Al margen de Marija Djimbutas: Diosas y Dioses de la Vieja Europa.
A Luis Martínez de Merlo, traductor del Maestro, y a José Mª Prieto, por su consejo poético..
La Nature est un temple où de vivants piliers
Laissent parfois sortir de confuses paroles;
L’homme y passe à travers des forêts de symboles
Qui l’observent avec des regards familiers.
Baudelaire
Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra
Calderón
Ese buite voraz de ceño torvo
que me devora la entrañas fiero (…)
el hambre atroz que nunca se le acaba.
Unamuno
Procedente del Páleo en el Neolítico
se dio culto a una gran Diosa Serpiente
que también era Pájara y Corriente
de Agua (nos lo cuenta el analítico
estudio de Gimbutas, catalítico
de una nueva visión que la Sapiente
Fémina nos legó de la Prehistoria):
Corrientes y serpientes son propicias
a su unión en metáfora y, si inicias
la Vía Música de la Memoria,
su Madre, y te deshaces de la escoria
de la actüal proesía, las delicias
recuperando de ese ciprio cobre
de la antigua Belleza -el analógico
genio de Baudelaire, y paradójico-
no escribirás de nuevo como un pobre
poetastro sin recursos, ni aunque cobre
tu alma independiente el demagógico
palo del Amo Ruin: el culto antiguo,
arte poética oral, te da su ejemplo:
las aves y la lluvia dan al templo,
por metonimia con el cielo, ambiguo
sentido que enriquece lo que exiguo
han vuelto: su Alma Sacra, que contemplo
en su Bosque de Símbolos: Natura
con sus fustes y fronda, en que venera
Rimbaud a Venus, de la primavera
Deidad y la creación. Y de la altura
te invita a re-crear literatura
pura en su esencia originaria, que era,
antes de la escritura y de la letra,
fuente de lo sagrado: del respeto
a lo que vive, a todo; y ese reto
gustoso mi alma que lo arrostre impetra,
con ayuda de metro como obstetra
que me ponga a parir un alfabeto
de cábalas: los Dioses, que no existen,
son en el inconsciente colectivo
arquetipos fundados en el vivo
retrato de este Cosmos, y resisten
el ataque de Caco, y se revisten
los mundos con su encanto, leit-motivo
histórico. Te imploro, madre Pájara,
que lates en mi fondo, aunque lo ignore,
que, volviendo del Hades como Kore,
ilumines de flores este Sájara
mundial y de astros, y lo vuelvas guájara
y valle, y selva tropical, y llore
tu Lluvia desde el Ave de que mana
y corre, aunque es de noche, tu Justicia
que iguala y hace libres -de estulticia
también- y, desde el Árbol, la Manzana
nos ofrezca tu Sierpe anti-tirana
y seamos rebeldes en milicia
republicana voluntaria y soli-
daria con todo el mundo; porque hay Voces
amenazantes que te niegan, y hoces
y martillos no quedan, sólo poli
política, del gusto del panoli
popular de rebuznos y de coces.
También te ruego, Amor -que las estrellas
y el sol mueve en mi pecho y la galaxia-,
un báculo, ortopedia, profilaxia
para la senectud que deja huellas
en el seso indelebles y hace mellas
en el cuerpo, y tu Luz; y tu ataraxia.
Pedírtelo es lo mismo que a mí mismo
pedírmelo, y al mundo que me escuche
si lo publico, o público, y que luche
contra el engaño universal, cinismo
del Monstruo -contra el cual el simbolismo
sólo es potente- y su caníbal buche.
Porque si la consigna no es sagrada,
sin la Equidad, que iguala, como place
a la metáfora, viene el desguace,
o como metonimia, con su espada,
la solidaridad del camarada
y toda libertad corta y deshace.
Y no hay felicidad, sólo latría
del Ego que se forra y se atiborra
de lo ajeno, y presume como zorra
alhajada, además. Ave -María-,
que retorne tu culto de dulía,
-y deje de robarnos la Camorra
del Amo Predador-, o Nefertiti,
y, vuelto el Homo femenino, Madre,
dejemos de atacarnos, y que cuadre
el círculo virtual, que allá en WallStreet y
germano el Bundesbank de la gran Titi
tiene sus tronos, y que nunca ladre
más ningún cancerbero ni nos gruña
por intentar hüír de los infiernos,
o por ser fraternales al habernos
entendido con esta Cataluña
y aquella Venezuela, y zarpa y uña
retracte, y los caninos, y los cuernos,
excepto aquél de la Abundacia: parta
tu mano por igual toda la misma,
que dejen ya las crismas el sofisma
de la bondad plutócrata, que harta
está ya de arruinarnos, y la Carta
Magna humana nos lleve en tu melisma,
que para eso la creamos todos
y se la embolsa mínima una parte,
inválida sinécdoque, sin arte
ni simetría, con sus malos modos:
que dejen de invadirnos ya los godos,
normandos y califas, y a otra parte
se vayan con su ruido. Porque grava
esa Graja y te grazna y esa Bicha,
que no te representan, por desdicha,
es de hambre voraz que no se acaba,
porque es su gravedad de buitre y pava
y su erecta serpiente nos espicha.
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