León Felipe
Machado
Eliot. Four quartets
Wilfred Owen. War poems
Cunfucio
I. Helarte del Absurdo
Después de
todo, el verso es sólo un juego
sin ninguna importancia, si importancia
es algo que trasciende a todo ego
-o es sólo la fructífera ganancia
financiera del lucro, que se invierte
en préstamos bancarios de la rancia
compra usurera. Pero cuando el fuerte
sufra de un buen boquete en los cimientos,
lo llenamos los débiles, y a muerte
de hambre nos condena, cenicientos
de la patria madrasta, que a esos bankos
mima, y no a quien los salva, si es que hambrientos
con nostalgia de nazis y de Francos
se elige al sinvergüenza capitoste
en provinciana capital y estancos
compartimentos sin salud, el coste
continuando pagándose, vendida
su integridad gratuita a su Preboste
de Ocasión, oportuno, por suicida
parroquiano prensil de la alta tasca
en donde se discute bajo brida
de fútbol y política, y se atasca
con ésta, porque entiende sólo de ése.
Repite lo que oye y se le casca
el casco, que jamás calienta, pese
a que la lengua sí. Si üno hurga
con rayos X -ojalá pudiese-
en ese engaño, te dará la murga:
te dice “informate”, y a sí se inmola
en el altar de Durga en donde purga
su palurda memez de cocacola
con ginebra de enebro en el cerebro
paleón, que se traga cada bola
que le cuenta Pinocho, y el enebro
on the ti-vis es quien le habla, y habla
él cuando ellas por. Paso de cebro
u onagro que embustera la dïabla
capitalina criminal que muerde
le enciende el verde con la rasa tabla
mental, y tiemblo al ver cómo se pierde
por los murcianos y los testarudos
gallos egos, que eligen al más verde
franquista. Y el demócrata de rudos
conocimientos, no los para, dando
por sentado que todos, narigudos,
son iguales, de uno y otro bando
o banda de bandidos, como quiere
que crea el bien el corrupto. Y así ando,
andamos, dados por ahí: se hiere
con la expulsión al único sin mácula,
dejando libre el mal ladrón, y muere
el Bueno de esta Peli, ya vernácula
costumbre y, si el ladrón muere, se eleva
y nos chupa más sangre como Drácula,
alzado por las sombras de la cueva,
que son las almas muertas -de Gogol.
Cuando escucho esta vieja mala nueva
de siempre me avergüenzas, español.
(Gógol se dice, que no sabes ruso.
Y no expones tu cara al sol, confuso
en tu ignorancia, nunca cara al sol).
II. Mundana desvergüenza
Y me
avergüenzas, mundo, con tus muertes
de inocentes, maltrato de los menos
favorecidos de fortuna y fuertes
abusos con los débiles sin frenos
por sus desposesores, minoría
que manda en los Estados, en que buenos
estamos, incluyendo la poesía
en general de bardos, y de burdos
apolíticos, todos, pleitesía
rindiendo a lo normal de sus absurdos
asuntos de simpleza, indiferentes
al bien común, si eligen los palurdos
ingenuos al franquista, bajo puentes
viviendo, por terror a ése fantasma
rojo que usa ése, con las mentes
sin pienso, poseídas por la pasma
patriota de cloaca y unos medios
de masas corrompidos por la miasma
de la inversión en ellas. Sus asedios
de desinformación, padecen, ruina,
por votar contra sí. ¿No habrá remedios
para tanta ceguera o medicina?
Antes eran la armas, y aún perdura
la guerra, en cualquier caso, neo-sentina
del tráfico de armas, la basura
de toda humanidad, y algún poeta
tacha al tonto de izquierdas, lo asegura,
más peligroso que el fascista, treta
para chupar del bote, que del podio
pretende no bajarse, que le inquieta
que también su montaje, por el odio
que induce en sus penados al silencio
le salpique a su mafia, que salmodio
crítico, y a su nada lo sentencio
por juicio sumarísimo. La Iglesia
corrompida, que ya no reverencio,
traicionando a Jesús, en la anestesia
sumía a quien sumaba los domingos
al púlpito, lo mismo que la, ¡pesia
tal!, prensa ahora haciendo, por distingos
de índice, al mesías un demonio,
para reconducirnos por respingos
de terror al redil del matrimonio
con el Mal, o los bienes del ricacho
enriquecido con el patrimonio
de sus desposeídas a que el Macho
Alfa Patriarca da sus tratos crueles,
míseras, miserable. Y al corbacho
te enfrentas y denuncias y te dueles.
