Yo, que he cantado al mundo, ahora
canto
a los otros, que puede que no haya,
no vaya a ser que el santo se me vaya
y tenga uno más razón que un santo.
Cuando el gato de Schroedinger se muere
en este mundo, en otro
sobrevive.
Quizás, cuando se muera el que esto escribe,
vivirá en otro alguno, si es que quiere
el ser del todo; y, si no quiere, acaso
me importe un bledo, por no ser siquiera
un mínimo de nada, como era
en el principio, mas no existe caso
posible en que la nada sea cosa
alguna (no sería sino alguna
cosa), y, pues, seré algo: Qué: Fortuna
no me a dado la suerte, caprichosa,
de una Revelación (Apocalipsis)
que muestre la Verdad, que nadie tiene,
por más que se aproxime -cuando entrene
practicando su búsqueda-, en elipsis
siempre, fugaz. Si alguno se aproxima
y la canta, la gente no lo escucha
habituada a tragar sin mucha lucha
critica lo estatuido, y ya, si rima
en su expresión, ni existe. Pero ver la
mentira como tal ya es un buen paso,
si no se cree en ella ni en su atraso
oscurantista: descubrir la perla
necesita el trabajo de abrir valvas
y valvas, y probar, hasta que encuentre
alguna versión suya, allá en el vientre
de ese molusco que nos deja calvas
las neuronas, de tanto darle vueltas
a sus mojones crípticos, señales
de su existencia única, si sales
al mundo, al par que en verso estricto sueltas
información veraz de tu vendimia:
hay algo que me sé: quién es quien miente:
el Homo Mendax, que, además, creyente
en su propia mentira, por su simia
naturaleza, imita al más forzudo,
cuando trata al de abajo, tras lamida
glútea al de más asuso -la medida
a los otros, que puede que no haya,
no vaya a ser que el santo se me vaya
y tenga uno más razón que un santo.
Cuando el gato de Schroedinger se muere
Quizás, cuando se muera el que esto escribe,
vivirá en otro alguno, si es que quiere
el ser del todo; y, si no quiere, acaso
me importe un bledo, por no ser siquiera
un mínimo de nada, como era
en el principio, mas no existe caso
posible en que la nada sea cosa
alguna (no sería sino alguna
cosa), y, pues, seré algo: Qué: Fortuna
no me a dado la suerte, caprichosa,
de una Revelación (Apocalipsis)
que muestre la Verdad, que nadie tiene,
por más que se aproxime -cuando entrene
practicando su búsqueda-, en elipsis
siempre, fugaz. Si alguno se aproxima
y la canta, la gente no lo escucha
habituada a tragar sin mucha lucha
critica lo estatuido, y ya, si rima
en su expresión, ni existe. Pero ver la
mentira como tal ya es un buen paso,
si no se cree en ella ni en su atraso
oscurantista: descubrir la perla
necesita el trabajo de abrir valvas
y valvas, y probar, hasta que encuentre
alguna versión suya, allá en el vientre
de ese molusco que nos deja calvas
las neuronas, de tanto darle vueltas
a sus mojones crípticos, señales
de su existencia única, si sales
al mundo, al par que en verso estricto sueltas
información veraz de tu vendimia:
hay algo que me sé: quién es quien miente:
el Homo Mendax, que, además, creyente
en su propia mentira, por su simia
naturaleza, imita al más forzudo,
cuando trata al de abajo, tras lamida
glútea al de más asuso -la medida
de su bestialidad, de simio rudo.
un abismo sin fondo y de acrofobia
que aterra al bravucón que ante su novia
vacila del Mejor, en esta Rueda
Cósmica, y tan contento. La mentira
es una urna de cristal opaco.
Para escapar hay que romper el saco
vítreo, y se teme asfixia. Pero mira
al menos por encima de los bordes
y otea, que es anfibia y no lo sabe
tu alma, y tiene alas, como el ave
de la paz que nos sume en el acorde
universal, que más allá se extiende
de tu estrechez de miras o de corte.
Tu brújula hallará de nuevo el norte
que perdiste en peceras del aquende.
Porque todo es un tópico, comunes
lugares, repetido hasta la ultranza
o al non plus ultra, mejor dicho, en danza
medrosa típica de los atunes
en la almadraba. Yo miré los cielos
a través de los libros, y del Libro
me libré, y como puedo me equilibro
en esta cuerda floja, y le doy celos
secretos al ignaro, que me odia:
no puede comprenderme entre sus lindes
de angostura. Mejor será que blindes
ante tantos desdenes tu prosodia
Elige como jefe
al más salvaje
o también al más obvio mentiroso,
aun viéndosele el rollo indecoroso,
o por serlo tal vez, en su miraje.
Desechado
el embuste, ¿qué nos queda?:o también al más obvio mentiroso,
aun viéndosele el rollo indecoroso,
o por serlo tal vez, en su miraje.
un abismo sin fondo y de acrofobia
que aterra al bravucón que ante su novia
vacila del Mejor, en esta Rueda
Cósmica, y tan contento. La mentira
es una urna de cristal opaco.
Para escapar hay que romper el saco
vítreo, y se teme asfixia. Pero mira
al menos por encima de los bordes
y otea, que es anfibia y no lo sabe
tu alma, y tiene alas, como el ave
de la paz que nos sume en el acorde
universal, que más allá se extiende
de tu estrechez de miras o de corte.
Tu brújula hallará de nuevo el norte
que perdiste en peceras del aquende.
Porque todo es un tópico, comunes
lugares, repetido hasta la ultranza
o al non plus ultra, mejor dicho, en danza
medrosa típica de los atunes
en la almadraba. Yo miré los cielos
a través de los libros, y del Libro
me libré, y como puedo me equilibro
en esta cuerda floja, y le doy celos
secretos al ignaro, que me odia:
no puede comprenderme entre sus lindes
de angostura. Mejor será que blindes
ante tantos desdenes tu prosodia
visionaria, fundada en ciencia dura,
mientras te escupa el necio su veneno
ignorándote a posta. Sólo es bueno
lo que pueda entender en su angostura
y no hay curiosidad su sesera
por lo "por conocer", que "no le vale",
y se queda en su cuento, y nunca sale,
y, como el pobre es pobre, te echa afuera.
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