sábado, 26 de septiembre de 2020

PLAQUETTE DEL PEPETE

Poéticas de ocasión 

    Para ser gongorino no hace falta

ser culterano. Pero culterano

soy cuando quiero y si me viene a mano

y tengo ganas. Pero cuando asalta

            una pava tirana a un pueblo sano

antes de su gestión, o dado de alta,

ya de baja otra vez, y mal peralta

esa curva cerrada de su plano,

            para caída de humilde en pleno,

la desesperación no pisa el freno

y echo mano a la alquimia de la estrofa.

            Y mi angustia se ríe con su trueno,

y del las burras hace escarnio y mofa.

“Y sólo de su Gong queda el veneno”.

 

Soneto de amor iluso

    Al rudo son de mi cortés bandurria

que te entona esta suave serenata,

ratón enamorado de mi Rata

me haces sufrir una soberbia angurria.

            Porque sabiendo de tu mamandurria

con que mamas del pueblo que te acata

y te vota, y protesta ahora, en pata

de patera tornado, mucha murria

            me da la fe -que pareció mentira-

en que habría ya paz igualitaria,

gracias a ti, con libertad sin ira.

            Y ahora te ensañas con el pobre paria,

que mentira patente de corsaria

eras, pendón de franca y de vampira.

 

A Ntra. Sra. de la Transición    

    Ave maría de las esperanzas,

madre del Redentor que en mala hora

nos traicionó, y te ampara, mi Señora,

que te ríes del pueblo con tus chanzas:

            deja ya de llenar las gordas panzas

de tus compartidarios y mejora

la salud de tu pueblo, violadora

de sus derechos y con sus holganzas

            obligatorias, por despido libre

y demás atropellos a los muchos,

trucha amadora de tus -pocos- truchos.

            No corras a las porras de calibre

ni abras las patas a rabiosos Chuchos.

Y deja la Balanza, y se equilibre.

 

¡Abajo!

    Por mantener injustos privilegios

la derecha se pirra; y va la plebe

y la vota, que teme, por percebe,

al comunismo, y los bolsillos regios

            defiende, aunque le roben. Si se mueve

arrepentida y rabia, los egregios

a la grey apalean. En colegios

electorales piense -mientras llueve

            el diluvio de palos- y en el uso

que tienen, y en las próximas apunte

a su enemigo cierto, el del abuso

            de la violencia sin porqué, y no unte

con su voto a esa déspota, y pregunte,

si no sabe, al que sabe, qué es Ayuso.

 

La emisaria del mal

     ¿Por qué servir al Mal en beneficio

de 4 gatos gordos, si se puede

servir al Bien Común? ¿Te es tan propicio

el gran Cabrón del aquelarre -hiede

            a infierno- que produces estropicio

a tu pueblo, inocente? -si se cede

en que una vez ya me sacó de quicio,

por entregarse a ti. Maldita sede

            la tuya, que un infierno das al mundo,

y ¡aspiras al gobierno del Estado!

¿Por qué me abandonaste, ¡por Casado!?

            y ¡su Maestro, Satanás inmundo!

El Rey de la Mentira te ha enseñado.

Y machacas a un pueblo gemebundo.

 

Desigualdad civil

    Ejercéis Terrorismo de Gobierno

en las comunidades donde manda

vuestro partido, que parece banda

de forajidos que parió el infierno.

            Ya no se traga vuestra propaganda,

sino el senil al que le importa un cuerno

el bien de su país, o el crío tierno

que quiere hacerse el duro con su panda.

            Cuando os manifestáis contra la izquierda

el Estado os respeta, por derecho.

Si lo hacemos nosotros, vuestra cuerda

            suelta a la poli, y ¡a dejar maltrecho

al pueblo humilde a descubierto pecho!

Y es que amáis a la fuerza. Y a la mierda.

 

Corriente ácida. A Apuleyo Soto

    Hago 7 sonetos en un rato

y los cuadro, saliéndome redondos .

Y me dice un lector que son lirondos

y desafortunado yo, y me epato

            con mi facilidad, y dejo mondos

de máscara a la Rata y a su Gato,

que de tanto apandar echan el flato,

como bebés, saciados con los fondos

            de su pueblo infeliz, que aún es más crío.

Yo, mientras tanto, los escribo y río

por no llorar, porque la risa es sana.

            Y gongorino o culterano mana

un soneto tras otro como un río

que moja la fachez de una tirana.

 

Los 4 presis

          Vinieron a salvarnos de la España

franquista y ahora ves que la han hundido

a base de injusticias y de olvido

de esa memoria que nos da migraña.

            Votamos al Sociata, y nos engaña.

Votaron al Contrario y nos ha herido,

porque nos dio su guerra. Y al Bandido,

después del Tontorrón. Y ahora ¿me extraña

            que rabien de hidropésica hidrofobia?

¡Quién lo hubiera pensado! Ya lo pienso.

Pero muchos no piensan, aun sin pienso,

            Y quieren en campaña, que me agobia,

de mentira y clamor de fuego intenso

que esté Casado con su Muerte Novia.

 

Desesperación. (En solidaridad con el pueblo de los Madriles, si aprende de su error de voto.)

       En mitad de una pandemia

sólo el dinero te importa

de tu banda, parca y corta,

la de tu rica bohemia:

            No dais nunca un palo al agua,

pero se los dais a los que

rabian de no se cosque

tu gobierno, en donde fragua

            tu ineptitud soluciones

que no solucionan nada

que no sea a tu mesnada

hinchar, y a mí los cojones.

            Mucho ¡viva el rey y España!

Pero a tu pueblo lo dejas

tirado, por ser de ovejas

díscolas,  y ¡vaya caña

            que le da tu policía!:

que sirve a tu ultraderecha.

Has encendido una mecha.

Pero ¿¡qué te pasa, tía!?

            Ese pueblo que te vota,

y te puso en tu gobierno,

ahora protesta, y al cuerno

lo mandas con tu garrota

            policial y lo apaleas,

porque en tu insano juicio

lo tomas por desperdicio,

al no tener tus ideas.

            ¡Qué idea de democracia

tendrás! Si es que tiene alguna

tu cerebro, allá en Luna.

Qué terca es tu contumacia.

            La salud te trae al pairo

de tu pueblo; ya dimite,

pimiento que se repite

indigesto, y vete a El Cairo,

            o vete a la Patagonia,

o mejor, al Polo Norte,

y que se vaya tu corte

contigo, pava demonia.

