Un ensayo en verso (o
experimento de poesía ensayística -o didáctica/dialéctica).
I
¿No fue el muchacho Hegel el primer gran marxista?
¿Por qué al final se puso
senil autoritario?
Pensaba que un
Estado, si no es totalitario,
no vencería nunca al Mal capitalista:
pensaba que a las masas les falta la conciencia
de razón y derecho de libertad humanos,
y partidarias
siempre de egoístas tiranos
del Capital serían en indigna anüencia.
Y ¿¡tomar por
modelo la monarquía autócrata
prusiana de la síntesis
de su genial sistema
dialéctico político no
fue una idea mema!?
Es que el pueblo por
regla general no es demócrata.
II
En Rusia
los kulakes y los pobres mujikes
amaban a su “padre-
cito Zar” y a sus terra-
tenientes. (Y a los justos
˗que de su vida perra
querían liberarlos, los diablos bolcheviques˗
odiaban, asustados
por órdenes de popes
˗tentáculos de púlpito
del Crátor y su Cratos˗;
y frente a todo Cristo
se pasmaban Pilatos,
si revolucionario, y,
míseros, e inopes.)
Y los, entonces,
bienin- tencionados, por fuerza
quisieron imponerle al
Pueblo un Paraíso
y, contra el Oro armados,
lo hicieron más sumiso
y pobre, que el Poder
corrompe a quien lo ejerza,
porque
social la revo- lución que cambia al mundo
al revolucionario cambia
también (Sapkowski
lo dice) y su
gobierno, en nombre de otro Dios/Qui-
mera/Atea, copia Celoso y Furibundo
al de los etnocidios de mujeres y niños
canaaneos y hombres
(e infieles israelitas),
por cuya gracia el Zar,
según archimandritas
reinaba, en amenaza
de partirles los piños.
III
Si, utópica
anarquista, pensó siempre mi musa
que el Estado era fuente
de los peores crímenes
sociales de la Historia,
y todos sus regímenes
presentes rasa dieta
dictada por los Usa
para
guardar la línea en que consiste el flaco
a cambio de forzado trabajo en sus infiernos,
hoy pienso que lo único
que puede protegernos
del Capi es el Estado,
tal Hércules de Caco.
Karl Marx ya
lo pensaba: al final no habrá Estado,
cuando lleguemos a la
sociedad comunista;
pero antes los parias
de la más negra lista,
los sans-culots
que él quiso llamar proletariado
necesitan política
la unión que hace la fuerza:
otro ˗esta vez˗ triunfante
Leviatán que al Magog y
Gog del gran Capital
se oponga y deje grogui
al Ajab de la Empresa
y lo ahogue y retuerza.
Pero esa Moby
Dick, monstrüosa Marina,
se volvió contra el sueño
de Marx hacia el de Hobbes.
Y al prole sansculotte le dio su medicina
propia de palo aún más que a 70 santos jobs.
Y perdió la
batalla tal Satán por desgaste
del esfuerzo económico
de aquella Unión Soviética
por empatar con Usa y,
gorbachova y ética,
mandó las estructuras
de su esqueleto al traste.
IIII
Y llega ya
la guerra mundial, que es la Segunda
inversa en las finanzas,
con disfraz de Tercera.
O la Fría on the rocks.
O la Primera, que era
y es la misma, la clásica
de siempre, nauseabunda
por empacho
execrable de la misma bazofia,
aunque ahora las balas
reculan y son de Oro,
con que nos sangran, Público, sin el menor decoro
a las víctimas pobres
en manos de la bofia
bankaria,
inquisitoria de todo disidente
que pretenda salvarnos
miserable el bolsillo.
Y como tontos todos
aceptamos el grillo,
el alma dada al Alien,
postrada, indiferente
a tanto
menoscabo y más cabo de horca
estrangulando panzas
por mano del pudiente
que nos nutre con sólo
su patata caliente.
Si es que no nos fusila
un día, como a Lorca.
V
Parece que
la historia da razón al Maestro
en los tiempos que corren
y así lo ratifica
este dócil afán de
un pueblo que, cabestro,
se empecina en defensa
del patrón que le pica
como un mosquito infecto
con la pica o la fusta,
o la injusta jeringa,
que nos jeringa injusta,
por mucho que yo mismo,
cuando me defenestro
el corazón suicida sin
rayo que lo alumbre,
quiera olvidar la suerte
del pobre en servidumbre
que su suerte se gana
por mérito cobarde
inconsciente y que, encima,
chulesco por costumbre
tele-deutero-física, presumiendo, en alarde
de superioridad intelectual y farde,
me cree enloquecido,
y yo en su ufana gloria
no lo dejo, y la causa
de querer a esa escoria
salvar de su ignominia
execrable, salvar de
su catetez a amantes
de su propio verdugo,
que en realidad a mí
me importan un comino,
es que, si no defiendo
sus derechos, tampoco
defenderé los míos,
y aguantar ese yugo
que a él le gusta no quiero, que yo no soy el loco
aquí, pero si sí no,
al menos, tan cretino.
VI
Por los campos
diezmados se extienden lo sumisos
y en aquella concentra-
ción de mansos borregos
brota un voz que hiere
sus almas y sus egos
que les invita a ya
dejar de ser narcisos
que sólo piensan en el
bienestar que les queda,
y al grito soberano
de sálvese quien pueda
desprecian compromisos
y permanecen ciegos
bajo el toque de queda
en que viven masocas,
adorando a su sados
que alejan de sus bocas
el pan y la expresión
y la responsabili-
dad que da querer
libres ser, y no medio gili-
puertas, no giratorias.
Por lo campos de esclavos
consentidos se extiende
un rebaño de cabras
a la inmolación, locas,
y me sacan de quicio
que no vean razones
en mis claras palabras;
y se entreguen gallinas,
y presuman por pavos,
porque están muy contentas
de prestar el servicio
que deben a la patria
que oficia el sacrificio
de su carne en el ara
para salvar la curia
anárquica de bankos
usureros foráneos,
y ¡se llaman patriotas!
Y me llenan de furia
y me llenan de ganas
de partirles lo cráneos.
Pero yo qué
les hago: los apoyo y defiendo
apoyándome y defen- diéndome
a mí yo mismo.
Y cuando
participen de nuestro dividendo,
si es que no nos extingue
la vida su cinismo,
no darán ni las gracias y seguirán rïendo
de los que la fin logramos
el democomunismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario