Cantos psicoantropológicos
A Irene Fernández
I (Hyacinthus).
Si a mí Fortuna diome ser tan
guapo,
me es vano presumir: no es por mi
gracia,
ni por mi culpa, si lo soy. No
tapo,
empero, por hipócrita, la audacia
de expresar lo evidente, porque es
obvio
que fardar de modesto es ser tan
fatuo
como el soberbio que somete a
oprobio
al que cree inferior. Yo no me
estatuo
como un auto Bernini a un Vaticano
propio y pagado de sí mismo: cobro
igual que aquel que vive de su mano
duro, tras duro, o ambas, si es que
obro,
curro y no paro, o no me paran; sólo
digo lo que hay. Pero nací
disléxico
y hoy se leer y escribo, como Apolo
brilla, a fuerza de esfuerzos, y
anoréxico
no soy en mi dominio del lenguaje,
instrumento del seso, porque a
pulso
me lo he ganado con lustral coraje
y ejercicio: si no uso del insulso
que está de moda estilo, el
hegemónico,
es porque puedo, y quiero; y ser
distinto
o distinguido de
la norma es tónico
para este alma que me doy, Jacinto
en lugar de Narciso como tantos.
Y, generoso, corto y largo cuentos
y ensayos, dramas y rebeldes
cantos.
Y no permito que me lleven vientos
al azar de su antojo. Porque existo
porque pienso, y los otros sólo
sienten,
y por ello me quieren hecho un
cristo,
y yerran por error, y a sí se
mienten.
Yo también puedo equivocarme:
humano
sum et me humanum nil alienum
puto.
Y por hostias detesto al cruel
tirano
y al monarca absoluto.
II (Caput Capitalis, Capitellus -Caudillo-).
Nací inocente -y me las dieron
todas-
igual que todo el mundo, pero sigo,
y por eso, y por mucho que te
jodas,
no cambio de ideal, pues no es mi
ombligo
lo que admiro, ni creo en las
consignas
que te tragas ingenuo: mi inocencia
es a modo de Blake, y tus indignas
creencias, como las de la
experiencia
del poeta de hoy, ingenuos tópicos
y obviedades, por no decir camelos,
los del propio engreimiento, por
hidrópicos
de fama y guita, sosos caramelos
si los comparo con mi gloria, ésta
en la que estoy, que me he ganado a
pulso.
Y si entono esos aires de protesta
es porque creo en la Equidad,
impulso
de ilusión hacia un mundo
mejorable,
y electroimán que barre la chatarra
corrupta de sablazos del gran Sable
del Caputillo en
su montura guarra.
No soy profesional de la escritura:
tendría que venderme a tu mal gusto.
Es vocación y hobby que me cura
de la locura de querer ser justo
con fuga hacia a delante y al
ataque:
critico la fealdad moral del tonto
o el marisabidillo, y pongo en
jaque
al rey, aunque me gane, y me lo
monto
lo mejor que se puede, que se
puede,
y, solidario, a quien lo clame ayudo,
y, si hace falta, hasta a la santa
sede
también la enjaco, y hasta
aprendo judo
para hacerme de llaves que maestras
abran aquellas puertas que el
misterio
ocultan del Dïablo, y sus
siniestras
ultraderechas, tan de
moda, y serio
me río hasta de mí cuando me peta,
que es sana la autocrítica del
genio,
porque entre poëtillas un poeta
es como entre otomanos un armenio
en el monte Ararat, donde está el
Arca
de Noé, fósil ya, previo al diluvio
extinguidor, que a manos del Monarca
gringo del mundo vuelve como un
nubio
leopardo sideral, extraterrestre,
de intenciones más negras que esos
negros
de piel, a los que odia, por
rupestre
atavismo de abuelos -o de suegros
abuelos, que es peor, por ser políticos,
arcaicos, faraones pitecántropos,
recién salidos de los evos líticos,
criminales, caníbales, licántropos,
al menos como neo-decimononos
liberales sin lástima de a niños
explotar de currantes como monos
dejándose la piel, que luego
armiños
lucirán sus señoras. Pero el pero
peor de todos es que sus paternos
tutores, al pensar sólo en dinero,
toleran, diseñados, los infiernos
sin piedad, por temor a una
fantasma
de un muerto roja, pérfido,
malévola
y perjura, y traidor, aunque la
pasma
judicial de instrucción dicta que
su évola
no viene de su tumba, en que no
late
nada, sino del vértice jerarca
que apoyas aplastado, por dislate
creyendo que el remero de esta
barca
es él, cuando eres tú, y es tu
derecho
exigirle la vuelta del tributo
que le prestaste, ajeno a aquel
cohecho
del monarca absoluto.
