZas, ya no de Familia -como el superegoico título de Papa, santo PADRe, CABEZa visible de la Iglesia, tan  patriarcalista ella-, pero sí de la Sociedad -y la Tribu- que son los CAPITostes, y sus CAPITanes, tan manifiestamente Deseantes del domino sobre la CAPITAL, y los/las CAPITales, tan Deseados –como lo fue el rey fernadp VII) por las hordas masivas de los vulgos votantes de Populares Voces pópuli Ciudadanas.
Y, por fin, reflexiónese en la lectura analítica “lapsus-lingüística” que podemos deducir de las ilustres etimologías de esas de ese paparalelismo simbológico entre los campos semásticos de los archilexemas Padr- y Cabez-: se supone que sólo los Padres tienen derecho a servir de Cabezas por sólo a ellos les funciona en tanto que autoridad organizativa del grupo, cuando han sido siempre las Madres las que han cumplido siempre esa función interna a base dedicar su MATRImonio y sus vidas al cuidado del macho Cabezón, Padre de sus hijos.
Todo un logomito que entra con El instinto del lenguaje (Pinker) a la hora del inconsciente aprendizaje de la lengua Materna, junto a cuyo código gramatical penetran esos valores ideológicos y, como tales y por ende, falsos: un mito fantasmal al que se le otorga la categoría de existente Ente de Razón.

viernes, 14 de junio de 2019

Sobre Casandra Maudite. Texto critico de Francisco Ruiz Noguera (Universidad de Málaga)


Francisco Fortuny: Casandra maudite, Valencia, Pre-Textos, 2019
Presentación, Centro G-27. En el Hotel Molina Lario, 10, abril, 2019

He tenido ocasión de presentar en varias ocasiones lecturas o libros de Francisco Fortuny, casi todas ellas, al igual que esta de ahora, en actos organizados por el Centro Cultural Generación del 27. La primera fue hace más de 30 años (1986): se celebró en el recordado Salón de plenos de la Diputación, entonces en la Plaza de la Marina, el Salón hoy llamado Isabel Oyarzábal; hubo otra —la de la Epístola al Dios Eros— en el Centro Cultural de Calle Ollerías, hace unos doce años (2006); la última fue en este mismo patio del Hotel Molina Lario en 2015: presentación del conjunto de su obra reunida bajo el título Gaya Ciencia y otros poemas anteriores.
Es decir, creo conocer bien la escritura de Fortuny, y Fortuny es, en su obra, a la vez coherente, y por tanto, en cierto modo, esperable, y, a la vez, renovador (en proceso siempre de autorrenovación), y por tanto, en cierto modo, sorprendente. Esto que digo es aplicable tanto a su poesía como a obras pertenecientes a otros géneros, bien narrativos, bien dramáticos, o, a veces, híbridos: títulos como Prosas sacras (1991), Fábula de Fanes y Plutón (1997), El sueño de Cipión (2004), Ventura Egea (2004), El Evangelio de Lucifer (2007) y Tres dramas subversivos: Prometeo libertario. Segismundo rebelado. y La santa feminista (2017).
Hoy tenemos un nuevo libro del Fortuny poeta, una trayectoria, en este campo, que empezó a principios de los ochenta con Náutica espiritual (Cuadernos de la marinería,1981), siguió con títulos como De la locura metódica (Puerta del Mar, 1985), Cielo rasante (Pre-Textos, 1992), Sed (Fantasía chamánica) (Atarazanas, 1995), Fata Morgana (Pre-Textos, 1997) y Fuera de sí (Genesian, 2003), la mayoría de ellos reunidos en Gaya ciencia y otros poemas anteriores (Centro Cultural Generación del 27, 2015), después vendría Sapere aude raps (Litoral, 2018), que forma parte ya del nuevo ciclo en el que se incluye el libro que hoy se presenta: Casandra maudite. Eliotiana 3, bajo izquierda (Testimonio de crisis) (Pre-Textos, 2019).
El nuevo libro pertenece a lo que, al parecer, será una pentalogía, de la que Casandra es la segunda entrega. La anterior de este nuevo ciclo fue, como acabo de decir, Sapere aude (atrévete a saber), cuyo subtítulo es Eliotiana, 5, bajo izquierda; es decir, Casandra, el 3; Sapere, el 5: probablemente, en cuanto a la aparición, ese orden no sucesivo en los números esté condicionado por los azares (enrevesados) del mundo editorial, pero lo que sí se mantiene, en los subtítulos de las dos publicaciones, es lo Eliotiana y lo de bajo izquierda.
Ambas menciones tienen total pertinencia y total carácter orientador con respecto cuestiones conceptuales y formales del libro. La segunda de ellas (bajo, izquierda) nos sitúa en la perspectiva social e ideológica desde la que estos poemas han sido concebidos y escritos: este es un libro que abiertamente se inscribe en la tendencia de lo que suele catalogarse como poesía social, que tuvo, entre nosotros, su momento de mayor desarrollo reciente en buena parte de la década de los cincuenta.
En el caso de Fortuny, en cuanto a este aspecto de lo social, se llega a una clarísima intensificación de la crítica que, con raíz en situaciones de extrema desigualdad e injusticia, da el salto a la denuncia política muy directa de instituciones, actitudes, partidos y personas, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. En tal sentido, es un libro con cuyo ideario podrá coincidirse o no, en todo o en parte, pero de lo que no hay duda es de que es un libro que, en lo expresivo, es decir, en la textualidad, está comprometido radicalmente con las ideas de quien lo ha engendrado (y utilizo deliberadamente esa voz generativa porque esta escritura tiene mucho de  parto desde la indignación). No hay aquí paños calientes para hablar con crudeza de lo de ahora, de una situación del presente. Tal vez por eso, la maestría formal que, en cuanto a lo clásico tiene la obra de Fortuny, tiene voluntad, aquí, de acercarse a las formas de la moderna poesía popular crítica, como el rap, recurso que ya se había planteado como propuesta en Sapere aude: «atrévete a ser crítico, déjate inspirar por el espíritu del rap, y usa sus rimas como ya lo hicieron los trovadores y los juglares: rebélate y rompe la monotonía simétrica de Lo Establecido, y haz todo lo contrario: usa todos los recursos y figuras poéticas tradicionales y llévalas a su más original extremo y echa mano de todos los registros de la lengua; y sé valiente, y conócete a ti mismo y no huyas de ti cuando contemples tu miseria.»
Aunque yo creo que la exuberancia verbal de Fortuny es de tal naturaleza que no hay estética del rap que la contenga.
En fin, lo cierto es que el propósito de rebeldía expresado en ese texto, se cumple a la perfección en este Casandra maudite, que se abre con palabras ajenas para establecer, desde el principio un claro marco de referencia: citas de escritores como el romántico Victor Hugo, el moralista marqués de Sade, el comprometido y denunciador Primo Levi, o el León Felipe de El payaso de las bofetadas, y no solo escritores, también están en esa especie de coro (en el sentido dramático de la tragedia) filósofos, sociólogos o economistas como, Solón de Atenas, Sousa Santos, o Thomas Piketty, formando, como se dice en el encabezamiento de esas citas un «collage puro», con una adjetivación, «puro», que puede apuntar aquí no solo a la descripción de lo que la página es (una página cuyo texto está compuesto por retazos o recortes de otros textos), sino también, «puro» en cuanto a los valores de pureza en lo conceptual de lo que en esos textos se dice, alta conciencia moral humana y sentido cívico.
El sentido crítico de orden político está, pues, presente desde el principio, no solo en el trazado del mapa de un contexto ideológico con esas citas iniciales, sino, además, está ya presente desde el primer poema una crítica que no alcanza solo a los poderosos, al sistema, a las estructuras que consolidan lo establecido, o a los partidos como parte de esa estructura, sino que alcanza también al pueblo; podríamos decir que no queda títere con cabeza. El primer poema, titulado «La lógica del pueblo», es un abierto e irónico varapalo precisamente a quienes, con su decisión como votantes, perpetúan una determinada situación; y, como cierre del círculo, en el último poema del libro es la voz del poeta, la voz admonitoria de Casandra, la que llama a que se haga memoria de los avisos no escuchados: «Recordad que os lo dije como, vate / increído, Casandra en vaticinio, / y no me hicisteis caso, / porque pensasteis que era un disparate”.
Está claro, pues, el sentido de ese “bajo, izquierda” que se mantiene en los dos subtítulos aparecidos de esta anunciada pentalogía.
Pero dije al principio que había un término más que se mantiene: Eliotiana. Y ese término apunta al carácter que, desde mi punto de vista, hace que recibamos un texto como poema y no como otro tipo de texto, por muy nobles que sean sus propósitos. Esto tiene que ver con la conciencia de lenguaje, y Fortuny tiene, como he tenido ocasión de decir más de una vez, una altísima conciencia del lenguaje y un altísimo dominio de los recursos que nos ofrece la tradición para emplearlos como recursos vivos y no fósiles.
Fortuny se enfrenta a la poesía con total solvencia en dos características para mí imprescindibles en el poeta: conocimiento y sensibilidad, y, además, lo hace con conciencia de que las posee. No hay lugar para falsas modestias.  He aquí una entrada que él ha subido a su muro de Facebook hace unos días: se trata de un poema titulado «Soberbia caída» (del que cito un fragmento):

