A Julia Uceda, con crítica admiración
La poësía es como dios: no existe,
salvo en los versos o el estilo, el seso
que crea la mirada en el proceso
mental de la contemplación, el triste
dolor ante el ajeno o en el chiste
de su divina gracia, y vuelve el beso
húmedo al ojo amante del poseso,
y lleva a Serendipia su despiste.
Hallazgo es de una búsqueda que empieza
con interrogación en la cabeza
de dios, que inventa, y que por ciencia infusa
ofrece su respuesta más secreta:
“¿Soy yo, dios, musa, quien creó al poeta?”
No: el poeta es quien
crea a dios, que es musa.
La poësía es como dios: invento
de un logos moldeado por la lucha
de Jacob con Él, ángel, verbo: achucha,
que si lo vences como aquél, hay cuento
y canto; lo demás es fraudulento
timo de bajo estilo de pachucha
pereza del inhábil que se embucha
la recompensa del Establismento.
¿Que el verso no es poesía? El verso malo,
no, desde luego. Pero el bueno, ralo
por desgracia, en olvido, es otra historia:
la del futuro que nos salva de hoÿ
en que todo es prosilla con convoÿ
de acentos al tuntún, sin oratoria.
El verso no es poesía: es forma sólo.
Sin forma sólo hay caos, y en el caos
sin forma, no hay poesía. Cielos blaos
hay porque admiras desde un bajo polo
la altura de la luz, que el dios Apolo
tiñe de ese color cuando los vahos
del mar crean los aires, y en saraos
festivos negros son como su colo.
El verso sólo es forma, no es
poesía.
Pero la forma la produce; y hace
del caos cosmos, antes en desguace
como una inmóvil, muerta algarabía.
El caos tiende al orden: si- hay metría
rota en la transición del desenlace.
El verso no es poesía. Mas sin verso
no hay poesía o sin figura o tropo
y recursos demás. Si no me dopo
con versos, dios no crea el universo
y extra-cósmico queda, como, inverso
el tiempo, el bigbang luce, o me lo topo
hurgando en la teoría como un topo
más allá de la física, allí inmerso:
La Singularidad -volumen cero.
energía infinita- ley ninguna
acepta, ni la física. Y existe.
Libertad absoluta es caos. Quiero
la libertad en grados. Si hay fortuna,
con versos seré el dios que a sí se asiste.
El verso no es poesía, pero en dioses
convierte a quienes usan versos ciertos.
Sí, los dioses no existen, ni conciertos
sin músicos. Las pautas en poses
tu corazón, cual ellos tañen toses
convertidas en psique en los despiertos.
Y estáis dormidos: en la norma injertos.
Y tú con versos la poesía coses
y confeccionas técnico, la diosa
que no existe sin ti en ninguna cosa
material no mirada, y pones alma
en todas, recreándolas divinas.
El verso apunta a dios desde la minas
de donde extraigo el oro que lo empalma.
Dios existe en la música. Y el verso
(converso con don Ángel), si es artístico
y filosófico y realista místico
que mira la completa -y está inmerso
en ella- realidad que lo disperso
que no podemos ver acoge en dístico
esa cosmovisión del cabalístico
astrofísico que habla de ese terso
super-bordón del quantum que genera
partículas de ondas diferentes:
ladrillos de materia: son sus fuentes
que -stravinskas- consagran primavera:
ondula o canta un campo y fuera
de donde habita dios si, oyendo, sientes.
Pero en el mundo dios no está, y el daño
caótico, inharmónico, sin formas
protagoniza su maldad, y formas
un grupo opositor por ermitaño
solidario, y te odian y el escaño
te roban, porque, vulgo, te conformas
con los sin ley, porque jamás te informas
de la verdad real, sí con el caño
mediático de embustes. Malas formas
son esas de vivir amando informes
desinformantes con que te deformas.
Sin formas se convierten los enormes
males en meras subnormales normas.
Y tontos son sus Lázaros de Tormes.
Os mata de hambre el ciego al que servicio
prestáis, y les sois fieles. Se hace Pluto,
funesto dios del Hades absoluto,
o Dis, Rico en latín, que por ser vicio
morirse, lo adoráis, y a mí de quicio
me sacáis, pero planto mi canuto
y hago la O, o el 0, y ya el esputo
de psico-tisis sufro del patricio.
La clase superior me echa de clase
porque aprendí con clase la cartilla.
Y valga la anterior antanaclasis.
Si me la ignoras, fuera estás de fase
con la cruel realidad, y así tu chasis
no quieres arreglar, como en Castilla.
Os dan igual las formas y la leÿ
que inobserva el corrupto para propia
ganancia con el robo de la copia
pública vuestra. Y el poeta en greÿ
prosillea el rüido y, como un bueÿ
bajo yugo, obedece acá en su inopia
el semi caos del patrón que copia
del que le dicta el cómo, y es su reÿ.
“Has usado estas rimas muchas veces”.
Como memoria, historia y gloria el viejo.
“Y ¿no eres viejo tú?” Soy el espejo
que invierte las imágenes con creces.
Moderno en forma, tu sentido añejo
vinagre es para el gusto de los jueces.
Hoy el juez ya no juzga: prevarica.
Es del partido carca, o es sociata.
Y en los concursos un jurado rata
de cloaca vendido te fornica
y vïola: te veta. Porque pica
tu verso en lo más alto, y por acrata
(metaplasmo de acento) se te mata
con salvas, aunque luego te replica.
Sin las reglas la lengua se desata
y larga necedades: disparata
diciendo la obviedad que nada explica
bajo el sol nuevo y menos significa.
Tu psique nunca fue tan timorata.
No sirves al camello que os trafica.
Debo de ser un sabio: me equivoco,
reconozco el error y rectifico.
Sólo una vez le di mi voto al Rico,
y ya no he vuelto a hacerlo: no estoy loco
ni soy un tonto: al menos, cuando choco
con algún sinvergüenza, lo predico,
y no sufro de palos de borrico
por vocación tozuda, y me desboco,
purasangre mesteño, si la brida
me ponen y el bocado se me saca
de la boca. Soy dueño de mi vida,
y no soy manso cuando se me atraca.
Aman muchos a aquél que los machaca.
Qué pasa en la Meseta del Suicida.
Qué pasa en la península, en que el hueco
resuena por poeta, y se laurea.
Cómo se premia al que no tiene idea,
y obedece a sus hilos de muñeco
que maneja el patrón, siendo sü eco,
y se desprecia al que las tiene y crea.
Cómo se adora al que de nada lea
que no sea lo suyo, qué embeleco
es éste, quién habrá que se lo crea,
si, cultivando el cráneo, no está seco,
y la acequia lo riega y lo permea.
Con mi justa medida, cómo peco.
Cómo tanto español se me hace el sueco
y, cuando lo denuncio, se cabrea.