domingo, 7 de julio de 2024

Injusticias de Juez

Quién los jueces con pasión,
sin ser ungüento, hace humanos,
pues, untándoles las manos,
le ablanda el corazón.
Quevedo
 
I.         El ser humano es bárbaro y salvaje
en su gran mayoría, y muy palurdo:
cree en dioses fantasmas y el absurdo,
y siempre está carente de coraje.
            Siente temor a lo desconocido
y al porvenir, e ignora la justicia,
y es bueno para él quien más codicia
los bienes del ajeno, por podrido
            de corrupción ladrona del tesoro
público, que llenamos los de abajo,
a base de trabajos y trabajo.
Pero él lo adora porque atiende al loro
            mediático embustero. Nadie busca
o casi la verdad, ninguna de ellas,
ya trate de lejanas las estrellas,
o el dolor de las próximas: se ofusca
            en la costumbre inmemorial del siervo
con algún poderzuelo, con que barre
para sí, y es normal que así se enguarre
en su pocilga fusca de protervo
            egoísmo de mísero: hacia el alba
señalo a Lucifer y el dedo mira,
y me toma por loco, y la mentira
de siempre prefïere, y quien lo salva
            es su enemigo, y crucifica, en cruces
de cables neuronales, por orgullo
de larva que se queda en un capullo,
por miedo al vuelo, y que se dé de bruces,
            por caída, en el fondo del abismo,
índice de un trasfondo que marea. 
No tiene ni la más remota idea
de nada, y aborrece el heroísmo
            de quien canta un atisbo de lo extraño
del cimiento de todo, que lo funda,
y a su superflua vanidad, que inunda
su visión y lo ciega con su engaño.
            Vi alguna vez la impronta del misterio,
y nadie me creyó, cuando lo dije.
También lö obvio y, pues teledirige
el capi las conciencias, mi salterio
            para mentidos sordos ideológicos
a las ideas fue: no hay trascendencia
-lo dicta el general. Ni aun en la ciencia
fundamentándome: de pedagógicos
            engreimientos, pedantes, sin derecho
a enseñar, señalaron mis indicios.
Id con Dios. Al  infierno. Desperdicios
de racionalidad, que habéis deshecho
            una oportunidad, que fue de oro,
y os disteis al Mendaz, con sus disfraces
que esconden al Fascista con sus faces
largas y duras, sin ningún decoro.
            Y el belicismo vuelve. Siempre estuvo,
pero ahora es patente. Con el Falso
idos. Que siempre habrá un fatal cadalso
para inocentes -y habrá sangre, al cubo,
            o a la potencia (del Poder) enésima.
Y existen la Bondad y la Elegancia.
Pero no las desea el alma rancia,
por verlas su manía malas, pésima.
 
II.        Y ¿qué tendrá el fascismo para el gusto
de tanta gente que lo vota en masa?
¿Querrán perder su libertad? Arrasa
todo a su paso, con el juez injusto
            a su favor, que exculpa al delincuente
cuando es de los suyos, y al honesto
persigue sin razón (y, si protesto,
me juego el tipo, porque soy decente).
            Lo nombró el Dictador, y continúa
su influjo mandatario, en connivencia
con el pseudo-sociata a conveniencia
exclusiva, y al bravo, que en la rúa
            por la equidad se desgañita, vende
y traiciona, se libra del acoso,
y el socio salvador no halla reposo.
Ese mal gusto rüín ¿quién lo comprende?
            Si hubiera un Juez Divino que, conforme
a su creencia, lo juzgare el día
de la ira… La masa esa manía
de vulgo por el mal de siempre enorme,
            que la inclina a la facha ultraderecha,
¿por qué tendrá, si a ella le es contraria?
No es sólo por la prensa mercenaria.
Me temo que le va quien la desecha.
 
