La receta mejor es la de Buda:
decepciona el deseo, y nos deprime
la decepción o frustra, y no hay ayuda
contra la depresión: lo más sublime
es ser la nada muda
sintiéndola; el deseo nunca sacia,
ni aun satisfecho, porque satisfecho
un deseo, otro nuevo nos desgracia
con su testarudez, como el arrecho
de un fauno, o contumacia,
por fiasco, insuficiencia: nunca anhele
nadie nada, o la sea o el vacío
que oculta Maya o la Ilusión, y dele
grado justo a su mérito baldío,
mediático o de tele.
Hay sin embargo un opilación y atasco
en la vía, o cultivo, hasta el nirvana
o la iluminación: miro con asco
este mundo, que en vano es cosa vana
si nos huella su casco
hendido, y es deber cantarlo, al menos,
a ver si lo conciencio, que los media
las conciencias deforman, pero ¡buenos
para pensar estamos! Una acedia
vaga nos hace ajenos
a nuestros intereses más humanos
y no sabemos distinguir lo justo
de lo inicuo, y cedemos ante enanos
de engrandecido y oneroso gusto
de guita solo, que hanos
vendido, desde homínidos, o antes
-vete a saber cuándo empezó el concierto
de la desigualdad, desconcertante
por la traición del Rey, astuto Tuerto
entre ciegos sin plante-,
y comprado de esclavos en barato,
y aun nos induce a odiar al buen amigo
-que desunidos somos como el hato
que adiestra su pastor con su castigo
fomentando el innato
miedo cerval a lo se desmarca
del marcaje a pedradas (que es de piedra
el término divino del monarca,
adiestrador de medios, o el que medra,
y representa el carca)
que nos hace correr a la cabila
u horda o tribu, refugio ante el extraño,
por número de iguales en su pila
defensiva, y sentimos desde antaño,
cercanos al gorila
o al chimpacé, desde australopitecos
por los menos, mirando la sabana
donde acecha la fiera, sobre flecos
invertidos de pasto, con la gana
enderezada, entecos
de cuerpos y conciencias, y elegimos
al más fuerte guerrero por defensa
contra las competencias por los limos
del Nilo, y él nos vende, y no se piensa
que aceptamos sus timos
y pirámides; viene Zaratustra
a invertir jerarquías, y se pasma
la agregación beneficiaria, y frustra
su intención, porque cree en un Fantasma
o Deava, que lustra;
o un valiente descubre un continente
y esclavizamos a su gente, y luego
en cadenas acaba aquel valiente
y se forran sus reyes, y el borrego
aplaude, pobre gente;
o por industria nos hacemos ricos
y hay más pobres que nunca y son más pobres
que nunca como siempre, y muchos chicos
cargan a pocos grandes, que sus sobres
secretos cobran, picos
y pluses, rapiñados del tributo,
y con pública pasta se financia
su partido plutónico y poluto
que ambiciona el Poder, y huele a rancia
codicia de su Pluto
Patrón canino. Empero, no se aprende
de la experiencia histórica: Del caos
siempre ha nacido un orden, y el que entiende
por listo lo acapara. Liberaos
de una vez: Siempre os vende
la clase dueña al bárbaro, si llega
la derrota, y se salva, como lista,
y pagamos contentos, como ciega
multitud, su gestión capitalista,
en apocada entrega.
Pero ni caso. Y es entonces cuando
por no sufrir, me centro en el trasfondo
de mi Yo, por si puedo, contra el bando
masivo, hallar el mundo que me escondo
a mí mismo, en que mando,
porque allá no soy yo, sino la Mente
Universal que late en el Abismo
Primigenio y nos crea, aquella Fuente
en que estábamos juntos siendo Él Mismo,
el siempre Diferente.
Pero en vano es buscar: Yo sé que existe
o existió y es eterno, pero al cabo
de invocar su Camino, quedo triste
por chasco, mal sujeto por su clavo,
en jaula, sin alpiste:
y el pájaro no vuela ya y, si canta,
con las alas atadas y la cola,
se ahoga con un nudo en la garganta.
Y, aunque templa su voz, que altiva engola,
la bandada se espanta.
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