jueves, 29 de febrero de 2024

Palurdia-land. (Ironía penosa).

 
… cosas de poca importancia
León Felipe
 
... el arte es largo y además no importa.
Machado
 
... the Poetry does not matter.
Eliot. Four quartets
 
All a poet can do today is warn. That is why the true poet must be truthful.
Wilfred Owen. War poems
 
Cuando el sabio señala la luna, los necios miran el dedo.
Cunfucio

 

I.         Helarte del Absurdo
 
            Después de todo, el verso es sólo un juego
sin ninguna importancia, si importancia
es algo que trasciende a todo ego
            -o es sólo la fructífera ganancia
financiera del lucro, que se invierte
en préstamos bancarios de la rancia
            compra usurera. Pero cuando el fuerte
sufra de un buen boquete en los cimientos,
lo llenamos los débiles, y a muerte
            de hambre nos condena, cenicientos
de la patria madrasta, que a esos bankos
mima, y no a quien los salva, si es que hambrientos
            con nostalgia de nazis y de Francos
se elige al sinvergüenza capitoste
en provinciana capital y estancos
            compartimentos sin salud, el coste
continuando pagándose, vendida
su integridad gratuita a su Preboste
            de Ocasión, oportuno, por suicida
parroquiano prensil de la alta tasca
en donde se discute bajo brida
            de fútbol y política, y se atasca
con ésta, porque entiende sólo de ése.
Repite lo que oye y se le casca
            el casco, que jamás calienta, pese
a que la lengua sí. Si üno hurga
con rayos X -ojalá pudiese-
            en ese engaño, te dará la murga:
 te dice “informate”, y a sí se inmola
en el altar de Durga en donde purga
            su palurda memez de cocacola
con ginebra de enebro en el cerebro
paleón, que se traga cada bola
            que le cuenta Pinocho, y el enebro
on the ti-vis es quien le habla, y habla
él cuando ellas por. Paso de cebro
            u onagro que embustera la dïabla
capitalina criminal que muerde
le enciende el verde con la rasa tabla
            mental, y tiemblo al ver cómo se pierde
por los murcianos y los testarudos
gallos egos, que eligen al más verde
            franquista. Y el demócrata de rudos
conocimientos, no los para, dando
por sentado que todos, narigudos,
            son iguales, de uno y otro bando
o banda de bandidos, como quiere
que crea el bien el corrupto. Y así ando,
            andamos, dados por ahí: se hiere
con la expulsión al único sin mácula,
dejando libre el mal ladrón, y muere
            el Bueno de esta Peli, ya vernácula
costumbre y, si el ladrón muere, se eleva
y nos chupa más sangre como Drácula,
            alzado por las sombras de la cueva,
que son las almas muertas -de Gogol.
Cuando escucho esta vieja mala nueva
            de siempre me avergüenzas, español.
(Gógol se dice, que no sabes ruso.
Y no expones tu cara al sol, confuso
en tu ignorancia, nunca cara al sol).
 