"el traidor, falso, marfuz" (Arcipreste de Hita)
Sé que escribo a la altura de Góngora o Quevedo,
de Lope, Fray Luis o el mejor Garcilaso,
Rubén y los Herreras o san Juan de la Cruz:
como me dé la gana puedo escribir, y puedo
hacer filosofía de vanguardia de paso
y humano el sentimiento espeso dar a luz,
y lo digo sin miedo, y lo digo sin miedo.
La crítica por eso no me hace mucho caso:
su jefe, el gran poeta, parecería un marfuz.

La radicalidad de estos versos creo que no deja lugar a dudas sobre la seguridad de una poética. Y la expresión de esa seguridad es la que encontramos en los libros de Fortuny.
Hay que tener en cuenta que yo creo que Fortuny bebe —aparte de en los clásicos españoles y de otras lenguas (un poema reciente subido a Facebook tiene como referentes a Mallarmé, Spenser, Góngora)—, en las dos grandes corrientes que, en el pasado siglo XX se conocen como Modernismo: el hispánico (Fortuny es doctor con una tesis sobre  La razón del mito en la poesía modernista de Rubén Darío, en cuyo tribunal estuve), y, por otra parte, el Modernismo anglosajón, algo posterior al nuestro, una de cuyas principales figuras, si no la que más, es T. S. Eliot, el gran renovador en un libro-poema como La Tierra baldía, el de la indagación filosófica interiorizada de los Cuatro Cuartetos, de ahí la mención eliotiana en los subtítulos de los dos últimos libros de Fortuny.
En definitiva, sensibilidad, conocimiento, conciencia lingüística, maestría en lo formal; todo aquí puesto al servicio de la conciencia cívica y social: Casandra avisadora, espléndida y rotunda, en este nuevo libro de Fortnuy.

Francisco Ruiz Noguera





jueves, 13 de junio de 2019

SOBRE EL EXPERIMENTO MENTAL, o Gedankenexperimente, en alemán.

Aunque no el único que los hiciera o diseñara, Albert Einstein, hizo abundante uso eficaz de este tipo de experimento fantástico, sí, pero matemática y físicamente lógico, que consiste montar un escenario mental en donde se pudiera realizar experimentos, si no imposibles, que también, difícilmente realizables en el mundo de nuestra experiencia del ídem, aplicando a la situación imaginada la coherencia de las leyes naturales con rigor. Pero el más trascendente de ellos no lo concibió para intuir y demostrar nada, sino para criticar la Interpretación de Copenhague de la Mecánica Cuántica:
La acción a distancia, o la influencia de un objeto sobre otro través de la distancia, era considerada imposible en aquellos tiempos o, más bien, se daba por imposible su naturaleza instantánea, porque, según sus 2 Teorías de la Relatividad, la información influyente necesita tiempo para recorrer la distancia entre ellos.
E inventó lo que se conoce como la Paradoja EPR; brevemente: dos partículas cuánticas porcedentes de la misma fuente permanecerán Entrelazadas (Entangled), de modo que una modificación en una de ellas afectará al estado de la otra instantáneamente, aunque la distancia que medie entre ellas sea de años luz, lo cual para don Albert esa físicamente imposible, porque sus teorías no permitían superar a ningún ente físico la velocidad de la luz: lo que acarraría o la prueba de conllevaría como conclusión que la Mecánica Cuántica estaría incompleta como descripción de lo real. Entonces no había tecnología suficiente para llevar realmente a cabo ese experimento, y como se quedó en "mental", fue durante muchos años polémico.
No obstante, en los 70 de s. XX ya se había alcanzado el nivel técnico requerido, así que el francés Alain Aspect lo puso en marcha, quedando demostrado, al ser concluido, que el genio se había equivocado y que su error había sido refutado por su mismo y genial experimento, ya no sólo mental.
Esto que dicho para el que no lo supera o no se acordara.
Porque lo que me interesa aquí es hacer o diseñar mi propio experimento mental, pero no para versar de física, sino de psico-antropología social: ¿que pasaría si después de años de desequilibrada democracia española ganara las elecciones generales un partido antidemócrata, como por ejemplo Vox, por mayoría absoluta, sin dejar de estar en el seno de una UE, gobernada por socialdemócratas apoyados por las Nuevas Izquierdas en alternancia con neoliberales o, lo que es lo mismo, capitalistas salvajes apoyados por las Derechas Viejas?
Conclusiones:
a) El Voxeador, aun si no se atreviera a dar un golpe de Estado, derogaría todas la leyes progresistas que defienden a marginados y mayorías.
b) Haría una política económica neoliberal y pro capitalismo salvaje, y estos bárbaros del norte la finaciarían legal e ilegalmente.
c) A efectos prácticos el Estado sería formalmente democrático, pero todas las elecciones estarían determinas por campañas políticas de propaganda goebbelsiana con pucherazos incluidos.
d) Pero en rigor estaría bajo una dictadura de partido único, inabatible por las urnas.
e) Los demócratas auténticos haría un feroz oposición, pero la prensa pantufla se ensañaría con ellos como con el chivo expiatoria que lava los pecados de la autoritarios, y los menos auténticos pactarían con el Voxeador.
f) La Justicia sería parcial, y abundarían los presos políticos.
g) Los votantes del Voxeador, antes que arrepentirse, se reafirmaría tozudamente en la imposible verdad y sensatez de su error.
Y h) Y, restituida la pena de muerte, empezarían a rodar cabezas inocentes, las mujeres y los niños y los desamparados se quedarían sin defensa, habría censura disimulada que llamarían eufemísticamente Contención de Injurias, aumentaría el paro y la pobreza y la miseria, y la riqueza de los minoritarios ricos, se consideraría el derecho a la privada intimidad un obstáculo paras investigaciones de las policías políticas, la paranoia de los detentadores de cargo y el Poder verían conspiradores contra el Orden Constitucional inexistentes hasta en la sopa y la taza del váter, la sanidad mataría por inhibición e insuficiencia de medios, las escuelas crearía analfabetos e hipnotizados doctrinarizados pro fascistas y, se iniciaría un me -temo que- irreversible proceso de tercermundización del país.
Y al única libertad que nos quedaría sería la de poder elegir entre morirse uno de hambre o suicidarse. O la de dedicarse al crimen y el terrorismo.

Pero todo el mundo estaría feliz en su hambrienta y miserable desgracia de carestías injustifcadas y criminales, porque el país seguiría siendo Uno, Grande y Libre. Y toda la culpa de su desdicha se la endilgarían al Coleta.

¿Les suena?

miércoles, 5 de junio de 2019

EL MIEMBRO FANTASMA.


(Ensayo ficto-científico, y logo-mito-poético, sobre las probabilidades de la inmortalidad del alma y la resurrección de la carne y sus implicaciones éticas y socilógicas para la Actualidad.)

“Si no evolucionamos en el sentido adecuado, la sociedad humana puede no sobrevivir; y el adecuado sentido nos indica un asintótico camina a una Utopía en que se concilien eso contrarios que son la Libertad y la Igualdad.” Vivian Compayer.

