jueves, 6 de julio de 2023

Desgraciados los desagradecidos, porque de ellos será su propio infierno

             Leo de todo: física, política
y economía, poesía y filo-
sofía: Ariadna me ha prestado el hilo
que lleva afuera a la Verdad -vía mítica,
sólo por vicio de mejor estilo-:
            salgo así del terror en que se vive
en este laberinto de pantalla
y pantalla, y le clamo a la morralla:
-el Minotauro ha muerto, quien escribe
lo ha visto sin tener que dar batalla:
            es cadáver en bálsamo, y un mito
terrible, pero sólo un simulacro
que el rey Minos montó para su macro-
negocio comercial por el delito
del rey Egeo, tributario sacro
            del Monstruo: no temáis al antropófago.
Murió hace mucho. Lo mató Teseo,
gracias a Ariadna, a quien hiciera el feo
de abandonarla, a modo de sarcófago,
en isla robinsonia, sin trofeo
            ni gratitud. Si siempre así se hizo
(Medea con su magia al argonauta
salvó de mil peligros, y la incauta
fue repudiada, por su largo hechizo
de bruja -salvadora: así es la pauta-
            imputada) ya es hora de dar gracia
plural a quien gobierna en beneficio
tuyo, plebe ignorante que, sin juicio,
es tu gracia quebrar tu democracia,
por creer en Jasón, en Minos, vicio
            propio de ti, devota de la mano
-que dicta- dura, pero para, ajeno,
el que esté más abajo, el nazareno
que esté con él, y por ti muera, plano
pueblo llano de fachas, que en amoeno
            loco ser no deseas, porque temes
al Justo en vez de al monstruo verdadero,
caníbal de tus carnes y tu cuero,
el que te insufla en el cerebro memes
que se repiten en vicioso cero
            (y de monstruos libró Heracles la tierra
y sufrió la traición de Deyanira,
que se dejó embaucar por la mentira
de Neso, y propios celos, y su perra
de posesivo afán: como una pira
            la tela del Centauro en el combusto
pellejo untada ardió del héroe esposo,
que se inmoló en el Eta proceloso
de rayos, que así paga siempre el Justo
Defensor sus hazañas de Coloso).
            Hoy Hipocrinda da igual paga a Pablo
y demás, tras servirse de su aúpe.
Esa reina, celosa del que ocupe
su lugar autoelecto, en el establo
deja al héroe por odio de su trupe
            -que conformes pacían en su mina
minucias parvas de su mal pesebre-:
como un Crusoe deja al genio Orfebre
de la revolución, y a su vecina,
que la acogió cuando yacía en fiebre
            mortal como la bicha samaniega
ha mordido, a la Paz, con el veneno
de su canina voz, y a todo bueno
y justo ha desterrado a su bodega,
para que se revuelquen en su cieno.
            No hay ningún Minotauro: no más sea
víctima joven dada al Minos capo.
Y sé devota de Hércules -y el sapo
ve que es príncipe azul- y de Medea
y Ariadna: no te des el gran Sopapo,
            que os lo dice Quien Sabe: el que investiga
y se entera de algo, y a la tele
no hace caso y le duele que os la cuele,
porque ésa muestra negro el blanco: intriga
la embustera en tu contra, por imbele.
            Pero no me dais crédito: soy rojo.
Pero yo no soy rojo, soy sensato:
de lo justo devoto. Lo debato
y decís tales cosas que me arrojo
a criticar el celo timorato
            que le tenéis a un monstruo que no existe
desde hace 3.000 años. Y es un cuento.
Si lo volvéis a hacer, un cruel lamento
cantado oiréis, porque estaré muy triste
por vosotros -cerebros de jumento.
            Tenéis otra ocasión: sed más humanos
más Hómines Sapientes, y a la especie
de ese nombre servid. Que no os deprecie
ese empeño en servir a esos enanos
de tiranos de infundios en especie.
            Y, como estamos dentro, en sacrificio
de nuestro egocentrismo generoso
por salvar esta unión, casi en reposo
de tanta actividad y su suplicio,
salvémonos unidos del Acoso:
            Salvaos con los sóteres sumarios,
que Monstruo hay uno solo: es el Fantasma
de Franco en sus esbirros y su pasma
política, que os quieren más precarios.
Ya mi ansiedad y angustia escupe el miasma:
            me ahogo de terror al Populacho
Partido con el Nazi en el gobierno:
Que no vuelva la era del infierno
de las austeridades. Un borracho
os lo dice -y si no, idos al cuerno-,
            que soy de Ariadna esposo: mi rescate
la ha elevado al Olimpo: soy Dioniso.
Ese dios que felices siempre os quiso.
Los otros son malvados de remate.
Y quieren que un rebaño seáis sumiso.
            Yo no voy a sufrir tanto el tormento
que sufriréis vosotros, mayoría.
Ya vendrá la soberbia carestía.
Como ya la visiona este esperpento.
El Día de la Ira. De ir al Día
            a Día, sin mirar hacia el futuro
inminente que os dais, por no saber que,
o no querer, que llega así el Empuerque
en la miseria vuestra sin apuro,
si dejáis que la Bestia se os acerque.

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