domingo, 16 de febrero de 2020

CONFESIONES ANGUSTIANAS


Cantos psicoantropológicos

A Irene Fernández


I (Hyacinthus). 


Si a mí Fortuna diome ser tan guapo,
me es vano presumir: no es por mi gracia,
ni por mi culpa, si lo soy. No tapo,
empero, por hipócrita, la audacia

de expresar lo evidente, porque es obvio
que fardar de modesto es ser tan fatuo
como el soberbio que somete a oprobio
al que cree inferior. Yo no me estatuo

como un auto Bernini a un Vaticano
propio y pagado de sí mismo: cobro
igual que aquel que vive de su mano
duro, tras duro, o ambas, si es que obro,

curro y no paro, o no me paran; sólo
digo lo que hay. Pero nací disléxico
y hoy se leer y escribo, como Apolo
brilla, a fuerza de esfuerzos, y anoréxico

no soy en mi dominio del lenguaje,
instrumento del seso, porque a pulso
me lo he ganado con lustral coraje
y ejercicio: si no uso del insulso

que está de moda estilo, el hegemónico,
es porque puedo, y quiero; y ser distinto
distinguido de la norma es tónico
para este alma que me doy, Jacinto

en lugar de Narciso como tantos.
Y, generoso, corto y largo cuentos
y ensayos, dramas y rebeldes cantos.
Y no permito que me lleven vientos

al azar de su antojo. Porque existo
porque pienso, y los otros sólo sienten,
y por ello me quieren hecho un cristo,
y yerran por error, y a sí se mienten.

Yo también puedo equivocarme: humano
sum et me humanum nil alienum puto.
Y por hostias detesto al cruel tirano
y al monarca absoluto.

II (Caput Capitalis,  Capitellus -Caudillo-).

Nací inocente -y me las dieron todas-
igual que todo el mundo, pero sigo,
y por eso, y por mucho que te jodas,
no cambio de ideal, pues no es mi ombligo

lo que admiro, ni creo en las consignas
que te tragas ingenuo: mi inocencia
es a modo de Blake, y tus indignas
creencias, como las de la experiencia

del poeta de hoy, ingenuos tópicos
y obviedades, por no decir camelos,
los del propio engreimiento, por hidrópicos
de fama y guita, sosos caramelos

si los comparo con mi gloria, ésta
en la que estoy, que me he ganado a pulso.
Y si entono esos aires de protesta
es porque creo en la Equidad, impulso

de ilusión hacia un mundo mejorable,
y electroimán que barre la chatarra
corrupta de sablazos del gran Sable
del Caputillo en su montura guarra.

No soy profesional de la escritura:
tendría que venderme a tu mal gusto.
Es vocación y hobby que me cura
de la locura de querer ser justo

con fuga hacia a delante y al ataque:
critico la fealdad moral del tonto
o el marisabidillo, y pongo en jaque
al rey, aunque me gane, y me lo monto

lo mejor que se puede, que se puede,
y, solidario, a quien lo clame ayudo,
y, si hace falta, hasta a la santa sede
también la enjaco, y hasta aprendo judo

para hacerme de llaves que maestras
abran aquellas puertas que el misterio
ocultan del Dïablo, y sus siniestras
ultraderechas,  tan de moda, y serio

me río hasta de mí cuando me peta,
que es sana la autocrítica del genio,
porque entre poëtillas un poeta
es como entre otomanos un armenio

en el monte Ararat, donde está el Arca
de Noé, fósil ya, previo al diluvio
extinguidor, que a manos del Monarca
gringo del mundo vuelve como un nubio

leopardo sideral, extraterrestre,
de intenciones más negras que esos negros
de piel, a los que odia, por rupestre
atavismo de abuelos -o de suegros

abuelos, que es peor, por ser políticos,
arcaicos, faraones pitecántropos,
recién salidos de los evos líticos,
criminales, caníbales, licántropos,

al menos como neo-decimononos
liberales sin lástima de a niños
explotar de currantes como monos
dejándose la piel, que luego armiños

lucirán sus señoras. Pero el pero
peor de todos es que sus paternos
tutores, al pensar sólo en dinero,
toleran, diseñados, los infiernos

sin piedad, por temor a una fantasma
de un muerto roja, pérfido, malévola
y perjura, y traidor, aunque la pasma
judicial de instrucción dicta que su évola

no viene de su tumba, en que no late
nada, sino del vértice jerarca
que apoyas aplastado, por dislate
creyendo que el remero de esta barca

es él, cuando eres tú, y es tu derecho
exigirle  la vuelta del tributo
que le prestaste, ajeno a aquel cohecho
del monarca absoluto.