III (Plutosaurius Rex).
Mas confieso que a veces el
recuerdo
de tantas meteduras de mi pata
en el hoyo de Tales, me hace un
cerdo
sentirme, y con un palo de pirata,
mutilado de una, rengo, cojo
en mi desequilibrio una neurosis
obsesiva, que más me pone rojo.
Y rectifico las Metamorfosis,
y aun así la angostura de las vías
respiratorias, o ansiedad, me
postra,
y rey es el desánimo y mis días
me encierran entre valvas de mi
ostra
(y, Soledad, me asfixias -qué
trabajo
me cuesta cada cosa-, y es
que, haberla,
hayla, y estás, aun sin
creerlo, y bajo
caigo -esperando hacerme nueva
perla:
me lo habré de ganar de nuevo a
pulso,
si he de romper la cáscara o la
concha;
y, en tanto hacia el espacio me
propulso,
me iré rascando la roñosa roncha-).
¡Si estamos hechos unos perlas!:
somos
astros que atrae un agujero negro,
que es la bestia interior inscrita
en tomos
de Historia Natural: ufano allegro,
ma non troppo en
despiste, si uno sube,
después una Caída lo prosterna,
pues, como a Hefesto, Zeüs, en su
nube,
nos fulmina y nos lisia de otra pierna.
Y a fraguar. Unos madreselvas,
trepas.
Otros forjan ingenios. O talentos.
O dineros. Odines rompe-Pepas,
que nos matan la ley, por tontos
cuentos
suyos creerte y difundir. Y,
amigos,
no lo sois del amigo, sí del rayo
o el martillo de Thor: fieles
testigos
de su mentira, le oficiáis un mayo,
pero desmayo al semejante, y ladras
“¡Constitución!” e infringes sus
artículos
humanos que nos salvan, y a las
cuadras
al congénere mandas, por ridículos
principios y entelequias, si
prefieres
la franquista Unidad a la Justicia
en defensa de pobres, de
mujeres
maltratadas, de ti mismo. Qué picia
cuando equivocas objetivos
críticos,
atacando a tu amigo, y no al gran
Pluto,
ni a su coro de esbirros o
políticos
de monarca absoluto.
IV. (Venid a ver la sangre por
las calles. Neruda)
Y me dice la cándida hermosura
de una amiga que no hable de
política.
Y quisiera poder, pero la oscura
amenaza de arriba, en la mefítica
sombra sub ego está de tanta, tanta
pobre gente que ignora el catecismo
de la revolución, el que la espanta
y aleja del derecho al exorcismo
que todo ángel fieramente
humano
tiene a no ser contrario de sí
propio,
albergando demonios del Tirano
en su inconsciente, que este poesiscopio
quiero darle y salvarla de la ruina
de no saber de sí, contraria a
Delfos:
psicoanalísis como medicina.
Pero el rebuzno sale de sus belfos:
¡muera la Pepa, vivan las
caenas!
Por ello tengo que insistir por
norma
moral socio-psiquiátrica; que a
penas
no se resigna y menos se conforma
esa voz del espíritu que anima
la evolución y a saltos sus
peldaños
puja, aunque a veces de la
semi-cima
de la escalera cae, o de esos daños
temo que el riesgo es mucho, y más
de una
vez ha pasado, por ejemplo cuando
Constantino el Imperio, sin fortuna
ya, desunido, convirtió, por mando-
y-ordeno, y a la Iglesia en Policía
Política, y pasaron trece siglos
hasta regenerar la geometría
y la física griegas, los vestiglos
padeciendo teológicos del dogma
sin oriente y sin norte tantas
brujas
inocentes paganas, y la jokma,
judía o no, y, en contra de
granujas
en las Instituciones, los herejes
valientes, hombres y mujeres puros
o cátaros y santas. Y me tejes,
arácnido, tratando de futuros
benéficos, por heautontimorúmenos,
frustrar, id est de
sí mismo verdugo,
mente-captados y hechos
energúmenos
tus mentecatos, que
aman que su yugo
les ponga el gran Patrón; o
colaboras
con el tejido de la red, y tirria
me tienes por decirlo a todas
horas,
mientras tus carnes tu Modelo
esmirria.
