Fabio las esperanzas cortesanas
prisiones son do el ambicioso muere
Andrada
De que la actual poesía es más bien mala
empieza a darse cuenta hasta el inculto:
cualquier palabrería, suelta, a bulto,
balida (sic) la bala.
Quien no entera es el que va de sabio
y entendido y edita, y gana guita.
Queda ya poco sabio, si es que edita.
Que no te enteras, Fabio.
De Buridan la burra, que no supo
elegir entra balas, muere de hambre.
Hoy, por ganar, se elige la cochambre
-que no exceda de cupo.
A veces dan incluso el pego. Cuando,
no obstante, si leyéndoles, se atiende,
da lástima que sea lo que vende
eso que atufa a blando.
Porque dónde está el nervio y el coraje.
El del vampiro en caza, ahí. Secuaces
te azuzan como fiera, montaraces,
los de falso montaje.
Rodando monte abajo con un canto
en sus dientes por shuto a espalda, en nuca,
casado te convierte en mala cuca
el cantor si encanto,
encantado de haberse conocido
que ha encantado ese bosque como trampa
para el ingenuo que al final se zampa.
Conmigo no ha podido.
Por el monte y su bosque -no te encante-
el montero fantasma, ya su poli
de albañal te la juega al monopoli
político de in-fante
(“el que aún no sabe hablar”, etimológica-
mente) y, empero, miente más que parla,
y se engaña a sí mismo por loar la
fabulilla anagógica
de su sentimental neotontería
y mal copiados plagios. El modelo
del moderno quehacer, que es el camelo,
de tanta montería.
Su lance es de ruindad banal sin trivio
ni cuadrivio, que ignora, Sólo sabe
de sinsabor feliz. Cuando se acabe,
será cosa de alivio.
Con su poder se parte el bacalao
que sazona salado y se le amarga
de ficción acientífica que carga
su vano bluf de vaho.
Si gana caballeras y otros damos
que han conseguido mucho coro y grillo,
quiere visor desastre y mata el brillo,
y torpes lucen ramos.
Algo tendrá el Ganado. Mas lo esconde.
Y hasta arriban a libros que de texto
se suponen. Será el Camelo Sexto.
Ay Dios mío, hasta dónde
va a llegar este culto a la incultura
y a la ignorancia activa del brillante,
y todo culpa del montero infante
de mucha cara dura.
Por valle verde ayuso la diarrea
mental, que es espontánea, nutre el bosque.
El poeta mejor: quien ni se cosque
y a su gusto se pea.
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