I.
Ya he aludido en otra parte al tecnicismo "SIS", que acuñó el sociofilósofo griego Cornelius Castoradis, uno de los Grandes del corriente siglo y pico: esas siglas responden a los términos "Significados Imaginarios Sociales", o pseudo-verdades lexicalizadas o insitucionalizadas, constituidas en sistema de dogmas oficiales en torno a los cuales toda sociedad impone una Clausura: fuera de ese panorama de ideas, que los miembros de esa cultura confunden con la realidad absoluta, de imposible verificación para la miope óptica cosmovisionaria de los ántropes, nada es verdad ni está permitido, y será condenado al trasmargen del exilio o el manicomio todo aquél que se atreva a negar la realidad de la entidad o sustancia de tales (ir)realidades ónticas, o a denunciar la ausencia de sus referentes en ninguna substancial ousía ontológica, por más que el sano y juicioso crítico aduzca razones, irrefutables por tautológicas, indicando que tal tipo de cosas, por su naturaleza, sólo pueden ubicarse en una mitología ideológica, que si se mantiene en el tiempo es porque es útil para el funcionamiento en común de la organización auto-defensiva del cerrado grupo social ante posibles bárbaros (lo cual responde a pura xenofobia frente a lo extraño o desconocido, que siempre se intuye como amenaza -y de paso a lo interno "distinguido" o extranormal por su singularidad originalidad), y que es falsa como todos los dogmatismos.
No obstante, dice el heleno pensador, a veces se producen revolucionarias rupturas cognitivas que liberan a las mentes de su servidumbre a esos Ideados Amos Aristocráticos, que el Poder de los Dioses dramáticamente representa, prosopopeyas de fuerzas o energías que no toleran la rebelión del héroe trágico contra el designio del Fatum que para él y todos tejen las Moiras, dictadoras de sinos.
La 1º vez histórica en que tuvo lugar -y tiempo- una de esas rupturas de uno de esos Claustrales Círculos fue cuando estalló la floración de 1ª filosofía, allá en su patria Arcaica (del griego Arjé, Principio, de donde Archi, Arci-, Arc- o Arqui-, prefijo léxico que alude a la Autoridad de un Príncipe, que no a su Autoritarismo, que es algo a ella diverso, y aun opuesto desde el punto de vista diametral de su conceptual semasia), la Grecia que -junto con el judeo/cristianismo posterior- es una de las semillas originarias de donde han brotado la ramazón, fronda y frutos culturales de nuestro mundo.
Los 1ªs phýsikos y ontólogos buscaron, en razón de una exigencia lógica del Logos racional, un Principio Substancial común a la diversa variedad de las cosas, y aquellos suso referidos presocráticos imaginaron con la fantástica razón de su nuevo logomito ser únicos principios o arjés de todos los diversas entes el Agua, sustituta de Oceano y la marína Tetis (Tales), o el Aire, del caótida Éter (Anaxímenes), o los 4 elementos, de los acuáticos Poseidón y Anfitrite, la telúrica Gaia, el ígneo Hefesto y airoso Eolo, combinados por las Fuerzas respectivamente atractivas o repulsivas de Eros o de Eris, la Harmonía y la Discordia, o el Amor y el Odio (Empédocles), o, en grado de mayor abstracción, el Apeiron, lo Indefinido, lo Sin Lindes de Anaximandro, o el Nous Poetikos o Inetelectus Agens de Anaxágoras, culminando el proceso progresivo en el Logos Inmanente del Panta Rei o TodoFluye de Heráclito, el Ser Inmóvil u OntoLogos de Parménides y la síntesis de onto-átomos y nihil-vacío de Leucipo, Demócrito y, más tarde, Epicuro y su discípulo helénico-romano, el genial poeta Lucrecio, que ya escribió en latín.
En la actualidad todos estamos seguros de saber y conocer la frontera que deslinda los real de lo irreal, pero la cultura que vige en Occidente también está sometida a la Clausura de su Sistema de Significaciones Imaginarias Sociales, uno de los más cerriles SIS que en la historia de los hómines insapiens han sido.
Para empezar digamos que en nuestro decadente mundo condenado por sí mismo a la Occisión -del latín, Occido: Matarse- impera un totalitario y augusto Mono-a-teísmo (nótese la partícula "a", indicadora de negación) cristiano inquisitorial, con sus precuelas y secuelas, culpable de las traicioneras felonías a la Palabra de sus Maestros fundadores.
