No he de callar por más que con el dedo
Quevedo
Cuando tras de la crisis financiera
surgió una nueva izquierda, y genüina,
y yo la defendí…, con tonta inquina
contra el ingenuo irónica, altanera,
mis amigos poetas, hilarantes
se burlaron de mí por mi inocente
fe en la paleo-política insurgente
ya muerta y enterrada. Cuando antes,
si criticaba las austeridades
y recortes sufridos por las masas,
cada vez de recursos más escasas,
ejercidas por sádicos, o Sades,
del poder en sus víctimas, las mismas
de siempre, y aun llegaron a decirme
enloquecido con el tema, y firme
permanecí, sus silenciosos cismas
excluyentes sufrí: con la política
obseso estaba y, necios, se reían.
Pero cuando los hechos desafían
la crédula costumbre de la mítica
normalidad, y nueva una costumbre
empieza a no ser nueva, y las incrédulas
palabras del Poeta hasta las médulas
penetran con las llamas de su lumbre
en las inteligencias sin prejuicios
por cimiento, y alumbran la caverna
donde el esclavo en su ignorancia hiberna,
y algunos abandonan sus servicios
mentales de letrina literaria,
y al sol salen de Apolo, al aire puro,
no de cloaca infecta de cianuro,
y el redil de inocencia temeraria
del apoliticismo de buen gusto
con su corsé de normas se da cuenta
de cuánta cuenta pájara (por venta
corrupta de favores del injusto
al ya favorecido de fortuna
-para forrarse más a nuestra costa
y forrar a sus socios, de langosta
en plaga-), ha habido, pudo haber alguna
gente sensata que me oyera, habida
cuenta de alguna cuenta con su banco
que la trató con altivez y franco
desdén por su fatídica caída
en la ruina: de tanto tragar quina,
han empezado a ver que verdaderos
eran mis juicios y, antes majaderos,
sanan, tomándolos por medicina.
Hay, no obstante, quien sigue en sus derechas,
ciegos ante la luz, por intereses,
y siguen insensatos como reses
tratando de esquivar, y dando trechas,
lo evidente, y obviarlo: socialistos
filípicos, que son de su partido
manque pierda el oriente, dan rüido
y expiatorios nos quieren hechos cristos,
porque somos utópicos y, aun viendo
cómo se salva a un pueblo, se hacen cruces
porque temen perder sus altramuces
privados y, ciscado y hecho un vendo
por no haberme vendido, van balando
contra mí y los demonios de la de hoz
y el martillo, y se inclinan a la Voz
neonazi o paleo-facha, en gesto blando
de terror ante el rojo, porque tragan
con lo que gritan la hemerotecas
del capital, que ataca como Aztecas
que te cobran tu renta y nunca pagan
y exigen inhumanos sacrificios
humanos a la gente. La incultura
política de un pueblo es dictadura
camuflada, y hay poli como oficios
santos que son diabólicos, y choran
a sus fieles también, que son compinches
y víctimas medrosas auto-pinches
del Chef a quien solícitos adoran,
y testarudos siguen en sus trece,
y le endilgan la culpa de sus capos
a las justos, se aferran a sus trapos
rojigualdos y sucios, y más crece
su miseria, alienados con despiste
absoluto, creyéndose el tebeo
que en la prensa se monta el fariseo,
a sueldo cancerígeno del Quiste
Social, pagado de su misma pasta
pública, contra él mismo, y se auto-inmola
de una manera típica española,
la de “vivan carrozas de la casta
que nos viola, encadena y nos insulta
con su continuo y camuflado asalto”
(que yo también quisiera por lo alto
pillar del mismo saco, y poco abulta
mi vergüenza ante mí, pues de la élite
me considero, aun siendo un miserable;
y, asido al flotador ligado al cable,
me salvo del planeta, por satélite
de este barco en naufragio, que los nuestros
siempre se salvan, y la plebe paga
platos al tiro, haga lo que haga
esa grey atontada de cabestros).
Hoy, que un reo ha tirado de la manta
que tapaba el delito y el desfalco
del político estándar, desde el palco
puede verse que el pájaro ya canta
como todo adiestrado que la diestra
deja tirado, para que se coma
él solo el gran marrón de su carcoma
que corroe, y así lo defenestra,
al Estado y, así, por la culata
le sale tiro; y el lamido culo
al aire se le ve sin disimulo,
y el mundo, o el que quiere, se percata.
Y alguno que nos dice ser de izquierdas,
pero es sólo un mal bicho robaperas
del Árbol del Edén de las afueras
fiscales y evadidas, con sus cuerdas
de locura culpable atado, intenta
disimular, huyendo hacia adelante,
aunque no lleva ya la voz cantante,
temiendo la verdad que al fin le afrenta.
Se sabe. Pero sigue todavía
tanto poeta, al menos el de clase,
cantado lo privado, en su desfase,
en su mayoritaria minoría
que vergüenza da el gremio de poetastros
de su experiencia pobre, y de silencio,
que me ignoran, si no los reverencio,
por cada uno perseguir sus rastros
-rastreros, ellos, yo de las estrellas
que iluminan la noche oscurantista.
Alguno hasta me llama comunista
en son de insulto, porque entrañan pellas
de serrín enfangado en el cerebro
por no perder jamás lo que, ganado
del estatus, sacaron al Estado,
bebiendo de la caña o del enebro
con gringa coca: el liberal dispendio
mísero del parásito a 2 caras,
convertidas en cruz para cucharas
hambrientas, por la gloria de su incendio.
Sí: me llamaron loco de remate
con sus modales y maneras malas,
intentando amputarme las 2 alas.
Cómo hicisteis tamaño disparate.
Cómplices habéis sido por silencio;
cómplices, sí, porque quien calla otorga.
Por llenaros de gorga la pandorga.
Os lo canté, mas yo no os influencio.
Tampoco a mí vosotros, y es mi pena,
que sufro con valor, vuestra ignorancia.
Pero, culpable de omisión, ya rancia
está vuestra poesía. Y en gangrena.
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