domingo, 12 de enero de 2020

TOTALITARISMO E INCONSCIENTE (COLECTIVO)

Análisis psicolingüístico del facha.

Si hay algo que me saca de quicio y me toca las entrañas (y me hace, según críticos, reaccionar desproporcionadamente) es el infundamentado e injustificado uso de los imperativos y “prohibitivos” verbales que cierto tipo de personalidad caracteristica de, sin ir más lejos, facebook, tiende a usar cuando manifiesta desacuerdo con este humilde y rebelde servidor de ustedes: déjese usted de hacer tal cosa y haga esta otra. Me resulta molesto porque la psique emisora de tal clase de mensajes parece haberse arrogado el derecho de dar, en el mejor de los casos,  no pedidos consejos, y en el peor, inopinadas órdenes o mandatos: lapsi linguae o actos fallidos, reveladores de su designio subconsciente. Y si lo primero es una falta de buena educación que enraíza en una pseudo-seguridad en sí misma por parte de la persona de autos, lo segundo no es otra cosa que un síntoma de inconsciente totalitarismo, basado, como todos los tales, en la (in)conciencia de superioridad aristocrática del grupo que integra dicho ser humano como miembro, que no pocas veces, en los casos más psicopatológicos, se reduce a un conjunto de un solo elemento, que no es sino el propio imperioso individuo emisor de sus prohibitivas depreciaciones del prójimo.
A esto hay que añadir, por supuesto, expresiones como “comete usted una desafortunado error” o incluso “está usted desbarrando”, o, lo peor, “vaya lío que tienes en la cabeza”, como si el propalador de tales descalificaciones fuera inmune al error y al desbarre y a los líos in testa, y se considerara a sí mismo cualificado para rebajar al sapiens al que hace objeto de su (pre)juicio, como si se sintiera propietario privado de una verdad pública a la que sólo ese homo (pre)iudex o pre-juez pre-juzgador, y condenado condenador, tuviera exclusivo o, al menos, privilegiado acceso.
Lo despectivo de tales malos modos son obvios e insufribles para, al menos, mi suspicaz sensibilidad.
Y la soberbia vanidosa de su engreimiento, conspicuo síntoma de una pulsión del freudiano Id instintivo determinado de modo absolutista por un Superego, ambos sub- o inconscientes.
Lo cual no sería demasiado grave porque es algo que le pasa a todo el mundo, servidor incluido.
El problema es que ese fenómeno cuasi sociopatológico es el que explica la tendencia del Homo a la servidumbre voluntaria, propia del esclavo feliz, y a su no tan paradójica defensa del totalitarismo -o a la mera servidumbre al totalitarismo. Basándome -a mi manera, la de apropiarmen de modo impropio conceptosa y tecnicismos ajenos- en Slavoj Zizek, lúcido y experto comenterista de Lacan y su freudiano psicoanális, y en especial en su Porque no saben lo que hacen. El sínthome ideológico (Akal, 2017), y en su enjuiciamiento de la Teoría Crítica de la Sociedad, de la Escuela de Frankfurt, y, en concreto, de la de Teodor W. Adorno, aventuraré que, siendo el Ego consciente un mediador entre las instancias inconscientes del Ello y el Superyó, es decir, de las pulsiones instintivas biológicas y del reflejo de la Autoridad de la Superestructura Social en nuestro interior psíquico, reprimidas las primeras y represora la segunda, con frecuencia (por no decir, diría yo, siempre) ambos componentes de nuestros oscuros extremos íntimos amenazan con, y cumplen, inclinar la balanza hacia alguno de los platillos, tiznando el autodominio propio de nuestra conciencia, en mayor o menor grado, de un espurio deseo de dominio ajeno y del ajeno, a menudo con formas de salvaje sin ley -aun en manadas-. Pero lo más curioso e interesante de todo este asunto es que, sea cual sea el lado hacia el que bascule el fiel del equilibrio egoico, hacia la autoridad o el salvajismo, es, al fin, una mixtura desequilibrada de los 2 lo que articula un interno e inconsciente servilismo que se manifiesta como, de nuevo paradójicamente, no solo autoritario, sino autoritarista, y no pocas veces totalitario.
Y esto explica los éxitos populares y populistas de fascismos, estalinismos y demás absolutismos, tantas veces no reconocidos por el sujeto que los ejerce a su nivel individual y los sufre como social objeto de opresión consentida.

