miércoles, 26 de febrero de 2020

Poesía & psicoanális:

 El reencanto del mundo (ensayo en verso).

…artículos de fondo rimados
Valera

wish you were here
Pink Floyd

I. Dicho en vulgar: hoy día el mundo loco
está de atar, y no es asunto nuevo:
quizás lo estuvo siempre desde el Huevo
Originario Cósmico; mas toco

el tema en la medida en que me afecta
a mí y a todos: pese a la Segunda
Guerra Mundial, que provocó la secta
nazifascista, ideología inmunda

donde las haya, cuando falla el celo
devocional por El que Mande Ahora,
hábito cratofílico, de Abuelo,
en vez de dar confianza a quien mejora

social procura para el bien de todos,
por demofobia, se la dan las masas,
o su corto circuito de electrodos,
contra sí mismas, en sus propias nasas

atrapadas  o webs, necias, al nazi
peor que encuentren, y ha de ser el menda
quien las defienda: si, como ashkenazi
que adora al führer que se lo merienda,

lo alza, yo lo bajo: son los nuestros
los que han hecho posible a los sociatas
la presidencia, contra los cabestros
amadores del yugo que las ratas

neocloacales de la ultraderecha
han puesto en vuestro cuello de masocas,
psicópatas. Y ahora que en la brecha
labramos del gobierno, afloran bocas

que nos acusan de sus males. Pronto
se ve que son los enchufados de antes
y de siempre, la panda de mangantes
que oprime al que -además, haciendo el tonto-

capaz es de bufar que las benéficas
medidas en su pro son catastróficas
para el país y, mentes filosóficas,
argucian que, si no hay ganancias jéficas

bastantes, su gran Jefe no lo emplea
y él quédase en el paro, del que opina
que no ha de ser remunerado, o sea:
que el parado es parásito y la ruina

del Estado, que así fomenta vagos;
si el rico no se forra, España acaba
y la rompen los rojos, y no hay pagos
por estos pagos míseros del Baba

Ali y sus mil ladrones que en la cueva
del fiscal paraíso su tesoro
público esconde como fuerza nueva.
Y lo van repitiendo como un loro.

II. Y el Amo de ese esclavo, como sabe
lo que hace, y lo hace, porque voces
en su conciencia faltan, ya que a coces
sus burradas la echaron a su grave

y hondo inconsciente, y su moral se ahorra
y despilfarra faz, falso alimenta
el terror al rebelde "porque intenta
que encierren al que curra en la mazmorra

de un policial Estado ”. Y así el Coco
los asusta por críos que se creen
que se manduca a los que duermen poco
y prefieren dormirse, aunque berreen

los despiertos o lúcidos. Herr Freud
escribió que, si el buen salvaje siente
hostilidad -por culpa- hacia el durmiente
final, para tener conciencia -androïd-

limpia -y es metonimia, antonomasia
y símbolo-, el culpable demoniza
al ánima del muerto, a la que atiza
proyectando sus ganas de eutanasia

que sintió cuando el viejo pre-fiambre
vivía y a su cargo era una carga
pesada y tenía como hambre
de que acabara ya su vida amarga

y amargante; y de culpa se exorciza
por su intención malévola y su mácula.
Y así nació el vampiro, del que Drácula
es fábula mayor, de la ceniza

de esa pira catártica. Más tarde,
cuando el tiempo ha pasado, inicia el culto
al gran Antepasado, pues, cobarde,
piensa que el muerto no recuerda insulto

ya alguno animadverso en contra suya
cuando vivo, y no teme que el difunto
quiera vengarse, y canta el aleluya
del hosanna, y cambia su trasunto,

y no es Erinia el achacoso inválido,
porque ha olvidado su rencor de muerto
que ha perdido el color y que está pálido
y enterrado en el mito bajo el huerto

al cual se lo llevaron y estercola,
y lo convierte en Dios, y así se purga
la mancha, sólo si no da la murga
en su (in)conciencia más. La misma trola