 


viernes, 25 de septiembre de 2020

Pan-psiquiatría de la realidad antrópica

Del reencanto del mundo desencantado por el Prosaísmo Posmoderno.- 

 

A Juan Gavilán, uno de mis Maestros

 

            Antes de empezar, insisto en el aviso de que tomo cierta terminología de Jacques Lacan y me apropio de ella haciendo un uso más poético que técnico: en efecto, este genial psicoanalista utilizó, para aludir a su concepto técnico psicoanalítico de Amo (así se ha traducido hasta ahora) el término francés Maître, y su lector, comentarista y discípulo Slavoj Žižek me temo que usa el esloveno Mojster (aunque, dada mi absoluta inocencia de su lengua, no he podido comprobarlo), así como el inglés Master (aunque sí he visto en su Menos que nada, el vocablo alemán Meister, y en su ultimísimo El sexo y el fracaso del absoluto, su traducción alternativa: Maestro), según la lengua en que se transcriba su pensamiento; palabras que en esos idiomas significan por polisemia tanto Maestro como Amo, a diferencia del español, en que ambos sustantivos significan y hacen referencia a dos referentes distintos: si Maestro alude a la Autoridad de la Sabiduría propia del estudio y la experiencia, Amo lo hace al Autoritarismo del Propietario de Siervos, en latín Dominus, Señor: el que Domina o enseñorea a su familia, que estaba constituida por él, su esposa, sus hijos, llamados liberi, y sus esclavos). Me llamó la sorprendida atención que en el prólogo a la edición española de la citada Menos que nada el filósofo democomunista esloveno hablara del partido político español Podemos como un Amo necesario para orientar la búsqueda política hacia la justicia verdadera y verdadera libertad sociales. Pero si los maestros antiguos fueron por regla general, en efecto, autoritarios, está claro que no lo fueron siempre (léase a Quintiliano), ni es así con los actuales, puesto que, bajo leyes sucesivas de (mala) educación, los docentes hemos sido desposeídos, no sólo nuestro tradicional autoritarismo, que experimenté sólo cuando alumno, sino incluso hasta el prestigio que da la mera autoridad del conocimiento. Por lo tanto, propongo una diferenciación de significados: el lacaniano significante-Amo será usado aquí para significar el aspecto negativo de un junguiano Arquetipo asimilable, sin entrar en teologías, a Dios Padre Severo e Inclemente, v. gr. el absolutista Yahvé del Génesis; y especializaremos el significante-Maestro para otro más afín al más pluralista Elohim (cuyo significado etimológico o literal es Dioses), que nos creó macho y hembra a su imagen y semejanza (Génesis 1: 26, 27), o a la “Sabiduría” del Yahvé de Proverbios, por ejemplo, 3: 19, que es su Instrumento o Programa creador (con la Sabiduría fundó la tierra y estableció los cielos),  o El Libro de la Sabiduría, 7: 27, en se predica que esa Sabiduría “Aún siendo sola, lo puede todo” (cito siempre por la traducción castellana de la Biblia de Jerusalem), sabiduría en cierto sentido próxima a la horaciana (in)vocación del docere et delectare, ideal de todo sabio maestro o docente, id est: enseñanza mediante diversión; a la cual el poeta aludió a fin de definir el objetivo o función del arte poética -y recuérdese que la definición clásica o tradicional de arte tiene que ver con la búsqueda, hallazgo y plasmación en un artificio de la belleza, en un sentido muy lato; y que la Belleza que, al menos desde Platón, que se basó en (a la vez que en su ruptura con) su tradición mítica, siempre estuvo relacionada con Eros, dios creador según adelantaba ya Hesíodo, especificara Empédocles y predicaran en secreto a voces los órficos y otros-; aunque los dos sean atribuibles a Dios como significante-Amo/Maestro. De ese modo puedo estar de acuerdo con Žižek en la necesidad de un sabio Maestro orientador, papel que podría interpretar un partido político, como lo hace, por su parte, el psicoanalista con el analizando o paciente, y el poeta o el filósofo, o el poeta filosófico o el filósofo poético, como se verá, por otra. 

            Y si esto non è vero é ben trovato. Y al grano:

 

            La realidad occidental, y aun global, está enferma del alma. Id est: padece una psicopatía.

            Y, como sé que esta aseveración parecerá en principio disparatada porque la realidad del realismo imperante, estrecho y falso, o falso por estrecho (por ser una mera ideología o conjunto de dogmas, y como tal y, por lo tanto, estrecho y falso como todo dogma o ideología) es considerada apsíquica por el significante-Amo de la Autoridad del conjunto reticular de las Leyes de la Naturaleza descubiertas por la Ciencia, en que se supone que se basa esa cosmovisión cientificista (y cáigase en la cuenta de que, a diferencia de la ciencia, el cientificismo es sólo mera ideología dogmática), que es lo mismo que considerarla inanimada o inánime en tanto que sin alma.., si todo esto es así, decía, me temo que no tengo otro remedio que explicar cómo es que califico una entidad que el dogma de ese grosero realismo cientificista ideológico considera exclusivamente hecha a base de materia, con un tecnicismo procedente de las ciencias médicas de la mente o la psique:

            Puesto que toda cultura es creación y recreación permanente de mentes individuales asociadas en una comunidad o etnia, que se interrelacionan entre ellas por medios institucionales (lengua, legalidad política, religión y mitos y moral consuetudinaria y ciencias -en el sentido más amplio de esta última palabra-, entramadas en esa entidad psíquica de carácter simbólico -o simbológico- que Lacan llama Gran Otro, y que se manifiesta en símbolos emblemáticos -el cetro y la corona, la toga jurídica, el uniforme y los galones y estrellas de los militares, la policía o los bomberos, los hábitos sacerdotales, las insignias y enseñas, y otros signos que autorizan la realidad oficial y que el psiquismo interioriza hasta ponerlo en órbita del inconsciente Superego en que se basan las Superestructuras-, que organizan y estructuran la simbológica dimensión psíquica de la realidad), podemos afirmar que, por los elementos anímicos que la componen o, al menos, la median, dicha realidad está necesitada de una cura psiquiátrica. O una psicoterapia de su vivo Logomito, en terminología de Hugo de Los y mía. 

            Porque, como todo el mundo debería saber a estas alturas y no sabe casi nadie, la realidad (o eso que, sin ánimo desalmado de ofender, el vulgo, que es casi todo el mundo, entiende por realidad y así la llama) es resultado de un proceso mental, en tanto que, en efecto,  toda realidad perceptible es efecto de un sujeto perceptor que la procesa ˗se sabe desde Kant y, pese Hegel, lo confirman la Teoría de la Relatividad y, sobre todo, la Mecánica Cuántica, como demostraré₋, que la ajusta a, no sólo la estructura psico-biológica de nuestro aparato cognitivo orgánico, sino también a los patrones y valores que cualquier educación general y específica induce, esto último mediante la instrucción de sus contenidos emblemáticos en sus aprendices o discentes. De modo que los registros sensoriales quedan determinados o modificados al modo propio de dicha naturaleza psicobiológica y cultural. 

 

            La realidad, no sólo la que conocemos, sino, más todavía, la que podemos conocer no puede ser sino pura apariencia o fenómeno, voz griega cuya raíz léxica está relacionada con los términos fantasía y fantasma, los cuales podríamos definir como aquello se aparece sólo a la mente pero no a los sentidos. Si la fantasía no puede ser real porque no la vemos y sentimos Ahí Fuera, en el exterior de nosotros, salvo para ciertos tipos de psicóticos, los fenómenos reales y físicos, que suponemos hechos de materia, solo pueden existir en la interfase que aparece cuando procesamos la información que es probable emita la hipotética cosa-en-sí cuando es recibida por el kantiano órgano racional de la imaginación, siempre creadora, que recibe y organiza los bits de la emisión y los convierte en imágenes mentales que tienen un significado para nosotros.  Viejo ejemplo: los colores, una de las propiedades secundarias según Locke (aunque en el fondo de los fundamentos elementales de la materia según la Física Cuántica, todas las propiedades de los entes), no existen en la cosa-en-sí o noúmeno hipotético que postula la inteligencia (o nous, de ahí su nombre); y la pista nos la da el dato de que, cuando los procesa un mecanismo experimental analítico de ese fenómeno iridiscente, aprendemos que cada una de esas aparentes cualidades de los objetos, en tanto efectos ópticos del espectro irídico, consisten en diferentes longitudes o frecuencia de ondas electromagnéticas que se manifiestan también, según el tipo de experimento, como partículas o cuantos de luz que llamamos fotones: así pues la realidad, o lo que por hábito consideremos realidad objetiva, está construida fenoménicamente por la poeticidad creativa, valga la sinonímica redundancia, de nuestro entendimiento, o nous poetikós en griego e intelectus agens en latín. 

