miércoles, 22 de febrero de 2023

EL TRIUNFO DEL PROSISMO

Un tiro de pedrada contra el tanque

del Aristo me eleva,

indignado, a ser digno, y mala nueva

recibo: que imposible es el desbanque

  del número que gana, el Uno, el premio

otra vez, por su coro

elegido, modelo de desdoro

del poder absoluto y de su gremio.

  Todo Poder corrompe: al chabacano

el chabacano vota.

Y, borrego elegido, se encapota,

corona y golpes da: se hace tirano.

  Pero golpe ni da, tampoco guerra,

excepto las civiles

con su guardia subida hasta ser miles

gloriosus, al laurel de marca, y yerra.

  Es gusto de la chusma, que la fama

adora, por indocta.

En meridiana y regia luz pernocta,

por arraigada soñarrasca en cama

  de hetaira -en eufemismo dicha tálamo-,

y que es túmulo en vivo,

no en derecho, si pone al santo estribo

la zorra, y saca punta de su cálamo.

  Pero el santo no es asno, y no lo monta

la relamida nalga,

y libre por el páramo cabalga

excepcional entre la masa tonta.

  El Poder o la fama descerebra

al afamado prócer.

Basa su gloria en aplastar, buldócer,

al que pase del paso de su cebra,

  la que tira del carro (como plebe

del “¡Vivan las caenas!”)

del rey absolutista, por las buenas.

Que se lo lleve el diablo, y se la lleve:

  Adquiere fe la masa por costumbre

herrada en redundancia.

Tiene delante la verdad y, rancia,

prefiere lo que postra en servidumbre.

  Como no me someto al gran Enano

hoy soy un raro tipo.

Pero claro declaro desde el cipo,

mi mojón, que un gusano

  el Árbol roe de raíz a fronda,

y caerá el arborícola

trepado, que ha diezmado el fruto agrícola

con su incultivo, y celo de la ronda

  anti-excepciones de su policía

que siembra prosa sólo.

Es el organizado protocolo

del Palurdo, que apaga la poesía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario