El churro esta en oferta: ¡vaya ganga!
Como lujo se vende, y compra a gusto.
Su calipigia espalda exhibe en tanga
y en topless prieto el busto
en la publicidad de los mercados,
prensa, pantallas y otras malas hierbas,
y la masa sucumbe a sus dictados.
Pero tú lo que observas
es la arruga evidente de su churre
chuchurrido de chorra, a lo que salga,
sin labor culturista, entreno y curre.
No ves seno ni nalga,
sino momio achacoso y esquelético,
de pelleja en pelota o pasa uva
por abandono del saber poético
o de peste una buba.
Por verdad se nos vende la mentira
y el vulgo la consume como churros.
Propalada, prodígase, la tira.
Y es pajas para burros.
El terco torpe de mollera dura
dice que todo nos lo quita el rojo.
¿Mejor neoliberal la dictadura
de churros en remojo?
Pero jamás un churro es carne prieta,
por más que así lo exhiba la editora.
Qué sed saciada canta su poeta.
Un churro en cantimplora.
Ni en chocolate esa churrada pringo.
Es, chorrada, intragable como un leño.
Dado al churro, prefiero el tejeringo
al churro madrileño.
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