III.      Pobres hombres-dïablos, pobres pobres
de espíritu, que anhelan dictaduras
e iniquidad, y pobres caraduras
enriquecidos con lo ajeno -y sobres
            con sobresueldos-, ratas de cloaca
antidemócratas, entre las heces
que nos cagan de sí, pobres los jueces
injustos que fomenta tanta Caca,
            pobre inmoralidad del apolítico
que la permite, y aun la apoya, y hoya
su senda a la Justicia: gil apoya
su desgracia. Peor que un paralítico,
            es autolítico: se pena sólo
pero no solo, pues nos hunde al resto
con su temeridad cobarde, puesto
que no calcula consecuencias, o lo
            ve todo inverso, o nunca relaciona
con ellas su elección, o le interesa
sólo el ruin beneficio de su empresa
cutre y parca, y así jamás destrona
            a quien le oprime y roba. Sin embargo,
desprecia la política, y ni sabe
lo que es eso, o no acierta con su clave,
la senda al bien común y, en su letargo
            egoísta y corrupto, no comprende
que ese bien beneficia, a él y a todos.
Necesita algún choc con electrodos
que le lave el lavado, que lo tiende,
            de su cerebro por los medios. Pobre
el sapiens que no sabe lo que hace
con su voto devoto del desguace
de su seguridad. O tal vez cobre
            un cobre por su engaño con un baño
de oricalco: Qué pobres son los ricos
o peces gordos que devoran chicos
creyéndolo un derecho, pobre engaño
            del pobre -al Tercer Mundo sus usinas,
para pagar sub sueldos, llevan, para
producir aquí paro, que no para
de aumentar, provocando sus rüinas,
            de que sólo le salva aquel seguro
público que han pagado sus impuestos,
de todos, y nos quitan, sin arrestos
de criminales, cuando el juez no es puro
            en su imparcilidad, y bien se ensucia
con el mal de su injusto partidismo
partidario del ultra y el fascismo,
artista artero de la inicua argucia.
            Pobres de todos los humanos, seres
cagados por el ego, que los ciega.
Mientras unos se esfuerzan en la briega
labradora, a los otros, luciferes
            usurpadores victoriosos, aman
como a un dios, y plutónicos, platónicos
encobados -no es falta- en electrónicos
aislamientos, se aturden, y les maman.
            Pobre de mí, que tengo que sufrirlo
sin culpa, aunque me rompa la garganta
aullando de terror a lo que canta,
en espera de un raro blanco mirlo.
            Y pobre humanidad. Hasta el poeta
canta a su ombligo y, pues, se desinhibe
de su naturaleza, y no recibe
a aquél que, universal, busca otra meta.
            Estáis equivocados. Todos, juntos,
llevados por la Ola del Atraso
Retrógrado a Reacción, salvo el payaso
considerado así por los difuntos,
            sin gracia, aún vivos, zombis, que os advierte
del yerro, urgente, con que os hierra el medio
televisto que os hace, sin remedio
cómplices de pobrezas, y de muerte.
 
IIII.     ..cuando Franco, aquel sapo Iscariote y ladrón, con su gran escuadró de cardenales y banqueros
León Felipe
 
            Cantaba aquel León “¡que viene el lobo!”
-Felipe-, y vino, y se marchó al exilio,
por decir la verdad, no tuvo auxilio,
pues no lo quiso comprender el bobo,
            e invadieron la patria moros francos
y Legión, cardenales para el necio,
-que tuvo que sufrir, propio, el desprecio
de no querer saber-, y crueles bancos.
            Su ejemplo sigo de profeta de obvio
lo que pasa y encima se nos viene,
que no funcionan máquinas de higiene
y pública limpieza, y sufro agobio,
            por el oprobio o desvergüenza plácidos
con que se sigue en las alcantarillas:
conque a mancharse con las banderillas
suyas, que sufren mis poemas ácidos.
            Nada obliga a social ser un poeta,
pero no serlo en este tiempo es grave,
pues del Estado se hunde nuestra Nave
que ya es de Locos, una marioneta
            manejadas por ópticas las fibras
del hipnotizador a sobresueldo
que aprieta el cinturón hasta el regüeldo
soltar de ardores, y ni tú te libras,
            o el que menos, que estás bajo amenaza
de gran Silenciador de la pistola,
pagado de sí mismo por la ola
de ultraderecha consentida, en caza
            del rebelde veraz. Y, mientras creces,
te empequeñece, con mordaza, y cantas
en soledad las leyes que son santas:
Libertad y Equidad, que ignoran jueces:
 
