I)
Nadie es yo. No su yo. Todo yo copia
un modelo de series que repite
lo que peta a un patrón, que a sí lo expropia,
para que siempre imite
su pobreza de
espíritu, y acepte
la impropia autoridad de su alto rango
y, así pues, a sus pies, gusano, repte,
y haga estiércol, de fango.
El que intente ser
yo, cuando lo logre,
se verá sometido a purga impura
por el retro que odia todo progre
so pena de censura.
Ser yo mismo no es
nada de otro mundo.
Pero soy de otro, que yo habito, animo
como en el suyo lo hace todo el mundo
(y antanaclasis rimo),
mas yo lo sé y no él:
cree que vive
en el mundo de todo el mundo, y nada
suele decir del mundo cuando escribe
de su sola pringada
individual. Si
canto el Universo,
como no sabe de cosmología
ni mecánica cuántica -ni verso-,
ignora mi poesía.
Hace falta el
esfuerzo del estudio
para satisfacción de la perpleja
curiosidad del sabio y el repudio
de la injusticia vieja
por su conciencia,
que la ve, y no observa
su Norma, mira lejos, y asimila
lo cercano y sus lacras, nunca sierva
de la chusmosa pila
que aguanta al
faraón, por mentecata
y miedo a toda novedad, lo raro
y lo desconocido, y así acata
la costumbre, y amparo
encuentra en lo
normal: la Norma inicua
del egoísmo más insolidario
que se arraiga en lo vacuo y es ubicua
como un teledïario.
Ir por libre es
pecado: no soporta
la independencia el vulgo ni ese culto
de moda desmedida, a quien aborta
el sistema, sepulto
en el culto a la
cutre nadería
de la nada elevada a Dios sublime,
Plutón de tanta ilusa idolatría
de quien no se redime
de su envidiosa
vocación ignara
contra quien no obedezca, y solo siga
el metro de su propia y rara vara,
víctima de Su intriga.
Pero el chivo expiatorio
tiene cierto
recurso que el Borrego desconoce:
si él es la voz que clama en el desierto,
su voz propia es su goce.
La novela es negocio
y la comedia.
La poesía jamás. Y si se vende,
es sospechosa de promedio y media:
de mediocre, por ende.
Lo singular desprecia
por distinto
-o distinguido- toda Norma, sosa:
pocos se escapan de su laberinto
de simpleza penosa.
Dédalo, me evadí -y,
acaso, Ícaro-,
y diana soy de un fuego de silencio:
conmigo se ejercita en tiro el Pícaro,
pues no lo reverencio.
Y, si un día se entera el doctorando,
revelará el porqué de este ostracismo.
Nunca acepté al Normal ni su komando.
Siempre he sido yo mismo.
II)
Para bien, para mal, pero no para
el medio, no paré jamás de serme.
No lo pude evitar: esa es mi tara.
Solo es bueno el que duerme.
Por más que quise
tener sueño, sueños
tuve, por contra, porque quise grande
ser, y me hice; y eso los pequeños,
no lo perdonan: han de
igualar por abajo al
que se salga
de la norma común, para que solo
destaque el ídolo de nalga hidalga
que los elige, y dolo
necesita, a la
Goebbels, como claque
que aplauda su opresión sobre ella misma
y toda competencia que destaque,
y mínimo lepisma
la selva tala y poda
el alto tallo
o su raíz corroe; y el desierto
trae a la huerta por exceso, y callo
crea en la piel del muerto
sucesivo: me hago y
me rehago
echando mano a mis metamorfosis,
y de mi larva sale nueva imago,
como en metempsicosis:
yo mismo no soy yo:
cuando me escribo,
me creo y me recreo, y otro empieza
a ser en mí, que invento, y estoy vivo
entero, de una pieza.
He muerto muchas
veces: me asesina
la indiferencia activa de la masa
que adora al gerifalte que la inclina
a servirlo, y la arrasa
destruyendo la paz, y
resucito
con esfuerzo creándome diverso
a mí: muere mi mito, y creo un mito
nuevo a base de verso
que me desmitifique a
su fetiche
de nalga en trono, que lo dobla y postra,
como a la Iglesia criticaba Nietzsche,
como una Cosa Nostra.
