domingo, 15 de enero de 2023

EL VULGO Y EL DEMOS (DISTINCIÓN)

Las masas de la nación creerán con más facilidad una gran mentira que una pequeña.

Hitler. Mi lucha

 

Pero no es suficiente. Distinguirse es de marca

de negocio sin lucro. Demarca una excelencia

excepcional y un hito, pero nunca un monarca

ni a nadie a que se deba maldita reverencia.

  Acaso algún demarca, mas nunca un demagogo.

Mejor que un guía, una, como una carta, un mapa,

una serie de  términos en las sendas, no un dogo

ni un führer o un caudillo o emperador, ni un papa.

  Ni siquiera un Modelo que decida la moda,

la mediana y la media o el promedio, que abunda.

Elegir cada vez, según código y coda

conforme a la inconforme -y perfecta y profunda

  y excelsa- forma, estilo de singular orfebre

que se desmarca en contra de tanta medianía

de plomo, adicta al hoyo del mezquino pesebre

para ganado el premio por lerda inharmonía

  hacerse una pudiente fenomenal fantasma

que oculta su reloj -vánitas vanitátum-

atómico que marca el día a día, y pasma

el día en que trasluce su fatal ultimátum.

  Y no ha pasado nada: captó el Absurdo el seso

y le dio su sentido, y se sintió en su casa.

La casa transparece al final del proceso

de aparentar ser otro, y ves que nada pasa

  y nunca has existido. Pero, mientras parece

que sí, puedes conciencia tomar como un anfibio

de 2 mundos: la nada y todo -de que crece-,

no solo por la busca de tu presente alivio,

  sino por esperanza de Bien -Verdad, Belleza-

que late en tu Sí-mismo. Haz tu obra lo más digna

que pueda ser. Seguir la corriente es proeza

sin mérito, y aún menos repetir la consigna

  del medio que, por media, es mediocre, y es trampa

como la “gran mentira” hitleriana en Mi Lucha

o Mein Kampf que se traga la gran masa, y se zampa

por contagio estadístico, de quien la desembucha,

  medios en propiedad privada del que priva

de conciencia a la gente, que gusta del promedio:

mediocridad, y media, insignificativa

(nótese el neologismo), y no tiene remedio.

  El vulgo es necio siempre, como sabía el clásico,

y profano y odioso. Salvarlo de sí propio,

como de un antropófago lagarto del jurásico,

es arduo: en la verdad no cree, sólo el opio

  del pueblo, en que tampoco, lo lleva de la mano

para comer en ella, la del saurio inconsciente

al que ignora, así todo, mala Bestia y tirano.

Sólo cree en la fuerza que fuerza a la corriente

  hacia el mar y la hunde en las simas más hondas

donde se posa plano en capa o sedimento.

Hay que ser distinguido. Nunca sí le respondas.

Contra corrientes sople tu Éspíritu -o el Viento.

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