Conservador de formas -y su esquema
evolutivo-, pese a tal, innovo:
si acepto los preceptos del poema
tradicional, le insuflo y le inflo el globo
de asuntos de las ciencias en vanguardia,
y conservo el progreso, y al mediano
le produzco una inquieta taquicardia,
y se aloba por casi cuadrumano
su desfase: Me ignora, porque ignora
de qué dïablos hablo, y no hay dïablo.
Un pre-ángel acaso en soñadora
sabiduría, y bestia no -de establo:
−Los animales son su especie, y basta.
No es el humano un ser:
es lo que puede
ser (dijo Pico): si se emperra en plasta
ser masiva, hace el bestia y, al fin, hiede
a “malo conocido”, mansa, porque
se cree que el verdugo de cloaca
es digno de Poder: cuando la ahorque
verá su yerro, tarde, hambrienta y flaca.
Quien busque ser más grande suba senda
arriba a otra rama por el tronco,
manteniéndolo en forma: quien no entienda
es tocón o de leña, tosca y bronco:
mediocre, como toda mayoría
que se deja embaucar por la costumbre
establecida, con su ideología
anclada en servidumbre, muchedumbre
que anda ahí donde indica con su piedra
el zagal, a la oveja negra insulta,
porque a ésta lo raro no le arredra,
y porque es negra, es sabia -aprende- y culta.
El bardo al uso usa el verso blanco
prosaico, que heredó de la experiencia
vanguardista, tratando temas, franco,
tradicionales: tiempo, amor, ausencia
o muerte -y de memoria. Y uno solo
hace, que sepa yo, justo, lo opuesto:
usa la estrofa antigua, propio Apolo,
y trata asuntos nuevos y echa el resto
y los da por sabidos. Y así negra
es su fortuna sin Fuenteovejuna.
Forzado a hacerse buda, desintegra
su ego tras bigbangs, y es su fortuna
su nirvana. La onda, o el corpúsculo,
dos que son uno, le enseñó que esquizo
es toda realidad. Y en propio opúsculo,
no ganado, se ha hecho
perdidizo.
Os dejo de hacer caso a los que caso
no me habéis hecho, ignaros, sin derecho.
Mi caso es especial. Estoy de paso
-al manicomio, lo que prueba el hecho.
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