Cuentan los neurólogos que a algunos cojos o mancos les sigue doliendo su miembro amputado después de la intervención quirúrgica: el dolor permanece en el cerebro a modo de Deixis in Fantasma (Bühler): la señal sigue vigente en el alma, la psiké (el "esprite" -espíritu & mente en francés-).
Aventuremos una, no por poco demostrable -todavía- ni falsable, altamente probable, por verosímil, hipótesis: imaginémonos el Universo como un gigantesco cerebro, mejor que sólo electrónico-magnético, o fotónico, cuántico (v. referencias bibliográficas al final) y a cada uno de sus componentes e integrantes vivos, al menos en lo respectivo a las criaturas mal llamadas superiores y -mejor llamadas- más evolucionas, con un sistema nervioso complejo dado a luz por lo que los paleobiólogos evolucionistas denominan Proceso de Encefalización: crecimiento de la masa cerebral en proporción a un menor crecimiento del volumen del cuerpo íntegro: nosotros, las hómines sapientes, verbi gratia, o todo IGUS, en terminología del Nobel de Física Murray Gell-Mann (Sistema de Recolección y Uso de Información, por sus siglas en inglés).
Tesis: la muerte de cada uno de nosotras, de confirmarse mi hipótesis de trabajo, nunca sería absoluta, porque seguiríamos viviendo en ese Neurosistema Cósmico como patrones de señales cuánticas de sus integrantes conscientes, ya corporalmente desintegrados, sólo que de modo fantasmático.
Pues bien: lo más interesante de todo esto, al menos para mí, son sus implicaciones ético-sociales: si no evolucionamos socialmente de manera adecuadamente ética, que nos permita sobrevivir, podemos extinguirnos y no lograr esa inmortalidad potencial.
Por una parte, contamos con las especulaciones científicas a raíz de la informática y la cibernética que desarrollan teóricos tan reputados como Tipler, Deutsch, Kurtzweil o Tegmark, el psocolingüista Pinker también, que nos hablan de la posibilidad, por la Ley de Moore, de la multiplicación del progreso de la capacidad preceso de Inteligencia Aritificial hacia una coeficiente intelectual que nuestro pobre cerebro no puede ni figurarse, y que predice una invasión cibernética que puede alcanzar hasta los mismos confines del Universo en menos tiempo de lo que nos cabría esperar .aunque, claro, eso no lo veremos nosotros-.
Por otra, tenemos que prestar atención a las últimas concepciones sobre la base fundamental o elemental de todo lo que existe, que predica que “todo está hecho de bits” (Wheeler), y que la información no es materia y energía, sino nada más que eso información, un fenómeno que tiene lugar en todos los sistemas físicos, que mutuamente se la intercambian, de modo objetivo; quiero decir, que la subjetividad no es conditio sine qua non para que dicha información opere en todos los niveles de realidad, pero aún más: esa trama de bits puede parir esa misma realidad material cuya existencia y presencia tan incontestables resultan para nuestra percepción sensorial y consciente.
De modo que: 1ª hipótesis de trabajo: los fundamentos informáticos del cosmos nos permiten concebir con verosimilitud la idea de un Universo que, mediante el intercambio de partículas asociadas a bits, puede funcionar como un Cerebro –u Ordenador (Computer)- cuántico, de proporciones rayanas en el Infinito.
Una vez aceptada la probable posibilidad, reflexionemos, aunque sea de modo especulativo: el cerebro Cósmico lo procesa Todo, y guarda de registro Todo en su Memoria (la Madre de la Musas, Mnemósine, y de los gobernantes sensatos, según la hesiódica Teogonía) Inmemorial. Todas su partes o miembros materiales que pierde o se les extinguen siguen latentes en esa Diosa Pagana “música”-de Musa-, armónica, de donde pueden ser recuperadas por el deseo del su Materia Gris que urde la trama de lo real. Si al Procesamiento de Información de ese Macro-IGUS le da el antojo de traernos al presente por su deseo de recordar a cualquiera de sus miembros desparecidos, para un micro IGUS como cualquiera de nosotros, desde nuestra perspectiva, tal evento equivaldría a un volver a la vida, un renacimiento, una resurrección, sólo que en una dimensión distinta, en una realidad virtual que no necesariamente, aunque es también posible, necesitaría reconstruir toda su materia para hacerla revivir. Si la materia se reconstruyera, tal hecho sería equivalente a la Resurrección de la Carne el día del Juicio Final que predice el Cristianismo, basándose en una idea hebrea tomó del Mazdeísmo zoroástrico, de la cual se contagiaron los judeo/isrelíes en la época del Exilio Babilonio, sobre todo cuando, dominada la zona por el Imperio persa de Ciro, que les permitió el retorno patrio, de modo que las influencias se aceptaron con simpatía y holgura, al pensar aquellos que el Iranio era un Enviado de Adonai Elohim Yahvé, y que éste les había levantado el castigo por los infieles adulterios de su Pueblo Elegido para con los baales canaaneos. Pero caso de que el capricho o la Voluntad cósmica, no ciega como la de Schopenhauer, así lo decidiera, un recuerdo espontáneo podría traernos a la existencia y a la vida consciente en cualquier momento, sólo que, insisto, en un plano ciber/espiritual, con patrón de bits reorganizados por el Procesador Cerebral Cósmico.
