I. Capitanes de Capos y
capones
El
capital detesta a los humanos.
Y no sólo a la inmensa mayoría,
la más menesterosa. Bestia Harpía,
es la musa de todos los tiranos:
Hace a su dueño un monstruo de egoísmo
que le chupa la sangre a todo extraño,
a quien inyecta bífido el engaño,
y empuja al mundo al borde del abismo.
Si el comunismo es malo, su contrario
es letal para el curso del planeta.
Virtus in medio. Pero el medio en treta
cae del medio y créese empresario,
aunque no tenga medios: Sólo mira
la mitad del dilema, que le marca
el dueño de los medios, gran jerarca
-anarco- del dinero, quien conspira
en propio beneficio, y no se muestra
como es: como el otro tan terrible.
Quitaos de una vez el imperdible
y cagad en el váter -la maestra
os dice-, que os secuestra el alma un bruto
bicho mecánico que os odia. Y mata,
y os va a matar por de cloaca rata.
Queréis teta y mamáis de su atributo.
II. Arte cobista
El
atributo másculo es un músculo
-del latín: “ratoncillo”- que se usa
como una catacresis de confusa
sensación de presión de algo minúsculo
que se yergue a la altura que le toque:
como la arruga humilde de un colgajo
y se alza de pronto prieto y majo,
manguera recia en bloque y como estoque.
Cuando el currante se lo mama al jefe,
quiere decir humillación. Lo humilde
es lo contrario a lo humillante, y gil de
manüal quien de hinojos dobla el eje
de su norte. Sin músculo no hay fruto,
si cumple su función, como la reja
del arado que el surco, que abre y deja
lugar a la semilla. El atributo
-atribüido al grande- es diminuto,
pese a ser macho alfa de la vieja
escuela, y todo miembro se lo aneja
para el ano del necio, por astuto
creerse, el muy listillo. Porque ignora
que toda la función fecundadora
por errado orificio no prospera.
Marcial diría que desfila en hora
mala por mal camino, como agüera
la Pájara de Cuenta dictadora.
III. La
verdad os hará libres
Soy, en el buen sentido de la palabra,
bueno.
Machado
Yo sé que tenéis miedo a las verdades.
Y a las que versan de vosotros mismos
más todavía. Tú siempre me invades,
trágica Duda, con tus sinapismos
y mis equilibrismos. Cuando caigo
de la cuerda en la cuenta de lo nulo
que en el ágora soy, cuando me atraigo
a mi ser verdadero, cuando el bulo
de rebajar al otro no funciona,
la depresión me atrapa y me fustiga,
y siento que no soy buena persona,
y le doy la razón a mi enemiga,
la humildad, que me sana. Quizá seas
necesaria, si curas al soberbio
de su soberbia y otras cosas feas
como ser un autómata sin nervio,
con cerebro en desuso, por consignas
en exceso, ni ideas, sino solo
de quien se oculta propias sus indignas
iniquidades tras su protocolo
diplomático. Muchos somos buenos
en el mejor sentido del vocablo.
Pero, cuando se duda en inamenos
momentos, el espejo muestra un diablo
de inquina erguido y de desprecio autista
por todo lo demás que exceda el vicio
de su círculo: acaso es una pista.
O hartazgo ya de ver tanto estropicio.
(Un contertulio llama comunista
a Putin, que lo ha oído en el desquicio
de la tele una inculta oportunista).
Ay, la cosa no tiene desperdicio.
O lo es. Por lo menos tengo dudas
sobre mí. ¿Soy un tonto de ansias rudas
de figurar? Inculto, no. Ya es algo.
Y me informo y estudio, y cuando arguyo
en alta voz, me quedo en un murmullo
que no se escucha: ladran; pues, cabalgo.
Y no sólo a la inmensa mayoría,
la más menesterosa. Bestia Harpía,
es la musa de todos los tiranos:
Hace a su dueño un monstruo de egoísmo
que le chupa la sangre a todo extraño,
a quien inyecta bífido el engaño,
y empuja al mundo al borde del abismo.