Si Cristo predicó el amor y la paz universales, incluso al Enemigo, y antes el hebreo Hillel -que Renan propuso como maestro de Jesús- hizo lo propio con la idea de la Salvación por la Fe o la Confianza en la Bondad de Dios, y san Francisco de Asís, desarrollando ese hilo propuso la hermandad de la humanidad con la Naturaleza, hoy la Administración del secreto dios Mammón, el Pluto Pantócrator de la made in usa Global Aldea (que estaría así bien llamada, con tino y corrección, sólo si fuera por la vulgar rusticidad ciudadana e incivilizada de su congénito Catetismo) , se caracteriza por su díscolo e hipócrita tejemaneje de dicha tradición, invirtiendo su sentido.
Los hábitos (in)morales que campan por sus demóticos respetos, haciéndose pasar por sanas Costumbres ancladas en la modernidad democrática laica o seglar, se basan en verdad, bien en un catolicismo contrarreformista tridentino laico, bien en un seglar protestantismo reformista y conservador -del más rancio engendro ideológico que, por justificar la maldad de la necesaria opresión de los pueblos, se le haya ocurrido al más cínico de los Justificadores de la Sinrazón: san Agustín y luego sus seguidores Lutero y Calvino defendieron que sólo la determinación de la arbitrariedad divina otorgaba salvación: el Justo otorgaba la Gracia de la Fe salvífica a los que resultaran Elegidos por la arbitrariedad injustificada de Su divino capricho. Dios es Nuestro Señor, predicaron: el de los que los ricos y los poderosos y prósperos -cuando, por contrario, de todos es sabido que si por alguien tomó partido el rebelde Jesucristo, fundador de esa fe, fue precisamente, por los pobres y desposeídos, según ha defendido siempre la Teología de la Liberación, en perpetua amenaza de papal excomunión y autoritario anatema.
Y si es este Pobre Maestro que suscribe el que, como ahora critica, nuestra fideísta y falsa creencia en la inexistencia objetiva de los dioses (v. gr.: el Plutón de los Ricos y el Mercurio de los Ladrones, como ya adelantara Robert Graves en el lúcido epílogo a su opus Los Mitos Griegos) más de uno me mira como si el majareta (demoníaco y luciferino por soberbio y rebelde ante la Autoridad de la Norma) fuera yo: los dioses no tienen oficial existencia, o sólo son asunto privado -así lo dicta la política correcta- impropio de foros, ágoras y otros mentideros públicos y demás mass-mediáticos reticulados de mentecaptación piscatoria. Bien: los Dioses no existen y hasta Dios ha muerto, vale: pero ojo con el culto al Superhombre, que la divinización de homínidos y primates potentados y próceres machos alfas siempre ha dado lugar a lo que no es ni puede ser otra cosa que Latría por un Ídolo Psicópata, como las que llevaron a la Solución Final del nazi Himmler respecto del, a todas luces sensatas y sanas de juicio, inexistente problema de la amenaza judía, azkhenazi o sefardí: cuando los dioses dejan de existir, también dejan de existir los ideales teo-míticos, algunos tan perenne y perentoriamente necesarios como la Diosa Diké, la Justicia, la Libertad o Prometeo Titánida, o Cástor y Pólux o la Fraternidad.
Y gobiernan los Ídolos por connivencia conformista de sus fans (del inglés, Fanatic, con síncopa). Y todo fanático no es más que obcecado Impensador Dogmático que se postra ante, en el mejor de los casos, una Trivialidad y, en el peor, una Abominación.
Este mono-a-teismo judeo-cristiano, sin embargo, ya ha enfrentado contestaciones rupturarias a su claustral cerrilidad: el ecologismo es urgente necesidad de UCI planetaria, para el, por demasiado agredido por copro-tóxicos desenfrenados, enfermo bioma, una defensiva rebeldía neopagana que se enfrenta a la Producción del Capitalismo Ensimismadao Predador de la Naturaleza, exhausta candidata a la extinción, hoy ya no Creadoro de Riqueza Real, sino meramente de Dinero Fantasma, propio de operaciones financieras, Ficticio por articulado sobre deudas impagables con las que luego apencará el contribuyente sin culpa, o con la sola culpabilidad de contribuir al mantenimiento de su falsa creencia en el Poder del Dinero como Sacra Fuerza Superior, que no puede ser derrocada por la utópica Voluntad humana de Equidad en la repartición simétrica, de justa proporción, entre los inversores de capital y los inversores de su propia energía de trabajo que crea, no sólo la abundancia auténtica, sino el plusvalor del que sólo los 1ºs se aprovechan con desmesurado desafuero.
