In vino véritas
Plinio
Plinio
No gusta la
verdad sin aderezo
de mentiras, dorada su crudeza
en la cazuela donde más se cueza
con hervores de fe que abra el pescuezo
al guiso, de esa guisa, con un rezo
de inconsciente temor a la certeza:
el condimento de una ideología,
que la filtre, de falsa fantasía.
No ser fan por azar de algún equipo
aísla, y, si partido cierto tomas
por la mera verdad, y te deslomas
por decirla a los vientos, quita el hipo
al más valiente, y, porque yo la guipo
soy un fantasma, ya que no Fantomas:
el de las caras mil -y mucho caro
delito consentido del avaro.
No es sólo corrupción. Ahora se arma
la gorda contra el flaco, y el canijo
tan pancho o a favor, porque es un hijo
del tránsito franquista. Doy la alarma
y nadie me contesta. Y hay un karma
que nos lleva a peor vida, que dijo
el indio, que hoy lo hace quien acepta
la política clepto- de la Inepta.
Los mandriles la eligen, que fascina
como serpiente, según cuenta el cuento.
Si no, no se comprende esto que miento
aludiendo a la más obvia y cretina
inclinación por la maldad divina
del elector que, libre como el viento,
elige ser esclavo de la sierva
del Capi, y ser carroña de la Cuerva.
Agarrado a la boya en abandono
del barco en el que todos navegamos,
en laureles dormidos y en los ramos
de palmas aplaudientes, viejo el mono
que aún somos, ante el macho alfa en tono
de sumisión se aceptan tantos gramos
de toneladas uno a uno en peso
aplastante que impiden el progreso
hacia la paz sensata que no cabe
en mi sesera tanta connivencia
con la autodestrucción. Ahora la ciencia
guerrera es nuclear, y no se sabe
o se quiere olvidar. No se me trabe
la lengua y hable clara la conciencia:
si dicen guerra, es que intereses ricos
el Capi ve sacar de los pericos
o papagayos a la parra chica
agarrados que trepa, y no es negocio
para un pueblo la guerra, sólo el socio
de Capi saca guita, y prevarica
el juez a su favor, porque le pica
el rojo tábano, y el sacerdocio
sumo, compinche. Y es que ya es delito
no entender de política el precito
que no sabe que es réprobo, a quien pena
su electa inquisición a la batalla
por ganancias ajenas de canalla
política al servicio de la amena
y pancha vida del Patrón que llena
el bolsillo exponiendo a la metralla
el burro dócil de la mansa carne
de cañón patrïota que lo guarne
en guarniciones de las masas, las que
le sirven de su pan y de sus lujos.
Vaya patio de vulgo y de marujos
a quienes les da igual que se les casque
su corteza de corte, y que los masque
el colmillo guerrero de los brujos
hipnóticos panzudos que la empresa
hacen crecer a base de la presa
que cazan en su coto, que es el mundo
entero. Grito paz. Pero exagero,
dicen, y ya hay avisos, que el dinero
no tiene compasión, como el inmundo
a quien domina, inético, al que tundo
con mis palabras, mas me desespero:
Tanta inconsciencia audaz es un peligro.
Y, si me voa del mundo, adónde emigro.
Y entonces digo la verdad completa:
como vosotros yo tampoco creo
que vaya a haber ninguna guerra: Veo
su amenaza y me vulvo, vieja treta
para no más sufrir, echando jeta
al miedo por la paz que es mi deseo.
(Ojalá esté majara y vea visiones.
Quiéralo Dios -no tengo más cojones-).
de mentiras, dorada su crudeza
en la cazuela donde más se cueza
con hervores de fe que abra el pescuezo
al guiso, de esa guisa, con un rezo
de inconsciente temor a la certeza:
el condimento de una ideología,
que la filtre, de falsa fantasía.
No ser fan por azar de algún equipo
aísla, y, si partido cierto tomas
por la mera verdad, y te deslomas
por decirla a los vientos, quita el hipo
al más valiente, y, porque yo la guipo
soy un fantasma, ya que no Fantomas:
el de las caras mil -y mucho caro
delito consentido del avaro.
No es sólo corrupción. Ahora se arma
la gorda contra el flaco, y el canijo
tan pancho o a favor, porque es un hijo
del tránsito franquista. Doy la alarma
y nadie me contesta. Y hay un karma
que nos lleva a peor vida, que dijo
el indio, que hoy lo hace quien acepta
la política clepto- de la Inepta.
Los mandriles la eligen, que fascina
como serpiente, según cuenta el cuento.
Si no, no se comprende esto que miento
aludiendo a la más obvia y cretina
inclinación por la maldad divina
del elector que, libre como el viento,
elige ser esclavo de la sierva
del Capi, y ser carroña de la Cuerva.
