El Ser es el Sentido que damos al Absurdo.
El Poder, esa carga que te manca del ala
de zurdo (si, en el aire, al cantarlo, te aturdo,
es que no ves que es bulo lo que el medio propala).
La verdad está fuera
del mundo en el que habitas.
Si sales, te aproximas: abandona ya el nido.
En esa madriguera nada tiene sentido.
Si subes, más ahondas en simas infinitas.
Una energía oscura nos dota para el vuelo.
Inacabable el viaje a la verdad nos mata
(pero quedarte en casa sin salir del subsuelo
es querer ser, por rata, crïatura nonata).
Se nace a la conciencia y, en la propia
interfase
entre Aquello y la misma, comparécese el Seso.
La Cosa-en-Sí incaptable te capta con su peso:
de gravedad es Cosa que te muestra la Base,
aguantando presiones inherentes al fuste,
sostén de tu frontón que pone de relieve
el rollo interesado del patrón más aleve:
la versión de unos hechos que deforma su embuste.
Te invita a ser
liviano y olvidar lo más grave:
que te aplasta su peso, mientras sigues enjuto,
para que más tu azada, aun si no cabe, cave
tu zanja, y él se quede tu fruto y tributo.
Si miras su reverso, lo que siempre se hizo
verás: antes los púlpitos como ahora los medios
embaucan a los medios de talento plomizo:
la media de los medios medida por promedios
tiene que ser mediocre, y es normal que rehúya
las singularidades, porque sólo comprende
su amétrica medida estadística, cuya
verdad sólo revela el valor que más vende
(y en ellas nacen cosmos, el nuestro verbigracia,
que una energía oscura condena a muerte térmica.
Mientras la muerte llega, tengamos esta Audacia
de Saber, que predico, aunque en cáscara dérmica
robote, paquidérmica, el mensaje que envío:
el Cosmos, acreciendo todo espacio, se expande:
parece como un cráneo que, al crecer, más vacío
se va quedando solo por hacerse más grande).
La culpa es de los media que son de Plutón Capo,
vendida por negocio y hacer la vida útil
para el medro obsesivo, aun sabiendo que es fútil
vender el alma al Diablo para verse más guapo).
Para estos 4 días, ¿no será de provecho
mayor investigar lo real que se escapa,
y con su fuga hacer un concierto en el pecho
con el Ser de las Cosas, el que nunca se atrapa,
en un cósmico vuelo a la hermosa justicia
verdadera, objetivo de una caza sin daño
que la baje a este mundo, y así ver si se inicia
un bello antropoceno y bueno y sin engaño?
Pues no: mejor asirte, en vez de al sabio mito
que navega la ciencia y el arte filosófica,
a tu eslabón mediano de la cadena trófica.
En vez de liberarte hacia el Aquello, infinito.