miércoles, 4 de octubre de 2023

ReTales. Temática.

             Padezco una obsesión que leit-motiva
la segunda mitad de mi obra entera:
la traición que me inflige el gran Cualquiera,
doble Dïablo-Dios, que a la deriva
me deja y en naufragio, y que me priva
de mi justo derecho, o depaupera.
            Desprecia la poesía el ruin demonio,
y se corona del laurel de Apolo.
Dueño se hizo de uno y otro polo,
doblando el eje del planeta Ausonio,
de matrimonio haciendo patrimonio,
por colectar las rosas para él solo.
            Una guirnalda quiso de corola
pura, y tejió de espina, barro: grano
que no engrana. Son cosas del tirano:
siempre acaba tragándose su bola,
y prolonga su culo con su cola
y, pedestres se vuelve cuadrumano.
            La granada ostentosa de metralla,
que manejan sus manos largas, cascos
-con que no escucha sino a sí, por ascos
que a los distintos hace el gran Canalla-
es su boom: sube al cielo, porque estalla,
y se queda sin dáctilos. Qué chascos
            digitales binarios que se lleva:
Todo iris ¡afuera: lo maldigo:
no exista lo que a mí me importa un higo
o me molesta: para mí la breva
negra: soy verde, viejo: que no llueva:
luna nueva: mis cuernos tú, testigo,
            no veas! Y ese público lo adora
y se deja cegar a mano armada,
que víctima le gusta de granada
ser, y gusto le da si se le chora.
Sale al ágora, al foro, y más le afora
y le paga, quedándose sin nada.
            Mientras tanto, su corte o sacerdocio
infla su buche y, con Su Voz blufosa
de Flatulencias, dicta, por babosa
rastrera de Jesuses del Negocio,
la capital para quien no es su socio,
sembrado zarzas en su curso fosa.
            Cae cada vez más bajo, pero sube
con su lira a las nubes, y la lira
le hace aguas, y llueve, si suspira,
edulcorado ácido, querube
seráfico que méase en su nube
sobre los llanos rústicos. Se admira
            de su mentira, que se cree, en verso
o surco simple que chorrea grasa
de polla tiesa, que se pone pasa
por pocha mala uva en que está inmerso
su Egocentro, venado, si disperso,
con úlcera y gotera en su carcasa.
            A un bardo del montón plagia cotilla
y esa única vena es la que usa
para abrir paso a su sumisa musa,
atoradas las otras, sean  canilla,
ya, o cánula, o canutas. Pero brilla
luciérnaga o cerilla circunfusa
            de intrasparencia: Imítalo, me dijo
la mía, y entrarás en el parnaso
heliconio del Pindo, en su Pegaso,
de la fama, camión. No soy un pijo,
le dije, de bajura, y jamás rijo,
ni de hacer tengo ganas el payaso.
            Entonces te fastidias, me  contesta.
Pues me fastidio, pero más fastidia
lo que llaman poesía y es perfidia,
por fe en un culto estéril de su Vesta.
La veraz honradez es lo que cuesta.
No me va a torear en esta lidia.
            Y, si a mi grito se hace oído sordo,
por denunciar que el Dios es un Dïablo,
más alto gritaré en iglesias, Pablo,
y más aún si ya no estoy a bordo.
Que se ha montado aquí un embuste gordo.
Y una traición, más gorda, en el retablo
            de Establocimiento, que es Comedia
del Demonio, que tras la tramoya
se maneja a una Helena, si de Troya,
del Palmar -aplaudida muerte-, en media
de desinformación, que nos asedia
para dejar al medio gil sin boya.
            Todo Dios patrïarca es un demonio.
El Dios Desconocido es una Diosa
Madre, máter materia de formosa,
Naturaleza, su Razón. Si jonio
filósofo parezco, ceremonio
un culto, aunque bucólico, en no prosa:
            Todo viene del agua (o aire, fuego
o el nus, los números -las matemáticas
proporciones-), según las presocráticas
ideas (o los átomos) del griego