 
II.        Mundana desvergüenza
 
            Y me avergüenzas, mundo, con tus muertes
de inocentes, maltrato de los menos
favorecidos de fortuna y fuertes
            abusos con los débiles sin frenos
por sus desposesores, minoría
que manda en los Estados, en que buenos
            estamos, incluyendo la poesía
en general de bardos, y de burdos
apolíticos, todos, pleitesía
            rindiendo a lo normal de sus absurdos
asuntos de simpleza, indiferentes
al bien común, si eligen los palurdos
            ingenuos al franquista, bajo puentes
viviendo, por terror a ése fantasma
rojo que usa ése, con las mentes
            sin pienso, poseídas por la pasma
patriota de cloaca y unos medios
de masas corrompidos por la miasma
            de la inversión en ellas. Sus asedios
de desinformación, padecen, ruina,
por votar contra sí. ¿No habrá remedios
            para tanta ceguera o medicina?
Antes eran la armas, y aún perdura
la guerra, en cualquier caso, neo-sentina
            del tráfico de armas, la basura
de toda humanidad, y algún poeta
tacha al tonto de izquierdas, lo asegura,
            más peligroso que el fascista, treta
para chupar del bote, que del podio
pretende no bajarse, que le inquieta
            que también su montaje, por el odio
que induce en sus penados al silencio
le salpique a su mafia, que salmodio
            crítico, y a su nada lo sentencio
por juicio sumarísimo. La Iglesia
corrompida, que ya no reverencio,
            traicionando a Jesús, en la anestesia
sumía a quien sumaba los domingos
al púlpito, lo mismo que la, ¡pesia
            tal!, prensa ahora haciendo, por distingos
de índice, al mesías un demonio,
para reconducirnos por respingos
            de terror al redil del matrimonio
con el Mal, o los bienes del ricacho
enriquecido con el patrimonio
            de sus desposeídas a que el Macho
Alfa Patriarca da sus tratos crueles,
míseras, miserable. Y al corbacho
            te enfrentas y denuncias y te dueles.
Lamento tanto engaño y tanto timo
a estas violadas Dafnes o laureles
            que roba el dios poeta, que suprimo
-por parte de papá- de mis baremos,
que se ha quedado a oscuras, y hace mimo
            al de Poder, y no a los que podemos
y queremos hacer que haya justicia.
Que ¿para qué? Valientes fachas memos.
La prevaricación es su delicia.
 
III.      El Capi y las Sirenas
 
            EL verso poco importa o el poema:
importa lo que indica si delata
la injusticia del mundo, que se quema
            en propia insensatez que, cuando cata
la verdad se acobarda y con su mema
cara inconsciencia a sí mismo se mata
            eligiendo al que dicta el anatema
contra dicha equidad, y su asesino
potencial, cuando actúa. Cuando trema,
            errará: al matadero va el cochino
adorando a su experto matarife,
marrando, por marrano, de camino.
            En esa tómbola cuanto se rife
es mortal a la larga, una sirena
cuyo canto te atrae al arrecife,
            y además suena a rayos con serena
claridad, si engañosa. Si comprendo,
por conexión acrítica a la antena,
            al fascista, que dice el reverendo
que obsérvese su norma, y manipula
a las masas con técnicas de atuendo
            de farsa, o carnaval inverso, anula
mi comprensión el puerco que, más terco,
desoye a quien le muestra, que una mula,
            la verdad de su fin propio de puerco
en vía a la matanza, que él insiste
en elegir sin juicio, con su cerco
            a gusto de pocilga, pobre triste
comiendo desperdicios que le deja
el patriota patrón que su despiste
            fomenta -y ésa propaganda es vieja-
en propio beneficio, sin jüicio
por parte del que engorda: si en bandeja
            le sirvo la verdad, ese servicio
se toma como ofensa contra el amo,
creyendo sin jüicio beneficio
            suyo el del drácula cuyo reclamo
 confunde, que lo caza y lo somete.
La poesía no importa, aun si la amo
            con pasión, porque el arte es un juguete,
o solo importa cuando trata asuntos
que trascienden el ego y el retrete
            de toda egolatría, hacia sus puntos
suspensivos, después del pensamiento
de lo dado: in potentia los difuntos
            le niegan lo que mienta, que yo miento        
(lo que la tele miente es preferible):
que  la verdad no importa; sólo el cuento
            sin fin y sin jüicio, e imposible:
el dueño quiere bien a sus esclavos
porque les da trabajos. Y quien drible
            su impune acoso ha de sufrir los clavos
de Cristo por valiente, hipocresía
de quienes ven su  cola como pavos.
            Importa la verdad la poesía
y entonces sí que importa: la señala;
si el necio mira el dedo, cosa mía
            no es: lo intento: si en verdad no cala,
es siempre por la necia ideología,
y su funesta y torpe martingala:
            Pilla todo y así cosecha el día.
Y no pienses en luego, que no hay Luego
ni Logos ni Camino -a la Utopía.
O sólo hay una utopía: el Ego.
 
