martes, 26 de septiembre de 2023

Ateología, III

 b)        Un poema modista me conmueve
el órgano más íntimo. Mis tripas
retortijones sienten y le llueve
a mi váter su mundo, y es que flipas
            con la manía esta del poema
que cuenta una experiencia, o su recuerdo,
trivial por obvia o, por pamema, mema,
como que mola ibérico el gran Cerdo
            -ídolo del Pepillo, con su triunfo
astuto y trepa que lo vuelve bardo
(se cree) porque, asido al tren o de un Fo-
llón al ascenso en ascensor, petardo
            a la altura lanzado, nunca estalla,
pero destella en medios (espejismo
telemediático de la canalla,
que da más de lo mismo). Da lo mismo
            la verdad, el dolor del semejante,
que él no sufre y, al cabo, qué le importa:
“Eso a mí no me afecta”: qué elefante
que, en su pocilga vítrea, se desnorta.
            ¡Ha vuelto Campoamor -pero sin rimas-
y Campoosorio! a este Camposanto
y ha triunfado en las sórdidas tarimas
de la Universidad. Ay Dios, qué espanto
            si ayudas a medrar hasta tu Pedro
y sus llaves al vacuo de semántica
(o al político ruin que sólo el medro
propio busca en su escala anti-romántica),
            que, si es romántica, es neo-sensiblera
(no anti-neo-libertina), de la plata
a favor, u hojalata que a la vera
va de la vera vara, y da la lata,
            y se pretende oro, y es un baño
sólo de pan endurecido y pocho
de moho y humedad que ablanda hogaño
con mimética facha de Pinocho.
            Siempre apoyas al Tuyo: al Sinvergüenza.
Al honrado deshonras, y en la gloria
vive Ignorado el Diablo que Dios venza
otra vez, por desgracia, con victoria
            del endiosado enano, que entusiasmo
jamás sintió, o endiosamiento, propio
del romántico auténtico, que orgasmo
tiene con Diosa, con su telescopio.
            Y estamos deshonrados los de Ideas
nunca ideológicas, sino Ideales:
Libertad, Igualdad, Justicia, Deas
de nuestra Trinidad, que subnormales
            encuentran feas, segregando al sabio
que las intuye y las predica, excusas
poniendo de vejez en formas -“Fabio,
la esperanzas cortesanas…”-, que usas
            para urgentes, siniestros contenidos
nuevos, o esos de siempre, siempre en falta
de recuperación de los olvidos
del ganador malvado, quien se esmalta
             la historia en propio pro. Góngora estuvo
maldito por retórico, y un genio
fue que aún permanece, y aun lo subo
al merecido cielo, si el proscenio
            lo ocupa un Gil. Ni Lope ni Quevedo
ni Jáuregui supieron verlo. Laso
aún estaba de moda y daba miedo
tratar de superarlo: vaya atraso.
            Después de tanto verso libre y suelto,
volver a las estrofas y a las rimas
mi reto fue y, de pronto, me vi envuelto
de inconsideración. Como me mimas
            como Madre, mi Eco, mi Logía,
Diosa maldita, Diabla -la asonancia
entre los consonantes es mi vía
nueva a Ti (que no nota el Sin-sustancia
            o ve como defecto), yo te invoco,
Trinidad femenina, para el parto
Tuyo de Ti en la Tierra, Tú, Theakoko,
Justicia Solidaria: dame cuarto
            y cuartel contra el Cártel de la droga
que al inocente con hipnosis duerme:
Ya esta bien de esa prosa que está en boga.
Espabila a la gente, y no se amuerme
            nunca más. Y este flujo serventésico
de puro atrevimiento al fin entienda.
Que dejen ese pimple de anestésico.
Y que mala se acabe la jodienda.

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