            Si a esto añadimos que cada cultura elabora un dictamen oficial al respecto de lo que es real o no -los dioses y Dios y los diablos y demonios y los fantasmas de los muertos fueron considerados reales durante milenios, y aún seguimos considerando reales ciertas entelequias abstractas como Patria, Nación o Humanidad, en cuyo nombre tantos hombres y patriotas concretos han entregado su vida concreta o han sido obligados a hacerlo-, siempre por medio de un sistema de propaganda que se expresa a través de mediadores -hechiceros, magos, sacerdotes, profesores, líderes arengadores, prensa y televisión o Internet en sucesión histórica-, debemos concluir, que lo real-para-nosotros es, como mucho, un mapa fantasmal en la pantalla mental, manipulable, aparte de por nuestro sistema cognitivo biológico, por la programación educacional de nuestros órganos sensoriales y psíquicos, mejor o peor diseñada, que nos trasmite cierta información no necesariamente cierta de un territorio respecto de cuya realidad-en-sí no podemos tener ninguna certeza.

            Ese mapa fenoménico o fantasmático es, sin embargo, real en un cierto sentido cierto, por ser el escenario psíquico o, adelanto ya, psicótico en que nuestras vidas objetivas juegan un rol en que nos jugamos la misma vida, siempre amenazada por la muerte. 

            El asunto que tratamos está también relacionado con el de los fundamentos elementales de la materia en que creemos entender se basa la realidad. En efecto, la experimentación con átomos y onda-partículas cuánticas nos invita a reflexionar sobre lo que se conoce como el Problema de la Medida: parece ser evidente que la observación realizada por todo observador trasforma las propiedades objetivas del objeto subatómico observado. Esto, que está demostrado a esos micro-niveles, ocurre, aunque de forma menos llamativa, en casi todos. Se suele traer a colación del caso el ejemplo del termómetro: si introducimos uno de ellos en un cubo de agua caliente, es obvio que dicho instrumento se calentará hasta darnos la medida de la temperatura del agua; pero se suele caer menos en la cuenta de que ese agua, por contacto con el menos cálido termómetro, se enfriará, si bien es cierto que en muchísima menor medida; no obstante, el cambio sucede.

            En los casos en que el receptor, consciente o no, de la información es sólo y meramente eso, receptivo, la cosa es más difícil de notarse, pero no es así cuando la percepción implica una actividad por parte del sujeto. Si para ver, por ejemplo, un electrón enviamos un fotón que choque con aquél, está claro que el impacto cambiará la posición, trayectoria, velocidad, ímpetu, etc., de la partícula objeto de la medición de nuestro acto cognitivo; pero no lo está tanto cuando vemos literalmente cualquier otra cosa. Ocurre, sin embargo, que el fundamento de la acción de observar es el resultado asimismo de una operación cuántica que tiene lugar en el cerebro del observador y que, por lo tanto, para empezar, la recepción de esos bits, cambia la configuración de sus componentes neuronales a ese mismo nivel y, para continuar, los de, digamos, los fotones que han incidido en la retina, el nervio óptico y el sistema perceptivo entero, al menos en cierto grado.

            Lo que nos parece que no ha cambiado nada es el mega-objeto que ha emitido sus micro-señales, pero precísese que, si no cambia en apariencia, sí lo hacen sus fundamentos, puesto que su emisión permanente de luz, al ser recibida, trasforma, además de nuestra conciencia fenoménica del físico fenómeno, que es, en última instancia lo único que podemos conocer, la totalidad implícita en el Acto de Comunicación entre los sistemas físicos implicados, objeto y sujeto; y, mientras tanto, la descarga fotónica ha operado una modificación en el objeto emisor de la que, si no somos causantes, sí que participamos en ella, al menos como cómplices, en tanto somos los que absorbemos esa energía descargada, cosa trivial si la comparamos con el más claro caso del sentido del gusto o el tacto en los que el contacto de las 2 entidades se interinfluyen intercambiando por ejemplo grados de temperatura, que no es otra cosa que una medida de la vibración de los corpúsculos y ondas entre ambas. Respecto de la luz es cierto que la cosa es menos obvia pero no menos inquietante: para ver alguna cosa tenemos que iluminarla, lo cual implica la metamorfosis en cuestión de ambos elementos del conjunto, porque la incidencia de los fotones que le enfocamos desde la fuente de luz interactúa con las ondapartículas de sus átomos o, en caso de no tener a mano ese foco, debemos cambiar, al menos la situación espacio-temporal del objeto, desplazándolo a un lugar en donde haya una de esas luminarias, v. gr., el sol. Y lo mismo en tanto al sonido y el olor: la cosa-que-sea emite ondas sonoras o partículas odoríferas que las trasforman, esto es: algo pierden en su emisión que no pueden recuperar cuando son absorbidas por nuestros órganos o lo que sea.

            Pero hay algo más, y más llamativo, que tiene que ver con el concepto de entrelazamiento (entanglement, en inglés), relativo a una propiedad intrínseca al mundo de los cuantos y su extraña naturaleza dual: si cada partícula se comporta a la vez como una onda de probabilidad, que las hace permanecer en estados distintos, y aún contrarios, superpuestos hasta la selección arbitraria de uno de ellos por la observación (Wigner), hay que entender que su naturaleza difusa -y no especulo demasiado- ha hecho estar en solapado contacto y mezcla cuando han estado formando parte de algún átomo, y el término subrayado hace referencia a que, cuando esto ha ocurrido, si dos partículas se separan, formarán parate siempre de una mismo sistema de varios elementos, de manera que los cambios que afecten a una de ellas influirán instantáneamente en igual grado pero en contrario sentido al de la/s otra/s, por más separades (incluso por años luz) que estén, será, pues, deducibe, que si un fotón procedente de una átomo modifica su estado al interactuar con alguna de nuestras neuronas retinianas, de inmediato el fotón que haya salido en otra dirección o permanezca latente en los electrones del átomo tambié se modificará de alguna manera, modificando también al átomo al que pertenece y al sistema en su conjunto.

 

            En cualquier caso y en última instancia y como pergeñaba, el único mundo cognoscible para nosotros es el fenoménico y su registro en nuestra conciencia racional  y en esa selecta totalidad en donde tienen lugar tanto las apariciones objetivas de los objetos como las subjetivas teorías y los diseños de experimentos que, bajo sus directrices, demuestran para nosotros la certeza, siempre refutable a la luz de nuevos datos, de aquellas.

            Y no estará de más insistir en ello: en que los datos que interpretamos lo son en el marco de una Teoría Científica que nos explica la razón de sus cambios, aparentes o no, y que como tal es también producto elaborado por de nuestra conciencia intelectual. 

 

            Por otra parte no se suele ser demasiado consciente de un hecho; todos creemos que vivimos en el mundo, cuando lo cierto es que vivimos cada cual en el nuestro: cada mundo individual es producto de nuestra personal y privada representación del mismo, y lo que entendemos como realidad ˗externa a nuestra mente˗ es lo que todos los mundos particulares tienen en común con los demás por coincidencia y solapamiento. 