En este segundo caso, la interacción de los patrones informático-“espirituales”, sin materia en sí mismos, podrían interactuar con la materia haciéndola funcionar en su correcto y mejor sentido, o no sabemos también si lo contrario: en cuyo caso estaríamos hablando de inf-espíritus angélicos o demoníacos que podrían poseer nuestros cerebros de micro-IGUS manipulándolos a placer, y explicaría cosas tan increíbles como esa típica manía de los poderosos que, cuando alcanzan el poder, en vez de hacer las cosas en bien común de la humanidad, se dedican a ponernos a todos contra las cuerdas, pero más difícil e increíble -aunque fáctico- todavía, el hecho de que haya tanto gobernado que defiende con adoración a sus opresores y verdugos, y de la, dada tal tesitura, existencia inverosímil pero cierta de otros micro-IGUS que, incluso sin posibilidades de éxito, seguimos oponiéndonos a la Maldad de lo injustos Potentados. Estamos poseídos por ángeles o demonios info-cuánticos.
Y en el primer caso más implicaciones morales y éticas hay, porque, si la Resurrección se produce sólo en el momento del final, el Universo deberá haber evolucionado en el sentido de la supervivencia evolutiva del progreso hacia la invasiva informatización cósmica, lo que implica que todos los ÍGUS participantes en el gran macro-Cotarro tendremos que haber puesto todos de nuestra parte cooperando con el quantum-ciber Ormuz, para que tal conquista expansionista de los teramegabytes casi infinitos encuentre su lugar sin límites por todo el espaciotiempo cósmico.
(*La expansión tecnológica de la IA tiene que conquistar toda la materia, de modo que la Final del Proceso Cósmico en el Punto Omega, que caso de que la gravedad frene la Onda Expansiva de la Primigenia Explosión -Big Bang- resultará en una Implosión -Big Crunch- que se lo absorbería todo como hacen los Agujeros Negros, crearía una especie de efecto rebote que daría, más que lugar, tiempo a un mundo virtual, subjetivo o intersubjetivo, pero real, que se acercaría asintóticamente a su límite pero sin alcanzarlo nunca, por lo que las ciber-mentes entonces vivas o resucitable, podrían vivir para siempre -Tipler-. Si por el contrario la graveda no es lo suficiente fuerte como para frenar la Expansión, lu cual implicaría la Muerte Final del Universo por inactividad atómica de la materia, que predice la 2ª Ley de la Termodinámica, hasta que eso ocurra habrá habido suficiente tiempo como para que a la SuperInteligencia Artificial se haya ocurrido una solución -Dyson-; pero, en cualquier caso, puesto que la Expansión aleja el punto de Máxima Entropía, o Muerte Térmica, del Cosmos, esa Final no llega nunca a producirse -Reeves-.)
Los poderosos, es un hecho, siempre se ponen de parte de Ahrimán, el dios zoroástrico de la Bruta y Necia Tiniebla, seguramente porque el poder de la fuerza es el más característico atributo de ese Dios modelo de diablos gnósticos, demiurgos creadores de este mundo de torpezas e iniquidades, adonde Ormuz o Ahura Mazda, el Sabio Señor de la Luz y la Inteligencia, debe enviar un Mensajero crístico o angélico que nos arregle los desaguisados del Dios de la Mentira el Engaño y la Corrupción que rige este inframundo, o que nos enseñe el camino soteriológico de la secreta escala por donde el ánima informática de nuestro cerebro pueda escaparse de su materia.
También tendría implicaciones filosóficas o metafísicas: el error dualista de Descartes (Damascio) no sería tal, y además no sería necesaria la localización de nexo interactivo de la 1ª “res” con la 2ª, “extensa et cógitans”, en la glándula pineal, porque la interfaz se podría producir con cualquier quantum de todos los átomos de las moléculas del complexus corpóreo de que se trate.
Spinoza sin embargo estaría más bendita -o Baruch- mente atinado porque la dos sustancias funcionarían como una sola en un sistema integrado bipolar. Y ya no sólo el sistema filosófico de Kant, sino también el de Hegel tendrían rango de verosimilitud científica, de modo que Spinoza + Hegel = Evolución Darwiniana elevada a categoría cósmica (Deutsch).
Finalmente, más fantasía poética. Pregunta: ¿qué criterio sigue el Macro-IGUS para hacernos renacer ahora o resucitarnos en el futuro?: si nosotros todos hemos participado, para en el proceso creativo de su auto-construcción, en las huestes de Ormuzd, se nos premia; si en las de Ahrimán, se nos castiga. Y si en realidad no somos tan determinantes participadores, al azar quedamos del ping-pong universal que con nuestra diversas mentes juegan los dos ¿Programadores?, a ver quién gana: si el Universo muere por equilibrio termodinámico ahrimánico final, o se intelectualiza hacia el conocimiento de la verdad, el bien y la belleza, y esto es ya Jauja, o la permanente fiesta paradisíaca en el Más Allá de la realidad virtual transcendente, con o sin resurrección de la carne, esta u otra de una nueva naturaleza, o se alcanza un Big Crunch que en principio se traga, en un Final Agujero Negro, Todo lo que haya–y haya habido.
Aunque existe la posibilidad, incluso ahí, de que no sea así, como indica Tipler y yo comento en mi Física del Espíritu, y antes adelanté entre paréntesis. La aceleración de los procesos informáticos ínsitos en toda la materia cósmica por el incremento de su velocidad, en aproximación a la de la luz, entrando en el Último Orificio, haría, por la Ley de la Relatividad, que el tiempo se dilatara sin fin a costa del espacio y produjera un mundo casi sin volumen -que no necesitaríamos por consistir todos en patrones de información pura-, de pura subjetividad compartida, que no terminaría nunca.
Pero lo más bonito e inquietante de todo esto es que si el criterio de rememoración virtual/espiritual es ético, ormúzdico, nos pueden visitar y estar visitando energías provenientes del futuro, para influir en nuestra conducta y ayudarnos a autoprotegernos, del mismo modo que desde mi virtual postvida trataría yo de influir en la actual vida de mi hija para llevarla por el mejor de los senderos vitales posibles.
Por supuesto que todo esto no deja de ser especulativo y casi disparatado: sólo una fantasía poética.
Pero es que, como en el subtitulo se indicó, de un ensayo poético se trataba.