Y, peor todavía, la superchería de creer que el Diablo Fantasma del Capital Ensimismado, o su Invisible Mano que decía Smith, es necesidad benéfica generosa y general por ser conditio sine qua non para la evitación del Socialismo de Miseria, cuando es precisamente su perverso instigador, tal como las crisis cíclicas de ese sistema de rapiña eco-humana demuestra con sus eternos retornos involutivos de los mismos tipos de explotación de los Muchos por parte de los Poquísimos, sólo el 1% del común de los mortales.
Y el semiDios Narciso es venerado por cada uno de nosotros sin la menor facultad de autocrítica por falta de deseo virtuoso de personal mejora en nuestra, en tanto que altruistas solidarios, única y posible salvación del Bíos.
Nihilo obstante, el Salvador logomítico, pese a la incredulidad generalizada que es habitual en sus coétáneos de siempre, como producto de una viva philosophia perennis inextinguible, existe, al menos para el Ojo mental no borroso por emborronado o nublado por esas cataratas que sufre el profano y vulgar cristalino del universal individualismo egoico, practicante y creyente en la doxa libre, que sólo es libre o lo está de la insoportable carga objetiva de la verdad.
La Doxa u Opinión es arbitraria y dogmática y los dogmas no son lentes de aumento ni de analítico microscopio, sino parches piráticos en el iris del interés egoísta, que de realismo disfrazan las ideologias, sistemas rígidos de creencias que "las tomas o las dejas enteras" y nacen siempre de la ambición de poder o de su frustración.
Pero las ideas, sobre todo las de los Ideales demodé, estoy de acuerdo con los pragmatistas anglosajones en que pueden ser trasparentes instrumentos de precisión óptica perceptora, si no las consideramos sino como medios desechables para la captación de la Aleteia, o el recuerdo anamnésico de las evidencias que se piensan desfasadas para los tiempos modernos que (no) corren (por estancamiento que degenera siempre en corrupción y podredumbre, animadoras de vampiras sabandijas).
La revolución, decía Péguy, es también recordar cosas hace mucho tiempo devoradas por el Olvido.
Y el Proteo, o Pro-Tea, diosa previa al Fantasmal Fenómeno (ambos Términos con léxica raíz en un verbo griego que significa Aparecer, como se aparecen los aparecidos, o Aparentar como, según su primera acepción en el diccionario, hace todo Fantasma presuntuoso, que presume de lo que ignora y no es), de catadura ideológica, por mera moda inducida por diseñadores públicos de opinión, ese/a Dios/a que se oculta bajo su capacidad de cambio metamórfico de lo fenoménico, debe existir, al menos como alegoría indicadora del necesario y fundamental Noúmeno, o Cosa-en-sí, que siempre se nos escapa resbaladizo como pez, como no sea que tomemos parte en una odisea en el papel de Ulysses, que sí pudo capturarlo gracias a Circe, quien le diera instrucciones para la caza del don profético de este todavía existente y reivindicable marítimo Dios, cuya existencia postulo como necesidad tautológica: sea como sea, alguna cosa ontológica hay, puesto que toda apariencia lo es de algo, aunque ese algo sea para nosotros equivalente a nada. Pero, también por tautología y definición, debemos saber que la nada es algo que, en sí, no existe, ni puede existir, porque en tal caso no sería nada, sino ser de algo, por lo que, en tanto que nada-para-nosotros, sólo puede ser producto de nuestra corta perceptual Imaginación (usado este último tecnicismo en su kantiano sentido).
Y todos, todos en nuestra totalidad, contenemos un vigente y vivo Ulysses que duerme en nuestro reprimido subconsciente y que podemos dar a luz, a esa luz exterior a la troglodita caverna platónica y que sólo se trasluce en la Ideas, voz griega proviniente del lexema Id-, relacionado con el Vid- del Video latino que significa Ver. Pero ninguna idea es verdad de por sí y de suyo, sino sólo micro- y/o telescópicas lentes de quevedos que pueden corregir nuestras dioptrías.