IIII.     Ética al Ego
 
            No es una Dios hipótesis científica
-bravo hipérbaton-: nunca se refuta
ni demuestra: no púedese. Prolífica
            la probabilidad, no diminuta,
de que exista es un medio porcentaje,
del 50, o que no. La vida muta
            y la materia, y crea el ensamblaje
de una estructura nueva, y la energía
-evolución-, lo cual cambia el miraje
            del concepto en cuestión. Cosecha el día
pero deja el pillaje. No hace falta
el despojo. Ninguna garantía
            de otra vida tenemos ni más alta
sin ese Dios del medio, o del 50
por ciento, de los años. Sobresalta
            la muerte, y hacia el sol que más calienta
se arrima uno, si no hay otra. Pilla
el pillo sin moral. No le trae cuenta
            otra cosa que el cuento, maravilla
sucedánea del mito y de la fides,
que da fidelidad. Fe fue. Y se trilla
            por el dogma contrario. Lo decides
tú, que crees el cuento de que el cero
tiene más entidad, entre adalides
            nihïlistas, que el Ser, los del sendero
que no parte ni re-: el presente es presa
del vano venatorio, majadero
            de especies o almirez, porque está tiesa
la vida sin sentido y con sindioses.
Y a vivir rapiñando de la gruesa
            despensa del vecino. Como coses
a puñaladas de exclusión a alguno
que te haga sombra, y no hay castigo, toses
            no le aguantas a nadie. Tú, más tuno
que nadie. No se admite competencia.
Quien no te adule es un rival, lobuno
            homo hómini est. A ti la ciencia
qué te importa, ¿verdad?, si permitido
todo está, porque no hay verdad. Anuencia
            con el Poder, primero que el olvido
del Viejo hashishín de la Montaña
te asesina, Al-Sabbah. Un sinsentido
            es todo Dios. Me quedo en la patraña
patriota nueva, o tonto de la izquierda
llamo al honesto. ¿No? Como la caña
            por empacho egolátrico al siniestro
doy, soy ya Dios, el Único. Qué lerda
vanidad: sólo importo yo. Maestro
            -si no se tira de mï alma cuerda-
no hay que me enseñe a hacerme una autocrítica.
Te lo has montado bien con el secuestro
            de la divinidad para tu mítica
del ego, indelegable. Dios, el mito,
que antes solo ha servido a la política
            de Poderoso con el infinito
Omnipotente comparado, a cuerno
quemado me apestece. Cuando el grito
            del desgraciado exprese el propio infierno,
orejas haré sordas, haré el sordo.
Y viviré en mi paraíso tierno,
            mientras a costa suya engordo, engordo,
engañando al gañán y al inocente,
pirateando capi siempre a bordo,
            sin importarme ser un delincuente,
y haciéndole creerse un amo culto
que se cree a su vez inteligente,
            porque me rinde culto inculto a bulto.
Y lo bailado quítenme. No importa
la poesía, porque no consulto
            al sabio, que es mentira el arte y corta
la vida, si no se hace un buen negocio.
Si no se vende poco me conforta.
            Y no funciona ya mi sacerdocio:
no se tiene fe en mí, y no gano guita
ni gloria en vida gozo. Que el beocio
            busque razón de ser en la infinita
sustancia de lo cósmico, y se pierda
el goce de vivir la vida escrita
            en papel -de teatro-, y en mi mierda.