            Y ni que decirse tiene que nuestras ideas propias influyen, y mucho, en las características tanto del mundo privado como en las del comunitario, dado que basta una creencia arbitraria para metamorfosear aquél, como una creencia política, elevada al poder por participación de votos activos o pasivo abstencionismo conformista, para que la naturaleza de ésta, la sociedad, sea una u otra. Piénsese en como ciertas ideas acientíficas, pura ideología dogmática incapaz de resistir la más exigua contrastación con experiencia, v. gr. las ideas ideológicas que a bien tuvieron un día concebir el capricho de los economistas Von Hayek y Friedman, han conseguido en pocas décadas trasformar un mundo más o menos próspero en una inicua y desastrosa ruina. 


            Pues bien: el más evidente síntoma de esta psicopatología de la que hablamos es que la generalidad de los miembros integrantes de esta realidad cultural mantienen su tozudez en negarse a aprender de la evidencia, o de la experiencia, que nuestra interactuación con ese croquis virtual, realidad-para-nosotros, nos muestra. 

            No han sido bastantes 2 Guerras Mundiales para evitar en lo sucesivo la proliferación del neofascismo y otras ideologías anquilosadoras por exceso de conservadurismo, así como del anti-progresismo retrógrado de base acientífica, puramente ideológica, del neodecimonónico liberalismo económico, esquilmador de la riqueza masiva de los pueblos en beneficio de cada vez más parcas minorías privilegiadas y fraudulentas; porque no quiere entenderse que el fracaso de las revoluciones comunistas se deben a una traición de los Dictadores estalinistas, y sus variantes, a uno de los Ideales más bellos y justos que haya sido capaz de concebir la Humanidad, y por ello se sigue temiendo al ya inofensivo fantasma de demonizado comunismo a modo alucinación paranoica. 

            Y, frente a la obvia y desigualitaria discriminación de las masas de la que se nutre y sin la que no puede subsistir el capitalismo neoliberal o salvaje -como tal- de la Global Aldea, la mayoría demótica se empeña en la vulgaridad de su fascinación idolátrica del superriquísimo Midas en tanto que Señor y Dueño -Dominus- por hipertrofia del arquetipo Amo, y la atrofia de su sensum, o seso, que implica su desprecio por todo arquetípico Maestro. 


            El síntoma más frecuente o principal que pone en evidencia el morbo de la realidad social del mísero occidente riquísimo es la rara pero copiosa y frecuente devoción que la gente siente por su Amo explotador. Se piensa que el Rico o el Plutón es necesario, porque sin sus inversiones no puede haber riqueza. Desde David Ricardo sabemos, sin embargo, que el trabajo es quien crea esa riqueza, la real y útil, y nunca la que crean las inversiones, hoy casi en exclusiva financieras, del capitalista: es falso que el potentado sea necesario. Marx, hoy tan denostado por el inconsciente vulgo (entre los que incluyo no sólo a algún an-intelectual de rasa inteligencia, sino también a algún autentico pensador vendido al mercado del éxito editorial o achatado por los achaques mentales de la senilidad), el gran y lúcido filósofo de la economía política de Occidente, basándose en el economista británico citado dejó claro lo dicho: que es el trabajo o la fuerza del mismo lo que crea dicha riqueza real: la del valor de uso.

            Y no se quiere comprender tampoco que hoy son muy pocos los capitalistas que invierten en la producción de objetos útiles, que son los que fabrica el trabajo, sino que la mayoría del capital, a menudo en préstamo, se invierte en finanzas o, lo que es lo mismo, operaciones con el valor de cambio que tienen las mercancías, representado por el dinero, y crean una riqueza irreal o no verdadera, fantasma pues, en tanto que representa, no a ese valor de uso, el real, de las mercancías, sino, por el contrario, sólo ese valor de cambio, un valor que se representa sólo a sí mismo en un círculo vicioso especular y narcisista, máxime, o pésime, si todo ese montante se monta encima de valores de deuda, en la que se basan dicho tipo de juegos de azar en los cuales se apuesta una cantidad que se debe y que, si no se gana dicha apuesta, ese invertido fantasma, al no convertirse en valor real porque ni paga ni se cobra, termina por no valer nada, aunque nos cueste muchísimo, o casi todo. 

            Pero, por regla general los trabajadores occidentales se niegan a convencerse de esto. De modo que aventuro una explicación psico-antropológica de esa paradoja que exhibe el hecho de que las maxi-mayorías desfavorecidas e inmisericordemente miserables voten y apoyen y defiendan a las mini-minorías privilegiadas y opulentas de los potentados que son causa de su explotación y, por ende, su miseria: entiendo que se produce tal fenómeno social como consecuencia de otro fenómeno, esta vez psicológico, que puede denominarse, con todo derecho y justicia etimológicas (más justa y jurídica aún si nos basamos en una síntesis de las 2 acepciones del tecnicismo que sigue a este paréntesis -basado tanto en Marx como en Freud-), Alienación -o (en)Ajenación- (del latín Alienus: ajeno; derivado a su vez de Aliud: lo Otro), un estado de ánimo o ánima que se produce e induce mediante desinformación propagandística por los Dueños de los mass-media (antes, por ejemplo en la Edad Media, los Púlpitos, y hoy, de modo abrumador, la Tele), eficentísima siempre, por cuanto afecta, según descubro, al miedo subconsciente, del cual tiende a autoinfectarse por hipocondría incluso hasta  la inflamación, desembocando, por ende, en su más alto e intenso grado paroxístico y voluminoso, que es, en primera instancia y siempre, el de el Terror a lo Desconocido o lo Diferente de la Costumbre o la Tradición, basadas ambas en cierto Arquetipo junguiano que podríamos denominar el Monstruo, enraizado en el instinto biológico de Conservación de la Especie de este animal social que somos, en tanto que, frente a fauces y garras y ponzoñas y caparazones y púas y otras modalidades predatorias o protectoras, las hómines sólo contamos con la fuerza de la cohesión -no siempre, o casi nunca, coherencia, como se verá- de grupo. Y lo que piensa o cree la media aritmética del grupo, cuya unión interna es, insisto, nuestra más eficaz arma defensiva y predatoria, siempre se configura y alza como un símbolo sagrado, del que está mal visto, y después prohibido, bajo pena de expulsión, y aun de muerte, diferir. O disidir. 

            Estas malas artes propagandísticas son sutiles, penetrantes (y violantes), porque, inflamando la libido generalizada del necesario deseo conservación y mantenimiento de la vida, la salud y la prosperidad de nuestros especímenes, proceden a la hipertrofia, por hiperbólica inflación, del Conservadurismo, que al excederse de su función biológica se vuelve o revuelve en un Conservadurismo-de-lo-que-NO-Debe-Ser-Conservado si queremos, en efecto, sobrevivir. 

