Análisis psicolingüístico del facha.
Si hay algo que me saca de quicio
y me toca las entrañas (y me hace, según críticos, reaccionar
desproporcionadamente) es el infundamentado e injustificado uso de los
imperativos y “prohibitivos” verbales que cierto tipo de personalidad caracteristica
de, sin ir más lejos, facebook, tiende a usar cuando manifiesta desacuerdo con
este humilde y rebelde servidor de ustedes: déjese
usted de hacer tal cosa y haga esta otra. Me resulta molesto porque la
psique emisora de tal clase de mensajes parece haberse arrogado el derecho de dar, en el mejor de los casos, no pedidos consejos, y en el peor, inopinadas órdenes
o mandatos: lapsi linguae o actos
fallidos, reveladores de su designio subconsciente. Y si lo primero es una falta
de buena educación que enraíza en una pseudo-seguridad en sí misma por parte de
la persona de autos, lo segundo no es otra cosa que un síntoma de inconsciente
totalitarismo, basado, como todos los tales, en la (in)conciencia de superioridad
aristocrática del grupo que integra dicho ser humano como miembro, que no
pocas veces, en los casos más psicopatológicos, se reduce a un conjunto de un
solo elemento, que no es sino el propio imperioso individuo emisor de sus
prohibitivas depreciaciones del prójimo.
A esto hay que añadir, por
supuesto, expresiones como “comete usted una desafortunado error” o incluso
“está usted desbarrando”, o, lo peor, “vaya lío que tienes en la cabeza”, como
si el propalador de tales descalificaciones fuera inmune al error y al desbarre
y a los líos in testa, y se considerara
a sí mismo cualificado para rebajar al sapiens al que hace objeto de su (pre)juicio, como si se sintiera
propietario privado de una verdad pública a la que sólo ese homo (pre)iudex o pre-juez pre-juzgador, y condenado condenador, tuviera exclusivo
o, al menos, privilegiado acceso.
Lo despectivo de tales malos
modos son obvios e insufribles para, al menos, mi suspicaz sensibilidad.
Y la soberbia vanidosa de su
engreimiento, conspicuo síntoma de una pulsión del freudiano Id instintivo determinado
de modo absolutista por un Superego, ambos sub- o inconscientes.
Lo cual no sería demasiado grave
porque es algo que le pasa a todo el mundo, servidor incluido.
El problema es que ese fenómeno cuasi
sociopatológico es el que explica la tendencia del Homo a la
servidumbre voluntaria, propia del esclavo feliz, y a su no tan paradójica defensa del
totalitarismo -o a la mera servidumbre al totalitarismo. Basándome -a mi manera, la de apropiarmen de modo impropio conceptosa y tecnicismos ajenos- en Slavoj
Zizek, lúcido y experto comenterista de Lacan y su freudiano psicoanális, y en
especial en su Porque no saben lo que
hacen. El sínthome ideológico (Akal, 2017), y en su enjuiciamiento de la Teoría Crítica de la Sociedad, de la Escuela de Frankfurt, y,
en concreto, de la de Teodor W. Adorno, aventuraré que, siendo el Ego
consciente un mediador entre las instancias inconscientes del Ello y el
Superyó, es decir, de las pulsiones instintivas biológicas y del reflejo de la
Autoridad de la Superestructura Social en nuestro interior psíquico, reprimidas
las primeras y represora la segunda, con frecuencia (por no decir, diría yo,
siempre) ambos componentes de nuestros oscuros extremos íntimos amenazan con, y
cumplen, inclinar la balanza hacia alguno de los platillos, tiznando el
autodominio propio de nuestra conciencia, en mayor o menor grado, de un espurio
deseo de dominio ajeno y del ajeno, a menudo con formas de salvaje
sin ley -aun en manadas-. Pero lo más curioso e
interesante de todo este asunto es que, sea cual sea el lado hacia el que bascule
el fiel del equilibrio egoico, hacia la autoridad o el salvajismo, es, al fin, una mixtura desequilibrada de los 2
lo que articula un interno e inconsciente servilismo que se manifiesta como, de nuevo paradójicamente, no solo autoritario, sino autoritarista, y no pocas veces
totalitario.
