domingo, 1 de noviembre de 2020

ÁNGEL SOCIAL

A Andrés Aguilar, por suscitarme la idea de este poema

 

I. Me ha salido otro bulto en la garganta

que, Ángel Asclepio, imploro no sea grave.

Pero al país, un Cáncer que se sabe

fatal si no se extirpa. Que tu santa

            radioterapia de estropajo lave

el Cuajo de esa Fiera Suripanta

que se lo cataliza, con la manta

rojigualda en la olla: el arquitrabe,

            si no, caerá, aplastándonos. Y sana

a esas testuces que lo ven espejo

de sus egos, y creen ser inmunes

            al mal que nos desea su tirana

alma, que mira en marcha a tal Cangrejo,

para más crímenes por siempre impunes.

 

II. Legisla para el bien un buen gobierno

y la salud de todos, y una secta

pretende que este mal que nos infecta

en vida nos condene a un nuevo infierno

            semejante al de siempre. La directa

popular agresión afloja el perno

del mecano social, para que al cuerno

se vaya el Bien Común, porque proyecta

            recobrar sus inicuos privilegios

antiguos, aún presentes por soborno

y corrupción y crimen. Y los regios

            por la gracia de Dios tiran del Torno

de la Historia hacia atrás con sacrilegios

contra la democracia, y sin bochorno.

 

III. Perdón te impetro, mi Ángel Esculapio,

por haber una vez sido Apolítico.

Apolo me engañó, y dejé mi crítico

espíritu en la Luna, y de morapio

            me hinché, en celebración del cuento mítico

de (in)cierta Transición. Hoy me destapio

el oído, converso en escolapio

de la escuela que pía contra el lítico

            neo-páleo que en la calle invoca el bruto

del Partido Phrankista. Mientras tanto,

el gobierno legisla sus sociales

            ayudas para todos. Y el canuto

sin ni siquiera O nos da su canto

de karate en lujosos arrabales.

 

IV. La ayuda a los más pobres, desposesos

por los favorecidos de Fortuna,

la subida de impuestos a esa tuna

chusma que roba pública, sin sesos

            bastantes para ver que no es la hambruna

ninguna solución, ni que sus quesos

aplasten a su pueblo, por espesos,

apestosos a bota -la laguna

            de la Historia ya océano en su testa-,

cabrea a los cabritos del rebaño

y balan con su estólida protesta.

            Creen que a ellos no les hace daño

el mal que a todos sí. Y están de fiesta

violenta, defendiendo el gran Apaño.

 

V. Apañados estamos, si el apaño

y la trampa es el fin de la política.

Sin política no hay más que mefítica

economía explotadora, y baño

            de sangre por sistema, que raquítica

deja a la mayoría, como antaño

siempre pasó, cuando con fuerte caño

nos barría la hueste sibarítica.

            Que existan los políticos corruptos

no dice mal de democracia alguna,

sino sólo de vuestros elegidos.

            Dejaos ya de tantos exabruptos:

no “todos son iguales”, por fortuna.

No más colaboréis con forajidos.

 

 VI. “Este gobierno es malo”. Porque es bueno

para todos. “El bueno es el que ataca

con miseria a la plebe”. Porque es caca

la pluto-cleptocracia, y con veneno

            abona nuestra Tierra -tal matraca

nos dan los brutos en su desenfreno-.

No quieren que este mundo un  prado ameno

sea, sino un erial, y siga flaca

            la gente que, atracada por la mano

invisible del Capo, necesita

que se invierta en su bien toda la guita

            que produce, y es pueblo soberano.

Y se vuelven fascistas que al tirano

lamen el culo, por si resucita.

 

VII. Si el déspota regresa, mal asunto.

Ya casi regresó con la derecha

que al Capo se vendió, que se aprovecha

si la dejamos suelta. Me pregunto

            como tras de elegir tan mal, se me echa

la gente más a la derecha, a punto

de volver a ese oficio del Difunto

que difuntos nos quiso en tumba estrecha.

            Los defectos de toda democracia

sólo se pueden arreglar con mucha

más democracia, y no con la falacia

            de que es mejor el Mal: si no se lucha

contra el franquismo, vuelve y ¡vaya gracia!

que nos roben la vida tras la hucha.

 

VIII. El facha gruñe y muestra su canino

derecho sin derecho: como un cerdo

busca engordar a costa de ese lerdo

que quiere enflaquecer como un cochino

            sin jamón y paleta. Con su muerdo

amenaza al vecino, y el vecino

consiente su bocado al asesino:

por obviar la mordida, está de acuerdo.

            Me ha vuelto la política un orate,

me dice algún poeta botarate,

terrible idiota que se cree cuerdo.

            Pero si triunfa el nazi nadie a salvo

está de su locura de bivalvo.

Todo por tirria a lo que suene a izquierdo.

 

IX. Sí: me agreden los bultos, pero el bulto

peor es la Apolítica, Cangrejo

que camina hacia atrás con el gracejo

en el culo de grajo, por estulto.

            Creerse inmune por servir al Viejo

Régimen, ya cadáver insepulto,

es propio del fascista y el inculto

político, patán, pendón, pendejo.

            Si manda un dictador, sólo su antojo

decide a quien matar: quizá a un poeta

por célebre, o a un propio en una purga.

            Y tanto el rojo como el anti-rojo.

O el gnomo desahuciado de su seta.

Y el mismo facha que nos da la murga.

 

X. Nunca más dictadores que las leyes

dictan en propio beneficio sólo.

Apolítico sea el dios Apolo,

o las Bellas Durmientes y Popeyes.

            Pero los que vivimos entre un polo

y otro, balados por rabiosas greyes,

políticos seamos, y no bueyes

bajo el yugo tiránico del dolo

            del periodista a sueldo de los Jefes

consentidos por tantos mequeterefes

esclavos en platónica espelunca.

            Quien vota a un dictador es un enano

que piensa con el ojo de su ano.

Más democracia. Dictadura nunca.

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