Claro que para eso tenemos que forzar la obertura de la habitual Clausura Idio-Ideológica de nuestro SIS impuesto por la Obligatoria Moda de los cambios sólo aparentes como los predicara Parménides como deschables atributos el inmutable Ser.
Aunque hay solución: sólo hay que invertir la dirección o el sentido de la visión mental de la Cosa.
Pensemos por ejemplo en el logomito narcisista: podemos reciclar el junguiano Arquetipo de la muerte por auto-ahogamiento el la falsa admiración del ego hipertrofiado por el eco reflejo sin reflexión, convirtiéndolo, modo esotérico, en un Arjé creativo.
Pensemos en un modelo ejemplar de creación por auto-retro-alimentación sencillo, tomado de la acústica más elemental: tomemos un micrófono próximo a un altavoz: pronunciamos una frase articulada desembuchándola en el micro y, en efecto, por la megafonía desemboca el sonido que, volviendo a entrar por microfonía vuelve a salir, ahora doblado, por el mismo sitio, para entrar de nuevo por el mismo de antes, y así ad absurdum, hasta que la acumulación de imágenes acústicas por multiplicaciión de su redoble in crescendo se convierte, por virtuosa circularidad, en un chirrido insoportable que debemos regular con los botones de la máquina mezcladora o diferenciadora de ruidos si queremos recuperar el original de las sonoras copias.
Y eso es lo que solemos hacer para mantenernos en el concierto onírico de la cordura cotidiana. Mas no debemos olvidar que todo chirrido puede ser alarma de un Despertador.
Y posiblemente una causa de efecto semejante dio espaciotiempo al Big Bang que aquí nos ha traído.
Pues bien: retro-reciclemos nuestro suicida narcisismo retrotrayendo su olvidado y revolucionario sentido a nuestra dramática actualidad:
Convirtamos la egoimagen en un autocatalítico proceso rompedor de la Clausura de nuestro SIS, ésa que nos encerriliza, haciéndola pasar por un circuito que empiece en un micrófoto (sic) captador de los fotones que integran nuestra condenada y refleja imagen de auto-loa, y soltemos ese original por el altaluz (sic) del verbum/logos poético del tropo y el sentido figurado, y dejemos de tragarnos la literalidad ortodoxa de nuestro dogma de propia fe en una realidad que lo es sólo por costumbre y claustrofobia, a fin de inventar/descubrir "otra naturaleza mejor" (Ovidio) en nuestro Self, y así, por reciclaje virtuoso auto-alimenticio, o re-, o retro-, estaremos creando desde nuestra nihilista subegosincrasia un Homo Novus de AlterEgo psico-alternativo, altruista y solidario, que expandirá el tiempoespacio o Cronotopo del escenario autonarrativo logomítco, de forma tal que nos libere de nuestro carcelario y claustral vacío de una vez, aunque no por todas, que la lucha es y debe ser eterna, de nuestra cerril cerrazón.
Para eso, lo advierto, desde luego, hay que tener muchas mentales tragaderas para con el espíritu de aventura frente a lo desconocido que se esconde esotérico bajo las máscaras o persónae, como capas de cebolla que nos colocamos de cebollón y por la cara en nuestro rostro más auténtico, que es el que nunca queremos ver, por vértigo ante el abismo de la decepción, dado que nos aterroriza la duda de nuestra posible y aun probable Nulidad e Insignificancia.
Pese a ello, la Cosmología nos da su lección: de la nula Nihilidad del vacío cuántico ha salido el Universo (que, como por un Acto Fabuloso del teológico Genio Poético que, tal quería el genial William Blake, produce todos los Cosmoi posibles mediante la Imaginación de realidades potenciales). Porque la auténtica realidad ontológica es plural, y no es realista, sino realmente fantástica, y la torpe imaginación que procesa los datos de nuestros sentidos en el sensus communis o la koiné asthesis de nuestra mentalidad estándar, normalizada por la repetición de las ficciones tomadas como reales por costumbre, convierte ondas electromagnéticas o de sonido en imágenes o ecos que sólo puede fraguar esa nuestra imaginación, en el, otra vez, sentido kantiano del término: una facultad organizadora de señales sensoriales físicas en imágenes mórficas que tomamos por cosas-en-sí. Una imaginación entorpecida por el mandamiento de Ídolos que en el fondo de los fondos no son más que idolatrados Espantapajáros sólo atractivos para su club de fans que, por terror al vuelo semántico prefieren mantener la cabeza sobre los enanos hombros de la la normalitad de donde no se otean nuevos horizontes, en la que se sienten como en casa, que toman por palacio, cuando no es sino pocilga con destino de matadero enzombizador de almas desalmables, o cuadra para onagros obedientes por domesticación a base de palos.