Agarrado a la boya en abandono
del barco en el que todos navegamos,
en laureles dormidos y en los ramos
de palmas aplaudientes, viejo el mono
que aún somos, ante el macho alfa en tono
de sumisión se aceptan tantos gramos
de toneladas uno a uno en peso
aplastante que impiden el progreso
hacia la paz sensata que no cabe
en mi sesera tanta connivencia
con la autodestrucción. Ahora la ciencia
guerrera es nuclear, y no se sabe
o se quiere olvidar. No se me trabe
la lengua y hable clara la conciencia:
si dicen guerra, es que intereses ricos
el Capi ve sacar de los pericos
o papagayos a la parra chica
agarrados que trepa, y no es negocio
para un pueblo la guerra, sólo el socio
de Capi saca guita, y prevarica
el juez a su favor, porque le pica
el rojo tábano, y el sacerdocio
sumo, compinche. Y es que ya es delito
no entender de política el precito
que no sabe que es réprobo, a quien pena
su electa inquisición a la batalla
por ganancias ajenas de canalla
política al servicio de la amena
y pancha vida del Patrón que llena
el bolsillo exponiendo a la metralla
el burro dócil de la mansa carne
de cañón patrïota que lo guarne
en guarniciones de las masas, las que
le sirven de su pan y de sus lujos.
Vaya patio de vulgo y de marujos
a quienes les da igual que se les casque
su corteza de corte, y que los masque
el colmillo guerrero de los brujos
hipnóticos panzudos que la empresa
hacen crecer a base de la presa
que cazan en su coto, que es el mundo
entero. Grito paz. Pero exagero,
dicen, y ya hay avisos, que el dinero
no tiene compasión, como el inmundo
a quien domina, inético, al que tundo
con mis palabras, mas me desespero:
Tanta inconsciencia audaz es un peligro.
Y, si me voa del mundo, adónde emigro.
Y entonces digo la verdad completa:
como vosotros yo tampoco creo
que vaya a haber ninguna guerra: Veo
su amenaza y me vulvo, vieja treta
para no más sufrir, echando jeta
al miedo por la paz que es mi deseo.
(Ojalá esté majara y vea visiones.
Quiéralo Dios -no tengo más cojones-).
Me desconcierta la revuelta de los
vientos.
De aquí llega rodando una ola y por allá
otra, y nosotros en medio arrastrados nos vemos
en nuestra nave negra, afligidos por la enorme tempestad
Alceo
Dulce et decorum es pro patria mori
Horacio
…the old lie:
dulce et decorum…
Owen
De aquí llega rodando una ola y por allá
otra, y nosotros en medio arrastrados nos vemos
en nuestra nave negra, afligidos por la enorme tempestad
Alceo
Dulce et decorum es pro patria mori
Horacio
…the old lie:
dulce et decorum…
Owen
En dónde
están. Han desaparecido.
O aparecido yo en un cero nulo
como en el sitio, tras el disimulo
del cinismo suicida, y en su olvido
por molesto veraz de retorcido
nudo de ahogo, porque doy por culo
a la normalidad de los tranquilos,
con el punzón de grávidos estilos
que ha pinchado los globos dirigibles
y teledirigidos como drones
de los que medran porque son ladrones,
que ladran a la paz por ostensibles
obstinados que pierden imperdibles
y muestran las vergüenzas. Si te pones
a iluminar el Hades de los vivos,
a tu ínsula das buenos motivos
y el necio menosprecio del que aprecia
el precio de lo necio que se paga
caro por no querer que satisfaga
la verdad el vacío de la necia
mentira negociante de la recia
diestra del bruto, que el común se traga
sin sentido común del bien, que el miedo
a lo peor los para como enredo
que engarma al barco y en la sirte encalla
del viejo Estado en venta, como Horacio,
siguiendo al Alceo, dijo, allá en su lacio
espacio en privilegio, la batalla
pro patria mori dando en su enrocalla
palaciega, sin lucha, a Orfeo el tracio
traicionando, cual hacen los poetas
pagados de ministros proxenetas.
Cantad, no deis el cante, así la gloria
en vida os premiará por esa coba
al Augusto sin gusto, con la escoba
preparada a barrer la limpia escoria
de demótico vulgo sin memoria
histórica del hijo de la loba.
A mí se me enrojece el doble pómulo
cada vez más: soy Remo, nunca Rómulo.