Hoy, tras la derrota y acabamientos de ambas ideologías, nadie desea reconocer que la bestia inconsciente, que no tenemos más remedio que, si queremos convivir en sociedad,  reprimir mediante la educación y libre acatamiento de las leyes y la Norma, manifiesta en todos, pero sobre todo en los imperativistas y prohibicionistas verbales de diversa índole, una querencia por la fusión del sí-mismo (Selbst) con un des-almado o des-psicologizado Superyó, para, con su colaboracionismo con ese representante del Amo arquetípico (tradicionalmente Dios, la Patria y el Rey), hallar fuera de sí una víctima expiatoria de sus “pecados” o carencias y excesos (el judío de turno o el conspirador contrarrevolucionario de ídem, según el color de la enseña ideológica de cada cual) que, por proyección de lacras propias, expulse de la conciencia del ego el defecto antisocial ofensivo/defensivo y la limpie de su maldad no reconocida e irreconocible por implicar siempre temor, también desconocido pero latente y determinante, a la auto-repugnancia. Y, como no se quiere ser tildado de nazi o racista, la limpieza inquisitioria de la romana española suele hundirse hoy por el lado siniestro, siendo el “diablo rojo” el que asume el papel de terapéutico chivo propiciatorio a sacrificar para dejarlo hecho un Cristo, por ser él quien soporta la carga de la suciedad que no aceptamos como inherente a nuestro Ego Ideal. No se da cuenta la gente, mucha gente, demasiada, de que así pone la necesaria pulsión vital de su represa libido, no al servicio de la liberación individual, como pretende el vigente y hegemónico liberalismo neo-decimonónico, sino al del ciego amor filocrático a un símbolo que ejerce el rol de Amo, Dueño y Señor, dictador de las normas de Normalidad y la Normatividad.
Y ese Amo resulta a la postre ser la Bestia liberada de toda obligación y restricción, dictando, insisto, sus imposiciones salvajes y bárbaras a todo vecino extra-egoico.
En la Europa que derrotó a los fascismos en la 2ª Guerra y al estalinismo al fin de la Fría, la educación oficial y pública se empeña por sistema, más que en nuestra concreta España, en desautorizar a todos los totalitarismos ideológicos que puedan ser ostentados por la Bestia Total.
Pero no debemos olvidar que en nuestra España el fascismo nunca ha sido derrotado, porque Franco murió vencedor y soñando con sus nazional-católicos angelitos; sí: aquellos que abrían la vía “por el Imperio hacia Dios”, los mismos que predicaban lo de la “España Una, Grande y Libre”, respecto de la que, salvo excepciones zopencas, todo quisque abomina por reconocerla ajena encarnación de la Bestia fascista, incluido algún inconsciente facha que se ofende cuando de tal se le tacha; y es que casi todo el mundo, salvedad hecha de la excepciones sin arreglo psíquico, admite que aquella España no fue ni Libre ni Grande, por lo que no les queda otra que defender con ceguera ideológica su condición de Una. Y he ahí el clavo ardiente al que se agarra el zopenquismo de las salvaciones excepcionales, que nada tienen, por desgracia, de excepcionales, como no sea en lo relativo a la extralimitación de sus desafueros imperialistas.