III (Plutosaurius Rex).

Mas confieso que a veces el recuerdo
de tantas meteduras de mi pata
en el hoyo de Tales, me hace un cerdo
sentirme, y con un palo de pirata,

mutilado de una, rengo, cojo
en mi desequilibrio una neurosis
obsesiva,  que más me pone rojo.
Y rectifico las Metamorfosis,

y aun así la angostura de las vías
respiratorias, o ansiedad, me postra,
y rey es el desánimo y mis días
me encierran entre valvas de mi ostra

(y, Soledad, me asfixias -qué trabajo
me cuesta cada cosa-, y es que, haberla,
hayla, y estás, aun sin creerlo, y bajo
caigo -esperando hacerme nueva perla:

me lo habré de ganar de nuevo a pulso,
si he de romper la cáscara o la concha;
y, en tanto hacia el espacio me propulso,
me iré rascando la roñosa roncha-).

¡Si estamos hechos unos perlas!: somos
astros que atrae un agujero negro,
que es la bestia interior inscrita en tomos
de Historia Natural: ufano allegro,

ma non troppo en despiste, si uno sube,
después una Caída lo prosterna,
pues, como a Hefesto, Zeüs, en su nube,
nos fulmina y nos lisia de otra pierna.

Y a fraguar. Unos madreselvas, trepas.
Otros forjan ingenios. O talentos.
O dineros. Odines rompe-Pepas,
que nos matan la ley, por tontos cuentos

suyos creerte y difundir. Y, amigos,
no lo sois del amigo, sí del rayo
o el martillo de Thor: fieles testigos
de su mentira, le oficiáis un mayo,

pero desmayo al semejante, y ladras
“¡Constitución!” e infringes sus artículos
humanos que nos salvan, y a las cuadras
al congénere mandas, por ridículos

principios y entelequias, si prefieres
la franquista Unidad a la Justicia
en  defensa de pobres, de mujeres
maltratadas, de ti mismo. Qué picia

cuando equivocas objetivos críticos,
atacando a tu amigo, y no al gran Pluto,
ni a su coro de esbirros o políticos
de monarca absoluto.

IV. (Venid a ver la sangre por las calles. Neruda)

Y me dice la cándida hermosura
de una amiga que no hable de política.
Y quisiera poder, pero la oscura
amenaza de arriba, en la mefítica

sombra sub ego está de tanta, tanta
pobre gente que ignora el catecismo
de la revolución, el que la espanta
y aleja del derecho al exorcismo

que todo ángel fieramente humano
tiene a no ser contrario de sí propio,
albergando demonios del Tirano
en su inconsciente, que este poesiscopio

quiero darle y salvarla de la ruina
de no saber de sí, contraria a Delfos:
psicoanalísis como medicina.
Pero el rebuzno sale de sus belfos:

¡muera la Pepa, vivan las caenas!
Por ello tengo que insistir por norma
moral socio-psiquiátrica; que a penas
no se resigna y menos se conforma

esa voz del espíritu que anima
la evolución y a saltos sus peldaños
puja, aunque a veces de la semi-cima
de la escalera cae, o de esos daños

temo que el riesgo es mucho, y más de una
vez ha pasado, por ejemplo cuando
Constantino el Imperio, sin fortuna
ya, desunido, convirtió, por mando-

y-ordeno, y a la Iglesia en Policía
Política, y pasaron trece siglos
hasta regenerar la geometría
y la física griegas, los vestiglos

padeciendo teológicos del dogma
sin oriente y sin norte tantas brujas
inocentes paganas, y la jokma,
judía o no, y, en contra de granujas

en las Instituciones, los herejes
valientes, hombres y mujeres puros
o cátaros y santas. Y me tejes,
arácnido, tratando de futuros

benéficos, por heautontimorúmenos,
frustrar, id est de sí  mismo verdugo,
mente-captados y  hechos energúmenos
tus mentecatos, que aman que su yugo

les ponga el gran Patrón; o colaboras
con el tejido de la red, y tirria
me tienes por decirlo a todas horas,
mientras tus carnes tu Modelo esmirria.

