Si, pues nuestro destino se ubica en nuestras manos,
y no nos gusta el cambio, ¿seremos asesinos
por vocación masivos -o cómplices enanos
de un mundo que, de siempre, da gloria a los cretinos
obsesos con el ciego Poder que los domina
y enferma de soberbia maníaca? -y mitómanos
los vuelve, y al embuste se dan como letrina
de trampa con tratillo que incumplen aun, y dómanos
tal trato en este circo, un cero en que circula
el vicio de ser séptico para que más los amen
coprófagos al gusto y al punto de la mula
más terca que su gula, y así aún más nos mamen
de públicos erarios y tramen esa urdimbre
que caza al insensato que vota asesinatos
en masa. (Y abominan del ritmo de este timbre
porque aprendieron chatos de vista mentecatos
que la harmonía música es un atraso inculto,
por, en el fondo, torpes, conformes con la liber-
tad sola de los capos, y quedan como bulto
de carne descompuesta en cráneos como en hiber-
nazión). Le dieron votos a Hitler esas masas
que no saben que ignoran el quid de la política,
y vino la Segunda, con lágueres y nasas
para pescar judíos. Y aguantan la mefítica
lección: el harmonía pasó de moda: al crimen
nos demos como demos retrotraído a vulgo.
Y quieren que me calle. Por eso no me imprimen,
o casi, las letrillas que cándido promulgo.
Fascistas sin saberse, mi excomunión del gremio
sentencian, por mi espera activa de una cuerda
sabiduría cósmica, jamás inane un premio
del cual ya he desistido. Se va, se va a la mierda,
igual que la harmonía, el resto del cordaje
desafinado: el arpa, la cítara, la lira,
la arquitectura entera, si tiembla, va al garaje
trastero y, rota, espera, rehuyendo la Mentira,
aquella mano nívea, de Bécquer, o ese plectro
de Fray Lüís. Y es como si hacer el bruto fuera
la norma, en disimulo. Y yo me vuelvo espectro
en esta coyuntura de yunta placentera.
Pero no voy ahora, por mínima minuta,
a hacerme de la parte del fiero león cobarde.
Ay, me he esforzado tanto en busca de una ruta
mejor a lo sublime, que ya quizá es muy tarde
para volver atrás. Y nunca, en todo caso,
lo hubiera hecho: éste es mi canino, abierto
por mí: si la harmonía, con crítica a ese craso
error contemporáneo, persigo, en el desierto
clamando, y no se escucha, o no se quiere, sigo
cantando mi denuncia: matar es mal negocio
impunemente: el veto a quien ni es enemigo
es inmoral: entérate, so mal amigo, ex socio.
Si no recapacitas, serás de buitres carne.
Rebelde es la harmonía. Y el capo no la quiere,
sino el Desequilibrio, que a tantos nos desguarne,
y no es jamás el Térmico, sino del que se muere.
Aquél la vida crea, y el del anarco-capo
la mata, y el Estado es sola la herramienta
que frena su codicia. Y, así, tirar del trapo,
mostrando sus cloacas, para que no nos mienta
la horda a su servicio, de séptica avaricia,
o limpias no veamos sus intenciones sucias,
cantar es la belleza, que mal se desperdicia,
a base de ignorancias, y frágiles argucias
creída por los simples: seamos más complejos,
mostrando la tramoya oculta tras los media.
No es simple ser sencillo. Y somos diablos viejos.
Ya dura demasiado sin gracia la comedia.
y no nos gusta el cambio, ¿seremos asesinos
por vocación masivos -o cómplices enanos
de un mundo que, de siempre, da gloria a los cretinos
obsesos con el ciego Poder que los domina
y enferma de soberbia maníaca? -y mitómanos
los vuelve, y al embuste se dan como letrina
de trampa con tratillo que incumplen aun, y dómanos
tal trato en este circo, un cero en que circula
el vicio de ser séptico para que más los amen
coprófagos al gusto y al punto de la mula
más terca que su gula, y así aún más nos mamen
de públicos erarios y tramen esa urdimbre
que caza al insensato que vota asesinatos
en masa. (Y abominan del ritmo de este timbre
porque aprendieron chatos de vista mentecatos
que la harmonía música es un atraso inculto,
por, en el fondo, torpes, conformes con la liber-
tad sola de los capos, y quedan como bulto
de carne descompuesta en cráneos como en hiber-
nazión). Le dieron votos a Hitler esas masas
que no saben que ignoran el quid de la política,
y vino la Segunda, con lágueres y nasas
para pescar judíos. Y aguantan la mefítica
lección: el harmonía pasó de moda: al crimen
nos demos como demos retrotraído a vulgo.
Y quieren que me calle. Por eso no me imprimen,
o casi, las letrillas que cándido promulgo.
Fascistas sin saberse, mi excomunión del gremio
sentencian, por mi espera activa de una cuerda
sabiduría cósmica, jamás inane un premio
del cual ya he desistido. Se va, se va a la mierda,
igual que la harmonía, el resto del cordaje
desafinado: el arpa, la cítara, la lira,
la arquitectura entera, si tiembla, va al garaje
trastero y, rota, espera, rehuyendo la Mentira,
aquella mano nívea, de Bécquer, o ese plectro
de Fray Lüís. Y es como si hacer el bruto fuera
la norma, en disimulo. Y yo me vuelvo espectro
en esta coyuntura de yunta placentera.
Pero no voy ahora, por mínima minuta,
a hacerme de la parte del fiero león cobarde.
Ay, me he esforzado tanto en busca de una ruta
mejor a lo sublime, que ya quizá es muy tarde
para volver atrás. Y nunca, en todo caso,
lo hubiera hecho: éste es mi canino, abierto
por mí: si la harmonía, con crítica a ese craso
error contemporáneo, persigo, en el desierto
clamando, y no se escucha, o no se quiere, sigo
cantando mi denuncia: matar es mal negocio
impunemente: el veto a quien ni es enemigo
es inmoral: entérate, so mal amigo, ex socio.
Si no recapacitas, serás de buitres carne.
Rebelde es la harmonía. Y el capo no la quiere,
sino el Desequilibrio, que a tantos nos desguarne,
y no es jamás el Térmico, sino del que se muere.
Aquél la vida crea, y el del anarco-capo
la mata, y el Estado es sola la herramienta
que frena su codicia. Y, así, tirar del trapo,
mostrando sus cloacas, para que no nos mienta
la horda a su servicio, de séptica avaricia,
o limpias no veamos sus intenciones sucias,
cantar es la belleza, que mal se desperdicia,
a base de ignorancias, y frágiles argucias
creída por los simples: seamos más complejos,
mostrando la tramoya oculta tras los media.
No es simple ser sencillo. Y somos diablos viejos.
Ya dura demasiado sin gracia la comedia.
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