domingo, 7 de mayo de 2023

Me voy de mí

presentes sucesiones de difunto

Quevedo

 

Me voy de mí, y me digo adiós, me voy

de mí, porque estoy harto de mí mismo,

de mi orgullo insufrible, del convoy

de mi largo fracaso en el Ciclismo

            del Giro y de la Vuelta y los Eternos

Retornos y el Tourismo que los astros

en Etapas se empeñan en traernos

a lo mismo de siempre, que poetastros

            Otra Vez cantan, pero ahora en prosa

con su música ida a qué otra parte,

periódicos del Tiempo, que no posa

en parte alguna, sin saber de arte

            o técnica a conciencia, por desprecio

de lo antiguo, su tema, que de ciencia

o política peces están, pecio

del último naufragio, por sentencia

            del juez corrupto por conjuras anti

poéticas, normal, vendido al capo

de pillos con las manos in fraganti

pillados en las masas, que ven guapo

            al más feo, mirándose al merkurio

que les vuelve su imagen, desprovista

de vista de verdad, por el murmurio

llevados de su chisme de auto pista

            despistada, creídos en fantasma

de su bosque encantado por el brujo

ilusionista del realismo, pasma

de cloaca política que indujo

            el montaje mentido del medievo

este nuevo de ahora y siempre en ronda

vigilante del vate, cuyo nuevo

asunto ignora activo, en su redonda

            cama de casta o élite que elide

la inversión de sentido de esta opima

rueda que rueda monte arriba, al Cide

Alcides, por su física, y su rima;

            de la Rueda inmoral de la Fortuna

que me retorna eterna al mismo sitio,

al irónico nombre que me aduna

solo a mi yo, sine qua non conditio

            de una conciencia clara que la sombra

abduce como un ovni o como ufo

para alumbrarla luego si la nombra

algún poema que hederá a su tufo

            de compunción punzante: pocas luces

me dio Mamá Natura: si una tengo,

la alcancé con esfuerzo, alzando cruces

por la cuesta del Gólgota: Si rengo

             me sale un verso, lo corrijo: ensayo,

y, si yerro, me busco otro camino,

o -es lo mismo- otro método, y desmayo,

y busco otro destino, y peregrino.

            Porque el destino es el carácter, mudo

el mío, en un intento de mejora

de mi persona, pero sólo en rudo

aún me convierto más, y se me escora

            el esquife y el vértigo me gana

y vuelvo al puerto, y se acabó la dicha

que mi hado dictó, y me pone grana

la vergüenza de nuevo, pues la bicha

            del Árbol, que me tienta a hacerme dioses

-Elohim-, no es que mienta: es que me asusta

esa altura acrofóbica de poses

para la prensa, pese a serme justa.

            “Camino hacia”, o Método, si al griego

atendemos del étimo, en versículo

espontáneo seguía, como en riego

torrencial, a una meta, sin vehículo

            alguno, y aun se ahogaban los castores,

que me dieron la idea de otra vía:

Algún freno, más dique, acequias, mores,

un carro alado halado de su harpía

            o su sirena, aviso de arrecifes,

invirtiendo la fábula, y del Coco,

para un renacimiento, matarifes,

en vida aún, tras media edad, barroco

            de ilustración romántica moderna

por simbolista y culta del Parnaso,

para salir de la normal caverna

platónica del medio y el payaso,

            biografía-ficción, invento, mito

o cuento que verdades luce, es criba

todo ello y culto con su rito,

aplicándolo a todo lo que escriba.

            No tenía mesura, sobre bordes

bosaba el río. Presas y acueductos,

contra la inundación probé, concordes

y el agua dio sus fructos y usufructos

            de poetas que cito y que consagra

la tradición, guiándome, Polaris,

al Seso de los Sesos, sin vïagra:

ya me le erguía toda Stella Maris.

            Esto encontré tras largo experimento,

e intento hallar Sentido con mis rimas

y estrofas, para ser otro, portento

a ser posible -¿no lo es? Tarimas

            de maestro logré, pero poeta…

¿qué es ser poeta?: al menos trovas hago:

eso se sabe qué es -Valery-: meta

de todo humano Humano -Brodski-: ¿mago?

            Sólo existe una magia, la poesía

y su encanto, o ni ésa, porque el mundo

solo cree en la empresa y la alcancía,

y qué negocio es éste, moribundo,

            como dice anumérico algún lírico

profesional, que trata la novela,

pues ya medró en proesía (sic), satírico

contra un subgénero de poca pela.

            Ése es mi mundo: Aquí, üno entre muchos,

mi Yo Ideal, enfermo por contagio,

se me ha vuelto invisible, entre pachuchos

chuchos que lamen siesos para el agio

            o agiotaje o tajarse alguna gloria

por ganados. Yo no. Si ¡es que no puedo!

Ni quiero ser así. Raspo la escoria

de mi caduco Yo, miro a Quevedo,

            Góngora y Lope, adversos, los imito

como puedo en sus formas, y otros tantos

a ver si encuentro un Álter en el grito

de bestia amaestrada a suaves cantos.

            Me ayudan pensar: soy a la izquierda

un 0 que jamás se multiplica:

y quiero ser plural, y de otra cuerda,

y aprender de los otros, por si pica

            algún pez que en su seno lleve un dije

que mágico me cambie en ser angélico

al bruto cutre interno que me aflije

y me atormenta y cansa, hastía, bélico

            en mis entrañas -d. Antº dijo.

Yo, como él, no quise ser famoso

ni perseguí la gloria, pero exijo

al mundo mi lugar justo y, celoso

            del éxito del medio, no del áureo,

que ofende mi cultura, que talento

tengo más que más de uno que ese láureo

ostenta galardón, dado al memento

            del Olvido, okupádome el presente

que el Numen me donó. Y así descubro

esta contradicción: no cruzo el puente

a la fama: inconsciente me elucubro

            y diseño una trampa que lo impida

porque no quiero figurar, y entonces

el deseo de público la vida

me amarga, si mas sólidos que bronces

            mis versos quiero publicar -Horacio-:

Non omnis moriar: que la obra queda:

algo de mí. Camine, pues, despacio

labrando la verídica vereda.

            La vida de la Fama: Yo me ahogo

en un vaso de agua y cual el burro

de Buridan no elijo, y me desfogo

más escribiendo; que, si no, me aburro.

            O he de sufrir por siempre este pellizco

en el pecho, que sanan escrituras,

y quiero publicarlas, y estoy bizco

de ver doblez -la Fama Infame- a oscuras.

            Que el reconocimiento del deseo

es deseo de reconocimiento

-como dice Lacán-, y sufro reo

del querer andar solo, y me auto-miento,

            igual que todos, pero yo lo noto,

y sufro, en consecuencia, un reconcomio.

Si no me voy de mí, de mí piloto,

terminaré en el terco manicomio.

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