Lamento tanto engaño y tanto timo
a estas violadas Dafnes o laureles
que roba el dios poeta, que suprimo
-por parte de papá- de mis baremos,
que se ha quedado a oscuras, y hace mimo
al de Poder, y no a los que podemos
y queremos hacer que haya justicia.
Que ¿para qué? Valientes fachas memos.
La prevaricación es su delicia.
III. El Capi y las Sirenas
EL verso
poco importa o el poema:
importa lo que indica si delata
la injusticia del mundo, que se quema
en propia insensatez que, cuando cata
la verdad se acobarda y con su mema
cara inconsciencia a sí mismo se mata
eligiendo al que dicta el anatema
contra dicha equidad, y su asesino
potencial, cuando actúa. Cuando trema,
errará: al matadero va el cochino
adorando a su experto matarife,
marrando, por marrano, de camino.
En esa tómbola cuanto se rife
es mortal a la larga, una sirena
cuyo canto te atrae al arrecife,
y además suena a rayos con serena
claridad, si engañosa. Si comprendo,
por conexión acrítica a la antena,
al fascista, que dice el reverendo
que obsérvese su norma, y manipula
a las masas con técnicas de atuendo
de farsa, o carnaval inverso, anula
mi comprensión el puerco que, más terco,
desoye a quien le muestra, que una mula,
la verdad de su fin propio de puerco
en vía a la matanza, que él insiste
en elegir sin juicio, con su cerco
a gusto de pocilga, pobre triste
comiendo desperdicios que le deja
el patriota patrón que su despiste
fomenta -y ésa propaganda es vieja-
en propio beneficio, sin jüicio
por parte del que engorda: si en bandeja
le sirvo la verdad, ese servicio
se toma como ofensa contra el amo,
creyendo sin jüicio beneficio
suyo el del drácula cuyo reclamo
confunde, que lo caza y lo somete.
La poesía no importa, aun si la amo
con pasión, porque el arte es un juguete,
o solo importa cuando trata asuntos
que trascienden el ego y el retrete
de toda egolatría, hacia sus puntos
suspensivos, después del pensamiento
de lo dado: in potentia los difuntos
le niegan lo que mienta, que yo miento
(lo que la tele miente es preferible):
que la verdad no importa; sólo el cuento
sin fin y sin jüicio, e imposible:
el dueño quiere bien a sus esclavos
porque les da trabajos. Y quien drible
su impune acoso ha de sufrir los clavos
de Cristo por valiente, hipocresía
de quienes ven su cola como pavos.
Importa la verdad la poesía
y entonces sí que importa: la señala;
si el necio mira el dedo, cosa mía
no es: lo intento: si en verdad no cala,
es siempre por la necia ideología,
y su funesta y torpe martingala:
Pilla todo y así cosecha el día.
Y no pienses en luego, que no hay Luego
ni Logos ni Camino -a la Utopía.
O sólo hay una utopía: el Ego.
IIII. Ética al Ego
No es una
Dios hipótesis científica
-bravo hipérbaton-: nunca se refuta
ni demuestra: no púedese. Prolífica
la probabilidad, no diminuta,
de que exista es un medio porcentaje,
del 50, o que no. La vida muta
y la materia, y crea el ensamblaje
de una estructura nueva, y la energía
-evolución-, lo cual cambia el miraje
del concepto en cuestión. Cosecha el día
pero deja el pillaje. No hace falta
el despojo. Ninguna garantía
de otra vida tenemos ni más alta
sin ese Dios del medio, o del 50
por ciento, de los años. Sobresalta
la muerte, y hacia el sol que más calienta
se arrima uno, si no hay otra. Pilla
el pillo sin moral. No le trae cuenta
otra cosa que el cuento, maravilla
sucedánea del mito y de la fides,
que da fidelidad. Fe fue. Y se trilla
por el dogma contrario. Lo decides
tú, que crees el cuento de que el cero
tiene más entidad, entre adalides
nihïlistas, que el Ser, los del sendero
que no parte ni re-: el presente es presa
del vano venatorio, majadero
de especies o almirez, porque está tiesa
la vida sin sentido y con sindioses.