            Contra dicha psicopatía de grupo sólo hay un remedio psicoterapéutico: la inyección en las conciencias de lucidez psicoanalítica respecto de nuestros instintos inconscientes que determinan esa Fantasía, aceptada como Realidad, fundamentada en esa fantasmaticidad pseudorrealista (cfr. Ẑiẑek & Lacan): hay que encarar el Ello y el Superego inconscientes y, si se me permite el neologismo técnico, el Superotro del significante/Amo ₋que es el responsable de la Superestructuración de la sociedad a base de propagación subliminal de matices hipno-ideológicos y anti-filosóficos, justificantes tenebrosos de un desequilibrado y, portanto, injusto Statu Quo₋; y, al enfrentarlo por medio de esa iniciación, iniciar su proceso de conversión en un significado/Maestro que amaestre a la Bestia salvaje que anida en la jaula de nuestro más sombrío interior psíquico, atavismo heredado del pitecántropo, modificando poética o creativamente al brutal Ego Egoísta que, a modo de Mano Invisible del Capital, es, curiosa paradoja, el cemento que Unifica -hace que sea Una- la Gran Jerarquía piramidal del Grupo frente a lo Extraño (crasa y bárbara xenofobia ancestral arraigada, como dijimos, en el Terror al Gran Depredador que padecemos los predadores menores), en un Nosotros Solidario que nos permita ver la Fantasía Ideológica popular, o vulgar y, por ello, populista y anti-demos, como lo que, en realidad, es en sí: pura falsedad, más que por error, por embuste y autoengaño, fruto de la manipulación de las Superestructuras sociales y políticas en manos de los Oligopolios del Poder, interesados sólo en los beneficios económicos de sus minoritarios detentadores. 

            Id est: la perduración del necesario Totus grupal se torna en retro-(a)gresivo suicidio del bienestar de las masas que, hipnóticamente fanatizadas por el pánico a un ancestral y arquetípico xeno-Enemigo monstruoso, tienden a la defensa de su endo-Alimaña, representada por sus públicos representantes en el simbolísmo del gran Otro ideológico, de la que son presa, por psíquico desplazamiento metonímico de sinécdoque: la protección de la totalidad social se reduce y centra en el lugar de la particular o privada parcialidad de la cúspide piramidal que las aplasta, por más -o por ello mismo- que las bases oprimidas por el peso de la jerarquía, más o menos conformes, según su nivel de escala, la constituyan a modo de cimiento. La gregaria fobia a la amenaza extraña o extranjera se vuele patriótica filia por, e incluso enamoramiento de, un idio-Enemigo interno, de tipo señorial espartano o imperial, que ejerce el monopolio de la fuerza, y explota a sus básicos defensores masivos y plebeyos lumpénicos, convirtiéndolos en sus paradójicos partidarios, cosa que hacen, además, sin el más remoto atisbo de remordimiento o piedad, ni, mucho menos, gratitud. 


            Por otra parte, la alienación es puro síndrome psicopático: recuérdese que hubo un tiempo en que a los psiquiatras se les llamaba alienistas, y no hace falta ningún insidioso tejemaneje de la información para que esa enfermedad se reproduzca: el ser humano tiende por naturaleza e instinto de supervivencia a ser siervo de su grupo, y hasta ahí podemos decir que hace lo correcto, pero es que, con absoluta frecuencia a lo largo de la Historia, el servicio al grupo se ha tornado en servilismo al Jefe, al Rey, al Emperador, que se acaba trasformando siempre en Dominador de sus súbditos para beneficio propio y satisfacción de sus intereses egoístas, a costa de no colmar, y a veces ni siquiera satisfacer las necesidades de sus dominados. 


            El asunto es trascendental en el sentido filosófico del tecnicismo.


            Siempre ha pasado así, al menos desde el Neolítico: cuenta Neil Faulkner en su Desde los neandertales a los neoliberales, que los más fuertes y astutos miembros de los grupos ancestrales de principios de la revolución agrícola consiguieron traicionar la confianza que los habitantes de las aldeas habían puesto en ellos como administradores y contables de los excedentes de producción y, dando un golpe de mano, se apoderaron de ellos, organizando en seguida un cuerpo de matones, llamados guerreros, a los que pagaban con el valor de cambio de lo producido por sus víctimas, para que protegieran lo que desde entonces empezaron a llamar su propiedad o propiedades. 


            Desde entonces cualquier truco, trampa, celada o artimaña, no siendo la menos eficaz la de su perpetua mentira propagandística, llámese dogma religioso o ideológico, les ha resultado aceptable para justificar la aceptación por parte de sus pueblos de la ilegitimidad de su robo, que así queda legitimada, freudianamente proyectando aquellos nuevos Ordinantes u Ordinales, por no decidir Ordenadores, sus faltas morales en los sub-ordinados que pudieran reclamar la devolución del valor de sus productos, a base de tratar a los productores de su robada acaparada riqueza real como apropiadores indebidos de lo propio, y sancionándolos como ladrones y delincuentes que, por miedo al castigo ilegítimo, terminaron por aceptar su condición de clase inferior al servicio de su Esquilmador. 


            En efecto: Sigmund Freud en Totem y tabú nos daba una clave sobre el origen ancestral de esta patología: en tiempos prehistóricos las “hordas salvajes” sentían terror por los muertos recientes, de los que se suponía odiaban a sus familiares aún vivos y deseaban devorar su carne y beber su sangre, cosas que se manifestaban a modo de enfermedades y dolencias que se creían provocadas por la maldad vampiresca de los difuntos. El dato en cuestión lo explica el Maestro vienés mediante el psico-mecanismo de la de proyección. Los enfermos o ancianos, al suponer una carga para los más jóvenes y sanos, inspiraban, por hartazgo, un deseo de eutanasia en sus cuidadores, por lo que, una vez muertos los primeros, el remordimiento era expulsado por los segundos por medio de la proyección de su pecaminosa falta en la víctima del no realizado ataque, que se convertía así en un espíritu vengador de esas malas intenciones. Esto, como se sabe, sucede con harta frecuencia en todos los neuróticos, y otros psicópatas, que somos casi todos, siendo el caso más típico el del deudor que considera desagradecido al acreedor al que debe lo que tiene y le faltaba, por no darse cuenta el 2º del honor que le supone tener una relación con su dignísima y eminente persona y que, incluso con generosidad y sin interés personal alguno, le prestara la ayuda del favor solicitado. 


            No obstante, lo más curioso del tema es que con el tiempo, cuando se suponía que el espíritu o alma del desaparecido anciano había olvidado el inconsciente y represo deseo criminal de su descendencia, las tribus procedían al trasformar su miedo en respeto mediante el culto ritual de sus antepasados y al mito enaltecedor de los primeros padres o abuelos, que de ese modo acababan figurando como héroes en incluso como dioses. 
            Dioses en principio inclementes y arbitrarios, como el tiempo atmosférico (léase Júpiter, Zeus, Indra, Marduk-Enlil), habitaban en sus espíritus, y en segundo término severos como padres autoritarios y represivos que temen ser dasbancados de su trono por sus hijos, aspectos que acabaron sintetizándose en el mito de Cronos y Zeus y la consiguiente Titanomaquia. 


Y, así pues, la dialéctica antítesis opresión/rebeldía se desvela como raíz de una fronda de conflictos psicosociales relativos a, primero, la lucha entre generaciones y, segundo, la lucha de clases. Y lo que relaciona ambos opuestos complementarios es esa tensión inconsciente pero muy sentida entre autoritarismo y libertad. 