El público me niega
su entusiasmo,
porque él jamás -no puede- se entusiasma.
Me endioso frente al ídolo, lo pasmo,
y me pilla su pasma,
y en ínsula me impone
penitencia,
extraña, por extraño, y tanto extraño
la comunicación de mi ardua ciencia
que, maldiciendo el daño
del común, de
desdicha me desdigo
y me vuelo a decir en nueva dicha.
La verdad es que a mí me importa un higo
el culto a la gran Picha.
III)
El Macho Alfa escalfa todo huevo,
salvo los suyos, porque es alfa y macho.
Y, Modelo, a la omega -se ve Febo-
levántale el Corbacho
-y es Cabrón de
aquelarre en que la bruja
populachera cree que en la escoba
de Su erecta opinión de gran Granuja
vuela, a base de coba.
Boba, Su burra bola
lame, o bebe
Su elixir homeópata, que exuda,
y se traiciona y, de su igual aleve,
agrede a quien la ayuda.
Nos trata de
escalfar, pero se escalfa
solo lo que no tiene, por cobarde,
no por mujer: por asna y comealfalfa,
da mate, esmacha, y arde
en la pira pollina
del Cabrito
-está como una cabra, en el rebaño,
sumisa a Su pastor, si toca el pito.
Y a quien ve como extraño
señala, y al mastín
toma por lobo,
y viene el Lobo, y el Cabrón se zampa
al borrego, al cordero, al chivo, al bobo
que ha caído en la trampa.
Lobezno me rehago, y
le predico
que soy equis o enigma y, si destaco,
es por justicia y, justo, viene el Rico
y la atraca, por Caco,
y le da por el saco,
y la saquea,
y la inmola en su rito y deja rota
porque quería no tener ni Idea,
botada por pelota.
Tenía hermoso el
busto de nodriza
ubérrima y le dio su buena leche
al macho y, desmochada, es su choriza
y le da: que aproveche.
El Macho Alfa
engatusó a la omega.
La masa quiso macha ser y puso
su cuerpo a Su servicio, por borrega.
Y sufrió de su abuso.
La masa macha que
podría Demos
haberse vuelto sigue vulgo mocho
de su derecho, porque no podemos
dejarla sin Pinocho.
Ayuso queda queda,
dado el toque
permanente de queda, que se queda
con ella, y continúa con su enfoque
que siempre fue de queda.
Yo, que soy equis,
ignorado, quedo,
suelto del ancla, a salvo de Su gleba,
en mi globo, por corte del enredo
y la masa, en su cueva
platónico-plutónica
en tiniebla
entre más sombras sin saberse triste.
Poco importa si el mundo se despuebla.
Aquí nadie rechiste.
Lo malo conocido que lo nuevo
siempre es mejor:
Y así la masa es macha
y da mate a sus hijas, sin un huevo,
y juzga a la muchacha,
porque no dijo No, y
absuelve bruta
al que viola, con ley que las protege.
Si el No no estuvo claro, es porque es puta:
a la hoguera la hereje.
La populacha aupada
por enchufe
al juez defiende al criminal machote
y, al final, a la víctima que bufe
le da más con chicote.
Indefensión había con
la leÿ
vieja, empero con ésta igual nos pasa.
¿Es culpa de la ley, o de la greÿ
judicïal que abrasa
a la expiatoria
oveja? La costumbre
cerril hace al Carnero Patrïarca:
Arda toda justicia en macha lumbre.
Más prevarique el carca.
Si fuera más mujer,
no elegiría
a la Partida Populacha séptica
y macha, pero es macha y bestia harpía
que se traga dispéptica
su engaño y sufre,
pero canta eufórica
y celebra su morbo y siempre inculpa
a la víctima, presa siempre, histórica,
en brazos de su pulpa
octópoda antropófaga,
que adora
como a una madre -patrón macho siendo-
nutricia, que la macha y la devora
paulatina, creciendo.
Macha la masa es
facha por maruja:
su errado chisme juzga sin jüicio.
Y su Cabra la oprime, aprieta, estruja.
