jueves, 17 de febrero de 2022

POÉTICA POR LIBRE

A Julia Uceda, con crítica admiración

 

La poësía es como dios: no existe,

salvo en los versos o el estilo, el seso

que crea la mirada en el proceso

mental de la contemplación, el triste

            dolor ante el ajeno o en el chiste

de su divina gracia, y vuelve el beso

húmedo al ojo amante del poseso,

y lleva a Serendipia su despiste.

            Hallazgo es de una búsqueda que empieza

con interrogación en la cabeza

de dios, que inventa, y que por ciencia infusa

            ofrece su respuesta más secreta:

“¿Soy yo, dios, musa, quien creó al poeta?”

No: el poeta es quien crea a dios, que es musa.

 

La poësía es como dios: invento

de un logos moldeado por la lucha

de Jacob con Él, ángel, verbo: achucha,

que si lo vences como aquél, hay cuento

            y canto; lo demás es fraudulento

timo de bajo estilo de pachucha

pereza del inhábil que se embucha

la recompensa del Establismento.

            ¿Que el verso no es poesía? El verso malo,

no, desde luego. Pero el bueno, ralo

por desgracia, en olvido, es otra historia:

            la del futuro que nos salva de hoÿ

en que todo es prosilla con convoÿ

de acentos al tuntún, sin oratoria.

 

El verso no es poesía: es forma sólo.

Sin forma sólo hay caos, y en el caos

sin forma, no hay poesía. Cielos blaos

hay porque admiras desde un bajo polo

            la altura de la luz, que el dios Apolo

tiñe de ese color cuando los vahos

del mar crean los aires, y en saraos

festivos negros son como su colo.

            El verso sólo es forma, no es poesía.

Pero la forma la produce; y hace

del caos cosmos, antes en desguace

            como una inmóvil, muerta algarabía.

El caos tiende al orden: si- hay metría

rota en la transición del desenlace.

 

El verso no es poesía. Mas sin verso

no hay poesía o sin figura o tropo

y recursos demás. Si no me dopo

con versos, dios no crea el universo

            y extra-cósmico queda, como, inverso

el tiempo, el bigbang luce, o me lo topo

hurgando en la teoría como un topo

más allá de la física, allí inmerso:

            La Singularidad -volumen cero.

energía infinita- ley ninguna

acepta, ni la física. Y existe.

            Libertad absoluta es caos. Quiero

la libertad en grados. Si hay fortuna,

con versos seré el dios que a sí se asiste.

 

El verso no es poesía, pero en dioses

convierte a quienes usan versos ciertos.

Sí, los dioses no existen, ni conciertos

sin músicos. Las pautas en poses

            tu corazón, cual ellos tañen toses

convertidas en psique en los despiertos.

Y estáis dormidos: en la norma injertos.

Y tú con versos la poesía coses

            y confeccionas técnico, la diosa

que no existe sin ti en ninguna cosa

material no mirada, y pones alma

            en todas, recreándolas divinas.

El verso apunta a dios desde la minas

de donde extraigo el oro que lo empalma.

 

Dios existe en la música. Y el verso

(converso con don Ángel), si es artístico

y filosófico y realista místico

que mira la completa -y está inmerso

            en ella- realidad que lo disperso

que no podemos ver acoge en dístico

esa cosmovisión del cabalístico

astrofísico que habla de ese terso

            super-bordón del quantum que genera

partículas de ondas diferentes:

ladrillos de materia: son sus fuentes

            que -stravinskas- consagran primavera:

ondula o canta un campo y fuera

de donde habita dios si, oyendo, sientes.

 

Pero en el mundo dios no está, y el daño

caótico, inharmónico, sin formas

protagoniza su maldad, y formas

un grupo opositor por ermitaño

            solidario, y te odian y el escaño

te roban, porque, vulgo, te conformas

con los sin ley, porque jamás te informas

de la verdad real, sí con el caño

            mediático de embustes. Malas formas

son esas de vivir amando informes

desinformantes con que te deformas.

            Sin formas se convierten los enormes

males en meras subnormales normas.

Y tontos son sus Lázaros de Tormes.

 

Os mata de hambre el ciego al que servicio

prestáis, y les sois fieles. Se hace Pluto,

funesto dios del Hades absoluto,

o Dis, Rico en latín, que por ser vicio

            morirse, lo adoráis, y a mí de quicio

me sacáis, pero planto mi canuto

y hago la O, o el 0, y ya el esputo

de psico-tisis sufro del patricio.

            La clase superior me echa de clase

porque aprendí con clase la cartilla.

Y valga la anterior antanaclasis.

            Si me la ignoras, fuera estás de fase

con la cruel realidad, y así tu chasis

no quieres arreglar, como en Castilla.

 

Os dan igual las formas y la leÿ

que inobserva el corrupto para propia

ganancia con el robo de la copia

pública vuestra. Y el poeta en greÿ

            prosillea el rüido y, como un bueÿ

bajo yugo, obedece acá en su inopia

el semi caos del patrón que copia

del que le dicta el cómo, y es su reÿ.

            “Has usado estas rimas muchas veces”.

Como memoria, historia y gloria el viejo.

“Y ¿no eres viejo tú?” Soy el espejo

            que invierte las imágenes con creces.

Moderno en forma, tu sentido añejo

vinagre es para el gusto de los jueces.

 

Hoy el juez ya no juzga: prevarica.

Es del partido carca, o es sociata.

Y en los concursos un jurado rata

de cloaca vendido te fornica

             y vïola: te veta. Porque pica

tu verso en lo más alto, y por acrata

(metaplasmo de acento) se te mata

con salvas, aunque luego te replica.

            Sin las reglas la lengua se desata

y larga necedades: disparata

diciendo la obviedad que nada explica

            bajo el sol nuevo y menos significa.

Tu psique nunca fue tan timorata.

No sirves al camello que os trafica.


Debo de ser un sabio: me equivoco,

reconozco el error y rectifico.

Sólo una vez le di mi voto al Rico,

y ya no he vuelto a hacerlo: no estoy loco

            ni soy un tonto: al menos, cuando choco

con algún sinvergüenza, lo predico,

y no sufro de palos de borrico

por vocación tozuda, y me desboco,

            purasangre mesteño, si la brida

me ponen y el bocado se me saca

de la boca. Soy dueño de mi vida,

            y no soy manso cuando se me atraca.

Aman muchos a aquél que los machaca.

Qué pasa en la Meseta del Suicida.


Qué pasa en la península, en que el hueco

resuena por poeta, y se laurea.

Cómo se premia al que no tiene idea,

y obedece a sus hilos de muñeco

            que maneja el patrón, siendo sü eco,

y se desprecia al que las tiene y crea.

Cómo se adora al que de nada lea

que no sea lo suyo, qué embeleco

            es éste, quién habrá que se lo crea,

si, cultivando el cráneo, no está seco,

y la acequia lo riega y lo permea.

            Con mi justa medida, cómo peco.

Cómo tanto español se me hace el sueco

y, cuando lo denuncio, se cabrea.



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