Y a vivir rapiñando de la gruesa
despensa del vecino. Como coses
a puñaladas de exclusión a alguno
que te haga sombra, y no hay castigo, toses
no le aguantas a nadie. Tú, más tuno
que nadie. No se admite competencia.
Quien no te adule es un rival, lobuno
homo hómini est. A ti la ciencia
qué te importa, ¿verdad?, si permitido
todo está, porque no
hay verdad. Anuencia
con el Poder, primero que el olvido
del Viejo hashishín de la Montaña
te asesina, Al-Sabbah. Un sinsentido
es todo Dios. Me quedo en la patraña
patriota nueva, o tonto de la izquierda
llamo al honesto. ¿No? Como la caña
por empacho egolátrico al siniestro
doy, soy ya Dios, el Único. Qué lerda
vanidad: sólo importo yo. Maestro
-si no se tira de mï alma cuerda-
no hay que me enseñe a hacerme una autocrítica.
Te lo has montado bien con el secuestro
de la divinidad para tu mítica
del ego, indelegable. Dios, el mito,
que antes solo ha servido a la política
de Poderoso con el infinito
Omnipotente comparado, a cuerno
quemado me apestece. Cuando el grito
del desgraciado exprese el propio infierno,
orejas haré sordas, haré el sordo.
Y viviré en mi paraíso tierno,
mientras a costa suya engordo, engordo,
engañando al gañán y al inocente,
pirateando capi siempre a bordo,
sin importarme ser un delincuente,
y haciéndole creerse un amo culto
que se cree a su vez inteligente,
porque me rinde culto inculto a bulto.
Y lo bailado quítenme. No importa
la poesía, porque no consulto
al sabio, que es mentira el arte y corta
la vida, si no se hace un buen negocio.
Si no se vende poco me conforta.
Y no funciona ya mi sacerdocio:
no se tiene fe en mí, y no gano guita
ni gloria en vida gozo. Que el beocio
busque razón de ser en la infinita
sustancia de lo cósmico, y se pierda
el goce de vivir la vida escrita
en papel -de teatro-, y en mi mierda.
sin ninguna importancia, si importancia
es algo que trasciende a todo ego
-o es sólo la fructífera ganancia
financiera del lucro, que se invierte
en préstamos bancarios de la rancia
compra usurera. Pero cuando el fuerte
sufra de un buen boquete en los cimientos,
lo llenamos los débiles, y a muerte
de hambre nos condena, cenicientos
de la patria madrasta, que a esos bankos
mima, y no a quien los salva, si es que hambrientos
con nostalgia de nazis y de Francos
se elige al sinvergüenza capitoste
en provinciana capital y estancos
compartimentos sin salud, el coste
continuando pagándose, vendida
su integridad gratuita a su Preboste
de Ocasión, oportuno, por suicida
parroquiano prensil de la alta tasca
en donde se discute bajo brida
de fútbol y política, y se atasca
con ésta, porque entiende sólo de ése.
Repite lo que oye y se le casca
el casco, que jamás calienta, pese
a que la lengua sí. Si üno hurga
con rayos X -ojalá pudiese-
en ese engaño, te dará la murga:
te dice “informate”, y a sí se inmola
en el altar de Durga en donde purga
su palurda memez de cocacola
con ginebra de enebro en el cerebro
paleón, que se traga cada bola
que le cuenta Pinocho, y el enebro
on the ti-vis es quien le habla, y habla
él cuando ellas por. Paso de cebro
u onagro que embustera la dïabla
capitalina criminal que muerde
le enciende el verde con la rasa tabla
mental, y tiemblo al ver cómo se pierde
por los murcianos y los testarudos
gallos egos, que eligen al más verde
franquista. Y el demócrata de rudos
conocimientos, no los para, dando
por sentado que todos, narigudos,
son iguales, de uno y otro bando
o banda de bandidos, como quiere
que crea el bien el corrupto. Y así ando,
andamos, dados por ahí: se hiere
con la expulsión al único sin mácula,
dejando libre el mal ladrón, y muere
el Bueno de esta Peli, ya vernácula
costumbre y, si el ladrón muere, se eleva
y nos chupa más sangre como Drácula,
alzado por las sombras de la cueva,
que son las almas muertas -de Gogol.