V.        Portadores de Luz
 
            Pero es más de 50 el porcentaje.
No hay probabilidad casi ninguna
de que exista este Cosmos, si el montaje
            ha sido por azar -¡suerte oportuna!-.
Los muchos universos paralelos,
en uno de los cuales, por  fortuna
            casual vivimos y en sus hondos cielos
de estalladas estrellas supernovas
fueron fraguados casi por los pelos
            nuestros átomos, luego con escobas
barridos a un montón que dio en Sistema
misteriosas Solar,  dado a las trovas
            de un planeta que canta su poema
a la Creación, tal éste, y al Origen
de todo, masa, vida, mente mema
            que se empeña en no ver que la dirigen
a un destino más alto ciertos Númenes
más probables que aquellos; y se afligen
            a los ateos fanáticos, chirúmenes
peores que creyentes: los inventan
para eludir al Dios en sus volúmenes
            insondables. De modo que no cuentan
con Él, incluso viéndose que es clara
hipótesis mejor. Como no tientan,
            los paralelos hacen de alquitara
que destilan humor de los casuales
manantiales. La vida que no para,
            aunque se extinga el Homo sin cabales
-ya ni por aerolitos: crea él mismo
el peligro masivo de sus males
            a base de injusticia y de fascismo-,
surgió desde lo inerte, y no es posible
que por casualidad: media un abismo
            de improbabilidad entre el temible,
por desalmado, ser de masa inerte
y una célula viva, y más, sensible,
            por compleja en sus órdenes: la suerte
no ha podido crear tal ensamblaje
ni su organización. Ya me convierte
            a una nueva visión ese arbitraje
probabilístico: hay Razón de Ser:
peldaño, si vivimos con coraje,
            de experimento cósmico, a saber:
el a nosotros trascendente Estado
-que no tiene que ver con ningún dado-
Luminoso, tal fuera Lucifer.

VI.      Pena de mundo
 
            La poesía no sirve para nada.
No la lee ni Dios. Y, si se lee,
casi nunca es la que hace su jornada
            anunciando la Aurora, y que posee
un lugar en el fin, cuando la noche
nos invita al descanso, y lo provee.
            Cantar de amor -el propio- con derroche
de medios abstinentes o del paso
del tiempo de dïario con enchoche
            por el estatus, que no funge, acaso
por devoción del medro de la cía,
y hacer un absoluto del ocaso
            como si no viniera nuevo el día
siguiente, con la queja permanente
del sinsentido, como la manía
            deprimente de Horacio, deprimente
por negar ese día (con su Carpe
Díem -al no haber otro-) y todo puente
            a la esperanza de que el barco zarpe
de nuevo y llegue a un puerto -por distinto,
mejor-, medroso ante el más arduo escarpe,
            y no querer salir del laberinto
banal, es rendición, sin un ¡banzaï!
ni un ¡sursum corda! Yo no sé qué pinto
            aquí escribiendo versos, del noraÿ
soltando amarres, si no sirve para
nada la poesía, con su aÿ
            por este mundo. La poesía es rara.
¿Por qué la escribo? Acaso por un acto
de libertad: me da la gana. Vara
            de metro, dándola, punción de cacto
para tanto poeta. Qué despiste
en tanto yerro, con tan poco tacto.
(Estoy cansado de sentirme triste).
 
Y VII. Amor sin corte
 
            He llegado al final de mi carrera,
y ya no corro más, en el remanso
de mi vicioso círculo que espera
            ser virtüoso un día. Ya descanso
en mi jubilación que me costara
lo mío, trabajando, haciendo el ganso
            delante del Silvestre, allá en el ara
de la Sabiduría, si me ignora
por vocación. Así sufro mi tara:
            vivir de la ignorancia soñadora
fuera, canario en jaula que protege
mi pluma de la gata robadora
            de España fementida, por hereje
en su contrarreforma amenazante.
Y el canto sin porqué se borda y teje
            ni paraqué, y se luce, dilettante
si amateur, contra vano un santo oficio
que persigue el deleite del amante.
            He de seguir por ocio, ante el prejuicio
sin juicio justo, porque no hay manera
ni ganas de parar. Vuelvo al inicio:
he llegado al final de mi carrera.

