Navegar por los libros, no sólo de poesía
o de literatura, también por los ensayos
de ciencia de vanguardia o de filosofía
y la Historia de Todo, sin caer en desmayos
y cayendo en errores, rastreando la huella
de verdades ignotas, hallar por serendipia
alguna, y relatarla después, mientras se estrella
la razón, y se alumbra, a la vez que se ripia
en búsqueda de rimas, y se esfuerza el ingenio
en cuadrar el sentido hasta hacerlo redondo,
conforme a la inconforme providencia del Genio
de Aladino o su lámpara, a quien siempre respondo
pidiéndole más luces, ¿no es mejor que la falsa
realidad de consumo constrüida exprofeso
para hacerte ignorante, cocinándote en salsa
cegadora o en tinta, sin poesía, sin eso
que le da su aderezo al menú que te saca
de la vulgaridad vendida como lujo
a la masa paupérrima que a sí misma se atraca
de incultura, perdido todo encanto y embrujo
-como ver para siempre una misma película
ad nauseam repetida por no haber otras cosas?
La verdad así vista es como una retícula:
redecilla ridícula de cazar mariposas.
Atravieso el océano a las Indias en ruta
y me encuentro una América. ¿No merece la pena?
El ensayo fue yerro: no encontré mi Calcuta,
pero halle el mar Caribe. Si uno mismo se frena
por terror a lo nuevo, porque en lo conocido
se halla en puerto seguro, ¿qué gracia tiene el seso,
la conciencia qué gracia? Buscarás el sentido,
incluso aunque no exista, y vendrá así el progreso
para quien no lo busque también. Que no se estanque
el fluir de las aguas fecundas y prolijas.
El mundo somos todos y hace falta tu arranque.
Lo que se estanca sólo produce sabandijas.
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