III. Franco en Pepe Voz vive. Vive Stalin
en un partido único ¡poético!
Un fascista equivale a un pro soviético
que hace, traidor, totalitaria malin-
terpretación de Marx que, al menos, bienin-
tencionado, acusó a las altas clases
de opresoras; igual que quiso Lenin
que cada miembro obrero de las bases
en la Administración por turno alterno
se implicara y, que luego la costumbre
de hacerlo todos a la llana cumbre
los elevara del autogobierno,
extinguiendo el Estado, y en su sitio
ubicarse. No pudo ser: la masa
no es responsable y queda, como el Titio
del mito, bajo el César, en carcasa
de cadenas y buitres: no entendía
la libertad: no sabe estar sin mando
y allá el oportunista fue sumando
influencias y alzó su jerarquía
exclusivista: a todo competente
purga en su Unión, y la unidad desune.
Por la espalda su cuerno deja en frente,
y clava, y da de lado, y se lo pune
con abstención el bajo, a quien no importa
que venza el Monte Ultra: es el castigo
merecido, aunque al dúplice testigo
el miembro se le acorte -o se lea corta
su carne del cañón sin alma, obstrusa,
(sic)-, y a su pueblo oferte como blanco
para el fuego reflejo de la ilusa
masa afanosa de que vuelva Franco
cabalgando en Babieca. Y, así, como
cunde el campal ejemplo, los del Monte
a que tira la cabra, al Aqueronte
nos mandan con Mercurio, con su plomo.
El chanchullo se montan, y el montaje
se creen que los sube a superhombres
y, ejerciendo un mafioso bandidaje,
en lista negra escriben cuantos nombres
ven rivales. Anulan los derechos
en su coto sin linde a los distintos.
Qué habremos progresado. De devintos
nos quieren y deshechos, y desechos.
Si uno fuera un fascista, comprendiera
la razón del paseo, y los fusiles
-o plagios del caído-, pero viles
ya hay que ser par echar a un Trotski fuera.
Que siempre he sido demo-comunista.
tras la curva cerrada del carrillo
después de que rompiera, europeísta,
su nexo con su Stalin, armadillo
desalmado: en su costra se protege
eliminando almas en sus purgas,
que todos son en su capricho murgas,
y decide quién es o no es hereje.
Pero en España el eurocomunismo
y en Francia o en Italia libertario,
demócrata se hizo, un cataclismo
viendo en la Bestia del totalitario.
Entonces, así pues, ¿por qué esa tirria,
si soy su igual? ¿O no? ¿Porque yo soÿ
demócrata, y no voy en su convoÿ?
¿O por saber del brillo ante su birria?
Tanto cantar de amor, y de amor sabe
nada más que del suyo. Que el humano
hacia la Humanidad qué mal le cabe
en su guardilla al rúbeo ultramontano.
Seguidlo, sé que os gusta, os da lo vuestro
que sabéis único entender: no alcanza
el ególatra a ampliar la lontananza
que le podría abrir otro maestro.
Y no aprendáis sino lo que se siente
en vuestro viejo corazón verrugo:
Si es Cupido su esputo, es que nos miente
y pasa, al sacudiros del -sub- yugo.
Debemos recrearlo, darle anchuras
y hondura y entidad, que salve obstáculos,
y libre al -sub- sumido en sus tentáculos,
y hacerlo sabio para ver a oscuras,
y alzarlo al iris, superar montes
y horizontes, pactando una alianza
que, por encima de los horizontes
sobre los montes, rehaga la esperanza.
Mas para tal hay que arrumbar la inquina
de la medrosa envidia en la basura,
y unirnos de una vez con la bravura
de un amor creador, no de vitrina.
Mientras no sea así, y la Mandataria
Autoridad la libertad obstruya
con su falange por totalitaria,
nunca habrá quien se salga con la suya,
excepto el Zar, tronado por el trueno
del poetillismo del común, cobarde
que se queda sin rayo en vano alarde
sentimental demente, y escaleno
por norma y regla. No me basta el basto
sentir, si es sinsentido consentido
de crío irresponsable en fatuo fasto
nefasto, que jamás dejó su nido,
y en faldas maternales de montaña,
como aguilucho pía por su oruga,
y, preso, nunca se dará a la fuga
de su propio Poder ni su artimaña.
en un partido único ¡poético!
