veta, y no premia y, de poder, le atiza,
y sin querer le aviva la ceniza
que lo abrasa satírica. Le peta
la prosilla medicrocre que interpreta
como verso, si corta con paliza
de cesura y censura; a su nodriza
mima, ya que su meta es de su teta
seguir mamando, y la genial poesía
no reconoce, pues le deja fría
el alma, que le falta, y que le reta
a hacerla él. No puede, y desconfía
de lo que esté bien hecho y, por maría,
te injuria y llama rojo y de la ETA.
II. Pero a ti te da igual ese litigio.
Ya se apoyen o luchen entre ellos
por repartirse el saco, no hay destellos
de poesía en sus prosas, y el prodigio
del arte bella tienen por vestigio
de un pasado obsoleto. Por camellos
llevan jorobas de caballo, sellos
de su incapacidad. Un desprestigio
va acabar siendo un premio, aun si lo ganas
por incomparecencia del enchufe.
La corrupción alcanzará ventanas
el día que su río se desborde
y tus narices su hediondez atufe.
Todo es, mediocre, o pobre, y monocorde.
Y III. No me presentaré a ningún certamen,
dice el Poeta, nunca más. Que sumen
los mercachifles premios, si en resumen
puede decirse que, por más que mamen
del arte de medrar, nunca el velamen
de su esquife al Parnaso, de cardumen
cargado de morralla, a su alto Numen
arribarará, aunque en público proclamen
sus triunfos, que serán tan sólo blufes.
Párvulo siempre, como no te afufes
de tu costumbre te hallarás en cuero.
No es poesía lo mismo que dinero:
como a pilas distintas no te enchufes,
nunca serás poeta verdadero.
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