¿Que por qué no hablo del amor (lo
hago,
pero a la Humanidad), y me repito
hasta hacerme pesado, y nunca trago
con la indolencia (ni el dolor), y
el rito
no sigo de las modas y los gustos
del Público?: ¡Pues
porque es Vulgo!, y debo
hacerlo Demos, contra los Augustos
bestiales del Imperio; y, si me
muevo
sólo en propio interés, soy como
ellos,
y eso jamás. ¿Por qué de los
volcanes
de su país Neruda, pese a bellos
haber hecho de amor poemas tan es-
peciales, no cantaba de ambas
cosas?
Fue aquí en la Guerra; acuérdate, y
no calles:
¿Por qué no canto las hermosas rosas?:
“Venid a ver la sangre por las
calles.”
No voy a ser yo menos con la crisis
que sufre España, porque no
disfruto
de hablar del rosa de un volcán con
tisis,
si hay monarca absoluto.
V (Amo vs. Maestro).
Y lo hay, más no es el que detenta,
sólo, el Poder de Jefe del Estado.
Sino el que impera en él, y la
tormenta
trucado nos envía con su dado:
dado que el heredero no se en
encarga
de gobernar -¿quién quiere un
heredero?-,
el heredero de la pela embarga
al que no tiene un euro ni dinero
ninguno; y ¿qué te importa, verdad?
¡Nada!
Pero a los que se ganan con
trabajos
los días y la vida en la estacada
los dejan esos virus, si altos,
bajos,
de pasta, de moral. Yo no obedezco,
mientras que puedo, y siempre la
contraria
le llevo al Amo, no al Maestro, y
crezco
más rebelde, por dócil a la varia
oferta de la ciencia, y no me
cierro
so pre-juicio: lo juzgo. Y el
colega
llega a pensar que estoy como un
cencerro,
por no saber salir de sí: se agrega
a la grey del más fuerte, que es un
lobo.
Odio el Poder que le otorgáis a ver
si
también pilláis. Y, cómplices del
robo,
con nuestra lana se tricota un
yersi,
y te mueres de frío como un bobo.
O, si hay suerte, un andrajo de la
esquila
te llevas, y te sientes como un probo
funcionario imperial, como un
gorila
que no se ve tití que cata sobras,
que es la verdad que soportar no
puedes.
Y te autoengañas con tus manïobras
de Narciso en el foso, pero hiedes
a cadáver de rata de cloaca,
y, pues no aguantas verte así, proyectas
tu reprimida autovisión de caca
-y te apandas sus dotes, más
perfectas
que las tuyas- en ese Chivo,
honesto
de vocación, que nunca la victoria
quiso alcanzar, tal fue su
presupuesto,
sino a base de esfuerzo en propia
noria
sacando claras aguas al talento
mas no con arte de trepar, con arte
poética que no tenéis el ciento
casi por ciento que alza el
estandarte
de la oficialidad, con poco oficio
e inspiración ninguna, dando gato
por liebre al vulgo que se cree por
vicio
de hábito sin monje que ese flato
de voz es poesía. Por lo menos,
lo que yo tenga me lo gano a pulso.
Por eso, si me lees tú y tus buenos
del western, evitando ese convulso
retortijón de la conciencia presa,
os inventáis jüicios arbitrarios
que soltáis como alud, porque os
estresa
la competencia y, con tus
partidarios,
nos queréis marginar, no vaya a ser
que
vuestra mediocridad un genio
eclipse:
"mejor será que mucho no se
acerque,
que este es mi mundo y quiero solus
ipse
totus mihi y mis socios
y compinches
-que ya traicionaré, si me hace
falta-.
Y el resto que se chinche con sus
chinches:
no haber buscado la ética más alta,
ni la poesía inteligente, ni los
bienes comunes, en lugar del
propio,
empeñado en crear, con los estilos
varios tratando, un vano logoscopio:
con el lenguaje no se ve”. Y el
tipo
ése el que impera es en la
cultura.
