No fue sólo el prenio Nobel Louis de
Broglie quien intuyera que las ideas de invención y descubrimiento,
cuando de teorías científicas se trate, son con frecuencia equivalentes, por no
decir sinónimas. Siempre fue llamativo para los entendidos en el asunto que,
cuando Albert Einstein intuyó que la fuerza gravitatoria era un fenómeno que
tenía su razón causal en la extraña geometría de la textura espaciotemporal,
los instrumentos matemáticos necesarios para describir esas extrañas
propiedades geométricas ya habían sido inventados por los geómetras.
Las geometrías no euclidianas habían sido,
en efecto, inventadas algún tiempo antes, y lo cuiroso del caso es que esa
invención había sido gratuita y sin paraqué.
Sencillamente a alguien se le había
ocurrido inventar una geometría que, en vez de fundarse en el plano plano
de la geometría euclidiana, se fundara en un plano curvo, por ejemplo
el plano que constituye la superficie de una esfera. En esa geometría las
reglas geométricas de Euclides no sirven: una recta NO es la distancia más
corta entre dos puntos: esa distancia tiene que ser curva, supongo que porque
en un plano de ese tipo toda recta es imposible.*
Pues bien: el maestro Einstein descubrió
que el universo es así: curvado sobre sí mismo, como consecuencia de la
deformación combante que todo objeto masivo provoca en la textura del
espaciotiempo.
La cantidad total de masa del universo
curva el espacio universal porque toda concentración de masa, o sea, todo
objeto densamente masivo produce una consecuente deformación del espacio que le
rodea, impidiendo así la posibilidad de trayectorias rectas en su proximidades.
Esas deformaciones combantes del espacio
próximo al objeto masivo explican el misterio de la fuerza gravitatoria,
misterio que consistía en que la concepción de una fuerza ejercida a distancia,
sin mediación de nada, es absurda. Desde el momento que se descubre que el
propio espacio es la causa de interacción gravitatoria el problema queda
resuelto y el misterio aclarado: cualquier objeto que se desplace en línea
recta en las proximidades de un objeto masivo se desviará ligeramente hacia
éste como consecuencia de la naturaleza curvada del espacio que atraviesa.
Conforme se acerque más a dicho objeto masivo la curvatura será mayor: eso
explicaría porqué ciertos objetos trazan trayectorias orbitales unos en torno
de otros: la mayor curvatura del espacio lo hace avanzar por la única senda
posible a esa distancia del núcleo del objeto. Y eso explicaría por qué si
arrojamos un objeto cualquiera desde la superficie del Objeto Masivo la cosa
arrojada tenderá a describir una línea parabólica que la devolverá
inexorablemente a la superficie de donde partiera: porque la curvatura del
espacio es tanta que sólo las trayectorias con forma de parábolas cerradas son
posibles.
Todo esto, muy trivial y vulgarmente
descrito, fueron intuiciones de Einstein que éste no hubiera podido formular
teóricamente de no encontrarse ya inventado lo que al final se revelaría como
descubrimiento: las geomatrías no euclidianas, que parecían desafiar toda
experiencia y que, no obstante, existen en la misma realidad no sólo cósmica,
sino también cotidiana y vulgar: porque la gravedad es un hecho que se nos
impone a diario aunque no seamos conscientes del asunto: la ley de la gravedad
no puede infringirse.
Inventar algo es, pues, descubrirlo: todo
lo que inventamos está latente en el universo y nuestro ingenio sólo tiene que
darlo a la luz.
Y una vez más y casi como siempre, resulta
que esa genial intuición habida por un monstruo de la ciencia vigésima ya había
sido sentida, puede ser que tácitamente, por los poetas antiguos, en este caso
un tipo muy específico de poeta: los trovadores provenzales del los siglos XII
y XIII.
Según Martín de Riquer, la palabra trovador
se forma a partir de la voz romance trobar que significa dos cosas a la
vez, quizá porque, como ya se ha visto, sean la misma: encontrar, como
en italiano actual trobare, por una parte, y por otra inventar,
exactamente igual que el verbo latino invenio que significó toparse
con, encontrar pero también inventar, que es de ahí de donde procede
esta palabra castellana.
Los trovadores se llamaron tales a sí
mismos porque fueron hombres dedicados a encontrar cosas a base de
inventárselas: sus ficciones poéticas eran descubrimientos: había que
descubrir, quitar la cobertura de las apariencias a la realidad para
contemplarla tal como uno se la encontraría si estuviese desnuda, descubierta.
Y lo curioso es que inventaron algo que fue todo un descubrimiento: el amor.
Antes del amour curtois el amor era otra cosa: los trovadores
inventaron, o sea, descubrieron un modo de amor que según Denis de Rougmont
todavía determina nuestra manera de experimentar tan universal sentimiento. El
amor cortés, sensual y espiritual a la vez, existía pero sólo como una
posibilidad latente en el psiquismo humano. Los trovadores lo dieron a la luz
de los significados.
No es de extrañar que el tema amoroso haya
sido durante cinco o seis siglos el tema poético por excelencia, habida cuenta
de que fue y es un descubrimiento -o invento- de la poesía.
Sólo la poesía auténtica, la que es capaz
de inventar la verdad, puede obrar prodigios semejantes.
Pero no se olvide que cuando yo hablo de poesía
no me refiero sólamente a la que los poetas escriben sobre el papel y que es a
veces la menos poética de las poesías. Me refiero a esa poesía inherente a todo
acto inteligente.
Tal vez ser poeta no sea más -ni menos-
que hacer uso de una inteligencia capaz de inventar descubrimientos tan
importantes como la razón y las razones de la gravedad y del amor. Y en ese
sentido todos -menos los tontos y los fraudulentos- tenemos algo de poetas.
Por algo Dante dijo: "Amor que mueve
el sol y las estrellas". Según el divulgador científico Isaac Asimov ese
verso del Dante sólo puede entenderse si consideramos al Amor como una
personificación de la Interacción Gravitatoria.
Muy bien. Pero ¿por qué no al revés? La
interacción gravitatoria como una despersonalización del amor. Claro que esto
último lo digo desde un punto vista exclusivamente poético.
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