II.
La fascinación ante los Ídolos que representa el Poder del Señor o Amo que Manda y debe ser obedecido por derecho de Tiránica Omnipotencia ha sido, empero, una constante sociológica en la Historia de la Humanidad. Y no pocas veces esos Ídolos en que cree la gente no creer han sido de carne y hueso, tal como hoy lo son los Trump y Bolsonaro y otros satélites asesinos del eco-bioma y la sapientia de los hómines.
Hitlers y Mussolinis, Stalins y Maos, laten y son idolatrados todavía en el subconsciente colectivo de la Hominidad, como Franco en el de tantos españoles, pero se nos aparecen a la conciencia disfrazados con personalidad de camuflaje benéfico cual Dioses de la Fecundidad, de que es modelo Zeus tonante, armado con el rayo fulminador (un Dios que siempre odió a la Humanidad, porque observaba en ella su capacidad de progreso tecnológico, implicadora de posibles incrementos de un poderío que terminaría haciéndole rival competencia). Y los acólitos de de estos fecundod neozuses siguen armados con el terrible rayo, frorjados en la fraguas hecatónquiras que son sus fabricas de armas.
Y, pese a las diferencias del mundo actual con el tradicional, todo es uno y lo mismo.
Mircea Eliade concibió el Transconsciente como explicación de la insistente presencia de la Teicidad y luego Teologicidad desde el mismo origen de la hominización, y luego a todo lo largo del decurso de la Historia Antrópica, que se sustentan en la intuición de lo que Rudolf Otto denominó "lo numinoso". Y esa numinosidad tiene dos aspectos: la Maravilla y el Terror, a quienes sin pudor concilia. Y es ese contagio por concomitancia metonímica el que digo que ha hecho y hace que nos sintamos fascinados y fascistizados por lo maravilloso de lo terrorífico y nos hace esclavos de lo Terrible, y también, por pavloviana repulsión de fotonegativo reflejo, fugitivos de lo debería atraernos por Maravilloso.
El culto inculto al Autoritarismo de la Mano Dura, socia de la Invisible del Capital, nos capa la creatividad de una razón imaginativa y fantástica y su agudeza de ingenio.
Y adoramos nuestro Mal, cultivando bichos y parásitos en el estanque de nuestra postración cobarde e inconsciente.
Y cuando el genio indica una vía de abertura hacia la libertad y la equidad por ruptura evasiva de la viciosa circularidad de la Clausura del SIS oficial y su deutero-naturaleza, lo acusamos de soberbio, maleducado u orate.
Pero eso sólo se hace, citando a Machado, desde la perspectiva de "la terrible cordura del idiota."
III.
Echémosle un ojo, una vez más, a esas ideas opacas y
fetichizadas que en la actualidad consideramos símbolos sagrados y, en consecuencia, y como siempre todo lo sagrado, más real que lo real, o la más
real de todas las realidades.
Ya he mencionado el Poder del Dinero y del Derecho al
Hurto (de los Poderosos y Ricos). Prolongaré la lista: la Necesidad (Ananké) de
la Desigualdad Económica Desproporcionada, la Impotencia de todo Ideal frente a
la Realidad, la Realidad Objetiva como Único Modelo Posible de Moral o Ética,
el Ego Individual y su inalienable derecho a la personal y arbitraria Doxa
impenitente (o el Pluralismo multitudinario de la Verdad -una por cada ántrope-,
lo cual implica la Superfluidad del Conocimiento no Utilitario y, en
contradicción lógica con lo anterior, la Unidad de la Nación/Estado como
entidad sustancial, con visos de ley física e incluso cósmica, dictada, por fin,
por la Autoritariedad (sic) del Capital -como Salvador de la Humanidad. Y la
Violencia Institucionalizada contra el Enemigo,
la Maldad de Todo Político (generalización abarcante que
tiene sólo como objetivo poner en aprieto crítico-despectivo al político
rebelde, nuevo o alternativo, y frente a la Maldad de lo Desconocido Por Venir la Bondad de
lo Malo Conocido, la Cobardía o Pusilanimidad como medio de supervivencia, y
la Bondad del sacrificio -económico- de los menesterosos por
desposeídos.