(Pendiante de añadir bibliografía.)

DEL POEMA DIDÁCTICO CLÁSICO y el Ensayo Poético actual (de El Canon Planetario)

I. Introducción.-

Siempre quise escribir un De Rerum Natura lucreciano aggiornato con el Paradigma Estándar de la cosmofísica vigente y no me quedé descansando hasta que lo hice y lo publiqué en Fuera de Sí (Genesian, 2003; recogido en Gaya Ciencia, Centro Cultural del 27, 2015) y todavía tengo la ilusión de continuar por esa senda, y en ello, estoy; pero, mientras tanto, escribo lo que ya he dado muchas veces en subtitular Ensayo Poético sobre X.
Pienso en el Enuma Elish sumerio que nos cuenta la creación cósmica, y en la Teogonía de Hesíodo, de similar catadura temática, los Peri Phýseos (De Rerum Natura en latín) de los presocráticos, las Geórgicas virgilianas, que como la hesiódica Los Trabajos y los Días tratan de agricultura y ganadería, la parodia ovidina del Ars Amandi, una de la fuentes de nuestro Juan Ruiz y su Libro de Buen Amor, y del Arte de la Putas de Nicolás F. de Moratín, que es otra de sus secuelas, y el fundamental Essay of Man, de Alexander Pope, poema antropológico en alabanza de Newon y su descubrimientos físicos. Y etc.
Y me paro aquí porque esa es mi nueva tentación: ensayar un poema didáctico o ensayístico, que trate sobre el Hombre y la Mujer, el asunto de la antropología, pero más bien desde un punto de vista social y político, desde ahora Antropolitología (con apócope de un feo y repetitivo "po"), y en cierto modo ya lo he ensayado tanto en Sapere aude raps (Litoral, 2018) como en Casandra maudite (Pre-Textos, 2019).
Pero de lo que se trata ahora, según mi ambición literaria como poeta, es de intentar escribir un texto en verso que, sometido a los rigores métricos y formales, como siempre ha sido, se obliguen a exprimirse y expresarse en estilo figurativo, propio de la figuración, o imaginación, propia de las figuras y las imágenes poéticas que, inherentes a los Actos de Habla (Searle) y la chomskiana Competencia de los Códigos Lingüísitcos y de ese Instinto del Lenguaje del que habla el psicolingüísta Pinker.


II.

