A Andrés Aguilar, por suscitarme la idea de este poema
I. Me ha salido otro bulto en la garganta
que, Ángel Asclepio, imploro no sea grave.
Pero al país, un Cáncer que se sabe
fatal si no se extirpa. Que tu santa
radioterapia de estropajo lave
el Cuajo de esa Fiera Suripanta
que se lo cataliza, con la manta
rojigualda en la olla: el arquitrabe,
si no, caerá, aplastándonos. Y sana
a esas testuces que lo ven espejo
de sus egos, y creen ser inmunes
al mal que nos desea su tirana
alma, que mira en marcha a tal Cangrejo,
para más crímenes por siempre impunes.
II. Legisla para el bien un buen gobierno
y la salud de todos, y una secta
pretende que este mal que nos infecta
en vida nos condene a un nuevo infierno
semejante al de siempre. La directa
popular agresión afloja el perno
del mecano social, para que al cuerno
se vaya el Bien Común, porque proyecta
recobrar sus inicuos privilegios
antiguos, aún presentes por soborno
y corrupción y crimen. Y los regios
por la gracia de Dios tiran del Torno
de la Historia hacia atrás con sacrilegios
contra la democracia, y sin bochorno.
III. Perdón te impetro, mi Ángel Esculapio,
por haber una vez sido Apolítico.
Apolo me engañó, y dejé mi crítico
espíritu en la Luna, y de morapio
me hinché, en celebración del cuento mítico
de (in)cierta Transición. Hoy me destapio
el oído, converso en escolapio
de la escuela que pía contra el lítico
neo-páleo que en la calle invoca el bruto
del Partido Phrankista. Mientras tanto,
el gobierno legisla sus sociales
ayudas para todos. Y el canuto
sin ni siquiera O nos da su canto
de karate en lujosos arrabales.
IV. La ayuda a los más pobres, desposesos
por los favorecidos de Fortuna,
la subida de impuestos a esa tuna
chusma que roba pública, sin sesos
bastantes para ver que no es la hambruna
ninguna solución, ni que sus quesos
aplasten a su pueblo, por espesos,
apestosos a bota -la laguna
de la Historia ya océano en su testa-,
cabrea a los cabritos del rebaño
y balan con su estólida protesta.
Creen que a ellos no les hace daño
el mal que a todos sí. Y están de fiesta
violenta, defendiendo el gran Apaño.
V. Apañados estamos, si el apaño
y la trampa es el fin de la política.
Sin política no hay más que mefítica
economía explotadora, y baño
de sangre por sistema, que raquítica
deja a la mayoría, como antaño
siempre pasó, cuando con fuerte caño
nos barría la hueste sibarítica.
Que existan los políticos corruptos
no dice mal de democracia alguna,
sino sólo de vuestros elegidos.
Dejaos ya de tantos exabruptos:
no “todos son iguales”, por fortuna.
No más colaboréis con forajidos.
VI. “Este gobierno es malo”. Porque es bueno
para todos. “El bueno es el que ataca
con miseria a la plebe”. Porque es caca
la pluto-cleptocracia, y con veneno
abona nuestra Tierra -tal matraca
nos dan los brutos en su desenfreno-.
No quieren que este mundo un prado ameno
sea, sino un erial, y siga flaca
la gente que, atracada por la mano
invisible del Capo, necesita
que se invierta en su bien toda la guita
que produce, y es pueblo soberano.
Y se vuelven fascistas que al tirano
lamen el culo, por si resucita.
VII. Si el déspota regresa, mal asunto.
Ya casi regresó con la derecha
que al Capo se vendió, que se aprovecha
si la dejamos suelta. Me pregunto
como tras de elegir tan mal, se me echa
la gente más a la derecha, a punto
de volver a ese oficio del Difunto
que difuntos nos quiso en tumba estrecha.
Los defectos de toda democracia
sólo se pueden arreglar con mucha
más democracia, y no con la falacia
de que es mejor el Mal: si no se lucha
contra el franquismo, vuelve y ¡vaya gracia!
que nos roben la vida tras la hucha.
VIII. El facha gruñe y muestra su canino
derecho sin derecho: como un cerdo
busca engordar a costa de ese lerdo
que quiere enflaquecer como un cochino
sin jamón y paleta. Con su muerdo
amenaza al vecino, y el vecino
consiente su bocado al asesino:
por obviar la mordida, está de acuerdo.
Me ha vuelto la política un orate,
me dice algún poeta botarate,
terrible idiota que se cree cuerdo.
Pero si triunfa el nazi nadie a salvo
está de su locura de bivalvo.
Todo por tirria a lo que suene a izquierdo.
IX. Sí: me agreden los bultos, pero el bulto
peor es la Apolítica, Cangrejo
que camina hacia atrás con el gracejo
en el culo de grajo, por estulto.
Creerse inmune por servir al Viejo
Régimen, ya cadáver insepulto,
es propio del fascista y el inculto
político, patán, pendón, pendejo.
Si manda un dictador, sólo su antojo
decide a quien matar: quizá a un poeta
por célebre, o a un propio en una purga.
Y tanto el rojo como el anti-rojo.
O el gnomo desahuciado de su seta.
Y el mismo facha que nos da la murga.
X. Nunca más dictadores que las leyes
dictan en propio beneficio sólo.
Apolítico sea el dios Apolo,
o las Bellas Durmientes y Popeyes.
Pero los que vivimos entre un polo
y otro, balados por rabiosas greyes,
políticos seamos, y no bueyes
bajo el yugo tiránico del dolo
del periodista a sueldo de los Jefes
consentidos por tantos mequeterefes
esclavos en platónica espelunca.
Quien vota a un dictador es un enano
que piensa con el ojo de su ano.
Más democracia. Dictadura nunca.
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