Cuando escucho esta vieja mala nueva
de siempre me avergüenzas, español.
(Gógol se dice, que no sabes ruso.
Y no expones tu cara al sol, confuso
en tu ignorancia, nunca cara al sol).
de inocentes, maltrato de los menos
favorecidos de fortuna y fuertes
abusos con los débiles sin frenos
por sus desposesores, minoría
que manda en los Estados, en que buenos
estamos, incluyendo la poesía
en general de bardos, y de burdos
apolíticos, todos, pleitesía
rindiendo a lo normal de sus absurdos
asuntos de simpleza, indiferentes
al bien común, si eligen los palurdos
ingenuos al franquista, bajo puentes
viviendo, por terror a ése fantasma
rojo que usa ése, con las mentes
sin pienso, poseídas por la pasma
patriota de cloaca y unos medios
de masas corrompidos por la miasma
de la inversión en ellas. Sus asedios
de desinformación, padecen, ruina,
por votar contra sí. ¿No habrá remedios
para tanta ceguera o medicina?
Antes eran la armas, y aún perdura
la guerra, en cualquier caso, neo-sentina
del tráfico de armas, la basura
de toda humanidad, y algún poeta
tacha al tonto de izquierdas, lo asegura,
más peligroso que el fascista, treta
para chupar del bote, que del podio
pretende no bajarse, que le inquieta
que también su montaje, por el odio
que induce en sus penados al silencio
le salpique a su mafia, que salmodio
crítico, y a su nada lo sentencio
por juicio sumarísimo. La Iglesia
corrompida, que ya no reverencio,
traicionando a Jesús, en la anestesia
sumía a quien sumaba los domingos
al púlpito, lo mismo que la, ¡pesia
tal!, prensa ahora haciendo, por distingos
de índice, al mesías un demonio,
para reconducirnos por respingos
de terror al redil del matrimonio
con el Mal, o los bienes del ricacho
enriquecido con el patrimonio
de sus desposeídas a que el Macho
Alfa Patriarca da sus tratos crueles,
míseras, miserable. Y al corbacho
te enfrentas y denuncias y te dueles.
Lamento tanto engaño y tanto timo
a estas violadas Dafnes o laureles
que roba el dios poeta, que suprimo
-por parte de papá- de mis baremos,
que se ha quedado a oscuras, y hace mimo
al de Poder, y no a los que podemos
y queremos hacer que haya justicia.
Que ¿para qué? Valientes fachas memos.
La prevaricación es su delicia.
importa lo que indica si delata
la injusticia del mundo, que se quema
en propia insensatez que, cuando cata
la verdad se acobarda y con su mema
cara inconsciencia a sí mismo se mata
eligiendo al que dicta el anatema
contra dicha equidad, y su asesino
potencial, cuando actúa. Cuando trema,
errará: al matadero va el cochino
adorando a su experto matarife,
marrando, por marrano, de camino.
En esa tómbola cuanto se rife
es mortal a la larga, una sirena
cuyo canto te atrae al arrecife,
y además suena a rayos con serena
claridad, si engañosa. Si comprendo,
por conexión acrítica a la antena,
al fascista, que dice el reverendo
que obsérvese su norma, y manipula
a las masas con técnicas de atuendo
de farsa, o carnaval inverso, anula
mi comprensión el puerco que, más terco,
desoye a quien le muestra, que una mula,
la verdad de su fin propio de puerco
en vía a la matanza, que él insiste
en elegir sin juicio, con su cerco
a gusto de pocilga, pobre triste
comiendo desperdicios que le deja
el patriota patrón que su despiste
fomenta -y ésa propaganda es vieja-
en propio beneficio, sin jüicio
por parte del que engorda: si en bandeja
le sirvo la verdad, ese servicio
se toma como ofensa contra el amo,
creyendo sin jüicio beneficio
suyo el del drácula cuyo reclamo
confunde, que lo caza y lo somete.