lunes, 19 de febrero de 2024

El Mal Poético

 Introducción

            ES probable que nunca más publique
en imprenta y papel. Me puso el veto
el mediocrismo del vulgar cateto
que teme al diferente. Llevó a pique
            mi ego público el machote alfa
a quien imitan todos sus acólitos,
pues mis asuntos eran tan insólitos
que no los cata el comensal de alfalfa.
            No fue por distinguirme: yo no puedo
no escribir, y ahora tengo tiempo y ocio.
Si, aun así, no publico, nunca socio
seré por trepa del corrupto en ruedo:
            ese toro es un buey. A quien me ignore
le dedico el poema consiguiente.
No quieras aprender de mí: al valiente
la chusma olvida en vida, aunque lo llore
            después. Si ya pasó con el Maestro,
ahora toca al Discípulo. Quien hace
las cosas bien acaba en el desguace,
como el poeta a quién inspira el estro
            del trabajo constante, por dominio
excesivo de técnica. Desprecia
el vulgo lo que ignora. Cuando arrecia
la lluvia del Sentido, al exterminio
            la condena, al desierto. Yo no hablo
de mí, que tengo un terminal defecto
de perfección formal, y ser perfecto
es un defecto, aun para Dios. El Diablo
            necesita en su obra, y yo, lucífero,
en papel de Satán, ángel aún,
mi paciencia de Job pruebo, somnífero
para soñar el Bien, el Bien Común.
 
            El dominio de formas no es un mérito
mío. Nací con buen oído, y una
curiosidad que me llevó a la luna
de la valencia: sondeé el pretérito
            de la historia del Todo. Fue mi madre
quien me hizo así: y, así, yo qué le hago.
Si gracia obtengo como sabio mago,
la tengo, y me da igual que se me ladre.
            Amé y canté a mi amor. Pasé a otra cosa
cuando el amor se fue. No soy amante
profesional, por ello he dado el cante
al doméstico amor por una hermosa
            fea de alto Poder, a quien se junta
el cantor de experiencia y sentimiento.
Palabra vana que se lleva el viento,
cuando no la sujeta estrecha yunta.
            Lo ordinario resulta extraordinario.
Lo extraordinario, mera una locura.
No me entretiene hacer literatura
de un falso sentimiento mercenario.
            Investigué, buscando lo que explica
acaso la razón de ser del ser.
Concursé, y en un sobre bajo plica,
se adivinó mi nombre: Lucifer.
 
            ESTOY maldito por no ser sumiso.
Seguí mi propia vía, a la utopía,
por mejorar la Vía. Fue Narciso,
por rechazo a su Eco, quien haría
            nada de mí. Pero es errar. Yo eco
no soy, porque soy voz, y, cuando copio,
cito la fuente, o marco lo no propio
en cursiva o comillas. Yo no peco
            de soberbio, aunque diga más de uno
que lo soy: sí que tengo cierto orgullo
por mi esfuerzo en saber: dejé al capullo
y volé al fondo, y resulté importuno:
            hay que ser más superfluo, y vanidoso
sin que se note: presumir de humilde.
Pero en la i su punto, si la tilde
no es necesaria, pongo: el novedoso
            estilo está podrido por abuso
de uso: más de un siglo ya llevamos
imitando a los viejos y a los amos
de la moda de ahora, y el intruso
            de la re-tradición en forma sobra,
y más si toca temas de rabiosa
actualidad científica, no en prosa,
y porque sí, puesto que nada cobra
            ni cobró, salvo palos de ostracismo
por la ceguera de quien poco sabe,
por no querer saber, lo que es más grave:
Tan sólo de lo suyo y de lo mismo.
            ¡Especialistas, venga, vade retro!
Si yo también lo soy, no me conformo
solo con eso, porque el cloroformo
de la especialidad, de poco metro,
            se queda corto, porque solo sueña
su exclusiva verdad, que no es la única:
está incompleta frente a la neptúnica
dimensión de la misma, y es pequeña
            esa verdad de campo propio sola,
que ignora la Plural en sincretismo
o síntesis, que fluye del Abismo.
Desea ver el mar en sola su ola.
            Una cuestión de fe: “Mi disciplina
y dentro de ella, el campo en que me acoto
y en que sé más que nadie, esa es mi moto,
y así salgo en la foto -y me incrimina
            ante quien tenga una visión compleja
interdisciplinaria, por curiosa.
Pero si quiero público y famosa
hacer mi poesía, pocha, vieja,
            hay que dejarse de dificultades,
que, si no, no hay best-seller, y no vendo.
Y al distinguido yo me lo meriendo
y lo mando a la sombra de mi Hades”.
            Lo primero es legítimo y derecho
hay, lo segundo, no. Y es de infeliz.
Ni eso, ni aquello, hice ni lo he hecho,
Lo digo sin tapujo y sin tapiz.

viernes, 16 de febrero de 2024

Colofón. Poemas del sinfín.

