Las masas de la nación creerán con más facilidad una gran mentira que una pequeña.
Hitler. Mi lucha
Pero no es suficiente. Distinguirse es de marca
de negocio sin lucro. Demarca una excelencia
excepcional y un hito, pero nunca un monarca
ni a nadie a que se deba maldita reverencia.
Acaso algún demarca, mas nunca un demagogo.
Mejor que un guía, una, como una carta, un mapa,
una serie de términos en las sendas, no un dogo
ni un führer o un caudillo o emperador, ni un papa.
Ni siquiera un Modelo que decida la moda,
la mediana y la media o el promedio, que abunda.
Elegir cada vez, según código y coda
conforme a la inconforme -y perfecta y profunda
y excelsa- forma, estilo de singular orfebre
que se desmarca en contra de tanta medianía
de plomo, adicta al hoyo del mezquino pesebre
para ganado el premio por lerda inharmonía
hacerse una pudiente fenomenal fantasma
que oculta su reloj -vánitas vanitátum-
atómico que marca el día a día, y pasma
el día en que trasluce su fatal ultimátum.
Y no ha pasado nada: captó el Absurdo el seso
y le dio su sentido, y se sintió en su casa.
La casa transparece al final del proceso
de aparentar ser otro, y ves que nada pasa
y nunca has existido. Pero, mientras parece
que sí, puedes conciencia tomar como un anfibio
de 2 mundos: la nada y todo -de que crece-,
no solo por la busca de tu presente alivio,
sino por esperanza de Bien -Verdad, Belleza-
que late en tu Sí-mismo. Haz tu obra lo más digna
que pueda ser. Seguir la corriente es proeza
sin mérito, y aún menos repetir la consigna
del medio que, por media, es mediocre, y es trampa
como la “gran mentira” hitleriana en Mi Lucha
o Mein Kampf que se traga la gran masa, y se zampa
por contagio estadístico, de quien la desembucha,
medios en propiedad privada del que priva
de conciencia a la gente, que gusta del promedio:
mediocridad, y media, insignificativa
(nótese el neologismo), y no tiene remedio.
El vulgo es necio siempre, como sabía el clásico,
y profano y odioso. Salvarlo de sí propio,
como de un antropófago lagarto del jurásico,
es arduo: en la verdad no cree, sólo el opio
del pueblo, en que tampoco, lo lleva de la mano
para comer en ella, la del saurio inconsciente
al que ignora, así todo, mala Bestia y tirano.
Sólo cree en la fuerza que fuerza a la corriente
hacia el mar y la hunde en las simas más hondas
donde se posa plano en capa o sedimento.
Hay que ser distinguido. Nunca sí le respondas.
Contra corrientes sople tu Éspíritu -o el Viento.
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