La poesía no importa, aun si la amo
con pasión, porque el arte es un juguete,
o solo importa cuando trata asuntos
que trascienden el ego y el retrete
de toda egolatría, hacia sus puntos
suspensivos, después del pensamiento
de lo dado: in potentia los difuntos
le niegan lo que mienta, que yo miento
(lo que la tele miente es preferible):
que la verdad no importa; sólo el cuento
sin fin y sin jüicio, e imposible:
el dueño quiere bien a sus esclavos
porque les da trabajos. Y quien drible
su impune acoso ha de sufrir los clavos
de Cristo por valiente, hipocresía
de quienes ven su cola como pavos.
Importa la verdad la poesía
y entonces sí que importa: la señala;
si el necio mira el dedo, cosa mía
no es: lo intento: si en verdad no cala,
es siempre por la necia ideología,
y su funesta y torpe martingala:
Pilla todo y así cosecha el día.
Y no pienses en luego, que no hay Luego
ni Logos ni Camino -a la Utopía.
O sólo hay una utopía: el Ego.
-bravo hipérbaton-: nunca se refuta
ni demuestra: no púedese. Prolífica
la probabilidad, no diminuta,
de que exista es un medio porcentaje,
del 50, o que no. La vida muta
y la materia, y crea el ensamblaje
de una estructura nueva, y la energía
-evolución-, lo cual cambia el miraje
del concepto en cuestión. Cosecha el día
pero deja el pillaje. No hace falta
el despojo. Ninguna garantía
de otra vida tenemos ni más alta
sin ese Dios del medio, o del 50
por ciento, de los años. Sobresalta
la muerte, y hacia el sol que más calienta
se arrima uno, si no hay otra. Pilla
el pillo sin moral. No le trae cuenta
otra cosa que el cuento, maravilla
sucedánea del mito y de la fides,
que da fidelidad. Fe fue. Y se trilla
por el dogma contrario. Lo decides
tú, que crees el cuento de que el cero
tiene más entidad, entre adalides
nihïlistas, que el Ser, los del sendero
que no parte ni re-: el presente es presa
del vano venatorio, majadero
de especies o almirez, porque está tiesa
la vida sin sentido y con sindioses.
Y a vivir rapiñando de la gruesa
despensa del vecino. Como coses
a puñaladas de exclusión a alguno
que te haga sombra, y no hay castigo, toses
no le aguantas a nadie. Tú, más tuno
que nadie. No se admite competencia.
Quien no te adule es un rival, lobuno
homo hómini est. A ti la ciencia
qué te importa, ¿verdad?, si permitido
con el Poder, primero que el olvido
del Viejo hashishín de la Montaña
te asesina, Al-Sabbah. Un sinsentido
es todo Dios. Me quedo en la patraña
patriota nueva, o tonto de la izquierda
llamo al honesto. ¿No? Como la caña
por empacho egolátrico al siniestro
doy, soy ya Dios, el Único. Qué lerda
vanidad: sólo importo yo. Maestro
-si no se tira de mï alma cuerda-
no hay que me enseñe a hacerme una autocrítica.
Te lo has montado bien con el secuestro
de la divinidad para tu mítica
del ego, indelegable. Dios, el mito,
que antes solo ha servido a la política
de Poderoso con el infinito
Omnipotente comparado, a cuerno
quemado me apestece. Cuando el grito
del desgraciado exprese el propio infierno,
orejas haré sordas, haré el sordo.
Y viviré en mi paraíso tierno,
mientras a costa suya engordo, engordo,
engañando al gañán y al inocente,
pirateando capi siempre a bordo,
sin importarme ser un delincuente,
y haciéndole creerse un amo culto
que se cree a su vez inteligente,
porque me rinde culto inculto a bulto.
Y lo bailado quítenme. No importa
la poesía, porque no consulto
al sabio, que es mentira el arte y corta
la vida, si no se hace un buen negocio.
Si no se vende poco me conforta.