se monta todo aquél que siente pánico
a justas rebeliones contra Dómines:
como no tiene un par, hace satánico
al contrario al Patrón, cosa de hómines

del Neander, ÿ hábilis y fáberes
desde Olduvai y el australopiteco,
que siempre tienen miedo a los cadáveres
recientes, sobre todo si es meteco

o ilota, y el difunto es sabio jefe
primero por Anciano, y Fuerte luego,
frente a quien se sintiera un mequetrefe,
pues si el primero fue quien hizo fuego

por vez primera, el otro, con el paso
del tiempo, al darle guerra, es el Guerrero
que los defiende y, cuando llega el caso,
quien lo explota sacándole el dinero.

III. La obsesiva neurosis, pues, se hereda,
como veis, y pervive, pero hoy día,
civilizados -¡sálvese quien pueda!-,
se teme al vivo y, como la osadía

de enfrentarse al Imperio que te para
o da curro, o te curra, no se tiene,
lo que hace ese típico majara
es adorar a quien le mete el pene

detrás, odiando a quien lo salva: “¡Muera
el defensor del pueblo, que trae Cola
y Coletas ! ¡Y viva el Mal!”: qué chola
tiene la realidad o qué sesera.

IV. Y digo realidad, que no es la cosa-
en-sí, sino más bien puro fenómeno,
que de la psique sale según bosa
del subconsciente como prolegómeno

en que se funda el órganon y el canon
que hace posibles los conocimientos,
a priori conditio sine qua non
de la supervivencia, dando tientos,

y se ubica en el cuerpo del cerebro,
producto de un proceso la mente.
Y es como si del jugo del enebro
destilado en fermento, como lente

a medias trasparente y, pues, opaca
en la misma medida, en interfase
con su objeto el sujeto, se tomase
un lingotazo, con el que se atraca.

La realidad del mundo es psicopática,
pues la hacemos psicópatas, viviéndola.
También el que está dándole a la péndola,
ahora sujeto de psicodramática

comedia y esperpéntica parodia
de Totem y tabú: ama al ancestro
que late subconsciente, el Padre Nuestro.
(Pero, en verdad, porque, en el fondo, lo odia.)

V. El animismo de los viejos evos,
arriba referido, nos enseña
que en nuestro mundo el ánima se empeña
en proyectar su dramas como cebos

que la cace en su trampa y nos creamos
que es ajeno a nosotros, cuando es sueño
nuestro o, mejor, el sueño de los Amos
que lo realizan bajo su diseño:

el más salvaje y el más bruto manda;
los demás somos presa, y quien se niega
a jugar el papel que se le entrega
mediante el púlpito y la propaganda,

al infierno lo manda el Yayo rígido,
juez severo, inclemente como Zeüs,
que hace ya tiempo que quedose frígido,
porque forjose ex máchina cual deüs.

Desparramaba el dios pagano semen,
pero, al hacerse Monodios, el sexo
dejó de interesarle, y luego temen
sus monos fornicar y, genuflexo,

el rebaño a su Alfa  sacrifica,
al Ídolo invisible, sin imagen,
prohibida, su sí mismo, y que le rajen
permitéle en el ara con la pica

el corazón para sacar diamantes
a la curia, sin un trébol de socorro,
y sangren: los obligan al ahorro
mientras se forra el corro de mangantes.

VI. Pero, frito a lo Nietzsche, el Dios se muere
y su ideal lo encarna algún emérito
Mandril regenerado de un pretérito
tiranosaurio -como ya previere,

adivina, la Historia, intensa en brillo-
que mete zarpa,  y me los pone a caldo,
y los deja sin saldo, porque el saldo
positivo está todo en el bolsillo

regio del Mangui: el mundo a semejanza
hecho está de lo oculto en la sub-ética:
eso Bestia que preda, o que se lanza
a correr cual gallina penibética.