Y ayuso al precipicio
se precipita y es
machada y mecha
al prevaricador -de quien la explota
socio- da, que la viola y se aprovecha,
la pobre, por idiota.
IIII)
Hagamos un poema más profundo,
cual de hacer el Poeta serio trata
con trato de palabras, o con trata,
aislándose del mundo.
Como el césar se liga
a su cleopatra
por su egipto -jamás Petrarca o Dante-,
cante su amor gozoso el ignorante
delante del psiquiatra,
o al analista
psicoterapeuta
hable de Elisa en gloria garcilasa,
y lo aplauda inducida mucha masa
por su claque coreuta.
Y que cante en vulgar
y que se expanda
su voz por el mercado y sus disgustos
sin humor, y seamos siempre adustos
como manda su banda.
Con su amor de
individuo se deleita,
y ¡hay que abrirle la
puertas y ventanas
al mundo cruel!, y
ahora luce canas
porque ya no se afeita
para mostrar dolor y
que se note:
¿en sus poemas poco, pues, se nota?
¿Es que habremos de dar siempre la nota
cuando se acaba el lote?
Más profundo, más,
hondo sí, más hondo
hasta yacer hundidos en la zanja.
(Y aquí el poema funeral se zanja
y corto, que me mondo).
V)
De la verdad de un propio sentimiento
ajeno no se sabe, si se mira.
Si es dicha con talento,
nos puede conmover una mentira.
La verdad absoluta no
se alcanza:
casi todo es mentira hasta que llega,
ya sin verde esperanza,
la estación verdadera de la siega.
Pero dentro de ti la
verdad vive,
aunque tú no la sepas. Tras el ego,
por mucho que se escribe,
se esconde un brillo que te deja ciego.
Relativa al Misterio
es la teoría
que sucesiva a la verdad se acerca.
Hace falta poesía,
si la verdad se nos escapa terca.
La ficción no es
mentira, que es figura
de estilo que sondea, tras el velo
de la literatura
-o el Fenómeno- un
fondo y un consuelo:
tras la Apariencia
algún sentido: absurda
se manifiesta la Ilusión Maya:
parace que anda curda
o se ha chutado o se esnifó una raya.
Muestra el autor
también la superficie
de su experiencia, a ver si así descubre
su fondo, aunque codicie
otra gloria, en océano salubre.
Pero suele ocurrir
que alcance gloria
en vida aquel que sigue la corriente
no el que invoca a Memoria
remontando la vía hasta la Fuente
(o a Mnemósine, madre
de las musas
que inspiran a los buenos gobernantes
también, con sus infusas
rarezas, que hoy trabajan más que antes).
El que va hacia la
Fuente el organismo
puede intuir del Todo hasta la Meta.
Decir siempre lo mismo
no es función del auténtico poeta.
Cantemos al amor, el
tema es lícito,
o a la muerte. No obstante gira y mira
lo que el presente explícito
de la ciencia descubre con su mira.
Lee, investiga sobre
todo, salte
de tu especialidad, mira otra cara
del Prisma, y allá salte
tu voluntad curiosa, en tu más cara
búsqueda, que ese
vértigo del salto
o variación será más verdadero,
o más profundo y alto,
al menos, que quedarte en tu vivero
contigo solo.
Vuélvete contigo
si quieres luego, pero no te quedes
en Ítaca, mendigo
de tu pobre riqueza entre paredes,
las mismas siempre.
Sal, que el predio es soso,
no te conformes con lo que heredaste.
Y no seas celoso
como Yahvé. Permítete el contraste:
Ten muchos dioses.
Luego elige el Tuyo,
que puede ser Ninguno, o juntos Todos.
Yo me busco si hüyo
de mí, buscando, no la moda: modos
de ser de otra
manera, no promedio
mediano hipnotizado por los media
que mienten con su asedio
diario a la verdad, en franca inedia.
Aumenta la verdad, si
se consume,
al contrario que todos los nutrientes.
Procura que se exhume
por medio de mil formas diferentes.
Porque está
prisionera de las teles
como aquella princesa de Darío.
Mejor que te rebeles
contra el Dragón raptor: te desafío.