Y esto explica los éxitos
populares y populistas de fascismos, estalinismos y demás absolutismos, tantas
veces no reconocidos por el sujeto que los ejerce a su nivel individual y los sufre
como social objeto de opresión consentida.
Hoy, tras la derrota y
acabamientos de ambas ideologías, nadie desea reconocer que la bestia
inconsciente, que no tenemos más remedio que, si queremos convivir en sociedad, reprimir mediante la educación y libre acatamiento
de las leyes y la Norma, manifiesta en todos, pero sobre todo en los
imperativistas y prohibicionistas verbales de diversa índole, una querencia por
la fusión del sí-mismo (Selbst) con un des-almado o des-psicologizado Superyó, para,
con su colaboracionismo con ese representante del Amo arquetípico
(tradicionalmente Dios, la Patria y el Rey), hallar fuera de sí una víctima expiatoria de sus “pecados” o carencias y
excesos (el judío de turno o el conspirador contrarrevolucionario de
ídem, según el color de la enseña ideológica de cada cual) que, por
proyección de lacras propias, expulse de la conciencia del ego el defecto
antisocial ofensivo/defensivo y la limpie de su maldad no reconocida e
irreconocible por implicar siempre temor, también desconocido pero latente y
determinante, a la auto-repugnancia. Y, como no se quiere ser tildado de nazi o
racista, la limpieza inquisitioria de la romana
española suele hundirse hoy por el lado siniestro, siendo el “diablo rojo”
el que asume el papel de terapéutico chivo propiciatorio a sacrificar para
dejarlo hecho un Cristo, por ser él quien soporta la carga de la suciedad que no aceptamos
como inherente a nuestro Ego Ideal. No se da cuenta la gente, mucha gente,
demasiada, de que así pone la necesaria pulsión vital de su represa libido, no
al servicio de la liberación individual, como pretende el vigente y hegemónico liberalismo
neo-decimonónico, sino al del ciego amor filocrático a un símbolo que ejerce el
rol de Amo, Dueño y Señor, dictador de las normas de Normalidad y la Normatividad.
Y ese Amo resulta a la postre ser
la Bestia liberada de toda obligación y restricción, dictando, insisto, sus
imposiciones salvajes y bárbaras a todo vecino extra-egoico.
En la Europa que derrotó a los
fascismos en la 2ª Guerra y al estalinismo al fin de la Fría, la educación
oficial y pública se empeña por sistema, más que en nuestra concreta España, en desautorizar a
todos los totalitarismos ideológicos que puedan ser ostentados por la Bestia
Total.
Pero no debemos olvidar que en
nuestra España el fascismo nunca ha sido derrotado, porque Franco murió
vencedor y soñando con sus nazional-católicos angelitos; sí: aquellos que
abrían la vía “por el Imperio hacia Dios”, los mismos que predicaban lo de la
“España Una, Grande y Libre”, respecto de la que, salvo excepciones zopencas,
todo quisque abomina por reconocerla ajena encarnación de la Bestia fascista,
incluido algún inconsciente facha que se ofende cuando de tal se le tacha; y es
que casi todo el mundo, salvedad hecha de la excepciones sin arreglo psíquico,
admite que aquella España no fue ni Libre ni Grande, por lo que no les queda
otra que defender con ceguera ideológica su condición de Una. Y he ahí el clavo
ardiente al que se agarra el zopenquismo de las salvaciones excepcionales, que
nada tienen, por desgracia, de excepcionales, como no sea en lo relativo a la
extralimitación de sus desafueros imperialistas.
Rompe-españas nos llaman los nazional-españolistas,
ya no a los independentistas, sino incluso a los que deseamos una España
federal, en donde la diversidad anti-totalitaria se respete como mutualidad. Lo
que es bueno para EEUU, Alemania o Suiza no lo es para nosotros. ¿Por qué?
¿Porque “Spain is different”?