VII. Y Vox Pópuli irrumpe en Vandalusia.
O los Madriles. Por respetos campa
suyos, y empieza zapa que te zampa,
pues cualquier ogro es bueno, menos Rusia

(comunista, ya muerta); y, como al muerto
se le achacan las culpas, los culpables
de sumisión son víctimas de Sables
del Manguta sin fin -y queda yerto

y miserable el mundo- o de mordidas
que per cápita son de Capitantes,
que a la vida le dan sus despedidas
oficiales de oficio los mangantes.

VIII. Y siempre ha sido igual. El mundo humano,
por su inhumanidad característico,
ha estado siempre de la olla insano,
y solo lo decía, hereje, el místico

que la Iglesia anulaba, de tributos
exenta, igual que, siempre, el aristócrata,
cargando las espaldas de los brutos
labradores; y si hoy algún demócrata

radical -de raíz-, por tanto, auténtico,
lo dice, el típico cateto o rústico,
o el civil que presume de finústico,
sin agudeza, permanece idéntico:

por su locura rëalista y sierva
del adverso interés, se traga el rollo
y proyecta su insidia como cuerva,
que solo busca conservar su bollo

-o miga y gota de agua-, y nos predica
que los muertos nos odian y el sustento
quieren quitarnos y la vida rica
de penuria y miseria, es alimento

del Zombi entronizado por la fobia
de quien proyecta la naturaleza
de su oculto carácter, por cabeza
no tener sana, mientras que se agobia,

porque cree el ladrón…: buena galaxia
no ve en el Bien Intencionado, y muge
en su contra, y el Amo lo mal cruje
y deja sin bastón ni profilaxia,

o -sine báculus- imbécil, étimo
al que no falta logos: sin descanso
olvida que hasta Dios el día sétimo
descansó. Y él no puede, y sigue manso

aceptando su sino de irredento
voluntario, de parte del solemne
Robador que jamás lo deja indemne
ni lo ha dejado, y es ya largo el cuento.

IX. Sucedía en Egipto y el Sumerio
Imperio: el sacerdote y el político,
únicos propietarios, del neolítico
en adelante, hicieron del Imperio

su arma de opresión del pueblo propio
que adoraba a sus Amos. Y hoy aún pasa,
aunque el gran Amo robéle su casa
y sueldo, colocado con el opio

del pueblo, el pueblo ama al Amo Papi
y no quiere ser libre, y al inicuo
le da cuartel, y a todos esos Capi
di Maffia, cuyo estatus es ubicuo,

por peso del ancestro cuya muerte
se deseó, porque era torpe carga
para el vivo, y fue diablo y luego larga
adoración a un Dios, que es un inerte

ídolo vivo que el Mandril encarna,
feroz primate que se sofistica
con dentadura de oros y nos pica
universal como una mala sarna,

y vasto el basto como espada copa
lo que no es suyo y se lo trinca todo.
Y tú, bobo, a comer la boba sopa.
Y te jorobas como Quasimodo.

Y X. Propongo, sin embargo una terapia
que cure al mundo sandio de locura
y a nuestra realidad: me da en la napia
que los amores por la dictadura

posible y el terror a la ya muerta
sin posibles remeda la salvaje
proyección de las culpas y el malaje
en la carga senil a quien da puerta

Natura, si bien ese mal deseo
y angustia reprimidos queda en mala
voluntad o intención, pero se inhala
como tufo de pedo de ese feo

subego ignoto -síntoma neurótico-;
así que, igual que lo hace el psicoanálisis,
usemos la palabra, con erótico
encanto tentador, y la parálisis

espiritual del alienado en crisis
de autolesión servil acaso ceda,
y cese su obsesión por la autolisis,
y de ese modo no será quien pueda

el que se salve sólo, sino entero
el mundo: al confesarse las ocultas
cobardías y miedos bajo el cuero
de la persona o máscara y las multas

y penas que se pone sin saberlo:
al traer a la luz la causa cierta,
a modo de benéfico estraperlo,
quizás dejen de estar las almas muertas

sin tener que colgarle el muerto a un muerto;
y ese ejercicio de pan-psiquiatría,
hará verde por fin este desierto
de la burricie, con nuestra poesía.

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