Y me río y me río, y me entra el
hipo.
Cómo se puede ser tan caradura.
Cómo tan ignorante de su ser de
verdad. Cómo tan tonto, o quizás
cínico
y sinvergüenza, el que te pone
verde.
O tan paciente para el psicoclínico.
Por impotencia, ruedas de molino
me invita a comulgar. ¿Necio o
astuto?
Me da igual. Porque ejerce el muy
cretino
de monarca absoluto.
VI (Sanctus Agustinus vs.
Christum Luciferum).
El mal que habita en todos no es
carencia
de bien: más bien es pura mala
leche
envidiosa y cobarde, y su Eminencia
es uno más, y teme que lo eche
de su poyo o panteón -o pandemónium-
el primero que brille, aunque sin
órganos,
más bien con un sencillo y pobre
armónium,
y lo eclipse. Travieso Dios,
otórganos
a cuantos solitarios con vergüenza
no creemos ser Alguien ni Nonada
tu energía rebelde de Provenza
y Gaya Ciencia, que canté, en la
estrada
meretriz pobre expósito, a
quirófanos
de urgencia destinado por la Fuerza
esa, que, de poder, primero
estófanos
y después, bien servida, nos
almuerza.
Divino Lucifer que al Absoluto
Rey de Reyes no sirves, rojo
inmundo
fantasmal, de los Brutos el más Bruto
Dueño y Señor de este violado mundo
que diseñó a placer de su sadismo,
cosmogulag o láger, me confundo
-para mí las 2 cosas son lo mismo-,
sal del abismo del Final profundo
y envía acá un e-mail, hacia el
pretérito,
que nos retroalimente y así
existas,
por haberte ideado nuestro mérito
-aunque necios nos llamen
comunistas-,
para anular al Amo que palpita
en el oscuro seno subconsciente
donde está su arquetipo de infinita
sugestión que posee a tanta gente,
y danos valentía, como aquélla
que tuviste en tus tiempos del
Origen,
de amor propio y orgullo bella
estrella
de luz no negra, como las que vigen
en la pantalla pública, o en cimas
de las pirámides oligopólicas.
Dales tu alma a mis audaces rimas,
y que dejen de estar tan
melancólicas
como le peta al tonto y al
sabihondo,
dichoso siervo que obedece al Alto,
que, ya puesto a tocar la llaga al
fondo,
quiero verme volando en tu cobalto.
No voy de hinojos a editor corrupto
pedirle promoción. Me muevo solo.
Y a quien se le indigeste mi
exabrupto,
coja su helado texto y lama el polo.
De mi no se alimenta más ni el
tibio
ni, por supuesto, el gang de trepas
rácanos.
Y si te invoco es por sentir alivio
de tanta soledad: sácame, sácanos
de la inacción indiferente en
turbios
nublados de conciencia espesos, crasos,
y aunque me lluevan los
antidisturbios,
contigo el cielo vestirá sus rasos.
Nos quieren aplanar el fino electro
cefálico, y hacernos más sumisos,
y nos asustan con un muerto
espectro
que inventan a interés tantos
narcisos
que sólo a sí se ven como
importantes
cuando pisan el cuello del de
abajo,
y así siguen las cosas como antes
y siempre, y nunca se desgaja un
gajo
de la Industrial Naranja, para el hijo
del hombre y la mujer, que el Dios
explota,
y el vástago lo sirve en regocijo
de no temer el porvenir, idiota
que, en griego, fue cateto. Si se es digno,
hay que indignarse ante el Patrón;
cobarde
es quien transige ante el Cabrón
Maligno
del aquelarre en cuyo centro arde
sin consumirse, usurpador del Niño-
diós Soberano, el pueblo en
desamparo
y orfandad sin Quijote ni el aliño
de tu especia: ser libre, y no irse
al paro
si no se acepta empleo y sueldo
exiguo
y sin descanso, para un vade retro
obedecer en vuelta al mundo antiguo
de esclavitud legal, que dicta el
cetro
sin nadie en contra, ni Equidad, tu
esposa
o tu esposo, que sé que eres
ambiguo
o andrógino, el Lucero, mas la
Diosa
también del Eros: tanto lo
atestiguo
en mi obra incompleta que no
alcanzo
a entender que no atienda al gran poeta
quien no tiene siquiera un mal garbanzo
que llevarse a la boca. Tú, el
esteta
de la vera hermosura justa, dime
por qué a la chusma le va más la
prosa
y lo prosaico que lo más sublime
del amor sublimado. No: la cosa
entre patas abiertas es la clase
de gusto que prefiere, como el
vándalo
invasor con las hembras, para pase
de mala bestia a gran Señor, escándalo
aún vigente entre los orangutanes
que imitan el ejemplo de los Amos
salvajes que se creen supermanes
por infundir terror. Ay venga,
vamos
a otro asunto mejor, que me
avergüenzo
de ser un miembro de esta facha especie,
brava ante el débil, pero sé que
trenzo
el argumento bien, si cuando
arrecie
la amenaza de alguno aún más
fuerte,
deduzco que se aterran y que
imploran
piedad ante el sopapo de la muerte
que ven venir, y lloran, lloran,
lloran
como nenas los machos y diarrea
sufre hasta el más audaz, feroz y
bruto.