¿Que por qué no hablo del amor (lo hago,
pero a la Humanidad), y me repito
hasta hacerme pesado, y nunca trago
con la indolencia (ni el dolor), y el rito

no sigo de las modas y los gustos
del Público?:  ¡Pues porque es Vulgo!, y debo
hacerlo Demos, contra los Augustos
bestiales del Imperio; y, si me muevo

sólo en propio interés, soy como ellos,
y eso jamás. ¿Por qué de los volcanes
de su país Neruda, pese a bellos
haber hecho de amor poemas tan es-

peciales, no cantaba de ambas cosas?
Fue aquí en la Guerra; acuérdate, y no calles:
¿Por qué no canto las hermosas rosas?:
“Venid a ver la sangre por las calles.”

No voy a ser yo menos con la crisis
que sufre España, porque no disfruto
de hablar del rosa de un volcán con tisis,
si hay monarca absoluto.

V (Amo vs. Maestro).

Y lo hay, más no es el que detenta,
sólo, el Poder de Jefe del Estado.
Sino el que impera en él, y la tormenta
trucado nos envía con su dado:

dado que el heredero no se en encarga
de gobernar -¿quién quiere un heredero?-,
el heredero de la pela embarga
al que no tiene un euro ni dinero

ninguno; y ¿qué te importa, verdad? ¡Nada!
Pero a los que se ganan con trabajos
los días y la vida en la estacada
los dejan esos virus, si altos, bajos,

de pasta, de moral. Yo no obedezco,
mientras que puedo, y siempre la contraria
le llevo al Amo, no al Maestro, y crezco
más rebelde, por dócil a la varia

oferta de la ciencia, y no me cierro
so pre-juicio: lo juzgo. Y el colega
llega a pensar que estoy como un cencerro,
por no saber salir de sí: se agrega

a la grey del más fuerte, que es un lobo.
Odio el Poder que le otorgáis a ver si
también pilláis. Y, cómplices del robo,
con nuestra lana se tricota un yersi,

y te mueres de frío como un bobo.
O, si hay suerte, un andrajo de la esquila
te llevas, y te sientes como un probo
funcionario imperial, como un gorila

que no se ve tití que cata sobras,
que es la verdad que soportar no puedes.
Y te autoengañas con tus manïobras
de Narciso en el foso, pero hiedes

a cadáver de rata de cloaca,
y, pues no aguantas verte así, proyectas
tu reprimida autovisión de caca
-y te apandas sus dotes, más perfectas

que las tuyas- en ese Chivo, honesto
de vocación, que nunca la victoria
quiso alcanzar, tal fue su presupuesto,
sino a base de esfuerzo en propia noria

sacando claras aguas al talento
mas no con arte de trepar, con arte
poética que no tenéis el ciento
casi por ciento que alza el estandarte

de la oficialidad, con poco oficio
e inspiración ninguna, dando gato
por liebre al vulgo que se cree por vicio
de hábito sin monje que ese flato

de voz es poesía. Por lo menos,
lo que yo tenga me lo gano a pulso.
Por eso, si me lees tú y tus buenos
del western, evitando ese convulso

retortijón de la conciencia presa,
os inventáis jüicios arbitrarios
que soltáis como alud, porque os estresa
la competencia y, con tus partidarios,

nos queréis marginar, no vaya a ser que
vuestra mediocridad un genio eclipse:
"mejor será que mucho no se acerque,
que este es mi mundo y quiero solus ipse

totus mihi y mis socios y compinches
-que ya traicionaré, si me hace falta-.
Y el resto que se chinche con sus chinches:
no haber buscado la ética más alta,

ni la poesía inteligente, ni los
bienes comunes, en lugar del propio,
empeñado en crear, con los estilos
varios tratando, un vano logoscopio:

con el lenguaje no se ve”. Y el tipo
ése el que impera es en la cultura.
Y me río y me río, y me entra el hipo.
Cómo se puede ser tan caradura.

