V. La razón de la
sinrazón
Sé que
tengo razón. Nunca la tuve
como ahora, no tanta, aunque la masa
no me la dé: no tiene: siempre anduve
descalzo sin quemarme por la brasa
que ciega a los incautos, de que sube
más luz, que atizo, y quien está en su nube,
no ve, porque le aterran, y en su casa
tiene ya luz, su tele. Y por hypnosis
del psiquiatra hechicero, el de los sesos
domador, provocando la psicosis
paranoica en los huecos y a los tiesos
de cráneo y tozudez, en larga dosis
repetitiva, para más narcosis,
me tildan de fanático -¡a mí!, esos.
Sé que tengo razón. Nunca he tenido
tanta. Y dicen que ha vuelto la censura
de libros -cómo si no hubiera habido
censura hasta ahora mismo: yo, aun sin cura,
ya la he sufrido y mucho y bien sufrido
y mal, y no por nazis, por unido
un zurdo, que es un topo caradura.
Y dicen que es poeta. Se hunde el mundo.
Ya a mí me coge viejo. Ya me acabo.
Pero acabáis el mundo. Lo redundo
a ver si os enteráis: no hagáis el pavo
tanto, que lo que viene es tremebundo.
Y estaba preparado. Vagabundo
se va a quedar mendigo un pueblo al cabo.
Y fin. Por necio. Y vulgo. Quiere caña.
Y se la van a dar: las papeletas
las tienen casi todas. Esta España
me ahoga. Como a Blas. Y los poetas
por regla general, en Babia. Daña
la falta de conciencia. Tantas tretas
para dar al silencio a los profetas
que, como yo, padecen de migraña
de tanto pensar crítico. Aquel listo
del Felipe fue cómplice y lo dice
contra el presi actüal -dándole pisto-
¿saliente? -al Pepe-. Al que vice
fue que dimitió en la otra, lo hace un cristo.
Que así nos traicionara el sociolisto.
Quizás esta amanaza lo amenice.
Blas de Otero clamaba contra Franco.
Hoy los poetas contra Pablo Iglesias
o en prosa callan. Y si me arranco
en contra de aquél Ogro, que de amnesias
históricas no sufro, y a éste el flanco
le refüerzo, los de verso blanco
me lanzan inyecciones de anestesias:
“¡Qué no publique nada el disidente!
ni alcance galardones: va por libre
y quiere entrar en nuestro competente
monopolio fachoso. Que no vibre
su son, que no es de paz: esté latente,
fuera de onda, que es independiente,
y la cuenta es pendiente, y se desfibre
su texto:¡ no publique el libertario
-repite el que se dice comunista
demócrata-, ni salga en el diario!,
no sea le hagan caso, y de la lista
negra se escape, y gane del erario
público un premio, y se haga millonario
e invierta en aclarar la ciega vista
del populacho facha”. Sé que tengo
razón. Nunca la tuve como ahora.
Y siempre tuve algo: el verso rengo
y la prosa en poesía desmejora
tanta conciencia… atonta. Así me vengo
aquí cantando en sátira y, ya luengo,
años, lo más urgente, aun viento en prora.
como ahora, no tanta, aunque la masa
no me la dé: no tiene: siempre anduve
descalzo sin quemarme por la brasa
que ciega a los incautos, de que sube
más luz, que atizo, y quien está en su nube,
no ve, porque le aterran, y en su casa
tiene ya luz, su tele. Y por hypnosis
del psiquiatra hechicero, el de los sesos
domador, provocando la psicosis
paranoica en los huecos y a los tiesos
de cráneo y tozudez, en larga dosis
repetitiva, para más narcosis,
me tildan de fanático -¡a mí!, esos.
Sé que tengo razón. Nunca he tenido
tanta. Y dicen que ha vuelto la censura
de libros -cómo si no hubiera habido
censura hasta ahora mismo: yo, aun sin cura,
ya la he sufrido y mucho y bien sufrido
y mal, y no por nazis, por unido
un zurdo, que es un topo caradura.
Y dicen que es poeta. Se hunde el mundo.
Ya a mí me coge viejo. Ya me acabo.
Pero acabáis el mundo. Lo redundo
a ver si os enteráis: no hagáis el pavo
tanto, que lo que viene es tremebundo.
Y estaba preparado. Vagabundo
se va a quedar mendigo un pueblo al cabo.
Y fin. Por necio. Y vulgo. Quiere caña.
Y se la van a dar: las papeletas
las tienen casi todas. Esta España
me ahoga. Como a Blas. Y los poetas
por regla general, en Babia. Daña
la falta de conciencia. Tantas tretas
para dar al silencio a los profetas
que, como yo, padecen de migraña
de tanto pensar crítico. Aquel listo
del Felipe fue cómplice y lo dice
contra el presi actüal -dándole pisto-
¿saliente? -al Pepe-. Al que vice
fue que dimitió en la otra, lo hace un cristo.
Que así nos traicionara el sociolisto.
Quizás esta amanaza lo amenice.
Blas de Otero clamaba contra Franco.
Hoy los poetas contra Pablo Iglesias
o en prosa callan. Y si me arranco
en contra de aquél Ogro, que de amnesias
históricas no sufro, y a éste el flanco
le refüerzo, los de verso blanco
me lanzan inyecciones de anestesias:
“¡Qué no publique nada el disidente!
ni alcance galardones: va por libre
y quiere entrar en nuestro competente
monopolio fachoso. Que no vibre
su son, que no es de paz: esté latente,
fuera de onda, que es independiente,
y la cuenta es pendiente, y se desfibre
su texto:¡ no publique el libertario
-repite el que se dice comunista
demócrata-, ni salga en el diario!,
no sea le hagan caso, y de la lista
negra se escape, y gane del erario
público un premio, y se haga millonario
e invierta en aclarar la ciega vista
del populacho facha”. Sé que tengo
razón. Nunca la tuve como ahora.
Y siempre tuve algo: el verso rengo
y la prosa en poesía desmejora
tanta conciencia… atonta. Así me vengo
aquí cantando en sátira y, ya luengo,
años, lo más urgente, aun viento en prora.
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