I.         Creemos -y creamos en- un mito
-mas no en sentido literal: la letra
mata al espíritu de todo escrito,
como en las leyes cuando un juez perpetra
de los delitos el peor delito:
            la prevaricación que a la justicia
traiciona en pro del reo delincuente
por ser de su partido. Qué pericia
interpretar la letra en diferente
sentido al de su espíritu, y sevicia.
            Alude a un ser real toda figura
poética, y especialmente el tropo.
Es mi búsqueda oscura una aventura
sin fin, y a ver, de paso, en qué me topo,
del ser más hondo que es de más altura
            que lo que dicta la experiencia diaria:
se lo ha llamado siempre Dios y, al menos,
es tan figura como imaginaria
la materia que explica lo que denos
por percibir con nuestra maquinaria
            del sentido común. Igual que antaño
amé a un bella que hoy encuentro fea,
libremos al Amor de todo engaño
y amemos la Bondad de toda Idea
utópica y, de paso, a ver. Que el daño
            pasado es experiencia, y el futuro
se puede aventurar cuando se siembra.
Sin ello no hay cosecha, y es seguro
que otra vez se hará Mal si no se miembra
el yerro de la Historia, y sin apuro
            se corrige. Mas teme al cambio el tonto
que se guía por un concepto viejo:
el Dios de los Ejércitos. Me monto,
por ende, un nuevo mito, que perplejo
dejará a más de uno: venga pronto
            a la conciencia el Numen en Figura
poética que apunte al Referente
más Real que, por vero, ignora el cura
que siempre favorece al delincuente,
que, aun electo, se yergue en dictadura,
            con el injusto juez. No lo es el Numen
que habla en la Voz de la Conciencia opresa
por la insidia egoísta, y se la sumen
persiguiendo al apóstol como presa
por decir la verdad, cuando el cardumen
            de ambiciosas pirañas al profeta
traiciona por caníbal y lo tira
al váter por desecho. Y el planeta
sigue en manos de dioses de mentira,
que ya no sirven a ningún Poeta.
 
II.        Si lo es de verdad. Como la misma
materia, que es figura literaria,
y se refiere a lo que nuestra crisma
encuentra que es común a tanta varia
cosa u objeto, ahora mal sofisma,
            nos hace falta nueva otra figura,
la de la formación que nos in-forma
y formó la materia -y la basura
humana que con todo se conforma
por miedo a estar peor que con la usura
            del plutónico caco, dicho banco
o capital y, cómplice, la Iglesia
que se puso de parte del dios Franco,
que fue un Satán con mucha hiperestesia
ante la justa ley, que echó al barranco.
            Significó materia la madera
para la construcción en primitivo
latín, y por sinécdoque lo que era
la base de las formas, relativo
reflejo que el cacumen saca fuera
            de sí y proyecta en la sustancia, informe
sin ellas. Yo propongo otra figura
que aluda a lo que hace que este enorme
Universo consista, y en futura
orientación nos guíe en inconforme
            formación de este mundo, que se muere.
Llámese Dios o Numen, aun ateo
siendo, es la Lumbre, porque se refiere
al Misterio Que Crea, y Prometeo
es su envïado, el héroe a quien le hiere
            el águila de Zeüs Dios, tirano
que se opone al progreso de las Evas
y Adanes, que castiga por humano
deseo de saber. Fuera de cuevas
el troglodita caza lo que a mano
            se le pone o rastrea, y ve su lanza
metáfora del rayo que fulmina
al árbol de los frutos, y su panza
llena allá en las alturas que camina,
su polvo, nubes, levantando, en danza
            que imitaron, pidiéndole la lluvia:
todas esas imágenes son rancias.
Podemos darle forma con la gubia,
tallando una sustancia de sustancias,
hallando por su lumbre la más rubia.
            En ello estoy, que es simple el ateísmo
por solución para Lo Más Complejo.
Lo numinoso siempre ha sido abismo,
que no podemos ver con nuestro espejo.
Por lo demás, a mí me da lo mismo
            lo que diga el ateo o el creyente:
ambos se quedan cortos. Y estoy solo
casi, por eso. Pero cierta Fuente
nos ha creado como brilla Apolo.
No puede ser que el solo inteligente
            lo sea yo. La Nous, en el Inicio
ya latía en potencia, en energía
potencial. Y se hizo. Y ese juicio
éste sensato. Lo otro nadería
y soberbia de un seso en desperdicio.
 