Un fascista equivale a un pro soviético
que hace, traidor, totalitaria malin-
terpretación de Marx que, al menos, bienin-
tencionado, acusó a las altas clases
de opresoras; igual que quiso Lenin
que cada miembro obrero de las bases
en la Administración por turno alterno
se implicara y, que luego la costumbre
de hacerlo todos a la llana cumbre
los elevara del autogobierno,
extinguiendo el Estado, y en su sitio
ubicarse. No pudo ser: la masa
no es responsable y queda, como el Titio
del mito, bajo el César, en carcasa
de cadenas y buitres: no entendía
la libertad: no sabe estar sin mando
y allá el oportunista fue sumando
influencias y alzó su jerarquía
exclusivista: a todo competente
purga en su Unión, y la unidad desune.
Por la espalda su cuerno deja en frente,
y clava, y da de lado, y se lo pune
con abstención el bajo, a quien no importa
que venza el Monte Ultra: es el castigo
merecido, aunque al dúplice testigo
el miembro se le acorte -o se lea corta
su carne del cañón sin alma, obstrusa,
(sic)-, y a su pueblo oferte como blanco
para el fuego reflejo de la ilusa
masa afanosa de que vuelva Franco
cabalgando en Babieca. Y, así, como
cunde el campal ejemplo, los del Monte
a que tira la cabra, al Aqueronte
nos mandan con Mercurio, con su plomo.
El chanchullo se montan, y el montaje
se creen que los sube a superhombres
y, ejerciendo un mafioso bandidaje,
en lista negra escriben cuantos nombres
ven rivales. Anulan los derechos
en su coto sin linde a los distintos.
Qué habremos progresado. De devintos
nos quieren y deshechos, y desechos.
Si uno fuera un fascista, comprendiera
la razón del paseo, y los fusiles
-o plagios del caído-, pero viles
ya hay que ser par echar a un Trotski fuera.
Que siempre he sido demo-comunista.
tras la curva cerrada del carrillo
después de que rompiera, europeísta,
su nexo con su Stalin, armadillo
desalmado: en su costra se protege
eliminando almas en sus purgas,
que todos son en su capricho murgas,
y decide quién es o no es hereje.
Pero en España el eurocomunismo
y en Francia o en Italia libertario,
demócrata se hizo, un cataclismo
viendo en la Bestia del totalitario.
Entonces, así pues, ¿por qué esa tirria,
si soy su igual? ¿O no? ¿Porque yo soÿ
demócrata, y no voy en su convoÿ?
¿O por saber del brillo ante su birria?
Tanto cantar de amor, y de amor sabe
nada más que del suyo. Que el humano
hacia la Humanidad qué mal le cabe
en su guardilla al rúbeo ultramontano.
Seguidlo, sé que os gusta, os da lo vuestro
que sabéis único entender: no alcanza
el ególatra a ampliar la lontananza
que le podría abrir otro maestro.
Y no aprendáis sino lo que se siente
en vuestro viejo corazón verrugo:
Si es Cupido su esputo, es que nos miente
y pasa, al sacudiros del -sub- yugo.
Debemos recrearlo, darle anchuras
y hondura y entidad, que salve obstáculos,
y libre al -sub- sumido en sus tentáculos,
y hacerlo sabio para ver a oscuras,
y alzarlo al iris, superar montes
y horizontes, pactando una alianza
que, por encima de los horizontes
sobre los montes, rehaga la esperanza.
Mas para tal hay que arrumbar la inquina
de la medrosa envidia en la basura,
y unirnos de una vez con la bravura
de un amor creador, no de vitrina.
Mientras no sea así, y la Mandataria
Autoridad la libertad obstruya
con su falange por totalitaria,
nunca habrá quien se salga con la suya,
excepto el Zar, tronado por el trueno
del poetillismo del común, cobarde
que se queda sin rayo en vano alarde
sentimental demente, y escaleno
por norma y regla. No me basta el basto
sentir, si es sinsentido consentido
de crío irresponsable en fatuo fasto
nefasto, que jamás dejó su nido,
y en faldas maternales de montaña,
como aguilucho pía por su oruga,
y, preso, nunca se dará a la fuga
de su propio Poder ni su artimaña.
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