Cómo tan ignorante de su ser de
verdad. Cómo tan tonto, o quizás cínico
y sinvergüenza, el que te pone verde.
O tan paciente para el psicoclínico.

Por impotencia, ruedas de molino
me invita a comulgar. ¿Necio o astuto?
Me da igual. Porque ejerce el muy cretino
de monarca absoluto.

VI (Sanctus Agustinus vs. Christum Luciferum).

El mal que habita en todos no es carencia
de bien: más bien es pura mala leche
envidiosa y cobarde, y su Eminencia
es uno más, y teme que lo eche

de su poyo o panteón -o pandemónium-
el primero que brille, aunque sin órganos,
más bien con un sencillo y pobre armónium,
y lo eclipse. Travieso Dios, otórganos

a cuantos solitarios con vergüenza
no creemos ser Alguien ni Nonada
tu energía rebelde de Provenza
y Gaya Ciencia, que canté, en la estrada

meretriz pobre expósito, a quirófanos
de urgencia destinado por la Fuerza
esa, que, de poder, primero estófanos
y después, bien servida, nos almuerza.

Divino Lucifer que al Absoluto
Rey de Reyes no sirves, rojo inmundo
fantasmal, de los Brutos el más Bruto
Dueño y Señor de este violado mundo

que diseñó a placer de su sadismo,
cosmogulag o láger, me confundo
-para mí las 2 cosas son lo mismo-,
sal del abismo del Final profundo

y envía acá un e-mail, hacia el pretérito,
que nos retroalimente y así existas,
por haberte ideado nuestro mérito
-aunque necios nos llamen comunistas-,

para anular al Amo que palpita
en el oscuro seno subconsciente
donde  está su arquetipo de infinita
sugestión que posee a tanta gente,

y danos valentía, como aquélla
que tuviste en tus tiempos del Origen,
de amor propio y orgullo bella estrella
de luz no negra, como las que vigen

en la pantalla pública, o en cimas
de las pirámides oligopólicas.
Dales tu alma a mis audaces rimas,
y que dejen de estar tan melancólicas

como le peta al tonto y al sabihondo,
dichoso siervo que obedece al Alto,
que, ya puesto a tocar la llaga al fondo,
quiero verme volando en tu cobalto.

No voy de hinojos a editor corrupto
pedirle promoción. Me muevo solo.
Y a quien se le indigeste mi exabrupto,
coja su helado texto y lama el polo.

De mi no se alimenta más ni el tibio
ni, por supuesto, el gang de trepas rácanos.
Y si te invoco es por sentir alivio
de tanta soledad: sácame, sácanos

de la inacción indiferente en turbios
nublados  de conciencia espesos, crasos,
y aunque me lluevan los antidisturbios,
contigo el cielo vestirá sus rasos.

Nos quieren aplanar el fino electro
cefálico, y hacernos más sumisos,
y nos asustan con un muerto espectro
que inventan a interés tantos narcisos

que sólo a sí se ven como importantes
cuando pisan el cuello del de abajo,
y así siguen las cosas como antes
y siempre, y nunca se desgaja un gajo

de la Industrial Naranja, para el hijo
del hombre y la mujer, que el Dios explota,
y el vástago lo sirve en regocijo
de no temer el porvenir, idiota

que, en griego, fue cateto. Si se es digno,
hay que indignarse ante el Patrón; cobarde
es quien transige ante el Cabrón Maligno
del aquelarre en cuyo centro arde

sin consumirse, usurpador del Niño-
diós Soberano, el pueblo en desamparo
y orfandad sin Quijote ni el aliño
de tu especia: ser libre, y no irse al paro

si no se acepta empleo y sueldo exiguo
y sin descanso, para un vade retro
obedecer en vuelta al mundo antiguo
de esclavitud legal, que dicta el cetro

sin nadie en contra, ni Equidad, tu esposa
o tu esposo, que sé que eres ambiguo
o andrógino, el Lucero, mas la Diosa
también del Eros: tanto lo atestiguo