Si el comunismo es malo, su contrario
es letal para el curso del planeta.
Virtus in medio. Pero el medio en treta
aunque no tenga medios: Sólo mira
la mitad del dilema, que le marca
el dueño de los medios, gran jerarca
-anarco- del dinero, quien conspira
en propio beneficio, y no se muestra
como es: como el otro tan terrible.
Quitaos de una vez el imperdible
y cagad en el váter -la maestra
os dice-, que os secuestra el alma un bruto
bicho mecánico que os odia. Y mata,
y os va a matar por de cloaca rata.
Queréis teta y mamáis de su atributo.
-del latín: “ratoncillo”- que se usa
como una catacresis de confusa
sensación de presión de algo minúsculo
que se yergue a la altura que le toque:
como la arruga humilde de un colgajo
y se alza de pronto prieto y majo,
manguera recia en bloque y como estoque.
Cuando el currante se lo mama al jefe,
quiere decir humillación. Lo humilde
es lo contrario a lo humillante, y gil de
manüal quien de hinojos dobla el eje
de su norte. Sin músculo no hay fruto,
si cumple su función, como la reja
del arado que el surco, que abre y deja
lugar a la semilla. El atributo
-atribüido al grande- es diminuto,
pese a ser macho alfa de la vieja
escuela, y todo miembro se lo aneja
para el ano del necio, por astuto
creerse, el muy listillo. Porque ignora
que toda la función fecundadora
por errado orificio no prospera.
Marcial diría que desfila en hora
mala por mal camino, como agüera
la Pájara de Cuenta dictadora.
Machado
Y a las que versan de vosotros mismos
más todavía. Tú siempre me invades,
trágica Duda, con tus sinapismos
y mis equilibrismos. Cuando caigo
de la cuerda en la cuenta de lo nulo
que en el ágora soy, cuando me atraigo
a mi ser verdadero, cuando el bulo
de rebajar al otro no funciona,
la depresión me atrapa y me fustiga,
y siento que no soy buena persona,
y le doy la razón a mi enemiga,
la humildad, que me sana. Quizá seas
necesaria, si curas al soberbio
de su soberbia y otras cosas feas
como ser un autómata sin nervio,
con cerebro en desuso, por consignas
en exceso, ni ideas, sino solo
de quien se oculta propias sus indignas
iniquidades tras su protocolo
diplomático. Muchos somos buenos
en el mejor sentido del vocablo.
Pero, cuando se duda en inamenos
momentos, el espejo muestra un diablo
de inquina erguido y de desprecio autista
por todo lo demás que exceda el vicio
de su círculo: acaso es una pista.
O hartazgo ya de ver tanto estropicio.
(Un contertulio llama comunista
a Putin, que lo ha oído en el desquicio
de la tele una inculta oportunista).
Ay, la cosa no tiene desperdicio.
O lo es. Por lo menos tengo dudas
sobre mí. ¿Soy un tonto de ansias rudas
de figurar? Inculto, no. Ya es algo.
Y me informo y estudio, y cuando arguyo
en alta voz, me quedo en un murmullo
que no se escucha: ladran; pues, cabalgo.
IIII. Omisión
Si
leo la poesía que se premia,
casi toda me sabe a poca cosa
-excepto excepcionales (¿sufre anemia
el estro de los tiempos?)- y algo sosa.
Y, puesto que lo digo, se me acosa
con un feroz silencio de academia
-¿se dan por aludidos?-, se me esposa
y me envía a la Ínsula esa endemia.
¿No son excepcionales? ¿Tienen miedo
a competir conmigo en una escena
pública, o es quizá corte del dedo
que los ha señalado su condena?
¿Es tan terrible la verdad? Quevedo
cantó, poniendo a Góngora de pena.
Y Góngora a Quevedo. Y quedan quedo.