            Desde la perspectiva de la fenomenología de Husserl, corregida por el biólogo Humberto Maturana, podemos entender que la realidad objetiva exterior al sujeto, u “objetividad”, debe ser puesta “entre paréntesis”, puesto que la validación de su verdad se produce mediante la autoridad de un lacaniano Otro, que es la comunidad científica en este caso, y que, aparte de depender de la estructura u organización biológica del ser vivo conocedor, tiene lugar sólo en el lenguaje y, en concreto en las reglas de su lengua (Saussure) o en la competencia chomskyana. No se olvide, en primer lugar, que la lengua no es un mero conjunto de palabras que se lleva el viento, sino un código doblemente articulado desde el nivel de los significantes hasta el de los significados, intermediados por la capacidad distintiva de ciertos sonidos idealizados, los fonemas, diferenciadores, en efecto, de los últimos mediante el reglamento del juego combinatorio de los primeros, y, en segundo, que un significado es una imagen mental o idea de un conjunto de rasgos perceptibles organizados conceptual y sistemáticamente en un objeto significativo, y concluiremos que, puesto que la “realidad” (“entre paréntesis”) de todos los objetos se configura según el patrón del código (léxicosemántico y morfosintáctico) de cada idioma, la naturaleza entreparentética de esa realidad fenoménica u objetiva tiene que ser en gran medida psicolingüística, por tanto, es susceptible de padecer un síndrome psicopático que consiste en algo así como una incapacidad de esa realidad fenoménica para conocerse a sí misma en tanto que tal. V. gr.: si alguien mete en la cárcel aun inocente y quiere evitar los remordimeintos inherentes a la injusticia cometida, siempre mantendrá inculpada a su víctima, negando así la evidencia de la porpia culpa del inculpador.


            Pero antes de especificar con mayor minuciosidad los síntomas psicóticos en cuestión deberíamos redefinir el concepto de realidad desde una perspectiva ontológica: 
En el habla coloquial decimos que algo es real cuando consideramos que es una cosa (res en latín, de donde realem realitatem) que existe por sí, con independencia de lo que pensemos o creamos. Pero, teniendo en cuenta lo ya dicho suso, no podemos estar seguros de que ninguno de cosa tenga ese tipo de existencia, puesto que sólo puede considerarse existente para nuestra propia perspectiva como receptores que, como mínimo, adapta (o incluso deforma), la información emitida por la cosa que sea, a la estructura organizativa de nuestro sistema de percepción y consciencia, organizado tracendental y arquetípicmente por El Instinto del Lenguaje (Pinker), del que no podemos escapar.


            En consecuencia, hablar de la realidad en sí de cualquier cosa no puede ser otra cosa que una convención social psicolingüistica. Y las convenciones son, en el mejor de los casos, consensuales, y en el peor, impuestas por una Autoridad que lo es no por sabia y Maestra, sino por necia y Despótica. 

            Creíamos en los dioses y los fantasmas de los muertos y en demonios, y hoy creemos en sus equivalentes: para empezar en el fantasma del muerto estalinismo, al que identificamos con todo comunismo posible, cuando los nuevos socialismos del siglo XXI son democráticos y admiten en su seno como componente de sus sistemas la a economía de mercado. Pero todo lo que se oponga a las peligrosas injusticias del capitalismo salvaje o neoliberal ₋son términos sinónimos, con la diferencia de que el 1º es término tabú y eufemismo el 2º₋, potencialmente destructor de su propio sistema y el de los demás, incluyendo el mismísimo ecosistema planetario, es demonizado por la propaganda de los mass-media a sueldo de las oligarquías económicas que tienen comprados, tanta es sus acumulada riqueza a costa de sus trabajadores pagados con la exigüidad de su inversa moneda, a los corruptos Estados Democráticos, que acaban siéndolo sólo en la apariencia fantasmal de nombre ₋sin sustancia objetiva. 

            Creíamos en el Premio y el Castigo en la Otra Vida, con lo cual se justificaba nuestro sufrimiento en ésta como sometidos o desposeídos, y hoy creemos en la demostrada falacia de la darwinista, que no darwiniana, Competencia en la Lucha por la Vida, cuando la alternativa al darwinismo, basada casi siempre en Darwin, habla de la cooperación como un ingrediente de la evolución biológica (Margulis, v. gr.), al menos tan trascendental como esa Competitividad, idea/dios que el neoliberalismo usa como legitimadora de su prevaricante soborno de estadistas y políticos para su mundial latrocinio de las masas, que al adorarlo por empatía hipno-inducida, descreen de la solidaria Cooperación, base de una empresa Común a toda la Humanidad, cuando es esta última diablesa ideal lo único que puede salvarlas de la precariedad mayoritaria diseñada por falsos ₋por ideólogos₋ economistas. 

            Llegamos a creer que era más fácil que un camello pasase por el ojo de una aguja a que un rico entrara en el Reino de los Cielos, y hoy sólo creemos en la Necesidad de que los ricos vivan en, o de, sus paraísos ₋fiscales. 

            Creímos en el amor al enemigo, y nos regocijamos con la quema de herejes, que hoy son sólo los enemigos del capitalismo, a que llamamos comunistas, que confundimos con los estalinistas sin saber nada de la ideas de Marx, a quien sólo se le ataca con argumentos ad hominem, que si él fue esto o aquello y que ni siquiera escribió 2 tercios de Das Kapital, cuando lo único cierto es que no los redactó en su totalidad, de acuerdo, pero lo hizo Engels basándose en las ideas de su amigo y Maestro. 

            Creíamos en el Bien y el Mal, y ahora sólo creemos en la Bondad del Malvado Amo, que lo es por explotador y opresor inmisericorde e inclemente. 

            Creímos en la ética de la moral, y ahora sólo en la incontestabilidad de la Injusticia, aún la ejercida por corruptos jueces que juzgan conforme a su ideología propia y privada, y menos según el Derecho Universal. 

            Creímos erróneos en dioses y fantasmas, y ahora creemos en el Divino Fantasma del Error y la Mentira Institucionalizados. 


            Frente a todos estas ficciones tomadas por realidades sólo tenemos un recurso de apelación, que tomo del Maestro Zubiri: el de apelar a la viejo concepto de Voz de la Conciencia: se entiende que la intención del filósofo era la de equiparar con el Espíritu de la Verdad, apelado como Espíritu Santo en el Evangelio y en la Teología Trinitaria Cristiana, pero existente en casi todas las conciencias humanas dignas y decentes. 
            Y, como en la mayoría de las conciencias humanas el espíritu de la verdad suele reprimirse porque no podemos soportar nuestra propia y verdadera realidad que su voz indica como deixis en fantasma (Bühler) de algo que sí es real porque de hecho habita en nosotros mismos como Intuición de la Realidad Verdadera, y así lo sentimos, y por ello la negamos reprimiéndola en el subconsciente, desde donde sigue influyéndonos como remordimientos vueltos a reprimir y que por ello, según presume la vulgar tendencia contagiada por la divulgación de las ideas psicoanalíticas, solemos creer que esta voz previene del inconsciente. Pero esto no puede ser así por tautología: la Voz de la Conciencia no puede Voz de la Inconsciencia, porque tal sentencia implica contradicción lógica: la Voz de la Conciencia es originaria de la conciencia aún no autoengañada, dicho sea en sentido lacaniano. Indica hacia dónde hay que mirar para ver la verdad de cualquier realidad que, como se ha reiterado, depende por lo menos tanto de nuestro aparato cognitivo como de la no probable cosa en sí tal cual es, en tanto al grado relativo en que seamos capaces de ver más allá de la meras y primeras apariencias y después las siguientes; porque hay apariencias cuya falsedad se constata con una observación de la misma más cuidadosa y atenta, cotejada con la mirada y visión de otros que, por tener mejor vista, o más experimentada, o filosófica o científica, que las nuestras; no obstante, ha apariencias que revelan algo de la realidad real, “real de verdad” (G. Bacca), de las cosas, unas mejor que otras, puesto que la cantidad y nitidez de la información que, como el Velo de Isis, velan, aunque también revelan, alguna realidad oculta que, mientras sea objeto de nuestra percepción siempre seguirán siendo apariencia, sí. Pero alguna más traslúcidas que otras. 

