“Nada sabe amor quien…” no ha sentido
como yo -canta el
Bardo de los Bardos
oficiales-. Cualquiera que los dardos
haya sufrido sabe de Cupido
lo mismo o más que quien nos da lecciones
y se pone de ejemplo el muy pamplina
como simiente de revoluciones
por haber descubierto alguna mina
oculta por la selva o el desierto
o las mares o a Atlántida -que América
y la pólvora (y ésa por la Ibérica
pionera audacia) ya se han descubierto.
Qué originalidad: a la ventura
lanzarse del amor, en tiempo calmo
cambiando de mujer, qué cosa dura,
como si hubiera sido por ensalmo.
Quién no cantó su amor con la alegría
del momento, quién no cambió de novia
por amor o de amante, porque fobia
la rutina le daba, o no se hastía
alguna vez de la insistencia regia
de una regla ejercida por dominio
del otro que, imponiendo su estrategia
de manipulación con escrutinio
vigilante, tal vez intolerancia
a la desobediencia, no se agota
de esa presión continua, y se derrota
por otro derrotero y se distancia
del hábito en un soso matrimonio,
quién nunca se escapó de su familia
aburrido, quién viendo a algún demonio
hermoso y tentador no cae en filia
erótica, si surge la fortuna
en el camino del programa diario,
y en la fascinación, quién del armario
no se elevó en los cuernos de su Luna.
Expresarlo está bien, porque celebras
esa suerte: no obstante, hacer negocio
con él para evitar normales quiebras
del Movimiento, para que el beocio,
inocente lector al fin te diga
“oh gran Mejor”, me huele a que, si puro
el sentimiento pudo ser, oscuro
de intención comercial atufa a intriga.
Y no es que seas malo, lo que pienso
es que no es para tanta pompa. Eres
mejor que ese rebaño que su asenso
te da por medio, con los mercaderes
de fama; y te lo crees, y se lo traga
el sensible de más corta cultura.
Y quien quiera escribir literatura
-y medrar- cree que es la forma, y paga
su venta de conciencia con el precio
bajuno de su cándida imitatio
de tu ficción que en los demás es pecio
de un hovercraft eléctrico de vatio
escaso. Tienes culpa si destierras
de la jet y la crema, si es distinta
a ti, la competencia, por si pinta
más que tú, y te permites en tus guerras
feudales con los grandes dar en cúmulo
a tu ganado premios, que sancionas,
y ha preparado el metro hacia su túmulo
de insignificación. Porque en tus zonas
latifundias no puede brillar nadie:
el mediocre anodino te rodea
postrado, y en tu charca se me brea,
por más que otra poesía más irradie
voltaje que la tuya. Y está feo
que un alma tan mezquina se desnude
para lucir su amor, vistiendo arreo
de actor heleno. Cómo, si no pude
por tu celo volar, ahora me plagias:
¿No era yo un mal poeta? ¿Por qué robas
entonces las ideas de mis magias
diabólicas? ¿No tienes más que bobas
confesiones de amor, y 4 adornos
convencionales? ¿No eras grande? A un peque,
¿porqué, pues, lo amordazas? Por tembleque
ante un rival? Yo no compito: a pornos
sentimentales nunca me dedico.
Pero a mi no me da miedo un fantasma,
y, por mí, ya te puedes hacer rico,
y engañar con política tu pasma
que al demócrata caza por hereje:
Sólo, autónomo, quise hacerme propio,
y del lenguaje un largo etimoscopio
-veedor de la verdad, que la refleje.
En qué te he molesté: la paces quise
hacer contigo por ideología
afín, porque era urgente. Que me pise
oficiales-. Cualquiera que los dardos
haya sufrido sabe de Cupido
lo mismo o más que quien nos da lecciones
y se pone de ejemplo el muy pamplina
como simiente de revoluciones
por haber descubierto alguna mina
oculta por la selva o el desierto
o las mares o a Atlántida -que América
y la pólvora (y ésa por la Ibérica
pionera audacia) ya se han descubierto.
Qué originalidad: a la ventura
lanzarse del amor, en tiempo calmo
cambiando de mujer, qué cosa dura,
como si hubiera sido por ensalmo.
Quién no cantó su amor con la alegría
del momento, quién no cambió de novia
por amor o de amante, porque fobia
la rutina le daba, o no se hastía
alguna vez de la insistencia regia
de una regla ejercida por dominio
del otro que, imponiendo su estrategia
de manipulación con escrutinio
vigilante, tal vez intolerancia
a la desobediencia, no se agota
de esa presión continua, y se derrota
por otro derrotero y se distancia
del hábito en un soso matrimonio,
quién nunca se escapó de su familia
aburrido, quién viendo a algún demonio
hermoso y tentador no cae en filia
erótica, si surge la fortuna
en el camino del programa diario,
y en la fascinación, quién del armario
no se elevó en los cuernos de su Luna.
Expresarlo está bien, porque celebras
esa suerte: no obstante, hacer negocio
con él para evitar normales quiebras
del Movimiento, para que el beocio,
inocente lector al fin te diga
“oh gran Mejor”, me huele a que, si puro
el sentimiento pudo ser, oscuro
de intención comercial atufa a intriga.
Y no es que seas malo, lo que pienso
es que no es para tanta pompa. Eres
mejor que ese rebaño que su asenso
te da por medio, con los mercaderes
de fama; y te lo crees, y se lo traga
el sensible de más corta cultura.
Y quien quiera escribir literatura
-y medrar- cree que es la forma, y paga
su venta de conciencia con el precio
bajuno de su cándida imitatio
de tu ficción que en los demás es pecio
de un hovercraft eléctrico de vatio
escaso. Tienes culpa si destierras
de la jet y la crema, si es distinta
a ti, la competencia, por si pinta
más que tú, y te permites en tus guerras
feudales con los grandes dar en cúmulo
a tu ganado premios, que sancionas,
y ha preparado el metro hacia su túmulo
de insignificación. Porque en tus zonas
latifundias no puede brillar nadie:
el mediocre anodino te rodea
postrado, y en tu charca se me brea,
por más que otra poesía más irradie
voltaje que la tuya. Y está feo
que un alma tan mezquina se desnude
para lucir su amor, vistiendo arreo
de actor heleno. Cómo, si no pude
por tu celo volar, ahora me plagias:
¿No era yo un mal poeta? ¿Por qué robas
entonces las ideas de mis magias
diabólicas? ¿No tienes más que bobas
confesiones de amor, y 4 adornos
convencionales? ¿No eras grande? A un peque,
¿porqué, pues, lo amordazas? Por tembleque
ante un rival? Yo no compito: a pornos
sentimentales nunca me dedico.
Pero a mi no me da miedo un fantasma,
y, por mí, ya te puedes hacer rico,
y engañar con política tu pasma
que al demócrata caza por hereje:
Sólo, autónomo, quise hacerme propio,
y del lenguaje un largo etimoscopio
En qué te he molesté: la paces quise
hacer contigo por ideología
afín, porque era urgente. Que me pise
tu bota es de cantante voz de harpía.
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