Pero es mezquina la censura, y facha
y estalinista. Porque no: no puedo
mencionar el tabú, que al mundo agacha
y dobla de rodillas: ¿tal vez tizna
de embrujo y maldición? ¿No estáis seguros
de lo buenos que sois? Flexible brizna,
me desdoblan los vientos de futuros
a existir, si se llega, y no es probable,
tal como van las cosas, y lo digo,
y es tabú, y no me siento reprobable.
Quien lo revele es vuestro buen amigo.
Pero quien tiene suerte y gana un premio
acaba por creérselo o enchufe.
Y censura al genuino todo el gremio,
y le da igual que tanto premio atufe
a mafia o podre o tómbola. Mi envidia
es humana, y es falsa, y mi arrogancia.
Hasta el Nobel apesta. Y me fastidia
que le den tanto premio a la ignorancia.
¿Por eso yo no gano ni las sobras?
¿O es que tan malo soy que ni prestigio
merezco por ninguna de mis obras?
Así el placer me doy de este litigio
denunciando tu blufe: lo que cobras
es todo cuanto envidio. Que el prodigio
no se da por astutas manïobras
tras el telón. El método es vestigio
del truco pitecántropo y astuto
que se hereda del simio, humano en bruto,
cuando aprendió políticas de trampa.
Y el necio tiene fe en lo que no sabe.
Lo que importa es el qué-dirán, si cabe
en el estrecho cráneo del que zampa.
V. Políticas de paz -y soledad.
Y la gente se queda tan tranquila
ante un mundo corrupto y vota al facha.
Y el fascismo regresa con el hacha
de guerra alzada y su matón gorila,
bestia cruel que de sangre se emborracha,
y nadie teme sino al bravo lila
que creyó en la justicia, y no se estila
tal cosa, ni la paz, y lo despacha.
El ser humano es tonto o está ciego
ante toda verdad, aun la más obvia,
y al interés de sólo el propio ego
se estrecha con pasión, y sufre fobia
al bien común, por experiencia lego
frente al especialista, que lo agobia.
Y a quien desprecia, cuando lo contrario
a lo que cree dice, si lo induce
a esa fe su enemigo con el diario
repetir el embuste que en un cruce
de cables el circuito le estropea
del buen entendimiento, y ya no atina
ni con su conveniencia, y lo menea
el Listillo a la suya, quien destina
su carne de cañón a la pelea
contra su igual, a que fatal lo inclina,
mientras solo sus títulos se lea
de su prensa opresiva, con su inquina.
Y ahora, cuando el nazi, vuelto Hebreo,
por voto popular electo, mata
de nuevo a discreción, y se lo afeo,
como al televisivo audaz payaso
belicista a quien culpo de pirata
con patente de Washington, ni caso
se me hace, y se habla del derecho
de Ucrania a defenderse, cuando ha sido
provocador de guerra su elegido,
al meterse con Rusia en su provecho.
Pero quién seré yo para creído
ser por la Norma cuando un presi, hecho
al neoliberalismo de su estrecho
sentir sociata, pacta con el nido
de la mundial metralla, y nos salpica:
pero nada nos duele ni nos pica,
que eso no es un problema, hasta que llegue
el día de la ira y, pues, nos mate
o empobrezca del todo, y nos entregue.
No se me impute a mí tal disparate.
VI. Las esperanzas cortasanas
Fabio, las esperanzas cortesanas
prisiones son do el ambicioso muere
Andrada
a) Me gustaría estar equivocado,
y otra vez no se cumpla la amenaza
de una guerra mundial, esa rapaza
domesticada por el sin-Estado,
que compra todo Estado, y cambie el Hado
que nos manda a matarnos, en tenaza
de langosta acerada que en coraza
aprieta falsa. Ya en el alto estrado,
la guerra se predica, vieja trampa,
con cebo de ganancias -para el hampa
Capona, y para el resto la rüina.
Y muerte de inocentes, carne cruda
para despensas de quien pronto acuda
a cobrar las acciones de esa mina.
casi toda me sabe a poca cosa
-excepto excepcionales (¿sufre anemia
el estro de los tiempos?)- y algo sosa.
Y, puesto que lo digo, se me acosa
con un feroz silencio de academia
-¿se dan por aludidos?-, se me esposa
y me envía a la Ínsula esa endemia.
¿No son excepcionales? ¿Tienen miedo
a competir conmigo en una escena
pública, o es quizá corte del dedo
que los ha señalado su condena?
¿Es tan terrible la verdad? Quevedo
cantó, poniendo a Góngora de pena.
Y Góngora a Quevedo. Y quedan quedo.
Pero es mezquina la censura, y facha
y estalinista. Porque no: no puedo
mencionar el tabú, que al mundo agacha
y dobla de rodillas: ¿tal vez tizna
de embrujo y maldición? ¿No estáis seguros
de lo buenos que sois? Flexible brizna,
me desdoblan los vientos de futuros
a existir, si se llega, y no es probable,
tal como van las cosas, y lo digo,
y es tabú, y no me siento reprobable.
Quien lo revele es vuestro buen amigo.
Pero quien tiene suerte y gana un premio
acaba por creérselo o enchufe.
Y censura al genuino todo el gremio,
y le da igual que tanto premio atufe
a mafia o podre o tómbola. Mi envidia
es humana, y es falsa, y mi arrogancia.
Hasta el Nobel apesta. Y me fastidia
que le den tanto premio a la ignorancia.
¿Por eso yo no gano ni las sobras?
¿O es que tan malo soy que ni prestigio
merezco por ninguna de mis obras?
Así el placer me doy de este litigio
denunciando tu blufe: lo que cobras
es todo cuanto envidio. Que el prodigio
no se da por astutas manïobras
tras el telón. El método es vestigio
del truco pitecántropo y astuto
que se hereda del simio, humano en bruto,
cuando aprendió políticas de trampa.
Y el necio tiene fe en lo que no sabe.
Lo que importa es el qué-dirán, si cabe
en el estrecho cráneo del que zampa.
ante un mundo corrupto y vota al facha.
Y el fascismo regresa con el hacha
de guerra alzada y su matón gorila,
bestia cruel que de sangre se emborracha,
y nadie teme sino al bravo lila
que creyó en la justicia, y no se estila
tal cosa, ni la paz, y lo despacha.
El ser humano es tonto o está ciego
ante toda verdad, aun la más obvia,
y al interés de sólo el propio ego
se estrecha con pasión, y sufre fobia
al bien común, por experiencia lego
frente al especialista, que lo agobia.
Y a quien desprecia, cuando lo contrario
a lo que cree dice, si lo induce
a esa fe su enemigo con el diario
repetir el embuste que en un cruce
de cables el circuito le estropea
del buen entendimiento, y ya no atina
ni con su conveniencia, y lo menea
el Listillo a la suya, quien destina
su carne de cañón a la pelea
contra su igual, a que fatal lo inclina,
mientras solo sus títulos se lea
de su prensa opresiva, con su inquina.
Y ahora, cuando el nazi, vuelto Hebreo,
por voto popular electo, mata
de nuevo a discreción, y se lo afeo,
como al televisivo audaz payaso
belicista a quien culpo de pirata
con patente de Washington, ni caso
se me hace, y se habla del derecho
de Ucrania a defenderse, cuando ha sido
provocador de guerra su elegido,
al meterse con Rusia en su provecho.
Pero quién seré yo para creído
ser por la Norma cuando un presi, hecho
al neoliberalismo de su estrecho
sentir sociata, pacta con el nido
de la mundial metralla, y nos salpica:
pero nada nos duele ni nos pica,
que eso no es un problema, hasta que llegue
el día de la ira y, pues, nos mate
o empobrezca del todo, y nos entregue.
No se me impute a mí tal disparate.
