Malos tragos privados
Me
parece que el hígado me duele
o
acaso sólo el intestino grueso.
“El
vicio tuyo báquico, que preso
te
tiene y hecho un títere o pelele,
te pasa su factura o su proceso
penal,
y sientes pánico” La tele,
te
miente, mientras tanto, como suele
toda
privada empresa con su leso
derecho humano a la verdad. No paso
el
trago, y quiero nuevos USA-libres.
Porque
es mejor morir de propio vicio
que de ese embuste que te inyecta el
craso
Creso
privado, grueso de calibres.
Que ya sólo en privar es mi ejercicio.
Ganado ya no guardo, que lo pierdo
de
todas formas: ése es el suplicio
de
todos, como el mío: el estropicio
que,
general, le impones al izquierdo
y al de diestras que, pobre, en el
comicio
te
apoya, a ver qué ganas. No me muerdo
la
lengua, aunque jamás me escuche el lerdo
y
me acuse de ser un desperdicio,
tras lavado de coco, con que doma
el
Demonio mi instinto libertario.
Cree
el necio que el Dios suyo de Roma
es único, y los otros, al Calvario.
Y
se dice cristiano, porque toma
y
nos priva del último denario.
Ay
Dios: privé de tu Interior Bodega,
y
me llené de tu ilusión. No existes,
lo
sé, sino en la Idea. Estamos tristes
porque
Tu Amor al pobre el Mal nos niega,
y Tu palabra toma como chistes,
y
ni hablar de verdades. Que su entrega
es
a Plutón, el Rico, y ya ni omega
ni
alfa eres ni de letras vistes
ninguna y, si lo haces no hay lectura
de
tu Buena Noticia para el pobre.
Y
desea una nueva dictadura
igual que las antiguas. Sin un
cobre,
pues
se lo roba el fuerte, de ti abjura.
Así
no podrá ser que se recobre.
Y
más priva el privado, y más nos priva,
pero
el crimen peor es privar mucho,
y
de ese modo yo, que ando pachucho
del
hígado, me quedo a la deriva.
Y el precario me ataca. Y, aunque
lucho
membrando
Tu Palabra rediviva,
me
llaman comunista, porque liba
Tu
Sangre mi alma, y aun, al fin, me embucho.
Aunque no existas, eres Cierta Idea
Bella
de Bien Común, que es el de todos.
Mas
prefiere sus bienes dar a Caco
y caca darse en forma de diarrea,
y
abono al rico Gringo de los Godos.
Y
no tiene ni idea del atraco.
Pero
fuera del mundo, que me importe,
hay
una Idea que yo adoro única;
por
besar un retazo de Su túnica
el
hígado inmolara. Más al norte
del Norte, que es el sur, se halla
la rúnica
escritura,
que indica este soporte
axial
de nuestra rotación, in morte
tua pro vida, lejos de la púnica
amenaza o alguna semejante,
al
magnético cielo del Maestre.
Porque
al norte del eje, según subes
del sur, de abajo arriba, y
adelante,
desde
el opus del arte más rupestre,
encuentras
tu futuro de querubes.
Pero
no hay Dios en este mundo, o falsa
concepción
tiene de él su fiel astuto
y
rico, o tonto y pobre, ni Absoluto
en
este Cosmos Relativo, balsa
de paz en su vacíos, siempre en luto
por
esta Tierra plena, en que la salsa
o
tinta del Octópodo encadalsa
a
todo el mundo -salvo a él-, por bruto.
La mejor oración será la lucha
por
el Ideal, que siempre se nos fuga.
Pero
la gente es vaga o es cobarde.
Mientras el Kraken chupe de la hucha
de
todos, no habrá imago, sólo oruga.
Y,
desalmados, se hará siempre tarde.
Y
si no hay hoy espíritu de lucha
es
porque os ha comido Dios el coco
y
os aterra el de Vero, y con el foco
suyo
lo veis Dïablo Rojo, y mucha
estafa es ese Dios, que adoras loco
o
tonto, que es Plutón, y no te escucha
a
ti, sino al Patrón, el que se embucha
todo
tu alpiste, y que te deja poco
menos que nada, pobre, en este
infierno.