III.      Canta a su amor el bardo, y es legítima
temática la suya; yo lo he hecho
cuando vivía en su constante epítima.
Sobrio ya canto al cósmico Derecho
de todo ser, hundido en su marítima,
            oceána ignorancia de lo Justo,
la Justa Proporción, con su simétrica
ocultación, que crea el gran disgusto
del mundo y de la Historia. Con obstétrica
técnica doy a luz el más robusto
            tropo de seso figurado: una
Metáfora total -totalitaria
jamás-, el Demos puro que Fortuna
propicia unido contra la dïaria
mentira -que se traga, más cabruna
            que el gran Plutón del aquelarre en jefe
de tanto mequetrefe y su cobarde
temor al porvenir, y el mequetrefe
que, acólito de su ego, a lo que arde
y más calienta se une: Que me befe
            de su nïhilidad es de pizarra
y manüal. Mas ése es vulgo, Demos
aún no, porque de parte de la guarra
se pone corrupción, y sí podemos
impedirlo: soltaos de la amarra
            y navegad al horizonte al Numen
por asíntota: no haÿ nada nuevo
cara al sol, y es más negro que el betumen,
y va a acabarse de cascar el huevo
planetario, biosférico, y su albumen
            se derrama y se fríe, o cuece -el crimen
de leso ser, salvo el mendaz y el carca,
que se agarran al Dios con que redimen
su injusticia, del ántrope, que abarca
y funda su Poder. Que aunque sublimen
            su acción omisa de pensar en quienes
no son ellos, son unos miserables
más que los míseros de bien sin bienes
que siempre están tirando de los sables
porque no tienen otra, y son rehenes
            de su pobreza e ignorancia, a tientos
con el mito del Todopoderoso
en seso literal, a ciegas, lentos
de evolución, si adoran al coloso
por imagen de Aquél, que a los violentos
            en contra de la ley pone en la calle,
y así al derecho culpe el vulgo ignaro
por víctima de hipnosis, y así estalle
la bomba detonada, por el paro
sin paga, cuando pierda el gobernalle
            el piloto siniestro, un Palinuro
del Numen, envïado por, oculto,
tal Santo inadorado, que un futuro
de harmonía desea aun al estulto
que lo ignora y fusila contra el muro
            de su lamentación. Contra el desastre
característico de siempre, hübo
siempre una fuerza de creación, y un Sastre
que cosía los rotos, que ya estuvo
aquí más de una vez, pero ese lastre
            de la incomodidad ante lo extraño
de la verdad lo hundió en su sepultura,
y aun así, si aún vivimos hasta el año
presente es de milagro, por sutura
de sus hilos y aguja en este paño
            de la egoïcidad que los excluye
de la tribuna de la plebe: el Numen
figurado lo envía, y lo construye,
materia en forma de poeta, lumen
de la supervivencia, que hoy obstruye
            el fasci-capital. Es la Justicia
verdadera, Razón de Ser, Derecho
por otro nombre, que su culto inicia
contra el ídolo falso del provecho
del egoísta ego que nos vicia.
 