VI. Las esperanzas cortasanas
prisiones son do el ambicioso muere
Andrada
y otra vez no se cumpla la amenaza
de una guerra mundial, esa rapaza
domesticada por el sin-Estado,
que compra todo Estado, y cambie el Hado
que nos manda a matarnos, en tenaza
de langosta acerada que en coraza
aprieta falsa. Ya en el alto estrado,
la guerra se predica, vieja trampa,
con cebo de ganancias -para el hampa
Capona, y para el resto la rüina.
Y muerte de inocentes, carne cruda
para despensas de quien pronto acuda
a cobrar las acciones de esa mina.
b) Me gustaría ver que el Homo es sabio
y detesta las guerras, y se opone
a gángsteres esbirros de Al Capone,
su exportador al mundo, y que su labio
clame en su contra, del fatal agravio
de su Historia de siempre, y que se entone
por la paz. Trompetilla o sonotone
ponte y escúchame por fin, ay Fabio,
tú, el de tanta esperanza cortesana,
prisión del ambicioso, en donde muere.
Tanta intriga indolente
nunca es sana
y atufa a podre y corrupción, que hiere
la manzana podrida a la lozana.
Espero en tanto no me desespere.
VII. Política
y justicia
a) Dicen que solo hablo de política
y es de la Humanidad y de su Historia
de lo que canto, y de la terca noria
que hace rotar la acémila neolítica.
¿Por qué, si no me afecta en mi eremítica
soledad la miseria que esa escoria,
crea, lo trato? Veo tras la boria
de la insensible necedad: la mítica
creencia en egoísmos económicos
que generan los bienes astronómicos
de las naciones, sí, no de las gentes.
Las mandan a la guerra entrambos cómicos
del absurdo, y peligros hay atómicos.
Y tan campantes los indiferentes.
y detesta las guerras, y se opone
a gángsteres esbirros de Al Capone,
su exportador al mundo, y que su labio
clame en su contra, del fatal agravio
de su Historia de siempre, y que se entone
por la paz. Trompetilla o sonotone
ponte y escúchame por fin, ay Fabio,
tú, el de tanta esperanza cortesana,
prisión del ambicioso, en donde muere.
y atufa a podre y corrupción, que hiere
la manzana podrida a la lozana.
Espero en tanto no me desespere.
y es de la Humanidad y de su Historia
de lo que canto, y de la terca noria
que hace rotar la acémila neolítica.
¿Por qué, si no me afecta en mi eremítica
soledad la miseria que esa escoria,
crea, lo trato? Veo tras la boria
de la insensible necedad: la mítica
creencia en egoísmos económicos
que generan los bienes astronómicos
de las naciones, sí, no de las gentes.
Las mandan a la guerra entrambos cómicos
del absurdo, y peligros hay atómicos.
Y tan campantes los indiferentes.
b) Son cómplices los bardos del gran ego
de tanta indiferencia y apolítica,
por omisión. Al de la justa crítica
le pitan falso un gol fuera-de-juego.
El juez exculpa al facha del talego,
prevaricando, criminal. La pítica
oracular augura, faringítica
de gritar, la matanza del borrego,
cantor de sí. Yo canto a todo el mundo,
no sólo a mí, y es malo, por lo visto.
Si De Otero pasó, yo es que ni existo
frente a tanto lamento gemebundo
o ilusiones de amor, de chico Listo.
Que finge vocación de ser profundo.
de tanta indiferencia y apolítica,
por omisión. Al de la justa crítica
le pitan falso un gol fuera-de-juego.
El juez exculpa al facha del talego,
prevaricando, criminal. La pítica
oracular augura, faringítica
de gritar, la matanza del borrego,
cantor de sí. Yo canto a todo el mundo,
no sólo a mí, y es malo, por lo visto.
Si De Otero pasó, yo es que ni existo
frente a tanto lamento gemebundo
o ilusiones de amor, de chico Listo.
Que finge vocación de ser profundo.