"Señor, ya me quitaste lo que yo más quería./ Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar./ Tu voluntad se hizo, Señor, con tra la mía./ya estamos solos mi corazón y el mar." (Machado.)
carpe diem, quam minimum credula postero. (Horacio.)
"No he de callar, por más que con el dedo,/ señalando la boca o ya la frente,/ silencio avises o amenaces miedo." (Quevedo.)
Me echaste tantas
veces del hogar, de tu hogar,
que una vez te hice
caso y me marché. Si he vuelto
es porque tu bondad
libremente ha resuelto
cuidar de mi salud
maltratada, y del mar
-como aquel de Machado, cuando,
muerta su Lálage
única y horaciana, un
rebelde reproche
lanzaba contra Dios con su barroca hipálage
que hablaba de,
marítimo, su corazón (de noche
el mío) por luctuosa soledad-
liberarme.
Lo sabes: no soy sabio
cotidiano en la práctica
de la vida intendente,
porque solo un adarme
de cerebro me orienta estratega en la táctica
para "bellum" prosaica de
las necesidades
que hay que hacer en
la paz. Yo sé que te critica
la gente por sacarme,
Euridicio, del Hades
sin mirar nunca atrás,
mi Orfea, que es de rica
Plutonia sierva, ella, severa de
inclemencias
sin templanza jovianas, y nunca sufrió dura
y enemiga miseria: no tuvo reverencias
que hacerle, proletaria, ante su dictadura,
como tú, con más mérito, tampoco: con el dedo
inquisidor los crátores
me señalan el cráter,
como pena, de Empédocles, y a frente, de Quevedo
ejerciendo, lo alzan, pre-jueces, en adláter
complicidad con socios importantes.
Con cráteras
repletas de saludes y
de santas compañas
brindan al por mayor
pudiente al sol, y páteras
fenicias, más
caliente, le ofician, las Españas
gloriosas celebrando de aquel sin noche Imperio
que las llevó a la ruina, haciéndoles la hacienda
Párvula, a ellas
Una, y Siervo de un Tiberio
y un Pilato a su pueblo, hecho un Cristo; y que el menda
servidor por rebelde rechazó, siempre crítico
con autores de crisis
que les valen ganancias,
pero a los pobres,
pérdidas, como a tí, y paralítico
su intelecto y su
juicio, por hipnosis de mancias
religiosas, por tele, a la fuerte
fortuna
le deja que el testuz
testarudo le coma
su monstruo capital,
dormitando en la Luna,
creyéndose discípulos
de don Yllán, en Roma
ya papas infalibles, con su Guardia
Süiza
para bankos que,
pobres, siempre en números rojos
tendrán: si no es
opima de verdad, ¿porque briza
su cuna la invisible
mano de Smith, y antojos
la embarazan de ínfulas de culto a
su Excelencia
que no es tal? A esa
gente, mi amor, no le hagas caso:
tu estás haciendo el
Bien Común, con tu paciencia
conmigo ahora, Excelsa
genuina, mi fracaso
comprendiendo, y terrible su final
consecuencia,
por siempre solidaria
con el paria, que un paso
malo, en mi caso, dio.
Y el vulgo que sentencia
solemne mi cadena
perpetua duerma al raso
en la propia Siberia
lunar de su valencia.
Yo sé, corazón mío, lo que, en
verdad, te mueve:
Amor que, agradecido,
te devuelvo, y aguanta
la carga de este Cosmos y, por ti, me levanta.
Firma: Fortuny (mayo de
2019).
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