VI)
Hablarle en necio al vulgo
es justo, justo
por darle gusto,
porque él paga; en necio
a un lector de poesía es un desprecio
del que tiene buen gusto.
VII)
La verdad canta el gran poeta: el vano
canta lo que se lleva,
que no es nunca verdad: sombras de cueva
platónica el humano,
por Plutón dirigido,
el Amo, cata
y acepta -vana moda,
diseño del Modisto que la poda
y la vende barata,
allá en su capital
del mundo caro,
en donde se gestiona
la elaborada seda de la mona,
que, mona, sufre paro
del corazón-: Limada
de su arista,
la verdad poca cosa
enseña: el fauno tras la ninfa hermosa
corre y pierde la pista
que las ciencias le
dan, y no las sigue:
el saber del poeta
actual es vago, y el laurel, su meta,
de lo que astuto intrigue
depende; y la poesía,
cuando es falsa
o medio verdadera,
si es poesía, es también medio quimera:
en campo de amor valsa
con la más fea,
porque la mentira
-cuya raíz es mente-
caracteriza al Sapiens, ser que miente
y se miente y delira.
La verdad es belleza, y es terrible
como un ángel (lo dijo
Rilke): Dios, si es verdad que tuvo un Hijo,
nos da eterno su drible
(el mundo sigue siendo igual de inicuo
que antes de Él, y su Iglesia
parece padecer morbosa amnesia
de su Verbo, conspicuo
en pro del pobre -antes un camello
que un rico de una aguja
pasará por el ojo-, y la granuja
y al pobre pisa el cuello,
volviéndose una empresa poderosa,
cuando Él dio su azotaina
al mercader; Simón, la espada envaina,
también dijo, y, celosa
de sus bienes, cruzadas
y su Oficio
Santo organiza, y quema
vivo al rival, rebelde, que anatema
sit, con previo suplicio:
no pone la mejilla otra, cara
sobrándole -y no sigo,
que es tópico-, al igual que su castigo
de infierno; y no declara,
ni paga impuestos justos ni tributa
esa empresa, y se guarda
lo que nos debe a todos, la bastarda,
la Santa Prostituta,
con perdón de honorables meretrices,
que condena, y condona
su pederastia, hipócrita, y perdona
criminales deslices).
Y así todo: del curro se abomina;
y no hay más abominio:
puede afanar el dueño con dominio,
no el que pilla gallina.
A Dafne no la alcanza
el más brillante:
se queda con la rama
de su arbusto y, efímera su fama,
mercancía es mercante:
Mercar no es inmoral,
mas si se vende
por encima del precio
justo un producto, que se compra el necio
público, que no entiende,
el comercio es un
crimen miserable:
no es honesta la hipnosis
de la publicidad en grandes dosis
para el golpe de sable.
La mayoría es media:
el sabio debe
darle sus existencias
no prohibitivas, y las experiencias
de -agarrado- un percebe
que percibe -a la
roca- solo el medio
suyo, es pobre, paupérrimo
-por fanático, idólatra y acérrimo
procesador de Tedio
Vital: si dicta el
sumo sacerdote
su lista de materias
y formas para venta de miserias,
el inocente zote
no aprende, y
criminal es el maestro
que da gato por liebre
-y anatemiza al generoso orfebre-
por de mentes secuestro.
La humanidad fue
siempre populacho:
se cree lo que finge,
y así el enigma cierto de la Esfinge
no descifra. Su empacho
es de migas y sobras
del Imperio,
que le encarga su encomio
como a Virgilio, y en el manicomio
de lo normal y serio,
canta al amor por
Norma y a la muerte
(o canta a sus zapatos
o a las nubes -o al tiempo, a sus estratos
más altos-), o al más Fuerte
sin darse cuenta,
como sí Virgilio
frente a Augusto (o al arte
de atarse sus cordones), canta a Marte,
mas teocrítico idilio
deja salir del alma,
y no se entera
de lo que más importa,
porque se centra en que su vida es corta,
y de ella vive fuera
(o a veces también
canta al Cenicero,
después de alegre fiesta).
Suprime siempre a quien al Mal molesta,
porque es su Cancerbero.