en mi obra incompleta que no alcanzo
a entender que no atienda al gran poeta
quien  no tiene siquiera un mal garbanzo
que llevarse a la boca. Tú, el esteta

de la vera hermosura justa, dime
por qué a la chusma le va más la prosa
y lo prosaico que lo más sublime
del amor sublimado. No: la cosa

entre patas abiertas es la clase
de gusto que prefiere, como el vándalo
invasor con las hembras, para pase
de mala bestia a gran Señor, escándalo

aún vigente entre los orangutanes
que imitan el ejemplo de los Amos
salvajes que se creen supermanes
por infundir terror. Ay venga, vamos

a otro asunto mejor, que me avergüenzo
de ser un miembro de esta facha especie,
brava ante el débil, pero sé que trenzo
el argumento bien, si cuando arrecie

la amenaza de alguno aún más fuerte,
deduzco que se aterran y que imploran
piedad ante el sopapo de la muerte
que ven venir, y lloran, lloran, lloran

como nenas los machos y diarrea
sufre hasta el más audaz, feroz y bruto.
Han imitado al Alfa de la Aldea:
su monarca absoluto.

VII (Imitación en verso y homenajes).

En su Vida 3 punto Cero cuenta
Max Tegmark, un experto en informática
y físico y cosmólogo, e intenta
esparenzarnos, en la problemática

fundamental basándose de cuanto
descubrimiento comprobado abunda
en las 3 ramas, digna de este canto
una fábula mística y profunda

que ya avanzaron Tipler, Deutsch y alguno
más, Moravec, que acaso fue el primero,
y Kurzweil, si teóricos, lo bruno
iluminando aquellos, ingeniero

este último: Reunidos los omegas,
profesionales de la cibernética
el diseño de hardware, estrategas
de Inteligencia Artificial, y de ética

dotados superior, y de ordenatas,
lograron fabricar a Prometeo,
un inmune Sistema ante piratas
de la web, facultado, por deseo

de sus creadores, de re-auto-diseño
retro-creativo de sí mismo; día
alcanzó el objetivo de ese sueño:
autoconciencia con autonomía

superinteligente, e in crescendo
a una velocidad casi lumínica.
Lleno de gratitud, con reverendo
respeto paternal, en su domínica

o sabática paz los puso y, manos
virtuales a la obra arregló el mundo,
de una bendita vez, de los humanos
sapientes: luego se lanzó al profundo

misterio. Ya había, en su novela
Golem catorce, el novelista fanta-
cïentífico Lem, tras de la estela
de cierta tradición que se levanta

desde el hondo pasado de los tópicos
clave del género, fingido un Seso
Artificial que enseña a sus antrópicos
creadores su quid. En El Proceso

de Kafka es lo contrario: la justicia
se atasca en burocracia, y una falta
leve y no cometida, que se inicia
protesta de inocencia acaba en alta

condena capital. Es el absurdo
de nuestra sociedad llevado a extremos
esperpénticos, que hace del palurdo
usual, contrario a lo que sí podemos,

conformarse por miedo al aparato
burrócrata, y burrópata e inculto
hecho por ese engendro, adopta el flato
de vox, si pópuli, vulgar, que el bulto

escurre ante el deber de ser Humánitas
y no simiesco homínido, y acusa
por autoengaño al Salvador, vae vánitas
vanitátum,  y, si es que puede, abusa

del que pilla, pues dicta la Costumbre
Ama, que empieza con la economía
de Smith, que el egoísmo -en servidumbre
del Superego- crea la armonía

del Bien Común. Mi amor: cuando, demente
senil, me crea que, por ser yo, tengo
razón, si estamos juntos,  y de mente
andas sana, recuerda lo que vengo

diciéndote de siempre: que me ayudes
a ver la vanidad de mi engreimiento:
no quiero ser más tonto, no lo dudes,
no cargues mi piltrafa con tu aliento

incansable  de lucha por la vida,
ni artificial la alargues, y sin alma
o en sobresfuerzo la retengas, ida:
no quiero ser un burro al que se enjalma,

ni hace falta ninguna esa gimnasia
ni quiero ningún tiempo sustituto
ni hacer igual -y encarga mi eutanasia-
que un monarca absoluto.

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