IIII.     Cantemos al Amor, pero que sea
Universal también, no solo el propio,
que Éste es el Dios de vero, y una Idea
que a través se vislumbra del escopio
del verbo meneado, aunque marea.
            Porque hay cosas Sagradas todavía
o deben serlo, si ya no. Y el vate
las ha de ver, si la Igualdad es vía
de su figura máxima: el empate
de 2 entes en fina alegoría
            metafórica, o símil, que compara
su diferencia y crea esa figura;
y la figuración ya es cosa rara
por realismo excesivo, que supura,
que nada inventa ni descubre, tara
            de la imaginación. Porque es realista
quien cree ciegamente en las realia
-cosas reales, en latín-, y vista
tiene poca el cegato, y represalia
al que ve, por fantasma ilusionista:
            Más allá del real, de estrecho coso,
como no ve, nos dice que no hay nada.
Pero hay cosas que aquí son sólo el poso
de la real verdad. Y con la espada
se da el, eterno, bruto, su reposo.
            Pero Diosa está ahí, mi Amor la inventa
o la descubre, aunque no crea en dioses,
por desfase de todo lo que tienta
lo Sacro, que ella siente, o son sus poses
materialistas lo que tiene en cuenta.
            Pero es ella mï ángel, un aspecto
de la Numen, que anima al Cosmos, ancho
cada vez más, y no es un ser perfecto.
Con ese ser de amor mi ser ensancho,
por mor de hacerme, amante, su dilecto.
 
V.        Variación sobre una idea de Hubert Reeves
 
            Se dice que este Cosmos que se amplía
creando espacio entre galaxias muerte
ha de sufrir de frío -o de entropía
máxima-, cuando deje de ser fuerte
por falta, al fin, de térmica energía.
            Pero, mientras su ensanche continúe
-y ahora parece ser que se acelera-,
que ese punto final se perpetúe
yéndose siempre más allá, en espera
sin fin de su Godot, y que así actúe,
            con diferencias siempre de sus grados
térmicos, es probable, y sea eterno.
Hay tiempo de que todos los Estados
sepan gestarse por un buen gobierno:
sin corrupción. Si en la corriente hay vados
            -si no, es asunto del que traza puentes,
que dijo Eliot, y ella es un dios pardo-,
podémonos volver inteligentes,
y no como hasta ahora, cuando el bardo
canta a su ombligo, en sombra de pudientes
            de fieros dientes, que les dan pan y agua
mediante premios, si es que no disiden,
porque si sí, les hunden la piragua
inundando su fragua, y no presiden,
aunque un impermeable alguna fragua
            hermético proteja su trabajo
de forja del lenguaje con martillo
y yunque, y no se vea, o su badajo
no se escuche por gracia del carrillo
eólico de bluf, como un marrajo
            de extinción en peligro, si no muta.
Pero tenemos tiempo por delante.
La vida individual es prostituta
que vende el ego para ser gigante.
Pero espíritu es todo, y diminuta
            esa egoidad, no importa: el fuerte soplo
de un Eolo mayor anima el Alma
del Universo, y a su ser acoplo
mi copla en su fortuna y en su calma,
mientras que tallo con verbal escoplo
            la amorfa masa que sin forma es blufe
o flatus vocis: cuando el tiempo pase
y ya ni se perciba el magno enchufe
que alumbra las galaxias, que por base
su gravedad (re)tienen, y no atufe
            a quemado su cuerno de fusible,
tiempo habrá habido de inventar ingenios
que se nutran de espacio, combustible
que al principio nos lleven, como genios
que hacer presente sepan lo imposible:
            resucitar, viajando al tiempo ido
en que éramos un ego, y que se integre
hagamos en el otro del Sentido
de la carrera cósmica, ya alegre
-tiempo a vista de pájaro habrá sido
            la eternidad (Altolaguirre)-, como
así fue en el Principio, allá en la pira
del Arjé en el Big Bang, en donde el Homo
preexistía in potentia. Y si es mentira
todo principio antrópico, y me como
            con guarnición mi yerro, al menos supe
no perder la ilusión, de que se vive,
y no sólo de pan. Y, si me escupe
el bárbaro ideológico, diatribe
cuanto quiera: mi orgullo es que no cupe
            en su conformidad, que yo conforme
no estuve con su aciago conformismo
y me di propia forma que conforme
-diáfora-, desde el seno del abismo,
rebelde, el gusto de un pensar enorme
            por brava enormidad. A quien le baste
su ombliguez, mis respetos, yo el ombligo
busqué del todo, por genial contraste
con la normalidad, y fui testigo
de un no sé qué que queda, aun ido al traste.