            Podemos comprobar experimentalmente qué apariencia contiene más carga informativa sobre la “realidad de verdad”. Y así seguir una carrera asintótica de obstáculos, aun sabiendo que la curva asíntota de ese curso no va alcanzar jamás su límite ideal ₋para nosotros. 

            De modo que, por honestidad intelectual de vocación de inteligir la Realidad de Verdad respecto de cualquier cosa, no se debería nadie conformarse con ninguna versión de lo real que tenga por herencia tradicional de educación, no por mera opinión o creencia basada en el gusto que a cada cual le dé creerse lo que le plegue: hay que, si se es honorable, esforzarse en dilucidar si la visión actual que tengo de todo es más o menos verosímil, y sustituirla por otra que lo sea más, si la se encontrare. Y así, no rechazando o repreimiendo la Voz de la Conciencia, progresar hacia lo más aceptable, aunque no nos guste lo que encontremos, cosa en especial difícil para todo el género humano en el caso de que el objeto de investigación seamos cada uno de nosotros mismos. Ardua tarea conocerse uno a sí mismo, habida cuenta de que, con frecuencia, destroza los pies de barro del ídolo que creemos nos representa con fidelidad: el autoengaño es inherente al latente narcisismo que constituye nuestro ego. Los desgraciados, sin embargo, también somos dignos de amor, e incluso más que los que no, dado que de ese consuelo estamos más necesitados los que conocemos nuestra falta de gracia. De manera que si asumimos lo real de verdad respecto de nosotros mismos (algo evidentemente real por lógica, dado que es una verdad como un puño del tamaño de un templo el hecho de que no existe la perfección) de nuestros inevitables, aunque remediables, defectos y carencias, le estaríamos dando a nuestro amor propio una veraz razón de ser, ya que así no estaríamos amando la idolatrada y falsa imagen que todos tendemos a hacernos de nuestro dios/ego. Y estaríamos más cerca de la Verdad. Algo que, por cierto sí que es digno de adoración. 

            Esa especie de examen de conciencia es, empero, doloroso, y casi nunca podemos soportar su trauma. No obstante, la heroica empresa en cuestión es la más alta que pueda afrontar la facultad cognitiva del Ánthropos, y cualquier peldaño superado es toda una hazaña. Por lo que para saber qué hay y qué pasa tenemos que empezar por el sincero autoanálisis de nuestra psiké, de la cual depende la realidad que depende, como he demostrado, en alto grado de nuestra percepción consciente. 

            Y sabemos que existen ciertas psicopatologías, como la depresión, que no se pueden curar sin la voluntad libre del individuo que la sufra. 

            Ningún psiquiatra tiene una vara mágica ni una panacea. Y el psicoanálisis cura mediante la palabra dialogada con un especialista que esté investido con el símbologísmo del significante-Maestro, que no Amo. 


            Pues bien: si somos conscientes de la realidad, aunque sea sólo de nuestra realidad, una realidad que creamos y podemos recrear en busca de una realidad más real de verdad, y teniendo presente que no en escaso grado nuestra realidad es, en realidad, producto de la organización o auto-organización psicolingüística y social, podemos entonces intentar liberar la función poética de lenguaje (Jakobson) por medio de un voluntario desvío experimental de la Norma (Coseriu), nunca del reglamento gramatical, para llamar la atención de nosotros mismos sobre la verdad de nosotros mismos, para, de paso, entender y comprender, o sea, conocer analítica y sintéticamente, esa realidad, que, aunque siempre será deformada en mayor o menor grado por nuestra vocación de conocer la misma, siempre podrá ser mejorada en verosimilitud si lo hacemos con honestidad vocacional, y de ahí que la dimensión poética, creativa y rebelde ante lo normativo usual, o creativa por rebelde, sea uno de los caminos, en el fondo el único, si entendemos poeticidad en una sentido amplio (Penrose: hay belleza ₋poesía₋ en las teorías científicas y, es curioso que la más “elegantes matemáticamente” sean la más veraces, aserto que recuerda a Platón), para progresar en el siempre relativamente verdadero conocimiento de la Res, la Cosa-en-Sí, la sola guía para la vía a la general desalienación de toda la especie. 


Todo acto de verdadero intento de conocimiento de lo Real, sea lo que sea esa Cosa, es, en el fondo, aparte de una pan-psico-terapia de la realidad enferma, un Acto Poético, como aquí se tratado de hacer. 


Y sólo así podremos reencantar un mundo, puesto que el nuestro que está perdiendo, si no lo ha perdido ya, incluso el encanto de la Esperanza en su Supervivencia.

martes, 22 de septiembre de 2020

CORRESPONDENCIA & TROPO (Reversión)

Al margen de Marija  Djimbutas: Diosas y Dioses de la Vieja Europa. 


A Luis Martínez de Merlo, traductor del Maestro, y a José Mª Prieto, por su consejo poético.. 


La Nature est un temple où de vivants piliers

Laissent parfois sortir de confuses paroles;

L’homme y passe à travers des forêts de symboles

Qui l’observent avec des regards familiers.

Baudelaire


Nace el arroyo, culebra

que entre flores se desata,

y apenas, sierpe de plata,

entre las flores se quiebra

Calderón

 

Ese buite voraz de ceño torvo

que me devora la entrañas fiero (…)

el hambre atroz que nunca se le acaba.

Unamuno

 

 Procedente del Páleo en el Neolítico

se dio culto a una gran Diosa Serpiente

que también era Pájara y Corriente

de Agua (nos lo cuenta el analítico

estudio de Gimbutas, catalítico

de una nueva visión que la Sapiente 

Fémina nos legó de la Prehistoria):

            Corrientes y serpientes son propicias

a su unión en metáfora y, si inicias

la Vía Música de la Memoria,

su Madre, y te deshaces de la escoria

de la actüal proesía, las delicias

            recuperando de ese ciprio cobre

de la antigua Belleza -el analógico

genio de Baudelaire, y paradójico-

no escribirás de nuevo como un pobre

poetastro sin recursos, ni aunque cobre

tu alma independiente el demagógico

            palo del Amo Ruin: el culto antiguo,

arte poética oral, te da su ejemplo:

las aves y la lluvia dan al templo,

por metonimia con el cielo, ambiguo

sentido que enriquece lo que exiguo

han vuelto: su Alma Sacra, que contemplo

            en su Bosque de Símbolos: Natura

con sus fustes y fronda, en que venera

Rimbaud a Venus, de la primavera

Deidad y la creación. Y de la altura

te invita a re-crear literatura

pura en su esencia originaria, que era, 

            antes de la escritura y de la letra,

fuente de lo sagrado: del respeto                  

a lo que vive, a todo; y ese reto

gustoso mi alma que lo arrostre impetra,

con ayuda de metro como obstetra

que me ponga a parir un alfabeto 

            de cábalas: los Dioses, que no existen,

son en el inconsciente colectivo

arquetipos fundados en el vivo

retrato de este Cosmos, y resisten

el ataque de Caco, y se revisten

los mundos con su encanto, leit-motivo

            histórico. Te imploro, madre Pájara,

que lates en mi fondo, aunque lo ignore,

que, volviendo del Hades como Kore,

ilumines de flores este Sájara

mundial y de astros, y lo vuelvas guájara

y valle, y selva tropical, y llore

            tu Lluvia desde el Ave de que mana

y corre, aunque es de noche, tu Justicia

que iguala y hace libres -de estulticia

también- y, desde el Árbol, la Manzana

nos ofrezca tu Sierpe anti-tirana

y seamos rebeldes en milicia

            republicana voluntaria y soli-

daria con todo el mundo; porque hay Voces

amenazantes que te niegan, y hoces

y martillos no quedan, sólo poli

política, del gusto del panoli

popular de rebuznos y de coces.

