jueves, 11 de mayo de 2023

El triunfo de la vulgaridad

 

Fabio las esperanzas cortesanas

prisiones son do el ambicioso muere

Andrada

 

De que la actual poesía es más bien mala

empieza a darse cuenta hasta el inculto:

cualquier palabrería, suelta, a bulto,

balida (sic) la bala.

            Quien no entera es el que va de sabio

y entendido y edita, y gana guita.

Queda ya poco sabio, si es que edita.

Que no te enteras, Fabio.

            De Buridan la burra, que no supo

elegir entra balas, muere de hambre.

Hoy, por ganar, se elige la cochambre

-que no exceda de cupo.

            A veces dan incluso el pego. Cuando,

no obstante, si leyéndoles, se atiende,

da lástima que sea lo que vende

eso que atufa a blando.

            Porque dónde está el nervio y el coraje.

El del vampiro en caza, ahí. Secuaces

te azuzan como fiera, montaraces,

los de falso montaje.

            Rodando monte abajo con un canto

en sus dientes por shuto a espalda, en nuca,

casado te convierte en mala cuca

el cantor si encanto,

            encantado de haberse conocido

que ha encantado ese bosque como trampa

para el ingenuo que al final se zampa.

Conmigo no ha podido.

            Por el monte y su bosque -no te encante-

el montero fantasma, ya su poli

de albañal te la juega al monopoli

político de in-fante

            (“el que aún no sabe hablar”, etimológica-

mente) y, empero, miente más que parla,

y se engaña a sí mismo por loar la

fabulilla anagógica

            de su sentimental neotontería

y mal copiados plagios. El modelo

del moderno quehacer, que es el camelo,

 de tanta montería.

            Su lance es de ruindad banal sin trivio

ni cuadrivio, que ignora, Sólo sabe

de sinsabor feliz. Cuando se acabe,

será cosa de alivio.

            Con su poder se parte el bacalao

que sazona salado y se le amarga

de ficción acientífica que carga

su vano bluf de vaho.

            Si gana caballeras y otros damos

que han conseguido mucho coro y grillo,

quiere visor desastre y mata el brillo,

y torpes lucen ramos.

            Algo tendrá el Ganado. Mas lo esconde.

Y hasta arriban a libros que de texto

se suponen. Será el Camelo Sexto.

Ay Dios mío, hasta dónde

            va a llegar este culto a la incultura

y a la ignorancia activa del brillante,

y todo culpa del montero infante

de mucha cara dura.

            Por valle verde ayuso la diarrea

mental, que es espontánea, nutre el bosque.

El poeta mejor: quien ni se cosque

y a su gusto se pea.

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