Breve Historia del Género.-

La poesía consiste en docere et delectare -Horacio dixit-, enseñar deleitando, se suele traducir. Docente es el que enseña, y puedo asegurar, lo sé por experiencia, que hacerlo es un deleite, por lo que la definición del poeta latino atufa a redundancia. Tan gran poeta, empero, no pudo redundar jamás, como no fuera por arte de pleonasmo, de modo que en el dicho del autor de tan bella Ars poetica y didáctica en verso, Epistola ad Pisones, se señala, más que al deleite como método incentivador o motivador de aprendizaje, a la docencia como fuente de deleite: la enseñanza, si es vocacional, es tarea propicia al entusiasmo, al menos para el maestro, si bien el entusiasmo del maestro es, como se sabe, empáticamente contagioso para el discípulo: si enseñar es gustoso, lo será por el punto de poesía que tenga la didáctica.
Primero: porque el que enseña -de verdad- aprende de sí mismo, pues sus explicaciones implican un esfuerzo de organización conspicua de los propios conocimientos, que desemboca en la claridad semántica de las propias ideas y proposiciones respecto de las informaciones aprehendidas por los propios sentidos, y de los propios conceptos aprendidos -en tanto que ya gestados-, y que son los elementos de toda teoría, concebida (conceptos mediantes) para engendrar clases de conjuntos conformados por los bits que nuestra percepción nos haya ministrado.
Toda didáctica auténtica es autodidáctica. Y aprender es un deleite. Salvo para quien, como dijera Huarte de San Juán allá por el siglo XVI en su Examen de ingenios, jamás quiera ser enseñado: no podrá aprender nada aquel díscolo discípulo que se niegue a aprender, cosa común y habitual para el palurdo y el bruto que, ya lo dijo Machado, desprecia cuanto ignora y, así pues, no acepta ninguna disciplina. También lo dice Blumenberg, comentando a Platón y su caverna: quién tuvo la fortuna de ver la verdadera realidad, de interés para tan pocos, jamás será creído por los pobres esclavos doblegados por el hábito, que es, como se sabe, una segunda Naturaleza; la primera dicta sus inexorables leyes físicas como la otra dicta las leyes consuetudinarias de la experiencia habitual que, si confiere algún conocimiento, siempre será rudimentario y a todas luces ingenuo y superficial, administrado por una tradición cultural hecha de prejuicios convencionales, a veces tan incultos -por silvestres- que acaban reduciéndose tan sólo a la que rige la unidad emblemática del grupo o de la tribu (Bacon dixit), necesaria para sobrevivir en mundos sociales donde impera una única ley: la del más fuerte. La unión hace la fuerza: las cosas son como decimos nosotros y los nuestros, que somos los buenos. Y los demás, los bárbaros, son enemigos potenciales: son los malos. Los esclavos del hábito expulsarán al maestro de la comunidad y lo tomaran por orate de peligrosa catadura, sólo porque sus enseñanzas no encuentran hornacina entre sus ídolos.
Y segundo: porque el que enseña de verdad a veces encuentra la respuesta de un pupilo dócil -palabra cuyo étimo porta el mismo lexema que docente-, que, dada su docilidad, su dejarse enseñar, termina haciendo preguntas inteligentes e interesantes que establecen un diálogo con el educador (del latín educare: guiar hacia fuera ─hacia el objeto) quien, obligado a reflexionar, ha de usar la herramienta del lenguaje para poner sus ideas en orden y concierto, estableciéndose así una harmonía de curiosidades intelectuales y saberes compartidos en diálogo.
Salvedad hecha de las primeras obras didácticas, escritas en verso, desde la Teogonía a De rerum natura, pasando por todos los Peri physeos de los presocráticos (Parménides, Empédocles, Jenófanes…), los primeros escritos didácticos en prosa, si olvidamos los aforismos de Heráclito o Demócrito, fueron los diálogos de Platón que, modelos de las comedias humanísticas del Renacimiento (los Valdés o Mejía o Fray Luis por ejemplo), incidieron en ese deleite de la conversación argumentada racionalmente como método de investigación deductiva sobre temas a veces insondables e irresolubles por la mera razón misma. Pero, casi a la vez que la comedia humanística, el XVI dio a luz un nuevo género didáctico que, a partir de Montaigne, tomó el nombre de ensayo.
Ensayar es probar a ver qué pasa. Un ensayo es una prueba. A ver qué sale. El sujeto ensayista se enfrenta con el objeto/mundo, o sus ideas sobre él, desde su propio punto de vista subjetivo: no se buscan tanto verdades universales y objetivas como conceptos válidos para la vida y la superviviencia: ensayo y error son los medios más prácticos para enfrentarse con lo desconocido, siempre que no se arriesgue uno demasiado y sepa columbrar el error desde lejos para poder rectificar la orientación de la andadura, antes de sea demasiado tarde y hayamos caído en la trampa voraz de un espejismo o una fata morgana.
Sólo cuando se persigue una verdad universal el ensayo se convierte en tratado. Y, aunque los primeros tratados no distaran mucho del género didáctico primigenio, puesto que eran dirigidos a un aprendiz concreto, como en el caso del propio poema de Lucrecio y de tantos escritos semejantes en prosa -lo cual hace aparecer el subgénero epistolar como muy oportuno al objetivo pedagógico- pronto empezaremos a encontrarlos dirigidos al potencial público lector, a quien no pocas veces se apela vocativamente en singular y tildado de curioso, hasta que tal costumbre quede relegada paulatinamente a prólogos y prefacios rematados con un Vale, y con el tiempo ni siquiera a eso. Así por ejemplo los escritos filosóficos de un Spinoza, su delicioso y rotundo Tratado Teológico-político y en especial su Ética demostrada al modo geométrico, todo un sistema de razonamientos lógicos empeñado en demostrar las verdades del espíritu con rigores matemáticos encaminados a rechazar toda posible refutación, y que en el fondo no demasiado pedagógico, por tratarse de una lectura difícil para los no iniciados.
Arte magna es el Tratado y no con poca asiduidad se ha confundido tal grandeza con el tamaño del escrito que contiene el sapiencial sistema de proposiciones coherentes que, conformando una teoría, producen obras de erudición que son modelo de tesis doctorales. Pero bueno es advertir que el volumen del libro no tiene nada que ver con su grandeza, ya que ésta nunca fue referida al espacio que ocupa el objeto físico llamado libro, sino a la magnanimidad y trascendencia cultural –antroposémica- de las ideas que en él queden expuestas y significadas. Aún así los estudios eruditos que no necesiten abultados recipientes, si no más bien lo contrario, breves textos sintéticos, acabarán, por su tamaño, denominándose artículos, cultismo latino que podría traducirse etimológicamente como artecillo, arte menor –o mínimo-, o de menor –o poca- erudición, porque el cúmulo abarrotado de los datos nunca serán ahí lo más importante, sino que su relevancia se hallará más bien en sus pocas ideas temáticas sobresalientes o centrales y directrices y en su organización argumental llevada por un arte estilística no sólo inteligible, sino por ende inteligente.
Finalmente, con el invento de la prensa y el éxito darwininiano y tecnológico del concepto de información, artículo será todo texto más o menos breve que contenga alguna novedad informativa interesante (valga el sintagmático trío recíproco de horacianas redundancias, no siempre obvias), y eso sucederá tanto en la prensa popular como en las revistas más especializadas, si bien en inglés todavía damos su valor originario al término essay que podremos traducir por artículo, aunque más justo sería usar en toda lengua el vocablo correspondiente al castellano ensayo.
El ensayo, escrito esté en la lengua que sea, siempre será el más genérico género o subgénero didáctico y el más cercano a lo artístico y por tanto a lo poético, y esto es así porque es el espacio textual más libertario que uno pueda permitirse, sea cual sea su estado; es como la novela en tanto que subgénero narrativo: en ambos cabe de todo. Y por ello es su grado de creatividad (originalidad, figuración estilística y recursos del ingenio) lo que más y mejor puede definir, antes que su longitud, su carácter y personalidad de subgénero. Y un síntoma de ello viene dado por el grado de abundancia mayor o menor de su llamado aparato crítico, uno de cuyos signos delatores son las notas a pie de página; no suele fallar: a más notas al pie, más erudición y menos genialidad. Y viceversa.
No obstante nada de esto quiere decir que la erudición o la crítica no sean necesarias ni aun imprescindibles, y no pueden en consecuencia faltar en los estudios, más cuanto más exhaustivos sean. Pero, como tanto y tan bien se sabe, el exceso de erudición no pocas veces ahoga la poesía, impidiendo así el desarrollo del genio, y es que en el fondo todo aparato crítico indica cierto complejo de inferioridad o al menos cierta prudencia rayana a veces en la pusilamidad, quiero decir en la falta de audacia: temer demasiado al ridículo produce la sordidez plúmbea de una complicada simpleza, del mismo modo que no temer al disparate fecunda y fertiliza el talento para la ideas novedosas, realmente informativas, en todos los sentidos. Claro que sin el freno erudito de la autocrítica todo sería un puro disparate con sólo la utilidad de la curiosa diversión absurda: de hecho toda crítica busca, al menos en principio, poner al objetivo del estudio en brete hasta no poder más, de modo que el residuo que quede después de tanto combate contra la falsedad sin sostén propio, sea el de una mínima pero valiosísima verdad indiscutible, puesto que en ese punto ya se habrá discutido todo lo que sea posible discutir.
La crítica literaria actual, sin embargo, adolece de ese espíritu radical, de raíces de las que árboles y bosques y selvas luego brotarían, porque hoy día la crítica, y en especial la reseña suele ser siempre encomiástica, y no pocas veces basada en razones no literarias, puesto que los libros criticables suelen ser condenados por juicio sumarísimo a la ignorancia activa, sin que se pongan de manifiesto las razones de su condena a la muy censurable y absoluta censura de su irreconocimiento, o síndrome de su oficial inexistencia.
Pero es claro que no era ese su espíritu originario.