IV.
Demonios dijeron s. Justino y s. Agustín que fueron los dioses precristianos, como dejaba demostrado su actitud inmoral y pecaminosa, poseída por una hiper-erotismo indiscrimado y una absoluta falta de respeto hacia la vida humana. Sano es traer a colación que el libre ejercicio del saludable deporte o juego de la sexualidad fue considerado Pecado Mortal por el cristianismo como consecuencia de sus raíces hebreas en el yahvismo: los miembros de ese Pueblo Elegido por Yahvé, conquistada y esquilmada Canaán, la -ajena- Tierra Prometida, tendían a mixturarse con las bellas canaaneas sobrevivientes a las masacres de Josué -la mayoría viril había sido diezmada en la bélica defensa contra el invasor-, y esas uniones eran proclives a inducir a los faunos vencedores a contagiarse de los cultos baálicos (contra los que tanto ladraban los rabiosos profetas) profesados por aquellas complacientes ninfas. Y la adoración de aquellos Baales implicaban ritos sexuales semejantes a los todavía hoy perdurantes Tantra hindúes o budistas. Sacerdotisas de la diosa, llamémosla, Astarté, esposa del Baal, o del Señor, como también en la religión mesopotámica, aceptaban sacrificios y donaciones al Templo a cambio de los favores de su Sagrada Prostitución. Copular con la Hieródula era divinizarse, Adonizarse (Adonis, en fenicio mi Señor, como en el hebreo bíblico Adonai, Amado Amante de Venus/Afrodita/Astarté, era originariamente también un baal) y alcanzar la Belleza gozando de ella. Lo cual, de hacerlo un hebreo suponía, un crimen de Infidelidad para con Yahvé, un Dios, según propia declaración (a, por ejemplo, Moises en el Horeb), Celoso que trataba, mediante sus profetas, de adúltera, nótese el género, a su pueblo cuando les ponía los cuernos con los Baales y Astartés de la competencia. Y lo fue de tal modo que, para distinguirse de la rivalidad tan pegajosa, no tuvo otra ocurrencia que la de asexualizarse, repudiando a su antigua y ya censurada esposa Ashera.
El cristanismo heredero de ese judaísmo extremó tanto la Prohibición del 6º, No Fornicarás, id est, No Follarás Cuando Libremente te Apetezca, al punto de nombrar a tal actividad Crimen Nefando, denominación que más tarde se espcializaría en la denuncia de la homosexualidad. Debe recordarse a este respecto que, si bien entre los romanos ser receptor de varón era algo mal visto, ser dador por ahí, no; y entre los griegos, era mutua práctica habitual y lícita.
La reacción de la revolución cristiana no tuvo desperdicio: la batalla pro desacralización del sexo y la demonización del Dios Eros dio origen seminal a la desacralización de la naturaleza, lo que culminaría en el sobrenaturalismo trascendente de viejo Yahvé, renombrado Padre del Dios Jesús, aunque para mí hace mucho que quedó claro que el Abba de Cristo, así llamaba Jesús a Dios, Papaíto, Papi, Papá, no era Yahvé, sino Elohim, o Los-Dioses en traducción literal, originariamente 2 deidades distintas, luego sintetizadas por la tradición sacerdotal, responsable de las Escrituras.
La teología escolástica vio en la Natura el Mal (Mundo y Carne: Demonio) y ahí empezó el desprecio por Nuestra Madre Phisis, que quedó cosificada (o reificada, de res -rei: cosa; más tarde, de res nata: cosa nacida, con el mismo lexema de Natura: las cosas dignas de nacer -originario participio latino de futuro neutro plural- de donde nuestro pronombre Nada, 2º término del sintagma, y no digamos ya res en, por ejemplo, catalán, también Nada) en tanto que toda cosa nacida en la natura es cosa material que es nada, algo irreal, frente a la superrealidad ontológica divina. Y con el tiempo ese desdén nihilista por la Res Nata que es la Nada Natural nos ha puesto al vertiginoso borde del precipicio que es la Catástrofe Ecológica. En la que los representantes el Poder Oficial heredero de esa cosmovisión juedo-cristiana- protestante, luterana, evangelista, puritana, votados por mayorias de desgraciados No Creen. Pese a evidencias científicas en contra.
Por qué será.