antiguo (o lo sin formas -caos ciego
antes-, u odio y amor en sus erráticas
            alternancias), y, en cuanto el leve esperma
la fecunda, los límites, las leyes
naturales la encauzan, y la greyes
se unen o manadas, y la yerma
tierra se viste de verdor, y merma
el desierto (ver Saba), y surgen reyes,
            o reinas, y pirámides, las artes,
y en Atenas la dulce democracia,
el libre pacto de equidad, y en Tracia
Orfeo, y se organizan sendas partes
en homeostasis, no como descartes
de esta especie de bécqueres sin gracia
            o metro y rima electos a albedrío
del creador, y no sólo el libre chorro
de lo que sale cuando en gran Pedorro
deja escapar su esencia, y deja frío,
que así puede ponerse cualquier tío
en lugar del Poeta, el más ceporro.
            La Poesía sin Arte es imposible
o sin sabiduría: es sólo agua
sin canales ni formas que la fragua
moldee: lo deforme es inasible
por excesiva libertad que drible
la medida; y navega tu piragua
            en los mares sin brújula, astrolabio
o sextante, y se pierde, o sin su Guía
a imitar, como griega symetría
o justa proporción, que te hace sabio
y justo y, pues no hay, por tanto rabio,
porque falta la bella sinfonía,
            en esos trazos libres sin cultura,
que aran los campos al azar de líneas
sin paralelo. Cómo las gramíneas
se van a cosechar sin la estructura
de la labor, o alguna arquitectura
sostenerse, si faltan apolíneas
            concordancias de cuerdas paralelas
en que nace la básica partícula
de la materia cósmica, en retícula
que produce el acorde en nuestra velas
de observancias al canon, con que vuelas
cuando ahí te proyectas la película
            de tu propia existencia, si la cuántica
no miente física. Si no te ajustas
la corriente a esos cauces, te disgustas
por las resultas, pero si en su cántica
dejas que corra el flujo de semántica,
descubrirás que nunca ya te asustas
            con su vértigo y, pues, te ves diciendo
lo que no sabes, o más claro lo que
no acababas de ver, como si un choque
te hiciera saltar chispas in crescendo,
y se encendiera en ese gas arriendo
de ganancia sesual, subiendo al roque
            del Dragón que secuestra a la Princesa,
ya feliz, del Sentido, y es ahora
en verdad cuando se hace libre, y dora
su oscuridad, y la tiniebla cesa
del claustro y la prisión, y te profesa
vero amor y en volandas te enamora.
            El Dragón es el Caos de la libre
voluntad del capricho libertina
que esclaviza al Plebe y la asesina
de hambre primero, y con el buen calibre
fusilador después, no se equilibre
con el bajo jamás, está que trina,
            felibre antiguo, el pájaro de augurio
 benéfico su canto de esperanza,
que es de quien nada espera, por holganza
de su jubilación, que al Bardo Espurio
denuncia por ladrón, como Mercurio,
podado de hermetismo. Sancho Panza
            le interpela: “¿No veis, señor Quijote,
que en el mundo no puede haber justicia?”
Pues precisa es por eso esta milicia
en la Caballería, que del bote
ya ha mamado bastante el Pasmarote
con su pasma fantasma y meretricia.
            El Dïablo, al Demonio, y le suceda
el Poeta Creador, no esa falacia
del poetilla a quien la democracia
le importa un bledo, y sólo su moneda
de fama busca y, “sálvese quien pueda”
siendo su lema,  quiere mi desgracia.
             Pero no va a callarme: va a escucharme,
aunque sea clamando en el exilio
de la red, atrapado sin auxilio,
me va a oír, y hasta puede que se alarme
con este leitmotiv, sólo un adarme,
que acabe con mi arresto en domicilio.

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