Si hay crisis, guerra,
corrupción política
de cloaca que atufa,
en el invierno propio de su estufa
critica toda crítica
al Poder y, si alguno
se da cuenta
o se recuerda rojo,
sin nombrar fuentes plagia como piojo
a quien bravo se enfrenta
con ese Mal; y en las
finales obvia
tal verdad, y bloquea
a quien la canta, y por que no se vea,
le da el premio a su novia.
Con una china en el
zapato anda:
traiciona al buen amigo
de sus buenos amigos, por testigo
del mundo, que demanda:
alerta de ese trágico
incremento
del Retro -grado sumo-;
que él prefiere producto de consumo
hacer del propio cuento.
Compinche del Poder,
por caso omiso
a su injusticia inicua,
canta solo su ego con perspicua
imagen de Narciso.
Y si el Poder es
justo, cosa rara,
le pone a quien lo apoya
la zancadilla, e incinera Troya,
y la Tierra acapara.
Le dicta su sentencia
por non grata
persona, y a sí
mismo,
perdido en superficie de eufemismo,
siempre fiel se retrata.
En su privado valle
verde habita
y ahí se hace de hierro.
Menea el rabo cuando, alegre perro,
su Patrón le da cita.
O por el monte al Dux
dándole coba
y caza, que le azuza,
le sirve de censor y de gentuza,
tercero de su alcoba.
Nunca elogia al
Imperio en claro elogio,
pero calla sus crímenes,
y así tolera al Violador de Hímenes,
por su Martirologio
hacia la nada en
vida, que es su gloria:
nada más investiga.
Para llenarse vive la barriga,
en su serena euforia.
VIII)
Las probabilidades, la estadística,
la mensura de números inmensos
sin enumeración, o cabalística
de conjuntos propensos
a las inclinaciones de su magma,
las más probables siempre, según leÿ
del azar -paradójico sintagma
(como dios agnus deï
muriendo por crearnos)-, si se mira
desde ese panorama, sin recuento
de singularidades, y se aspira
a su descubrimiento
matemático a ojo, que revela
esa visión lejana (y la ignorancia
de la rara excepción), con la cautela
de medir la distancia
desde donde el fenómeno se observa
al objetivo investigado, el sesgo
de perspectiva, el ojo de Minerva
o la asunción del riesgo
de error, o incertidumbre, el porcentaje
que puede no tocarte, igual que ola
de crímenes, ü onda, que es un gaje
del gajo de la bola
indivisible, o átomo, compuesto
de partículas cuánticas que, ondas
de probabilidad también son (resto
enorme de las hondas
potencias del Bigbang, con su improbable
eclosión, imposible, o casi, siendo
así que ha sucedido, como una cable
salvador de existencia, dónde anda
no se entiende, o qué cosa el cosmos causa,
con ese espacio-tiempo sin baranda
o límite ni pausa),
cuya masa en unión es lo que integra
el flujo universal de la energía
y la materia hacia la noche negra
de máxima entropía,
por una fuerza oscura por ignota
que separa galácticos los cúmulos
hasta que el combustible al fin se agota
y se tornan en túmulos,
la turbulencia, el
caos, que resulta
orden si llega a rebosarlo un punto
singular, esa gota que lo abulta
más, y altera el conjunto
-moléculas de un líquido, individuos
diluidos en las masas y la media,
por costumbre, por hábitos asiduos,
y la inopia y la inedia
de quien no tiene qué
perder e insurge
como vapor del agua que era hielo,
y llega el cambio que ese vez le urge,
y eleva el suelo al cielo,
y las cíclicas crisis de la Mano
Invisible que, Demos sin dinero,
soportamos o el peso de su guano
de pájara de agüero,
hasta más no poder y así
de pronto
se revuelve o quizás revoluciona
la estructura presente por un monto
de exceso que enfollona,
el Poder, económico, la Historia
de nuestra Humanidad, tan poco humana-
cumplen, casi, la ley obligatoria
o al menos soberana
de la naturaleza, con tozuda
terquedad, y por ello se repite
casi siempre lo mismo, con su ruda
obsesión, sin el quite
de su suerte: y el bestia embiste al bravo
singular, que no sufre bajo norma
general, que es especie, y no es esclavo
y nunca se conforma:
Lo excepcional extraña, y se combate
por distinto a la Norma y la costumbre:
al vulgo le parece disparate,
jamás lumbre en la cumbre
volcánica o el orto
de una estrella
reorientadora, un faro, o un indicio
de nueva dirección, y sigue pella
hasta el gran estropicio,
y la vulgaridad, que bocicotea
lo nuevo distinguido alzado en base
neo-tradicional que tiene idea,
se empeña en su desfase
seguir: cuando aparece un nuevo justo,
siempre intentas podarlo de su rama,
por creer que es un trepa de tu arbusto
y un rival de tu fama,
y desleal le haces competencia
con tu vejez moderna, ante el arcano
héroe de la Justicia y de la Ciencia,
que se enfrenta al tirano:
siempre hubo héroes, los que el populacho
me crucifica en nombre del patriota
Patrón que, enriquecido hasta el empacho,
lo arrodilla y lo explota.