V.        Sí, Libertad, un bien de maravilla,
si no es la impune de los delincuentes
en cargos de Poder, que son los dientes
con que nos muerde el lobo de la silla
            gestatoria del mal, que es absoluta
carencia de Justicia, que traiciona
al Ideal de Paz, en encerrona
por exilio interior. Qué bien se chuta
            de iniquidad el diablo que suplanta
a Dios, para ser Uno -de mentira.
Contra la voz valiente ya conspira
hasta el montero que con su somanta
            te azuza perros de callada presa
para que la aniquile el mandatario
que lo ha nombrado mando legionario
de esta censura de tu letra impresa.
            Hay que acallar al disidente: el callo
ya me protege del siguiente endiñe.
Por ello no me callo, aunque se jiñe
en mi nación, la suya, no me callo,
            y me atengo al adviento de estar solo,
contra el viento que viene del regreso
del nazi y el fascista, anti-progreso,
y valga el polipotes, de su polo
            helado de los nórdicos de enanos
y gigantes y muertos, que congela
este cálido sur, aunque les duela
a fanáticos mismos de tiranos.
            Ay, si existiera un Dios Sol de Justicia
Cósmica que le diera un escarmiento
a estas estrellilla de su filme o cuento
polar que perdió el norte, y que propicia
            el precipicio con brutal empuje
a corrientes que van a cataratas
como asesinos propios psicopatas,
las metatonias valgan, que nos cruje
            a todos, los conformes, y al adverso:
Éste lo busca y puede que lo encuentre
en la bella moral de alguno que entre
de un remoto rincón del Multiverso.
            Pero, mi Amor, aquí nos abandonas
en la cruz, a las manos del Injusto.
Y, en la pira de hereje en que me rusto,
en las bellas que estás pienso personas
            (posposición se llama esta figura)
que manifiestan la Bondad Creativa
que Generosa nos parió, y cautiva
está del gusto por la dictadura.

VI.      Como veo no os gusta lo que os canto,
hablaré de otra cosa que os agrade,
indiferentes, más: ya nos invade
la gentil primavera con su manto
            de belleza floral: renace el mundo
como todos los años, porque rueda
sobre su centro, Amor, que nos enreda
en sus ciclos astrales, y es fecundo,
            como las selvas vírgenes y bosques:
todo renace, si su tiempo adviene;
ya que toda potencia se entretiene
en su invierno, es, pues, bueno que te enrosques
            sobre ti mismo. Porque siempre explota
lo que fuera prensado, por efecto
rebote, como el Cosmos, imperfecto,
que quiere perfección, pero se agota.
            Puede ser que, en tu marcha atrás, alcances
tu nuevo ser, si rotas sobre tu eje
puntual, da igual que abrasen al hereje
o a la bruja, ignorantes de sus trances.
            Al Poder contestaron: el que busca
encuentra -lo contrario. Busca eso
y hallarás que regresa aquel progreso
que has olvidado. Paradoja chusca:
            Si eliges líneas rectas, nunca llegas.
Hay que torcerse y flexionar el plano.
Quien quiere ser gigante es un enano.
Quien quiere ver de lejos anda a ciegas.
            Si eres gusano, métete a capullo;
solo así llegarás a mariposa
-en griego dicha psique-, o serás rosa
de espinas libertada,  o tú del trullo
            privado que te asignas. Si eres plebe,
o pueblo de tu patria, emigra al norte
y oriéntate hacia el sur. Si es tu deporte
el fútbol favorito, haz el percebe,
            tumbado en el sofá. Que muchas vueltas
da el Universo y todo vuelve al seno
de la Naturaleza. Porque el cieno
es fértil. Llegarán eras esbeltas
            si la nuestra fue gruesa -tanta grasa
engrasará el engrane de la Historia,
que nos mastica ahora y hace escoria.
Si deseas Justicia, duerme en casa.
            Y si feliz deseas ser, desdicha
búscate para el resto, que te incluye.
Si quieres ser valiente, escapa, huye.
Y si quieres vivir por siempre, espicha.
 
Y VII.    La razón Impública
 
            Me sentí fracasado a mis cuarenta
como poeta público, y entonces
no lo entendí: si modelaba bronces
con casi perfección, no había venta
            alguna de relieve; y hoy entiendo:
si invitas al Poder a hacerte envite
a muleta y espada, bestia elite,
te ignora por el corte de tu atuendo,
            porque vistes ceñido. Su ignorancia
es miedo reflexivo a hacerse cargo
de su mediocridad, y con amargo
celo se carga al mensajero, a instancia
            corrupta de primera. Yo, inocente,
creí que ser un crítico genuino
del monolito erecto era camino
que debe andar el libre independiente.
            Ahora sé que es la flecha hacia la isla
del genio de la lámpara fantástica
que alumbra talla de figura plástica,
cuando es un dictador el que legisla:
            Soledad para el raro -es caso extraño
muy normal. Porque el medio de la altura
desconfía, y así su dictadura
es sin vergüenza cuando te hace daño.
            Se da razón la cumbre que no piensa
que hace mal. Es igual en todo ego.
No haber querido ser, por necio, ciego
apaga lumbre, y penas sin defensa.
            Pero estoy satisfecho: aposté fuerte,
y perdí el juego público. No importa.
No me vale sufrir de vista corta,
ni ser cadáver antes de mi muerte.

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