Pues porque la ideología desacralizadora de la materia, incluida la órgánica de toda carne, del mundo, sigue siendo demoníaca y maldita, a pesar de las revoluciones de la Ilustración, ejemplar en Francia, o del Marxismo en las Rusias, que tampoco han sabido, tras su fracaso, ojo, de ambas, poner nuestra cosmovisión a la altura de las urgentes circunstancias. Si pese a las Luces de la Razón y la Ciencia y la Rvolución social, el Oscurantismo vuelve reforzado es porque, en realidad, la sacralidad del ecomundo ha sido absorbida por el Poder del Capital Ensimismado, caído en el círculo vicioso de productividad de la riqueza fantasma de las finanzas sin fin ni paraqué, y el consecuente fiasco de una Humanidad sin Humanismo.
Los Ídolos Sagrados de mi enumeración en la sección III de este ensayo reinan inmisaricordes exigiendo el Sacrificio Humano de 1º la mayoría currante o parada, desposeíble por desfavorecida, y después, el de Todo el Mundo.
Ya hay que ser burros.
Y V. (Conclusión y addenda.- Simbología del Burro)
Por tradición, el burro siempre ha sido símbolo de tosquedad tozuda y carencia de entendimiento, y muy pronto pasó usarse como emblemático estigma orejil del discípulo díscolo que, no por indisciplinado, o no sólo, sino más bien por torpe de entendederas, resultaba un negado aprendiz de las lecciones que impartía su maestro.
Es famoso en el desarrollo de ese simbolismo la invención de la Fábula del Asno de Buridán, llamada así por John Buridan, teólogo medieval adelantado a su tiempo, que sintetizó la necesidad -Anagké en Parménides- que implica la razón con el libre albedrío de la humana voluntad de elección entre opciones: fueron sus detractores los que, por llevarle la contraria, inventaron la ficción, de un burro que se moría de hambre ante 2 balas de heno idénticas porque usando de su sola razón no podía dedicirse a empezar por ninguno de los 2, al no saber cuál comienzo le sería más conveniente. La razón, con su determinismo lógico, obliga a un resultado irrefutable en el desarrollo del silogístico proceso, puesto que la conclusión, ya contenida en las premisas, así lo exige, pero en la vida real de la experiencia puede darse la situación simbolizada por el referido animal de algarroba: podemos encontrar 2 cosas iguales y la razón no nos ayuda a ejercer nuestra libertad, porque la razón nada decide, porque sólo lo hace el loco y desordenado apetito de nuestro ego egoísta, porque es nuestra congénita inclinación al mal -por el Pecado original- la que, ¡medrosa e injustificable paradoja!, nos da el margen de libertad que nos hace responsables de nuestras insensatas faltas ante Dios, que no tiene Culpa de nada, al ser bondad absoluta e infinita, y que por eso nos condena a sufrimiento eterno por haberlo desobedecido.
No puedo estar de acuerdo sino con Buridan: hay que ser muy burro o irracional como para no saber elegir la mejor opción; y es que precisamente la gracia de la razón es que es lo bastante libre como para echar mano del azar cuando así lo necesita: porque saber lo que es de razón implica saber lo que no es de a ella, de modo que, en coyuntura semejante, la de la indecidibilidad, una moneda a cara o cruz nos libera de esa cruz por la arbitraria cara: la verdadera razón (facultad capaz de diseño para la inteligencia artificial, ésta sí, determinista a tope) deja espacios a la indeterminación del caos, de los puntos suspensivos, de aleatoriedad, puesto que, al ser literalmente inteligencia (entendimiento, comprensión consciente, necesitada de conceptos o ideas) y, puesto que sin imágenes mentales o significados, no es posible ninguna Significación, no le queda otra opción que, ¡valiente paradoja!, ejercer su libertad, siendo usuaria del Sentido figurado de la imaginación poética, libre, que no caprichosa, creadora de asintóticas aproximaciones visionarias a la, por inalcanzable siempre fugitiva, ante nuestras búsquedas, única Verdad. El ego siempre barre para adentro, y ésa es siempre su opción obligatoria por necesaria, pero No elige; es la objetiva razón la que sabe decidir, aun cuando tenga que echar mano del azar, para tomar indecidibles decisiones pro existencia.