Y al vulgar de modelo y pasarela
para ser más mirado por el lerdo,
compinche del engaño, a ver si cuela,
general, viejo izquierdo
unido que le niegas a
la izquierda
nueva tu apoyo, hundido en tu pesebre
de minucias y pajas y de mierda,
para que ella se quiebre,
y te pones de parte
de los medios
mentirosos que usas para darte
publicidad, con loas y epicedios,
y así pillar tu parte,
hombre-masa cabrero de los montes,
bajo pezuña hendida del gran Cabra
al servicio de lobos mastodontes,
traslució tu palabra
sin palabra, felona, y con faloria:
y estás hundido, izquierdo, ya siniestro,
contrario de Mnemósine o Memoria
Histórica, Maestro
de mediocres (igual que el periodismo-
ficción que abduce al tonto unido al facha
obseso contra el rojo por cinismo
éste, y ése por chacha
vocacional), que viven de autoengaño
y labran su rüina, y hechos masa
congelan su energía. Si ermitaño
he de ser, en mi casa,
me das una razón de orgullo digno:
el mayoral del vulgo me designa
excepcional, por tirria suya: apuesto
contra la suerte indigna:
cuestión de suerte es todo: si hay destino,
a cada cual le toca el suyo en suerte:
querer cambiarla, si es un desatino,
es hermoso, es ponerte
de parte de la insólita justicia:
quien nace con fortuna tiene una
ventaja injusta; y el que no no inicia,
ni puede, su fortuna.
Sin embargo, la masa admira al Rico
que la manda al infierno, y siempre el trágico
heroísmo repele del pez chico
valiente, que hemorrágico
su humor le entrega a su desprecio necio:
se equivoca de blanco y de enemigo.
Su propia causa agrede. Pone precio
a su testa y, testigo
del crimen, a la víctima denuncia,
negándole su No, su resistencia,
y en pro del delincuente se pronuncia,
y al héroe sentencia.
La media -y la tendencia- poco falla:
el singular es único y no cuadra
con el número ruin de la canalla
que como can le ladra,
partidaria
del amo, su verdugo:
insólida, a sí misma se liquida,
rechazando hasta el último mendrugo
público, por suicida.
La singularidad es
creativa:
hubo al Principio un punto: y hay ahora
un Universo; y otro: y hay quien viva;
catástrofe creadora,
cualitativo salto: y
los conscientes,
tras suspensivos puntos, mas sin coma,
podemos existir; cuando lo intentes,
tú también: pero toma
consciencia de tu
error y con modestia
acéptalo y corrígelo y aprende:
evoluciona y no hagas más el bestia,
y tu fallo te enmiende.
Para la libertad tengo la vida,
para la libertad
sangro, pervivo
y lucho, y sufro, a causa de su herida,
como un árbol cautivo,
cantó el Poeta, y en
la cárcel Franco
lo encerró de por vida hasta su muerte:
me duele que el pez chico vote al banco
y nunca se despierte.
(Pero sin equidad es
libre solo
el Dueño de la Guita que te ata
a la pala y al palo de su polo:
con tu Mal te contrata.)
Y, como sé que el banco del pez chico
alimento es del grande, y se lo hablo,
ahora comprendo por qué no publico.
(Creen que soy el diablo).