            También te ruego, Amor -que las estrellas

y el sol mueve en mi pecho y la galaxia-,

un báculo, ortopedia, profilaxia

para la senectud que deja huellas

en el seso indelebles y hace mellas

en el cuerpo, y tu Luz; y tu ataraxia.

            Pedírtelo es lo mismo que a mí mismo

pedírmelo, y al mundo que me escuche

si lo publico, o público, y que luche

contra el engaño universal, cinismo

del Monstruo -contra el cual el simbolismo

sólo es potente- y su caníbal buche. 

            Porque si la consigna no es sagrada,

sin la Equidad, que iguala, como place

a la metáfora, viene el desguace,

o como metonimia, con su espada,

la solidaridad del camarada

y toda libertad corta y deshace.

            Y no hay felicidad, sólo latría

del Ego que se forra y se atiborra

de lo ajeno, y presume como zorra

alhajada, además. Ave -María-,

que retorne tu culto de dulía,

-y deje de robarnos la Camorra

            del Amo Predador-, o Nefertiti,

y, vuelto el Homo femenino, Madre,

dejemos de atacarnos, y que cuadre

el círculo virtual, que allá en WallStreet y

germano el Bundesbank de la gran Titi

tiene sus tronos, y que nunca ladre

            más ningún cancerbero ni nos gruña

por intentar hüír de los infiernos,

o por ser fraternales al habernos

entendido con esta Cataluña

y aquella Venezuela, y zarpa y uña

retracte, y los caninos, y los cuernos,

            excepto aquél de la Abundacia: parta

tu mano por igual toda la misma,

que dejen ya las crismas el sofisma

de la bondad plutócrata, que harta

está ya de arruinarnos, y la Carta

Magna humana nos lleve en tu melisma,

            que para eso la creamos todos

y se la embolsa mínima una parte,

inválida sinécdoque, sin arte

ni simetría, con sus malos modos:

que dejen de invadirnos ya los godos,

normandos y califas, y a otra parte

            se vayan con su ruido. Porque grava

esa Graja y te grazna y esa Bicha,

que no te representan, por desdicha,

es de hambre voraz que no se acaba,

porque es su gravedad de buitre y pava

y su erecta serpiente nos espicha.

domingo, 13 de septiembre de 2020

AUTORRETRATO AL PORMENOR

   Hoy me he mirado sincero al espejo
Y me he quedado pasmado de horror:
Aunque me he visto mayor ¾sí: más viejo¾,
Soy un poeta menor.
  Un espontáneo me ha echado un denuesto
A mis espaldas, con sucio rencor.
Nadie me quiere a su lado ¾¿molesto?
Soy un poeta menor.
  Caigo fatal, pues parezco narciso.
Pero hace mucho que ahogué mi impudor:
Yo, cuando escribo, no os pido permiso:
Soy un poeta menor…
  No sigo normas, o sólo una sigo
Muy anormal, que no acoge el clamor
Público: todo me importa a mí un higo:
Soy un poeta menor…
  Hay sin embargo unos pocos lectores
Que han advertido mi raro valor.
Sólo son tres -aunque son los mejores.
Soy un poeta menor.
  Ser distinguido entre tanto uniforme
Mayoritario no me hace mayor.
(Mínimo el cosmos nació y es enorme.)
Soy un poeta menor.
  Dicen que el odio me roe de insidia
Por cuanto envidio al best-seller de honor.
Tienen razón: su parné me da envidia:
Soy un poeta menor.
  Todo poeta mayor sufre en propia
Carne un tormento del alma ¾por mor
De ganar pasta, y salir de la inopia.
Soy un poeta menor.
  Ya comprendí que no tengo talento
Para expresar con verdad mi dolor
¾ese dolor que, si puedo, no siento¾:
Soy un poeta menor.
  Claro: si tengo este don indecente
De, aun sin gozar del humano calor,
Ser tan feliz… o, si no, andar caliente,
Soy un poeta menor.
  Si es ser mayor el hacer estas cosas:
No decir nada, cantar sin color
O padecer de experiencias penosas…,
Soy un poeta menor.

viernes, 11 de septiembre de 2020

El miedo a la Poesía Otra

Breve análisis del caso, pero tan solo una opinión, como -casi- dijo Einstein del tiempo que nos envejece y mata: pretender y decir que J. G. de Biedma es, con permiso de Luis G. Montero, el mayor poeta que ha dado el mundo contemporáneo, es una desfachatez descarada y un desprecio a toda la gran poesía de verdad que ha dado el mundo contemporáneo. No es que no sean esos 2 del par de autos buenos poetas, importantes sobre todo para conocer las razones que explican la ausencia de auténtica poesía "otra" coetánea de Luis en la editoriales de prestigio y negocio, no: de lo que se trata en realidad es de que la calidad poética no ha sido nunca criterio de juicio crítico literario en esos años y medios, tampoco en los concursos sufragados con dinero público, por haber sido usurpado por el de vendibilidad, cuando dichos certámenes están para fomento de la cultura literaria. Lo penoso de todo esto es que la manipulación de esos premios de marras ha dado lugar al éxito de la pseudo-poesía más inculta y mostrenca, que cada vez llega más al los preconcedidos galardones de la Corrupción. El culpable de esta ruina es el que ha puesto tantas zancadillas y frenos a los que no escribieran según la norma de ese ramplón estilo impuesto desde Arriba, para que ningún otro tipo de poesía brille a su lado con peligrosas probabilidades de eclipse. Lo sé por padecida experiencia. Y todo el asunto es un secreto a voces. Pero ya no tengo nada que perder, porque he sufrido todas las censuras y marginaciones y ninguneos posibles de quien ha decidido cuál ha de ser el único modelo que se puede imitar: JGdB. Si nos dejamos inspirar por la obra de Darío, Machado, Jiménez, Lorca, Hernández, De Otero o Hierro, De Ory, Baena, Colinas o De Cuenca, no seremos considerados ni modernos ni poetas. Id est: para ser poetas y modernos hay que escribir como LGM. Y yo, miren vds., no puedo tragarme semejante disparate, porque el origen último de la poesía de mi ex-amigo LGM no está tanto en Biedma o Cernuda, como en el prosaísmo de Campoamor, a quien ha, de hecho, reivindicado. Después de todo, yo no me creo ser ningún "permitidor" ni "prohibidor" de ningún gran poeta. Y ya: vale.