martes, 6 de octubre de 2020

Sobre La Fuente de Proteo, por Isabel Pérez Montalbán

UNA INVITACIÓN PLURALISMO AUTOCRÍTICO

            Presentación de La Fuente de Proteo, de Francisco Fortuny, Ediciones del Genal, 2020, en Centro Cultural de la Generación del 27

 

Por Isabel Pérez Montalbán

 

Esta novela, que me ha tocado presentar por el casual bingo de mis cercanías con el autor de la misma, no es una novela o, mejor dicho, es una anti-novela, al menos si la consideramos desde la perspectiva de lo que consideran novela la mayoría de los grandes editores de narrativa oficial u oficiosa; de modo que quizá sería mejor calificarla como una novela de novelas, en un sentido semejante al que se predica de Shakespeare cuando se dice que fue un poeta de poetas, por los líricos y trascendentales monólogos de sus personajes trágicos.

En efecto: un lector o lectora poco avisado -del aparente laberinto en el que se ha metido- es muy posible que pueda sentirse en principio desorientado. Aunque, más que de Dédalo, mejor sería acaso hablar de puzle o rompecabezas, al toparse tal hipotético lector con historias y fábulas que pueden dar una impresión de estar deslavazadas, pese a estar todas ellas conectadas mediante un recurso que el propio autor, auto-incluido como personaje ficticio en su propia narración,  dice haber tomado de Los trabajos de Persiles y Sigismunda del inmenso Cervantes, cuando los oyentes de la narración oral de Periandro comentan entre ellos con intenciones críticas la fábula aventurera que aquél les comunica.

Y, aunque en cierto modo podría hablarse de cierta voluntad de recuperación de ciertas técnicas características de la novela experimental de los 60, con origen en Joyce, sobre todo de Tiempo de silencio, con el mosaico de sus diversos cambios de puntos de vista narrativos y de registros estilísticos, habría que indicar que lo que se recupera es más bien la trabazón o imbricación de subgéneros al estilo del Quijote, además de que también es cervantino, sólo que puesta ahora la mira, más que en la bucólica La Galatea, en el picaresco El coloquio de los perros, Cipión y Berganza, que Fortuny se apropió para su drama novelesco El sueño de Cipión, el casi permanente uso del dramático diálogo, para evitar los “dijo” y los “contestó”, así como el tema de la locura, recurrente en obra de Fortuny, desde su ya anciano poemario De la locura metódica.

Como breve introducción descriptiva a grandes rasgos del argumento o la estructura de La Fuente de Proteo, podemos decir que, después de unas citas tomadas de autores reales y de otros que sólo existen en la ficción del escritor, y que son parte de la narración de narraciones que configuran la novela, v. gr., el libro Cartas marcianas, de Ventura Egea, personaje central de su anterior novela homónima, el propio Fortuny, como insinué, se introduce como personaje ficticio al que interviuva una free-lance imaginaria, con la que emprenderá una incursión en un mundo virtual a lo Matrix, en donde comienza una novela policíaca fantacientífica que es claro guiño y homenaje a Arthur Conan Doyle, cuyos nuevos personajes, acaso roles o avatres de los anteriores, a su vez navegarán por otra realidad virtual en donde un escritor amateur lee una novela de su puño y letra a unos amigos que la critican, en la cual figurará un protagonista, que en este caso es homenaje y guiño al padre Brown de Chesterton, pero en clave de Teología de la Liberación, y que, después de la narración realista de sus aventuras en la Nicaragua sandinista, será capaz de salir de su fábula y elevarse al mundo de su autor, para pasar de ahí al mundo de -sorpresa- la autora  de toda la novela, cuyo género femenino no coincide, como tampoco en casi nada, ni con el personaje Fortuny ni con el Fortuny de carne y hueso que pueden ver vds. se encuentra sito  a mi lado.

Y esa ficticia autora está -lo descubrimos ahora- leyendo su novela a un editor que critica y juzga negativamente y de continuo la novela que escucha de viva voz de su omnisciente narradora.

El contraste, después de varia peripecia por los mundos cada vez más paradójicos y aún frenopáticos de cada cual, frecuentemente solapados o en interferencia, está preparado, desde el comienzo de su montaje, para un final, o unos finales, o un final plural por anfibológico o polilógico, si se me permite el fotunyano neologismo, que, aunque no voy a revelarles, sí les adelantaré, en su respecto, que afecta a un universo que se parece sospechosamente al nuestro, pero en donde Fortuny aparece como un personaje fruto de la imaginación del personaje ficticio Ventura Egea, autor de la mencionada y -al menos en nuestro mundo real- inexistente Cartas marcianas, citada, más que anteriormente, al principio de la narración.

Reconstruido el rompecabezas, si al lector no se le ha roto la suya, todo cobra sentido. Pero advierto que ese sentido, más que otra solución a las incógnitas que plantea la  trenzada o urdida trama, consiste en una gran pregunta que deberá responderse el lector a sí mismo, si quiere desvelar el profundo y extraño misterio de esta aventurera y policial urdimbre que es la novela que les presento: La Fuente de Proteo.

No obstante, debo recordarles a vds. que las grandes preguntas son, precisamente, las que no tienen respuesta.


No hay comentarios:

Publicar un comentario