Rompe-españas nos llaman los nazional-españolistas, ya no a los independentistas, sino incluso a los que deseamos una España federal, en donde la diversidad anti-totalitaria se respete como mutualidad. Lo que es bueno para EEUU, Alemania o Suiza no lo es para nosotros. ¿Por qué? ¿Porque “Spain is different”?
La unidad de España, si es asumida libremente por todos los españoles, no puede sino ser algo beneficioso para todos los mismos. Pero si no es así, la imposición de la Unidad de la Totalidad a la fuerza se convierte en Totalitarismo del Uno. Y el Uno Total por imposición a Todos no es otra cosa que un servilismo inconsciente al lacaniano gran Otro, se aparezca éste como Dios, Patria, Rey o cualquier suerte de significante-Amo del que, si bien es cierto que no podemos, como criaturas sociales evitar, sí que podemos domesticar pactando sensatamente un acuerdo participativo con su Autoridad. Si no lo hacemos, la Bestialidad atávica impera y nos rebaja a víctimas de sus malos tratos, dándose -de nuevo- la paradoja de que los causantes y culpables del mismo somos nosotros mismos en tanto que sujetos agentes de nuestra propia cosificación "elloica" o "ídica" como pasivas cabras sacrificiales.
No voy a entrar en el análisis del antidemocrático sinsentido histórico que afecta en particular al caso del fanatismo pro Unidad de España, Unión que fue resultado de la libertad exclusuvista de 2 Amos Regios y Católicos, y -no olvidemos la expulsión de los judíos- racistas antisemitas, que decidieron, sin contar con la voluntad de sus pueblos respectivos, contraer un matrimonio político que por herencia "federaría" monárquicamente los reinos de Castilla y Aragón, que en aquellos tiempos incluía el hasta entonces más o menos independiente, según momentos, condado de Barcelona, ni en la ruina que trajo a los pueblos de España el heredero de ambos Estados, un rey extranjero, Karl V, para más inri “de Alemania”, que sangró la posesiones mineras de Castilla en América para, primero, sobornar a los Príncipes Electores que, en efecto, una vez untados, lo eligieron Emperador y, segundo, para financiar sus campañas bélicas imperiales, europeas y otras, que dieron ocasión a las penurias y miserias que manifestó y denunció nuestra literatura picaresca desde Lázaro de Tormes, y que ya profetizaba el Desastre del 98; y no lo voy a hacer porque no es el tema de hoy, o sólo lo es de modo tangencial. Y valga la preterición o paralipsis.
Me centraré en el problema con que comencé esta reflexión: quien da órdenes a un desconocido está poseído por la Bestia Totalitaria sin amaestrar y, encima, no lo sabe.

