sábado, 12 de febrero de 2022

ALARMA CONTRA-INCULTURISTA

I. Me temo que, mirando lo que pasa

por todas partes, bruta la incultura

de la lectura fácil, de escritura

fácil también, me encerrará en mi casa

            solitario y cegado, si la brasa

no se atiza del verso y la censura

del poeta normal a la más dura

literatura y pura pone tasa.

            La cultura se acaba. No la veo

en mi redor, y entonces me cabreo

como un demonio autista en aquelarre.

            La Inquisición de lo Vulgar y Feo

barrerá la belleza, como barre

un juez injusto al inocente reo.

 

II. Prohíbase el ingenio, el ritmo, el vuelo

a cualquier ideal, y que el granuja

se quede con el triunfo por que puja

a costa del poema, rompa el celo

            y el arco y la batuta, y tome el pelo

al inocente, y lo desbrave, y cruja

al que lo borda con sutil aguja,

lo tire por la borda y pruebe el suelo,

            que por corrientes ya no fluyen aguas:

han encallado todas la piraguas,

porque la nao se la embucha toda,

            y ya no se navega a parte alguna

y en el sitio quedamos sin fortuna,

porque no pasa efímera esta moda.

 

III. Yo denuncio al Sistema por inculto

o más bien promotor de la incultura.

No el poeta otra cosa que basura

sabe hacer ya, y el verso escurre el bulto

            en su canción en prosa con figura

omisa literaria: ya sepulto

se ha quedado el talento, y sólo el vulto

(sic, con uve: cultismo) tiene altura.

            Por si no se ha mirado el diccionario,

diré que vulto es jeta: en el de Oro

Siglo se usó, y más otros latinismos,

            usados hoy en el hablar diario,

y ya lo raudo es rápido de coro,

que aurearon la lengua con los mismos.

             

IIII. Antes de las vanguardias y el moderno

verso libre, el poeta conocía

lo necesario para hacer poesía:

estudiaba en el trivio el ritmo alterno

            de la rima y el metro, y el gobierno

de la lengua, o gramática, y sabía

el recurso del rétor, y harmonía;

y ahora le pone un cuerno y otro cuerno

            a tal educación, y la desprecia,

lo mismo que el palurdo a cuanto ignora.

Sü alma, en que no cree, es la señora

            de la planicie de su prosa necia.

De ideas sufre interna su alopecia

Y llama novedad a su deshora.

 

V. Sufre aleoncia y ayepesia: gilia.

Y arrrubenia, analdania y aquevedia.

Su cultura se queda en wikipedia

y sólo le interesa su familia

            y mafias semejantes, se inconcilia

con todo lo demás y de los media

se traga la mentira y su comedia

llega a creer que es trágica, y me exilia.

            Porque Dios se murió, y eso lo sabe

hasta el más ignorante que en la nave

navega sin el arte de la brújula.

            Pedantes llama a los doctores sabios.

Y tonterías salen de sus labios.

Y no sabe rimar maldita esdrújula.

 

VI. Mas sobre todo sufre de agongoria:

no entiende el culto ni con larga ayuda

de Alonso o Jammes, y sabe de Cernuda

y Gil y para, o no, porque a su noria

            seca da vueltas libre, y achicoria

se toma por café y la canta ruda,

y su mente es igual que dijo el Buda

idéntica al vacío, y sin escoria

            o pecios culturales: no su buche

con técnico saber llenó: espontáneo

es lo que sale de su hueco cráneo.

            Nunca será que su lenguaje achuche

para exprimirlo o le modele y luche,

porque su metro es sólo el subterráneo.

 

VII. Si no se mete nada en la caverna,

permanece vacía, y sólo sombras

se ven, y si las nombras, nada nombras,

aun alumbrándolas con cruel linterna.

            Si no investigas el misterio eterna-

mente será misterio. No te asombras

de lo que nunca ves, si te acogombras

y te echas tierra encima, y pierdes pierna

            y te ahogas, que nunca tocas fondo.

Como no me preguntas, no respondo:

no quieres aprender, y perseveras

            en tu error. Y confundes con pedantes

a los sabios. Maestros, ni Cervantes.

Dices que sólo sé insultar. ¿De veras?

 

VIII. Cada cual hace lo que puede y sabe.

Si sabes hacer más, ¿por qué hacer menos?

Yo al menos puedo hacer sonetos buenos.

Por qué no ha de volar, si sabe, el ave.

            Si la estrofa te puede o no te cabe

en sus versos la frase, y bosan llenos

en exceso de sílabas y ajenos

al acento, tu pena aguda es grave.

            Busca metros más fáciles, no rimes,

o date al verso libre, mas no digas

que es difícil lo fácil, y sublimes

            bodrios escribe a tu manera sosa.

O, sin ponerte metas enemigas,

no lo escribas, poeta, y calla en prosa.

 

IX. En la lengua de Góngora y Quevedo

hoy se escriben versillos de falsete.

No se sopla ni flauta ni soplete.

Y suena a silbo de privado pedo.

            En el reino del santo Recaredo

solo liga Rodrigo, el Matasiete.

Su galera pilota el fan grumete.

Y en las conciencias, loros que dan miedo.

            Puesto que sé remar me voy en bote.

El remo será ritmo, no el chicote

del cómitre oficial que el bacalao

            parte y reparte. Palos doy al agua

con trabajo de versos en mi fragua.

A mí sus coces no me dejan K.O.

 

X. Pero confieso que le tengo envidia.

Envidio su laurel -en escabeche.

Envidio su poder -y mala leche.

Su inteligencia -astuta y, más su insidia,

            su egoísmo y soberbia y su perfidia,

y envidio su ruindad: como lo aceche

y sobre él caiga, mucho le aproveche

lo que al toro le espera a fin de lidia.

            Y envidio su incultura, y más envidio

no su desfachatez, que tiene facha,

socio que medra, como zorro, ofidio

            y gato, de esta pobre cucaracha

que tributa pagándole el subsidio.

Y no quiere izquierdistas en su dacha.

           

XI. Ganarás muchos premios: se asemeja

tu estilo a ése del que gana tanto.

Y es rey de la república del Canto

sin Cantón. Su silencio al Otro veja,

            y bajo cuerda frena toda queja

ante tanta injusticia de su Santo

Patrón de capital que al de Lepanto

a posta ignora en su Castilla vieja.

            “Habla en cristiano”, dice al culterano:

“qué te pasa en la boca”: y es muy clara

la tuya, como un cuesco de sü ano.

            Imita a los Maestros. Con su vara

mide tus versos, y no seas majara.

No te quieras escoria del Tirano.

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