La unidad de España, si es
asumida libremente por todos los españoles, no puede sino ser algo beneficioso
para todos los mismos. Pero si no es así, la imposición de la Unidad de la
Totalidad a la fuerza se convierte en Totalitarismo del Uno. Y el Uno Total por
imposición a Todos no es otra cosa que un servilismo inconsciente al lacaniano
gran Otro, se aparezca éste como Dios, Patria, Rey o cualquier suerte de
significante-Amo del que, si bien es cierto que no podemos, como criaturas
sociales evitar, sí que podemos domesticar pactando sensatamente un acuerdo
participativo con su Autoridad. Si no lo hacemos, la Bestialidad atávica impera
y nos rebaja a víctimas de sus malos tratos, dándose -de nuevo- la paradoja de
que los causantes y culpables del mismo somos nosotros mismos en tanto que
sujetos agentes de nuestra propia cosificación "elloica" o "ídica" como pasivas cabras sacrificiales.
No voy a entrar en el análisis del
antidemocrático sinsentido histórico que afecta en particular al caso del fanatismo pro Unidad de España, Unión que fue resultado de la libertad exclusuvista de 2 Amos Regios y Católicos, y -no olvidemos la expulsión de los judíos- racistas antisemitas, que decidieron, sin contar con la voluntad de sus pueblos
respectivos, contraer un matrimonio político que por herencia "federaría" monárquicamente los reinos
de Castilla y Aragón, que en aquellos tiempos incluía el hasta entonces más o
menos independiente, según momentos, condado de Barcelona, ni en la ruina que
trajo a los pueblos de España el heredero de ambos Estados, un rey extranjero, Karl
V, para más inri “de Alemania”, que sangró la posesiones mineras de Castilla en
América para, primero, sobornar a los Príncipes Electores que, en efecto, una
vez untados, lo eligieron Emperador y, segundo, para financiar sus campañas bélicas
imperiales, europeas y otras, que dieron ocasión a las penurias y miserias que
manifestó y denunció nuestra literatura picaresca desde Lázaro de Tormes, y que
ya profetizaba el Desastre del 98; y no lo voy a hacer porque no es el tema de
hoy, o sólo lo es de modo tangencial. Y valga la preterición o paralipsis.
Me centraré en el problema con
que comencé esta reflexión: quien da órdenes a un desconocido está poseído por
la Bestia Totalitaria sin amaestrar y, encima, no lo sabe.
La dialéctica del Amo y el
Esclavo (Hegel, Nietzsche) es clave socio-histórica y psico-antropológica para comprender nuestra
mala educación relativa al mal gramatical y descortés -cateto o palurdo, por
asilvestrado y bruto- uso de ciertos (malos) modos verbales. Y tal hecho es
relevante desde el momento en que el lenguaje es lo que articula el
significante de la comunicación con el otro, y con Otro, símbolo-(teo)-lógico, Verbal, lingüístico (recuérdese que en griego Logos, que puede traducirse por discurso o lenguaje se dijo en latín, como el Evangelio de s. Juan) que
nos estructura como entes sociables, haciendo viable la comunidad, de rebelde
Bien Común tan necesitada, frente al teo-Amo absoluto, ínsito en nuestro psíquico sustrato, el del ateo inclusive. Y se debería caer en la cuenta de que el único sentido ético de lo comunitario es ese Bien Común suso aludido, y que, para conseguir algo así, no podemos sino ser partidarios
de lo que voy denominar neologísticamente como un eu-demo-comunismo (eu: bien;
demo: pueblo, ergo: comunismo democrático en pro de bien social de cada socio integrante) que, por serlo
de verdad, tiene que ser anti-totalitario y, por ende, anti-estalinista, desde
el instante en que el estalinismo es una negación traidora del Ideal comunista
de Marx y Engels: es evidente que la Sociedad Comunista por ellos propuesta es
una utopía inalcanzable: una sociedad sin Estado permitiría siempre al listillo
de turno -o al matón- aprovecharse de la bondad de los comunitarios, por lo que
volvería, para impedirlo, a ser necesario el Imperio de la Ley, que es
traducción de la expresión inglesa para lo que aquí llamamos Estado de Derecho.
