presentes sucesiones de difunto
Quevedo
Me voy de mí, y me digo adiós, me voy
de mí, porque estoy harto de mí mismo,
de mi orgullo insufrible, del convoy
de mi largo fracaso en el Ciclismo
del Giro y de la Vuelta y los Eternos
Retornos y el Tourismo que los astros
en Etapas se empeñan en traernos
a lo mismo de siempre, que poetastros
Otra Vez cantan, pero ahora en prosa
con su música ida a qué otra parte,
periódicos del Tiempo, que no posa
en parte alguna, sin saber de arte
o técnica a conciencia, por desprecio
de lo antiguo, su tema, que de ciencia
o política peces están, pecio
del último naufragio, por sentencia
del juez corrupto por conjuras anti
poéticas, normal, vendido al capo
de pillos con las manos in fraganti
pillados en las masas, que ven guapo
al más feo, mirándose al merkurio
que les vuelve su imagen, desprovista
de vista de verdad, por el murmurio
llevados de su chisme de auto pista
despistada, creídos en fantasma
de su bosque encantado por el brujo
ilusionista del realismo, pasma
de cloaca política que indujo
el montaje mentido del medievo
este nuevo de ahora y siempre en ronda
vigilante del vate, cuyo nuevo
asunto ignora activo, en su redonda
cama de casta o élite que elide
la inversión de sentido de esta opima
rueda que rueda monte arriba, al Cide
Alcides, por su física, y su rima;
de la Rueda inmoral de la Fortuna
que me retorna eterna al mismo sitio,
al irónico nombre que me aduna
solo a mi yo, sine qua non conditio
de una conciencia clara que la sombra
abduce como un ovni o como ufo
para alumbrarla luego si la nombra
algún poema que hederá a su tufo
de compunción punzante: pocas luces
me dio Mamá Natura: si una tengo,
la alcancé con esfuerzo, alzando cruces
por la cuesta del Gólgota: Si rengo
me sale un verso, lo corrijo: ensayo,
y, si yerro, me busco otro camino,
o -es lo mismo- otro método, y desmayo,
y busco otro destino, y peregrino.
Porque el destino es el carácter, mudo
el mío, en un intento de mejora
de mi persona, pero sólo en rudo
aún me convierto más, y se me escora
el esquife y el vértigo me gana
y vuelvo al puerto, y se acabó la dicha
que mi hado dictó, y me pone grana
la vergüenza de nuevo, pues la bicha
del Árbol, que me tienta a hacerme dioses
-Elohim-, no es que mienta: es que me asusta
esa altura acrofóbica de poses
para la prensa, pese a serme justa.
“Camino hacia”, o Método, si al griego
atendemos del étimo, en versículo
espontáneo seguía, como en riego
torrencial, a una meta, sin vehículo
alguno, y aun se ahogaban los castores,
que me dieron la idea de otra vía:
Algún freno, más dique, acequias, mores,
un carro alado halado de su harpía
o su sirena, aviso de arrecifes,
invirtiendo la fábula, y del Coco,
para un renacimiento, matarifes,
en vida aún, tras media edad, barroco
de ilustración romántica moderna
por simbolista y culta del Parnaso,
para salir de la normal caverna
platónica del medio y el payaso,
biografía-ficción, invento, mito
o cuento que verdades luce, es criba
todo ello y culto con su rito,
aplicándolo a todo lo que escriba.
No tenía mesura, sobre bordes
bosaba el río. Presas y acueductos,
contra la inundación probé, concordes
y el agua dio sus fructos y usufructos
de poetas que cito y que consagra
la tradición, guiándome, Polaris,
al Seso de los Sesos, sin vïagra:
ya me le erguía toda Stella Maris.
Esto encontré tras largo experimento,
e intento hallar Sentido con mis rimas
y estrofas, para ser otro, portento
a ser posible -¿no lo es? Tarimas
de maestro logré, pero poeta…
¿qué es ser poeta?: al menos trovas hago:
eso se sabe qué es -Valery-: meta
de todo humano Humano -Brodski-: ¿mago?
Sólo existe una magia, la poesía
y su encanto, o ni ésa, porque el mundo
solo cree en la empresa y la alcancía,
y qué negocio es éste, moribundo,
como dice anumérico algún lírico
profesional, que trata la novela,
pues ya medró en proesía (sic), satírico
contra un subgénero de poca pela.
Ése es mi mundo: Aquí, üno entre muchos,
mi Yo Ideal, enfermo por contagio,
se me ha vuelto invisible, entre pachuchos
chuchos que lamen siesos para el agio
o agiotaje o tajarse alguna gloria
por ganados. Yo no. Si ¡es que no puedo!
Ni quiero ser así. Raspo la escoria
de mi caduco Yo, miro a Quevedo,
Góngora y Lope, adversos, los imito
como puedo en sus formas, y otros tantos
a ver si encuentro un Álter en el grito
de bestia amaestrada a suaves cantos.
Me ayudan pensar: soy a la izquierda
un 0 que jamás se multiplica:
y quiero ser plural, y de otra cuerda,
y aprender de los otros, por si pica
algún pez que en su seno lleve un dije
que mágico me cambie en ser angélico
al bruto cutre interno que me aflije
y me atormenta y cansa, hastía, bélico
en mis entrañas -d. Antº dijo.
Yo, como él, no quise ser famoso
ni perseguí la gloria, pero exijo
al mundo mi lugar justo y, celoso
del éxito del medio, no del áureo,
que ofende mi cultura, que talento
tengo más que más de uno que ese láureo
ostenta galardón, dado al memento
del Olvido, okupádome el presente
que el Numen me donó. Y así descubro
esta contradicción: no cruzo el puente
a la fama: inconsciente me elucubro
y diseño una trampa que lo impida
porque no quiero figurar, y entonces
el deseo de público la vida
me amarga, si mas sólidos que bronces
mis versos quiero publicar -Horacio-:
Non omnis moriar: que la obra queda:
algo de mí. Camine, pues, despacio
labrando la verídica vereda.
La vida de la Fama: Yo me ahogo
en un vaso de agua y cual el burro
de Buridan no elijo, y me desfogo
más escribiendo; que, si no, me aburro.
O he de sufrir por siempre este pellizco
en el pecho, que sanan escrituras,
y quiero publicarlas, y estoy bizco
de ver doblez -la Fama Infame- a oscuras.
Que el reconocimiento del deseo
es deseo de reconocimiento
-como dice Lacán-, y sufro reo
del querer andar solo, y me auto-miento,
igual que todos, pero yo lo noto,
y sufro, en consecuencia, un reconcomio.
Si no me voy de mí, de mí piloto,
terminaré en el terco manicomio.
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