Porque es la gran excusa del cretino:
la patria chica, esclava y más de una,
dicha al revés (no quiere su fortuna
perder el facha, el nazi, el asesino
de inocentes, clamando, como un chino
al orden, comunista, de cabruna,
de Estado, economía de mercado,
creyendo en su odio al rojo -y el Estado
del fascista y de Stalin son lo mismo-).
Se trata de justicia, no de ideo-
logías utopistas que Morfeo
les envía, y el demo-comunismo
no es nunca ideología, si es guarismo
de sentido común: lo injusto es feo
por inmoral y embustes alimenta
para que salga al rico bien la cuenta.
Es la clase culpable: minoría
de la Desigualdad en pro, que canta
la gloria de la patria y del espanta-
pájaros, que de tanta tontería
propia de tontos con su enredo lía
y con su gravedad fuerte qué imanta
al débil, que engañado por la tele
le va a dar un cardíaco telele
de inanidad enana de onanismo
masoquista sin gusto dolorosa
por vacuidad de estómago, y de prosa
periodística al ruin retaguardismo
con su organillo que hace equilibrismo
en la cuerda más floja y la más sosa
que ya anuncia el trompazo con su vuelta
y su reculamiento, que anda suelta.
Qué terror al progreso y los derechos
humanos se fomenta en el incauto
que ignora cómo marcha bien su auto-
destrucción en camino de provechos
para el cruel belicista. Son los hechos:
Mirad Ucrania, Gaza… De fe el auto
prepara las hogueras del oficio
universal -negocio y beneficio.
Ay, mi amor, mi refugio, mi defensa
contra la ingratitud del espantajo
disfrazado de cargo sin trabajo
forrada sin embargo su despensa
de lujos por el diestro con dispensa
ilegal de tributo de marrajo
predador, que el pez chico siempre adora
no viendo su amenaza destructora,
apiádate de mí, que sufro pánico
terror al terrorista del dinero.
Acógeme en tu seno placentero
y náceme a otro mundo, que el tiránico
este me está volviendo ya un vesánico:
la merecida presa del loquero,
porque así se me ve. Dame tu abrazo
O aparecido yo en un cero nulo
como en el sitio, tras el disimulo
del cinismo suicida, y en su olvido
por molesto veraz de retorcido
nudo de ahogo, porque doy por culo
a la normalidad de los tranquilos,
con el punzón de grávidos estilos
que ha pinchado los globos dirigibles
y teledirigidos como drones
de los que medran porque son ladrones,
que ladran a la paz por ostensibles
obstinados que pierden imperdibles
y muestran las vergüenzas. Si te pones
a iluminar el Hades de los vivos,
a tu ínsula das buenos motivos
y el necio menosprecio del que aprecia
el precio de lo necio que se paga
caro por no querer que satisfaga
la verdad el vacío de la necia
mentira negociante de la recia
diestra del bruto, que el común se traga
sin sentido común del bien, que el miedo
a lo peor los para como enredo
que engarma al barco y en la sirte encalla
del viejo Estado en venta, como Horacio,
siguiendo al Alceo, dijo, allá en su lacio
espacio en privilegio, la batalla
pro patria mori dando en su enrocalla
palaciega, sin lucha, a Orfeo el tracio
traicionando, cual hacen los poetas
pagados de ministros proxenetas.
Cantad, no deis el cante, así la gloria
en vida os premiará por esa coba
al Augusto sin gusto, con la escoba
preparada a barrer la limpia escoria
de demótico vulgo sin memoria
histórica del hijo de la loba.
A mí se me enrojece el doble pómulo
cada vez más: soy Remo, nunca Rómulo.
Porque es la gran excusa del cretino:
la patria chica, esclava y más de una,
dicha al revés (no quiere su fortuna
perder el facha, el nazi, el asesino
de inocentes, clamando, como un chino
al orden, comunista, de cabruna,
de Estado, economía de mercado,
creyendo en su odio al rojo -y el Estado
del fascista y de Stalin son lo mismo-).
Se trata de justicia, no de ideo-
logías utopistas que Morfeo
les envía, y el demo-comunismo
no es nunca ideología, si es guarismo
de sentido común: lo injusto es feo
por inmoral y embustes alimenta
para que salga al rico bien la cuenta.
Es la clase culpable: minoría
de la Desigualdad en pro, que canta
la gloria de la patria y del espanta-
pájaros, que de tanta tontería
propia de tontos con su enredo lía
y con su gravedad fuerte qué imanta
al débil, que engañado por la tele
le va a dar un cardíaco telele
de inanidad enana de onanismo
masoquista sin gusto dolorosa
por vacuidad de estómago, y de prosa
periodística al ruin retaguardismo
con su organillo que hace equilibrismo
en la cuerda más floja y la más sosa
que ya anuncia el trompazo con su vuelta
y su reculamiento, que anda suelta.