Y
te comportas como un niño tierno
que
duerme mucho, porque teme al Coco.
Y no ves que te engaña con su nana
para
que no despiertes, y te afana.
Y
le sirves. E ignoras tu sofoco.
Haz
lo que quieras, pero no me hagas
daño
también a mí, que sólo quiero
que
dejen de sacarte más dinero:
Si
lo consientes porque entre tus llagas
eliges las que no te hace el Botero
Perico
y el del Clavo, y son aciagas
tus
horas, porque a quien te deja en bragas
le
ruegas que te hiera con su acero.
Si de todo te priva y en privado
predio
se queda todo ¿por qué temes
que
te robe el Dïablo, que no existe?
Y yo no privo, pero estás bragado,
y
en tu olla vacía tienes memes
hipnóticos,
y es grave tu despiste.
Yo
privaré, por tanto, y seré leso
de
una lesión de que eres responsable
por
colaboración, por miserable,
de
quien te deja en la miseria tieso.
He de llagarme el hígado, y quien
hable
de
lo mal que lo hago en el expreso
trague
su higa y se la den con queso,
pero
a mí no me llague más su sable.
No aguanto otro sablazo, y si me
toca
que
se cuide el estómago y la boca,
porque
de una palabra se la parto
y se lo hundo más. Y apriete el
cinto
y
el bozal suyos: que no quiero extinto
Homo Sapiens quedar, que ya estoy harto.
Voy
a morir, pero de muerte extraña.
Me
privan de lo público, que pago.
Si
no me he muerto ya, es que soy un mago,
que
ha elegido la llaga de su entraña,
pero es inmune al mal. Y ya me cago
en
todo lo que dañes a tu España
y
a su pueblo, que soy: si te doy caña
es
porque vas camino de Santiago.
Y vas a bascas padecer por tonto.
Yo
al menos las padezco por mi gusto.
Y
a nadie le hago daño, y me lo monto
siendo un demonio, no por darte
susto,
sino
por darte lo que pierdes, pronto
al
sacrificio, porque soy un justo.
En
sentido que indica nuestro eje
planetario
sur/norte, como en vuelo
chamánico
andaré, dejando el suelo
como
pueda mejor. Pero un hereje
anarco-comunista, como suelo
pensar
que soy, si solitario teje
la
trama de esta obra, deja el fleje
poco
prieto, y a ver cómo me cuelo
en mis Elíseos, si no he sido un
héroe,
pues
que sólo en común unión es dable
el
heroísmo y, aunque fui sincero e
infeliz, fui dichoso con mi priva.
Si
subo al fin, sabré que un largo cable
le
eché a este mundo cuando llegue arriba.
Y
si allá no se vive, si se es nada,
nada
voy a sentir, que no compete
la muerte a nadie y, si perdí el juguete,
os
lo dejé: jugué con esta espada
apocalíptica lingual, soplete
de
espíritu inyectable: camarada,
acá
te la quedas, nunca en la estacada,
pero,
eso sí, donde mejor te pete.
Prediqué la verdad, según la supe:
no
dejes, plebe, que el Patrón te chupe,
y
no abomines del Amigo en lucha
por tus derechos. Odia a tu enemigo,
en
todo caso, o no: me importa un higo.
Limpio
me voy, tras de mi savia ducha.
Pues
nada es más privado que la muerte
de
cada cual. Y cada cual la suya
vivirá
en su momento, y que no huya,
porque
nadie se escapa la Fuerte.
Soy capaz de gritar un aleluya
en
verso: ¡A descansar!; tal vez acierte
a soñar y, si no, mucho de verte
me
alegré, y hasta luego, y usted fruya.
Pero tengo confianza, Estoy seguro
de
que, aunque sea verdad lo de Epicuro,
que
cité suso, un alma que al cultivo
de si misma se ha dado, da sus
flores
y
sus frutos, y copa. No me llores:
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