Se nos ha
silenciado, como siempre, a los justos.
Y al que ajuste sus versos a una música propia.
Y la prosa se impone de los tibios y adustos
que nos dictan su Norma, y nos sacan la copia,
y la invierten. Amigos, los que sois mis amigos,
los que aún seguís siéndolo: si no soy de los vuestros,
soy también vuestro amigo. De traiciones testigos
habéis sido del Uno -Otros son mis maestros,
que elegí libremente-, sed sinceros y veos
como acólitos tristes de una triste conjura
la del verso sencillo de los textos más feos
y de asunto más simple, que se ha alzado a la altura
con intrigas de corte de puñal en la espalda,
por ser único. El Capo del Poder, cuando llega,
y sabiendo ese medio de trepar por la falda
de su monte, se mira al espejo y se ciega:
ver no quiere rivales competentes y bota
al que quiso ser vate, bloqueándole accesos
al Parnaso, arguyendo que su línea está rota
y obsoleta -y la espesa soledad me da besos.
Me mosqueo y critico su soberbio prejuicio
que el tebeo más visto de los años 50,
y ese odio a la rima, defendiendo ese vicio
de hacer fácil el verso, y ponerlo a la venta
como genialidad. Y me niega el talento,
que él no tiene, juzgando que lo bueno es lo malo,
como jueces franquistas contra el rojo que, atento
a los hechos, los muestra, y la tele, ese escualo
que devora conciencias, la verdad entapuja
inventándose bulos y, al quedar con culo
a los aires, se achanta, y a la gente se embruja
con el mágico hechizo que es el arte del bulo.
Todo es un gran Embuste y, engañados, los pobres
de derecha se ponen del Partido de parte
que les roba el dinero del impuesto, y los cobres
que les queden, en rollo de su vano estandarte
pagarán los servicios ya pagados con ellos
como contribuyentes, y si no, pasaporte
a la muerte, tal viejo residente, con sellos
que prohíben traslados a hospitales, y corte
al derecho a la vida da el contrario al aborto,
partidario de penas capitales: lo aborta
de esa vida que aún dura, perezoso ni corto.
Y no saben que el voto consecuencias aporta.
Se va el mundo al carajo. La ultradiestra se impone
con su amor a la guerra, que trafica con armas,
y hay que darles salida. Pero el gran sonotone
sabotaje ha sufrido y no valen alarmas.
Corrupción nos infesta. Y se vuelve costumbre.
Quien no me haya querido, es por no querer verse
objetivo de crítica necesaria que alumbre
la caverna. Del tema ni desea que verse.
Por sigo gritando rectos versos y acuso
al sistema afectado de leprosa gangrena.
Todo es falso, y traición, de poder, por abuso.
Y es posible la cura. O muy dura la pena.
Y al que ajuste sus versos a una música propia.
Y la prosa se impone de los tibios y adustos
que nos dictan su Norma, y nos sacan la copia,
y la invierten. Amigos, los que sois mis amigos,
los que aún seguís siéndolo: si no soy de los vuestros,
soy también vuestro amigo. De traiciones testigos
habéis sido del Uno -Otros son mis maestros,
que elegí libremente-, sed sinceros y veos
como acólitos tristes de una triste conjura
la del verso sencillo de los textos más feos
y de asunto más simple, que se ha alzado a la altura
con intrigas de corte de puñal en la espalda,
por ser único. El Capo del Poder, cuando llega,
y sabiendo ese medio de trepar por la falda
de su monte, se mira al espejo y se ciega:
ver no quiere rivales competentes y bota
al que quiso ser vate, bloqueándole accesos
al Parnaso, arguyendo que su línea está rota
y obsoleta -y la espesa soledad me da besos.
Me mosqueo y critico su soberbio prejuicio
que el tebeo más visto de los años 50,
y ese odio a la rima, defendiendo ese vicio
de hacer fácil el verso, y ponerlo a la venta
como genialidad. Y me niega el talento,
que él no tiene, juzgando que lo bueno es lo malo,
como jueces franquistas contra el rojo que, atento
a los hechos, los muestra, y la tele, ese escualo
que devora conciencias, la verdad entapuja
inventándose bulos y, al quedar con culo
a los aires, se achanta, y a la gente se embruja
con el mágico hechizo que es el arte del bulo.
Todo es un gran Embuste y, engañados, los pobres
de derecha se ponen del Partido de parte
que les roba el dinero del impuesto, y los cobres
que les queden, en rollo de su vano estandarte
pagarán los servicios ya pagados con ellos
como contribuyentes, y si no, pasaporte
a la muerte, tal viejo residente, con sellos
que prohíben traslados a hospitales, y corte
al derecho a la vida da el contrario al aborto,
partidario de penas capitales: lo aborta
de esa vida que aún dura, perezoso ni corto.
Y no saben que el voto consecuencias aporta.
Se va el mundo al carajo. La ultradiestra se impone
con su amor a la guerra, que trafica con armas,
y hay que darles salida. Pero el gran sonotone
sabotaje ha sufrido y no valen alarmas.
Corrupción nos infesta. Y se vuelve costumbre.
Quien no me haya querido, es por no querer verse
objetivo de crítica necesaria que alumbre
la caverna. Del tema ni desea que verse.
Por sigo gritando rectos versos y acuso
al sistema afectado de leprosa gangrena.
Todo es falso, y traición, de poder, por abuso.
Y es posible la cura. O muy dura la pena.
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