Siempre hará falta un Amo, un gran Otro con el que nos identifiquemos para que no
se vaya a paseo el espacio social de la Justicia. Pero la experiencia nos
demuestra que todo Amo lleva en sí la semilla de un hobbesiano Leviatán
absolutista que hay que controlar mediante una pacto o contrato social que nos permita participar a los súbditos en su crático
ejercicio. Y para lograr ese control tenemos, para empezar, que aprender a auto-controlarnos
nosotros mismos educándonos auto-didácticamente en el uso del Lenguaje y de sus Verbos. Porque si el lenguaje funciona como engranaje social, como posibilitador
de la cohesión de los comunes y la coherencia de su discurso entre los
elementos del conjunto comunitario, la necesidad de mutuo respeto entre las personas civiles y -¡ojo!- gramaticales se vuelve primordial a la hora de no caer en conductas sociopáticas.
Qué trabajo cuesta, en vez de
decir “haga usted tal cosa y no haga esa otra”, decir: me tomo la libertad de sugerirle que sería conveniente, para el recíproco
entendimiento de las diferencias en pro de la harmonía común, que no hiciera
(subjuntivo: modo verbal de lo posible y lo probable del deseo no realizado,
no de la realidad indicativa, mostrable
o demostrable con el índice) esto y, en su lugar, hiciera lo otro, sie es tan amable.
Evitando así, la indicación absolutista de una realidad que cada uno ve
a su manera, según la prestancia protagonista de sus arquetipos ideológicos, y
que, por ello, nunca puede ser la Realidad-en-sí, sino solo una versión
personal de la Misma. Porque las cosas (en-sí) no son como uno las ve, y nuestra
visión sólo puede ser relativa a ese Absoluto que -quién sabe- lo mismo Ni existe.
Por eso, por la buena voluntad
eu-demo-comunitaria que nos aconseja tolerar la diferencia, me permito
recomendar humildemente y con el debido respeto el uso del subjuntivo y el
potencial, antes que otros modos verbales que implican un estilo lingüístico señalador
de la condición de Esclavo que ama al Amo y que, en consecuencia, ejerce su
autoritarismo sobre el semejante objeto de su desprecio, como si su Ego de imperator, determinado por
un Superego fundido con el Ello animal, el Tirano y la Bestia, fuera pódium ex
cáthedra desde el que mirar de soslayo, por encima del hombro, a quien, por derecho
de expresión ha hecho públicos sus sentimientos e ideas. Porque, como se debería saber
Nadie es Superior a Nadie.
Claro que, para hacerlo, habría
que tener habilidad en los usos sociales de la necesaria cortesía.
Y da pereza. A mí el 1º.
No
obstante, es normal que un espíritu rebelde reaccione desproporcionadamente
cuando el Amo Totalmente Bestia se manifiesta en el mal uso de los modos
(verbales).
Y de paso y para concluir, quede
claro que ver mediante psicoanálisis lo que se oculta tras la máscara de la
ideologías, y que son siempre sucios y ruines intereses de clase o del mero egoísmo
individual (nadie puede tirar la 1ª piedra) es un modo de limpiarnos de la
patológicas malas intenciones o insidias o mala fe que nos inducen a
comportarnos con malángel: cuando inmolamos al cristo de
turno, al Cordero Expiatorio al que le haya tocado nuestra china, es posible que, en efecto, se
nos perdone por que en verdad hacemos lo que hacemos porque no sabemos
lo que hacemos.
Pero en la actualidad, y lo afirmo siguiendo
al polémico filósofo Sloterdijk, los potentados que ejercen su autoridad absoluta “Sí saben lo que
hacen y, aun así, lo siguen haciendo”: explotar como malas Bestias Totalitarias
a Toda la Humanidad hasta ponerla en peligro de extinción.
Mala gente.
No nos deberíamos permitir el
lujo suicida de ser sus partidarios, sino practicar una necesaria rebeldía para no ser
inconscientes siervos amantes de nuestros amos opresores.
Y, para eso, hay que empezar intentando, por todos los medios, no ser como ellos.