III. Notas sobre algún modelo.-

José Bergamín: uno de los ensayistas más creativos del siglo XX, basó su arte en un estilo aforístico a modo de variación sobre dichos populares, proverbios y refranes, retorcidos y exprimidos con nuevos giros de tuerca que dieran un jugo superior y exquisito: en Don José el lenguaje es una fuente de sabiduría: dejar hablar al propio lenguaje siguiéndole su juego y haciéndole dar a luz todas sus posibilidades expresivas, comunicativas, dan en un diálogo con todo el patrimonio cultural organizado que en ese lenguaje mora y que con ese lenguaje se sujeta, convirtiendo su método en una eficacísima herramienta del pensamiento poético, y al ensayista en posiblemente el más inspirado de cuantos a menudo pasaron por Litoral –e, insisto, el XX (es lo mismo)-, que le dedicó, tal como se merece, muchos números.
María Zambrano: la filósofa de la razón poética, será su justo complemento a modo de fundamentación del método del anterior ensayista. Llega ella a hablar aquí de la libertad como algo que debe revelarse al ser humano, tal si fuera una suerte de diosa no alcanzable por la mera razón, si no se cuenta con el apoyo de la poesía; y debo decir que me parece justísimo su testimonio, porque los seres humanos no conocemos a esa diosa, como no sea por huellas que la imaginación poética humana haya dejado por aquí o por allá. Hemos inventado o descubierto (es lo mismo, dice la buena heurística) conceptos como libertad y justicia, y todavía tenemos que perseguir su entidad o su ousía, su sustancia y su esencia, que no acaba de revelársenos, porque con qué facilidad se nos escapa. Todas las divinidades necesitan de su poeta, su intérprete creador de artificios semánticos y lingüísticos que sirvan para mostrarla a los miopes y estrechos de mollera, y la filósofa de Vélez así lo defendió siempre, constituyéndose ella misma, acaso sin darse cuenta, en uno de los divinos portavoces de quienes tanta necesidad tenemos, según la sabia predicaba.

Y hay más, claro: todos los textos poéticos y literarios clasificables en género aparte (pienso en Rafael Pérez Estrada) de los que se puede aprender más que de cualquier otro ex professo diseñado a tal fin, siempre que doña Imaginación, la trujamana universal, nos guíe por esos Mas Allás de vértigo, sólo aptos para los que se aventuren por vocación a los abismos que se abren al otro lado del Non Plus Ultra.
Ésa es, o debería ser en el fondo, la verdadera función de todo genuino ensayo, porque no es legítimo ni provechoso enseñar obviedades ya sabidas a un lector que, por serlo de ensayos, ha de suponérsele culto; no: un ensayo debe ser una investigación que el ensayista lleva a cabo merced a los artificios que el arte ensayística pone a su mano, a los que se añadirán aquellos que el ensayista mismo debe inventar por medio de su ingenio poético, para con ellos descubrir él mismo verdades que ni él mismo sabía antes de iniciar su investigación, de tal modo que mediante ese acto autodidacta los lectores aprendan de su ejemplar ejercicio el camino de la nueva revelación propuesta; por lo que cabe decir que el mejor ensayista será aquel que combine en sí mismo de modo sintético su doble naturaleza de poeta y de filósofo.


V. 1ª conclusión.-

Los mejores ensayistas serán, pues, los que, usando de los datos de la erudición a la vez que de los restos que permanezcan incólumes después del ataque de la crítica más carnicera, se den con ellos al juego del lenguaje (sostén semiótico de los significados y conceptos, y sostén semántico de los sentidos proposicionales -y textuales-), juego que no tiene más remedio que contar con las reglas de la razón (que dependen, como se sabe, en alto grado de la sintaxis de la lengua) pero que deben aspirar al alcance de esos ideales ocultos que sólo una imaginación inteligente será capaz (cuando el ensayo no haya dado en error -cosa que también sería válida, porque indicaría un camino que no se debería volver a seguir-) de alumbrar y vislumbrar, y que podrán convertirse en hipótesis de trabajo para estudios experimentales posteriores que puedan demostrar, sino su verdad, al menos su provisional verosimilitud.


IV. Mis propuestas.-

Para no extenderme demasiado:

1) Cualquiera que tenga la amable curiosidad de ojear alguno de los ensayos que he publicado, recúperándolos de viejas hemerotecas, en mis blogs,  éste y El Baúl de Fortuny, y alguna cosa más que reste en el Blog de Fortuny de Los, podrá comprobar que se caracterizan, si bien siempre fundamentados en las datos más contrastados por la ciencia de vanguardia o más admitidos por la comunidad científica, por un alto grado de especulación que frisa en la fantasía. La Imaginación Poética es para mí un modo aproximativo de intuición de la Verdad, como, a su modo, lo fueron los mitos: un mito en síntesis con la razón es una criatura híbrida que aúna 2 de los métodos más potentes de la Búsqueda de Sentido, que empezó con el nacimiento de la Humanidad, sumultáneo del Lenguaje.

2) Pero también habrá podido comprobar cómo con el ejemplo he predicado la reivindicación de un subgénero poético didáctico: el del poema más o menos breve, en verso, que de un modo menos fantástico, reflexiona analíticamente sobre algún asunto de mi interés. V. gr.: "Filosofía de la Historia" o "España, s. XXI", aquí mismo hojeables.

Y 3) Y abundando en ello, en la onda del Essay on Man, de Alexander Pope, por humilde imitación de este tan poco leído Maestro, algo similar a lo defendido en el punto 2, pero de más extensión, que amplíe los horizontes del discurso filosófico.
Mostraré resultados aquí mismo, si los dioses me son propicios.

Vale.