Y no funciona ya mi sacerdocio:
no se tiene fe en mí, y no gano guita
ni gloria en vida gozo. Que el beocio
busque razón de ser en la infinita
sustancia de lo cósmico, y se pierda
el goce de vivir la vida escrita
en papel -de teatro-, y en mi mierda.
V. Portadores de Luz
Pero es más
de 50 el porcentaje.
No hay probabilidad casi ninguna
de que exista este Cosmos, si el montaje
ha sido por azar -¡suerte oportuna!-.
Los muchos universos paralelos,
en uno de los cuales, por fortuna
casual vivimos y en sus hondos cielos
de estalladas estrellas supernovas
fueron fraguados casi por los pelos
nuestros átomos, luego con escobas
barridos a un montón que dio en Sistema
misteriosas Solar, dado a las trovas
de un planeta que canta su poema
a la Creación, tal éste, y al Origen
de todo, masa, vida, mente mema
que se empeña en no ver que la dirigen
a un destino más alto ciertos Númenes
más probables que aquellos; y se afligen
a los ateos fanáticos, chirúmenes
peores que creyentes: los inventan
para eludir al Dios en sus volúmenes
insondables. De modo que no cuentan
con Él, incluso viéndose que es clara
hipótesis mejor. Como no tientan,
los paralelos hacen de alquitara
que destilan humor de los casuales
manantiales. La vida que no para,
aunque se extinga el Homo sin cabales
-ya ni por aerolitos: crea él mismo
el peligro masivo de sus males
a base de injusticia y de fascismo-,
surgió desde lo inerte, y no es posible
que por casualidad: media un abismo
de improbabilidad entre el temible,
por desalmado, ser de masa inerte
y una célula viva, y más, sensible,
por compleja en sus órdenes: la suerte
no ha podido crear tal ensamblaje
ni su organización. Ya me convierte
a una nueva visión ese arbitraje
probabilístico: hay Razón de Ser:
peldaño, si vivimos con coraje,
de experimento cósmico, a saber:
el a nosotros trascendente Estado
-que no tiene que ver con ningún dado-
Luminoso, tal fuera Lucifer.
No hay probabilidad casi ninguna
de que exista este Cosmos, si el montaje
ha sido por azar -¡suerte oportuna!-.
Los muchos universos paralelos,
en uno de los cuales, por fortuna
casual vivimos y en sus hondos cielos
de estalladas estrellas supernovas
fueron fraguados casi por los pelos
nuestros átomos, luego con escobas
barridos a un montón que dio en Sistema
misteriosas Solar, dado a las trovas
de un planeta que canta su poema
a la Creación, tal éste, y al Origen
de todo, masa, vida, mente mema
que se empeña en no ver que la dirigen
a un destino más alto ciertos Númenes
más probables que aquellos; y se afligen
a los ateos fanáticos, chirúmenes
peores que creyentes: los inventan
para eludir al Dios en sus volúmenes
insondables. De modo que no cuentan
con Él, incluso viéndose que es clara
hipótesis mejor. Como no tientan,
los paralelos hacen de alquitara
que destilan humor de los casuales
manantiales. La vida que no para,
aunque se extinga el Homo sin cabales
-ya ni por aerolitos: crea él mismo
el peligro masivo de sus males
a base de injusticia y de fascismo-,
surgió desde lo inerte, y no es posible
que por casualidad: media un abismo
de improbabilidad entre el temible,
por desalmado, ser de masa inerte
y una célula viva, y más, sensible,
por compleja en sus órdenes: la suerte
no ha podido crear tal ensamblaje
ni su organización. Ya me convierte
a una nueva visión ese arbitraje
probabilístico: hay Razón de Ser:
peldaño, si vivimos con coraje,
de experimento cósmico, a saber:
el a nosotros trascendente Estado
-que no tiene que ver con ningún dado-
Luminoso, tal fuera Lucifer.
VI. Pena de mundo
La poesía
no sirve para nada.
No la lee ni Dios. Y, si se lee,
casi nunca es la que hace su jornada
anunciando la Aurora, y que posee
un lugar en el fin, cuando la noche
nos invita al descanso, y lo provee.