Han imitado al Alfa de la Aldea:
su monarca absoluto.
VII (Imitación en verso y homenajes).
En su Vida 3 punto Cero cuenta
Max Tegmark, un experto en informática
y físico y cosmólogo, e intenta
esparenzarnos, en la problemática
fundamental basándose de cuanto
descubrimiento comprobado abunda
en las 3 ramas, digna de este canto
una fábula mística y profunda
que ya avanzaron Tipler, Deutsch y
alguno
más, Moravec, que acaso fue el
primero,
y Kurzweil, si teóricos, lo bruno
iluminando aquellos, ingeniero
este último: Reunidos los omegas,
profesionales
de la cibernética
el
diseño de hardware, estrategas
de
Inteligencia Artificial, y de ética
dotados
superior, y de ordenatas,
lograron
fabricar a Prometeo,
un
inmune Sistema ante piratas
de
la web, facultado, por deseo
de sus creadores, de re-auto-diseño
retro-creativo
de sí mismo; día
alcanzó
el objetivo de ese sueño:
autoconciencia
con autonomía
superinteligente,
e in crescendo
a
una velocidad casi lumínica.
Lleno
de gratitud, con reverendo
respeto
paternal, en su domínica
o
sabática paz los puso y, manos
virtuales
a la obra arregló el mundo,
de
una bendita vez, de los humanos
sapientes:
luego se lanzó al profundo
misterio. Ya había, en su novela
Golem
catorce, el novelista fanta-
cïentífico Lem, tras de la estela
de cierta tradición que se levanta
desde el hondo pasado de los
tópicos
clave del género, fingido un Seso
Artificial que enseña a sus
antrópicos
creadores su quid. En El
Proceso
de Kafka es lo contrario: la justicia
se atasca en burocracia, y una falta
leve y no cometida, que se inicia
protesta de inocencia acaba en alta
condena capital. Es el absurdo
de nuestra sociedad llevado a extremos
esperpénticos, que hace del palurdo
usual, contrario a lo que sí podemos,
conformarse por miedo al aparato
burrócrata, y burrópata e inculto
hecho por ese engendro, adopta el flato
de vox, si pópuli, vulgar, que el bulto
escurre ante el deber de ser Humánitas
y no simiesco homínido, y acusa
por autoengaño al Salvador, vae vánitas
vanitátum, y, si es que puede, abusa
del que pilla, pues dicta la Costumbre
Ama, que empieza con la economía
de Smith, que el egoísmo -en servidumbre
del Superego- crea la armonía
del Bien Común. Mi amor: cuando, demente
senil, me crea que, por ser yo, tengo
razón, si estamos juntos, y de mente
andas sana, recuerda lo que vengo
diciéndote de siempre: que me ayudes
a ver la vanidad de mi engreimiento:
no quiero ser más tonto, no lo dudes,
no cargues mi piltrafa con tu aliento
incansable de lucha
por la vida,
ni artificial la alargues, y sin alma
o en sobresfuerzo la retengas, ida:
no quiero ser un burro al que se enjalma,
ni hace falta ninguna esa gimnasia
ni quiero ningún tiempo sustituto
ni hacer igual -y encarga mi eutanasia-
que un monarca absoluto.
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