I. Me temo que, mirando lo que pasa
por todas partes, bruta la incultura
de la lectura fácil, de escritura
fácil también, me encerrará en mi casa
solitario y cegado, si la brasa
no se atiza del verso y la censura
del poeta normal a la más dura
literatura y pura pone tasa.
La cultura se acaba. No la veo
en mi redor, y entonces me cabreo
como un demonio autista en aquelarre.
La Inquisición de lo Vulgar y Feo
barrerá la belleza, como barre
un juez injusto al inocente reo.
II. Prohíbase el ingenio, el ritmo, el vuelo
a cualquier ideal, y que el granuja
se quede con el triunfo por que puja
a costa del poema, rompa el celo
y el arco y la batuta, y tome el pelo
al inocente, y lo desbrave, y cruja
al que lo borda con sutil aguja,
lo tire por la borda y pruebe el suelo,
que por corrientes ya no fluyen aguas:
han encallado todas la piraguas,
porque la nao se la embucha toda,
y ya no se navega a parte alguna
y en el sitio quedamos sin fortuna,
porque no pasa efímera esta moda.
III. Yo denuncio al Sistema por inculto
o más bien promotor de la incultura.
No el poeta otra cosa que basura
sabe hacer ya, y el verso escurre el bulto
en su canción en prosa con figura
omisa literaria: ya sepulto
se ha quedado el talento, y sólo el vulto
(sic, con uve: cultismo) tiene altura.
Por si no se ha mirado el diccionario,
diré que vulto es jeta: en el de Oro
Siglo se usó, y más otros latinismos,
usados hoy en el hablar diario,
y ya lo raudo es rápido de coro,
que aurearon la lengua con los mismos.
IIII. Antes de las vanguardias y el moderno
verso libre, el poeta conocía
lo necesario para hacer poesía:
estudiaba en el trivio el ritmo alterno
de la rima y el metro, y el gobierno
de la lengua, o gramática, y sabía
el recurso del rétor, y harmonía;
y ahora le pone un cuerno y otro cuerno
a tal educación, y la desprecia,
lo mismo que el palurdo a cuanto ignora.
Sü alma, en que no cree, es la señora
de la planicie de su prosa necia.
De ideas sufre interna su alopecia
Y llama novedad a su deshora.
V. Sufre aleoncia y ayepesia: gilia.
Y arrrubenia, analdania y aquevedia.
Su cultura se queda en wikipedia
y sólo le interesa su familia
y mafias semejantes, se inconcilia
con todo lo demás y de los media
se traga la mentira y su comedia
llega a creer que es trágica, y me exilia.
Porque Dios se murió, y eso lo sabe
hasta el más ignorante que en la nave
navega sin el arte de la brújula.
Pedantes llama a los doctores sabios.
Y tonterías salen de sus labios.
Y no sabe rimar maldita esdrújula.
VI. Mas sobre todo sufre de agongoria:
no entiende el culto ni con larga ayuda
de Alonso o Jammes, y sabe de Cernuda
y Gil y para, o no, porque a su noria
seca da vueltas libre, y achicoria
se toma por café y la canta ruda,
y su mente es igual que dijo el Buda
idéntica al vacío, y sin escoria
o pecios culturales: no su buche
con técnico saber llenó: espontáneo
es lo que sale de su hueco cráneo.
Nunca será que su lenguaje achuche
para exprimirlo o le modele y luche,
porque su metro es sólo el subterráneo.
VII. Si no se mete nada en la caverna,
permanece vacía, y sólo sombras
se ven, y si las nombras, nada nombras,
aun alumbrándolas con cruel linterna.
Si no investigas el misterio eterna-
mente será misterio. No te asombras
de lo que nunca ves, si te acogombras
y te echas tierra encima, y pierdes pierna
y te ahogas, que nunca tocas fondo.
Como no me preguntas, no respondo:
no quieres aprender, y perseveras
en tu error. Y confundes con pedantes
a los sabios. Maestros, ni Cervantes.
Dices que sólo sé insultar. ¿De veras?
VIII. Cada cual hace lo que puede y sabe.
Si sabes hacer más, ¿por qué hacer menos?
Yo al menos puedo hacer sonetos buenos.
Por qué no ha de volar, si sabe, el ave.
Si la estrofa te puede o no te cabe
en sus versos la frase, y bosan llenos
en exceso de sílabas y ajenos
al acento, tu pena aguda es grave.
Busca metros más fáciles, no rimes,
o date al verso libre, mas no digas
que es difícil lo fácil, y sublimes
bodrios escribe a tu manera sosa.
O, sin ponerte metas enemigas,
no lo escribas, poeta, y calla en prosa.
IX. En la lengua de Góngora y Quevedo
hoy se escriben versillos de falsete.
No se sopla ni flauta ni soplete.
Y suena a silbo de privado pedo.
En el reino del santo Recaredo
solo liga Rodrigo, el Matasiete.
Su galera pilota el fan grumete.
Y en las conciencias, loros que dan miedo.
Puesto que sé remar me voy en bote.
El remo será ritmo, no el chicote
del cómitre oficial que el bacalao
parte y reparte. Palos doy al agua
con trabajo de versos en mi fragua.
A mí sus coces no me dejan K.O.
X. Pero confieso que le tengo envidia.
Envidio su laurel -en escabeche.
Envidio su poder -y mala leche.
Su inteligencia -astuta y, más su insidia,
su egoísmo y soberbia y su perfidia,
y envidio su ruindad: como lo aceche
y sobre él caiga, mucho le aproveche
lo que al toro le espera a fin de lidia.
Y envidio su incultura, y más envidio
no su desfachatez, que tiene facha,
socio que medra, como zorro, ofidio
y gato, de esta pobre cucaracha
que tributa pagándole el subsidio.
Y no quiere izquierdistas en su dacha.
XI. Ganarás muchos premios: se asemeja
tu estilo a ése del que gana tanto.
Y es rey de la república del Canto
sin Cantón. Su silencio al Otro veja,
y bajo cuerda frena toda queja
ante tanta injusticia de su Santo
Patrón de capital que al de Lepanto
a posta ignora en su Castilla vieja.
“Habla en cristiano”, dice al culterano:
“qué te pasa en la boca”: y es muy clara
la tuya, como un cuesco de sü ano.
Imita a los Maestros. Con su vara
mide tus versos, y no seas majara.
No te quieras escoria del Tirano.
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