La dialéctica del Amo y el Esclavo (Hegel, Nietzsche) es clave socio-histórica y psico-antropológica para comprender nuestra mala educación relativa al mal gramatical y descortés -cateto o palurdo, por asilvestrado y bruto- uso de ciertos (malos) modos verbales. Y tal hecho es relevante desde el momento en que el lenguaje es lo que articula el significante de la comunicación con el otro, y con Otro, símbolo-(teo)-lógico, Verbal, lingüístico (recuérdese que en griego Logos, que puede traducirse por discurso o lenguaje se dijo en latín, como el Evangelio de s. Juan) que nos estructura como entes sociables, haciendo viable la comunidad, de rebelde Bien Común tan necesitada, frente al teo-Amo absoluto, ínsito en nuestro psíquico sustrato, el del ateo inclusive. Y se debería caer en la cuenta de que el único sentido ético de lo comunitario es ese Bien Común suso aludido, y que, para conseguir algo así, no podemos sino ser partidarios de lo que voy denominar neologísticamente como un eu-demo-comunismo (eu: bien; demo: pueblo, ergo: comunismo democrático en pro de bien social de cada socio integrante) que, por serlo de verdad, tiene que ser anti-totalitario y, por ende, anti-estalinista, desde el instante en que el estalinismo es una negación traidora del Ideal comunista de Marx y Engels: es evidente que la Sociedad Comunista por ellos propuesta es una utopía inalcanzable: una sociedad sin Estado permitiría siempre al listillo de turno -o al matón- aprovecharse de la bondad de los comunitarios, por lo que volvería, para impedirlo, a ser necesario el Imperio de la Ley, que es traducción de la expresión inglesa para lo que aquí llamamos Estado de Derecho. Siempre hará falta un Amo, un gran Otro con el que nos identifiquemos para que no se vaya a paseo el espacio social de la Justicia. Pero la experiencia nos demuestra que todo Amo lleva en sí la semilla de un hobbesiano Leviatán absolutista que hay que controlar mediante una pacto o contrato social que nos permita participar a los súbditos en su crático ejercicio. Y para lograr ese control tenemos, para empezar, que aprender a auto-controlarnos nosotros mismos educándonos auto-didácticamente en el uso del Lenguaje y de sus Verbos. Porque si el lenguaje funciona como engranaje social, como posibilitador de la cohesión de los comunes y la coherencia de su discurso entre los elementos del conjunto comunitario, la necesidad de mutuo respeto entre las personas civiles y -¡ojo!- gramaticales se vuelve primordial a la hora de no caer en conductas sociopáticas.
Qué trabajo cuesta, en vez de decir “haga usted tal cosa y no haga esa otra”, decir: me tomo la libertad de sugerirle que sería conveniente, para el recíproco entendimiento de las diferencias en pro de la harmonía común, que no hiciera (subjuntivo: modo verbal de lo posible y lo probable del deseo no realizado, no de la realidad indicativa, mostrable o demostrable con el índice) esto y, en su lugar, hiciera lo otro, sie es tan amable. Evitando así, la indicación absolutista de una realidad que cada uno ve a su manera, según la prestancia protagonista de sus arquetipos ideológicos, y que, por ello, nunca puede ser la Realidad-en-sí, sino solo una versión personal de la Misma. Porque las cosas (en-sí) no son como uno las ve, y nuestra visión sólo puede ser relativa a ese Absoluto que -quién sabe- lo mismo Ni existe.
Por eso, por la buena voluntad eu-demo-comunitaria que nos aconseja tolerar la diferencia, me permito recomendar humildemente y con el debido respeto el uso del subjuntivo y el potencial, antes que otros modos verbales que implican un estilo lingüístico señalador de la condición de Esclavo que ama al Amo y que, en consecuencia, ejerce su autoritarismo sobre el semejante objeto de su desprecio, como si su Ego de imperator, determinado por un Superego fundido con el Ello animal, el Tirano y la Bestia, fuera pódium ex cáthedra desde el que mirar de soslayo, por encima del hombro, a quien, por derecho de expresión ha hecho públicos sus sentimientos e ideas. Porque, como se debería saber Nadie es Superior a Nadie.
Claro que, para hacerlo, habría que tener habilidad en los usos sociales de la necesaria cortesía.
Y da pereza. A mí el 1º.
No obstante, es normal que un espíritu rebelde reaccione desproporcionadamente cuando el Amo Totalmente Bestia se manifiesta en el mal uso de los modos (verbales).
Y de paso y para concluir, quede claro que ver mediante psicoanálisis lo que se oculta tras la máscara de la ideologías, y que son siempre sucios y ruines intereses de clase o del mero egoísmo individual (nadie puede tirar la 1ª piedra) es un modo de limpiarnos de la patológicas malas intenciones o insidias o mala fe que nos inducen a comportarnos con malángel: cuando inmolamos al cristo de turno, al Cordero Expiatorio al que le haya tocado nuestra china, es posible que, en efecto, se nos perdone por que en verdad hacemos lo que hacemos porque no sabemos lo que hacemos.
Pero en la actualidad, y lo afirmo siguiendo al polémico filósofo Sloterdijk, los potentados que ejercen su autoridad absoluta “Sí saben lo que hacen y, aun así, lo siguen haciendo”: explotar como malas Bestias Totalitarias a Toda la Humanidad hasta ponerla en peligro de extinción.
Mala gente.
No nos deberíamos permitir el lujo suicida de ser sus partidarios, sino practicar una necesaria rebeldía para no ser inconscientes siervos amantes de nuestros amos opresores.
Y, para eso, hay que empezar intentando, por todos los medios, no ser como ellos.

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