Leo en Lo que no podemos saber del matemático Marcus de Sautoy que existe lo conocido sabido: las cosas que sabemos que conocemos; pero también lo desconocido sabido: la cosas que sabemos que no conocemos; y, por fin, los desconocido no sabido, la cosas que no sabemos que
desconocemos. Y es, según el mismo autor, el filósofo Slavoj Zizek quien añade la categoría más peligrosa en esta relación entre conocimiento e ignorancia: lo conocido no sabido: las cosas que conocemos pero no
queremos admitir que las sabemos. v.gr., , el subconsciente de Freud.
El asno de Buridan se muere de indecisión porque no sabe que no sabe que el azar puede ser complemento de la razón y su instrumento, y que esta es lo bastante racional como para no ser tan burra.
Pero el problema mayor del homo sapiens sapiens es que no quiere reconocer lo que sabe: que la esencia radical de su ego es tan vana como el autaoengaño ególatara al que se somete voluntario para no ver la solventable burricie de nuestro miedo a la libertad (Fromm), de nuestro conformismo con la aceptación de los inconscientes patrones de un superego que, aunque nos invita a gozar egoístamente de nuestra experiencia vital, nos obliga mediante el terror a lo desconocido a cuadrar con la norma deutero-física del hábito regulado por la tradición, incluso cuando estamos creyéndonos que hemos roto con ella.
Por todo ello, viene a cuento aquí algo interesante sobre la libertad paradójicamente inherente a todo determinismo racional: por un lado el Pirincipio de Incertidumbre de Werner Heisenberg para la mecánica cuántica: nuestro conocimiento de alguna propiedad de un quantum, por ejemplo un electrón, implica nuestro desconocimiento de otra proopiedad que forme uno esos pares de excluyentes que conforman el comportamiento de las onda/partículas: la posición y el impulso, el tiempo y la energía, etc. Nuestro desconocimiento es un saber: el de que no podemos conocer las 2 cosas a la vez, pero porque nuestra observación de esos fenómenos físicos afecta a las propias características observadas. Aunque la función de onda de la ecuación de Schroedinger es determinista en tanto que es una onda de probabilidad (Born), o sea, de información sobre la evolución de una entidad o sistema, es el acto métrico del experimento diseñado para la detección de los rasgos de la partícula lo que la obliga a decantarse por una de las opciones de sus dualidades cuando se manifiesta en nuestra realidad, queda así determinada una de ellas pero al precio de producir la indeterminación de la otra. Por otro lado la irracionalidad de ciertos números que, como π, que solemos
traducir rematados de puntos suspensivos que indican su incalculabilidad y, así
pues, indefinición o inexactitud, puesto que la serie de sus decimales tienden
al infinito (un infinito, por cierto, cuya suma total es uno) y que no por esa naturaleza suya dejan de ser pilares racionales de
cualquier arquitectura, incluida la cósmica; lo cual señala que acaso en esa
imprecisión quepa la dosis de azar justa para dar lugar al grado de libertad que necesita la creatividad de todo acto poético, propio de dioses y poetas, en el sentido etimológico del termino: creación (poiesis) por iluminación (dios, voz de origen indoeuropeo relacionada con el lexema base de la palabra Día.
Pero, aunque nada tenga que ver, o no del todo, con lo anterior, no estaría de más recordar aquí que la potencialidad que implica el caos determinista que describe la evolución de ciertos procesos físicos sensibles a sus condiciones iniciales, como una tirada de dados, cuando éstas tienden a ser innumerables, resulte de impredecibles consecuencias, tal como lo cuenta la famosa fábula de la mariposa que bate alas aquí y produce una tormenta en los antípodas. Todo proceso caótico es susceptible de producir lo que René Thom llama una catástrofe y Marx un salto cualitativo: una miga de añadidura cuantitativa cambia la cualidad del fenómeno: lo convierte en otra cosa.
Pues bien: ese tipo de saltos o catástrofes, que no tiene por qué ser nefastos, sino que más bien son imprescindibles para que pueda haber evolución y vida, es lo que más teme nuestro inconsciente Superego: esa vana entidad que, obsesionada con, como toda cosa, perseverar en su ser (Spinoza) impide a nuestro buridánico ego salirse de su sometimiento a las determinaciones de su inmovilista y clausurada sociedad, que desde que el mundo es mundo ha privilegiado el culto a las Autoridades Imaginarias que Tienen siempre Razón porque se la damos, antes que a la afirmación entitativa que supone todo acto de libertad racional.