I. Si, al criticar yo a Hitler, un sujeto
sin objeto me dice: “¡Que te olvidas
de Stalin!”, ¿qué pretende el muy cateto?:
defender al 1º? Te suicidas
si defiendes tal cosa -y ¡qué obsoleto
está tu Miedo-: sea que decidas,
o así lo creas, aceptar el reto
de la injusticia, en contra, cuando midas
la enormidad de tu dislate, o sea
que en el fondo te guste alguna idea
de ultraderecha, te dirás: “Me veo
algún síntoma de psicopatía:
en mi inconsciente late un mal deseo”.
O, inmoral, no se explica tu osadía.
II. El fantasma de un muerto con que intentas
asustar a los críos inocentes
te asocia con mafiosos delincuentes
políticos y fachas: si haces cuentas
y caes en alguna, de herramientas
que haces uso sabrás pro impenitentes
totalitarios, que a las pobres gentes
quieren esclavas so amenazas cruentas.
Ya Stalin se extinguió con sus sirvientes.
Pero el neofacha vive y lo alimentas
con tu psicosis antirroja. Cuentes
lo que cuentes, tu cuento es cuento chino:
neoliberal y déspota, sus fuentes
ya ha cegado invirtiendo su camino:
III. Con dictadura de partido único
el rojo mandarín hace su agosto
capitalista inicuo. Tu arregosto
por el bando contrario sabe a rúnico
misterio, pues los 2 son como el mosto
y el vino, y tu Delenda
de antipúnico,
-digo, antirrojo-, bravo antifortúnyco,
peleón, de uva mala; y dado el costo
que nos costáis, me quedo con lo mío,
no con tu cuento de terror y hadas.
Ni existen los dragones, ni me fío
de tu oscura intención. Hay camaradas
que ven al enemigo real: Me río
de tus fantasmas y de tus chorradas.
IV. ¿A mí vas a asustarme con fantasmas
de muertos?: ¡si no existen! Y si asustas
al insensato, tramas poco justas
defensas de culpables, y con miasmas
borrosas envenenas y
disgustas
conciencias simples, a las cuales pasmas,
y al progreso hacia el Bien Común; y plasmas,
de paso, clara tu afición a fustas
en lomos de los parias. ¿Las “caenas”
tanto, Masoch, te
van, y halar del carro
real, igual que un burro?, ¿o las ajenas
sólo quieres asnar? Llena ya el tarro
de luz, consciente, y cambia por las buenas.
Y no te refociles en tu barro.
V. Me vino una espontánea varïante
de la rima anterior, y la reprimo
por no ofender al bellotero primo,
cuando lo hace, tan beligerante
contra el rojo fantasma, que en su estante
de biblioteca yace. Si me arrimo
ahí, será por entender el timo
con que quieres hacer el maleante:
el peligro real es el fascismo
que vuelve resurrecto por la mafia
neoliberal que, a oscuras, es lo mismo
que a las claras aquél, porque de esclavos
ambos nos quieren, y nos dan de clavos:
es lo que ignora activa tu olla zafia.
VI. Neoliberal Europa identifica
fascismo y comunismo, y te lo tragas.
Ay que cándido eres, si a las magas
ilusionistas de la Merka rica
confundes con la Biblia, con que apagas
tus pocas luces: ¿Reina, quien te pica,
en tu conciencia, obrera, como indica
esa Palabra Revelada, en bragas?
Una idea de otra es su contraria.
La segunda hizo el mal por su fracaso
en la praxis; la otra, en su victoria
de urnas; y aquella Su Perraza Aria
nos agredió y nos dio de guerra caso.
Y vuelve de manos de tu amada Escoria.
Y VII. Capitalista que chorando medras,
cómo temes el Bien Común. Y llamas
comunista al que es justo y lanzas llamas
al hereje que intenta que tus hiedras
no trepen y te alcen. Cómo arredras
con fantasmas de muertos, cómo amas
a su adverso más vivo, y nos programas
el retorno a tu nueva Edad de Piedras,
o de bloques egipcios, con que aplastes
a los tontos peones que te adoran
y, de paso, a tus listos. Ni aunque gastes
casi toda tu pasta, ¡pobre!, rico
seguirás, para qué. Léete a Cioran:
no te hace falta mal ser Grande, chico.
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