miércoles, 2 de diciembre de 2020

POÉTICA OBLIGATORIA

 Capricho en contrapunto.


En la noche

del poema,

cuya quema

por fantoche

el ocaso

consumiera,

el hortera

y el payaso,

colectando

su ceniza,

nos atiza

con su mando

y su ordeno:

“Se prohíbe

al que escribe

que haga bueno

nada, y haga

lo moderno

(un infierno 

que se apaga 

y se agrisa

normativo

-un tiovivo

que da risa,

si no aburre-);

y el poeta

por la jeta

no se curre

nunca el texto:

lo que salga

lo que valga

será: un sexto

seso ralo

me lo explica

-bajo plica-:

que es lo malo

lo que es bello:

que en exilio

domicilio

tenga y sello:

cada canto

que se exulte 

que resulte

feo espanto

por complejo:

si compones

tus canciones, 

su reflejo

no consuene

-siendo soso-

con lo hermoso.”

Que conviene

que sea cutre

y espontáneo

bajo el cráneo

que le nutre

su vacío

con la nada,

en la grada,

donde el río

del trepismo

desemboca.

“Que la boca

de lo mismo

más repita:

que al que tañe

no lo engañe

la marchita

cursi Rosa

de lo antiguo:

no sea ambiguo

y haga prosa”.

Y su ombligo

mire atento,

y ese cuento

-de testigo

de sí- narre,

mera sombra:

bajo alfombra

lo que barre

para adentro:

sucio asunto.

 “Yo no encuentro

contrapunto:

pero el tipo

que lo encuentre

que no entre

con mi equipo

a la gloria

sólo mía”.

La Harmonía,

sólo escoria

obsoleta

ya, es emblema

del Poema

del Poeta.


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