Cantar de amor -el propio- con derroche
de medios abstinentes o del paso
del tiempo de dïario con enchoche
por el estatus, que no funge, acaso
por devoción del medro de la cía,
y hacer un absoluto del ocaso
como si no viniera nuevo el día
siguiente, con la queja permanente
del sinsentido, como la manía
deprimente de Horacio, deprimente
por negar ese día (con su Carpe
Díem -al no haber otro-) y todo puente
a la esperanza de que el barco zarpe
de nuevo y llegue a un puerto -por distinto,
mejor-, medroso ante el más arduo escarpe,
y no querer salir del laberinto
banal, es rendición, sin un ¡banzaï!
ni un ¡sursum corda! Yo no sé qué pinto
aquí escribiendo versos, del noraÿ
soltando amarres, si no sirve para
nada la poesía, con su aÿ
por este mundo. La poesía es rara.
¿Por qué la escribo? Acaso por un acto
de libertad: me da la gana. Vara
de metro, dándola, punción de cacto
para tanto poeta. Qué despiste
en tanto yerro, con tan poco tacto.
(Estoy cansado de sentirme triste).
Y VII. Amor sin corte
He llegado
al final de mi carrera,
y ya no corro más, en el remanso
de mi vicioso círculo que espera
ser virtüoso un día. Ya descanso
en mi jubilación que me costara
lo mío, trabajando, haciendo el ganso
delante del Silvestre, allá en el ara
de la Sabiduría, si me ignora
por vocación. Así sufro mi tara:
vivir de la ignorancia soñadora
fuera, canario en jaula que protege
mi pluma de la gata robadora
de España fementida, por hereje
en su contrarreforma amenazante.
Y el canto sin porqué se borda y teje
ni paraqué, y se luce, dilettante
si amateur, contra vano un santo oficio
que persigue el deleite del amante.
He de seguir por ocio, ante el prejuicio
sin juicio justo, porque no hay manera
ni ganas de parar. Vuelvo al inicio:
he llegado al final de mi carrera.
No la lee ni Dios. Y, si se lee,
casi nunca es la que hace su jornada
anunciando la Aurora, y que posee
un lugar en el fin, cuando la noche
nos invita al descanso, y lo provee.
Cantar de amor -el propio- con derroche
de medios abstinentes o del paso
del tiempo de dïario con enchoche
por el estatus, que no funge, acaso
por devoción del medro de la cía,
y hacer un absoluto del ocaso
como si no viniera nuevo el día
siguiente, con la queja permanente
del sinsentido, como la manía
deprimente de Horacio, deprimente
por negar ese día (con su Carpe
Díem -al no haber otro-) y todo puente
a la esperanza de que el barco zarpe
de nuevo y llegue a un puerto -por distinto,
mejor-, medroso ante el más arduo escarpe,
y no querer salir del laberinto
banal, es rendición, sin un ¡banzaï!
ni un ¡sursum corda! Yo no sé qué pinto
aquí escribiendo versos, del noraÿ
soltando amarres, si no sirve para
nada la poesía, con su aÿ
por este mundo. La poesía es rara.
¿Por qué la escribo? Acaso por un acto
de libertad: me da la gana. Vara
de metro, dándola, punción de cacto
para tanto poeta. Qué despiste
en tanto yerro, con tan poco tacto.
(Estoy cansado de sentirme triste).
y ya no corro más, en el remanso
de mi vicioso círculo que espera
ser virtüoso un día. Ya descanso
en mi jubilación que me costara
lo mío, trabajando, haciendo el ganso
delante del Silvestre, allá en el ara
de la Sabiduría, si me ignora
por vocación. Así sufro mi tara:
vivir de la ignorancia soñadora
fuera, canario en jaula que protege
mi pluma de la gata robadora
de España fementida, por hereje
en su contrarreforma amenazante.
Y el canto sin porqué se borda y teje
ni paraqué, y se luce, dilettante
si amateur, contra vano un santo oficio
que persigue el deleite del amante.
He de seguir por ocio, ante el prejuicio
sin juicio justo, porque no hay manera
ni ganas de parar. Vuelvo al inicio:
he llegado al final de mi carrera.