Qué terror al progreso y los derechos
humanos se fomenta en el incauto
que ignora cómo marcha bien su auto-
destrucción en camino de provechos
para el cruel belicista. Son los hechos:
Mirad Ucrania, Gaza… De fe el auto
prepara las hogueras del oficio
universal -negocio y beneficio.
Ay, mi amor, mi refugio, mi defensa
contra la ingratitud del espantajo
disfrazado de cargo sin trabajo
forrada sin embargo su despensa
de lujos por el diestro con dispensa
ilegal de tributo de marrajo
predador, que el pez chico siempre adora
no viendo su amenaza destructora,
apiádate de mí, que sufro pánico
terror al terrorista del dinero.
Acógeme en tu seno placentero
y náceme a otro mundo, que el tiránico
este me está volviendo ya un vesánico:
la merecida presa del loquero,
porque así se me ve. Dame tu abrazo
que todo es frío, salvo tu regazo.
…huye, que sólo aquél que huy escapa
Fr Luis
Fr Luis
¡Si pudiera
evadirme! Desde luego
a mí poco me afecta el desvarío
de los que no varían su albedrío
eligiéndose siervos de su ego
que copia el ego del Patrón. Qué ciego
hay que estar para no ver el bajío
que le trae su apoyo por el poyo
ocupar imposible, vía al hoyo.
Pero aquí estoy sin otra alternativa,
y la censura ataca hasta en las redes
porque soy yo el que pesca a su mercedes
atizando ceniza a llama viva
al rojo blanco, cándido que archiva
al rebelde, si me oyen las paredes.
Ya no encuentro poetas en pantalla
desde que apunto al campo de batalla.
Quieren guerra y no quieren rebeldía
pacifista leída, y se me esfuma
del espacio cibérico: se suma
al mito del ataque y su manía
que ellos llaman defensa, y quien se fía
acaba muerto por el Gran Hermano,
no el de la tele, sino el orwelliano.
No se puede mentar verdad ninguna:
la temen como todos casi: ofende.
Quien al Capi mafioso se me vende,
el pobre pobre, si no está en la Luna,
es que es hijo de perra o de lobuna
Roma imperial moderna y, pues, por ende,
es modelo de expertos en conquista
del ajeno, o ladrón de larga vista.
Al justo se le arrumba y se le arrolla
y margina y nos dejan solitarios
otra vez como siempre, los calvarios
de clavarios sufriendo, y la farfolla
vulgar aplaude de la vacua olla,
futuros gratüitos mercenarios
al servicio de dólar y del euro
que cobrarán en palos, porque es neuro-
patía de indolencia su analgesia
ante ajenas masacres, que es la propia
en potencia de fuego de la Copia
cornúpeta del Capi con su Iglesia
hipócrita que es trampa de anestesia
dirigida por teles con su escopia
que vela lo que muestra y manipula
desde ese púlpito a la chusma chula
que presume de sabia y cómo ladra
contra la sensatez desde su ignaro
estado del Estado, por el aro
encadanada al poste de la cuadra.
Pero a dónde escaparse, si no cuadra
el circulo selecto en su descaro
con su plebe abducida, si la embota
para aplastarla luego con su bota.
de los que no varían su albedrío
eligiéndose siervos de su ego
que copia el ego del Patrón. Qué ciego
hay que estar para no ver el bajío
que le trae su apoyo por el poyo
ocupar imposible, vía al hoyo.
Pero aquí estoy sin otra alternativa,
y la censura ataca hasta en las redes
porque soy yo el que pesca a su mercedes
atizando ceniza a llama viva
al rojo blanco, cándido que archiva
al rebelde, si me oyen las paredes.
Ya no encuentro poetas en pantalla
desde que apunto al campo de batalla.
Quieren guerra y no quieren rebeldía
pacifista leída, y se me esfuma
del espacio cibérico: se suma
al mito del ataque y su manía
que ellos llaman defensa, y quien se fía
acaba muerto por el Gran Hermano,
no el de la tele, sino el orwelliano.
No se puede mentar verdad ninguna:
la temen como todos casi: ofende.
Quien al Capi mafioso se me vende,
el pobre pobre, si no está en la Luna,
es que es hijo de perra o de lobuna
Roma imperial moderna y, pues, por ende,
es modelo de expertos en conquista
del ajeno, o ladrón de larga vista.
Al justo se le arrumba y se le arrolla
y margina y nos dejan solitarios
otra vez como siempre, los calvarios
de clavarios sufriendo, y la farfolla
vulgar aplaude de la vacua olla,
futuros gratüitos mercenarios
al servicio de dólar y del euro
que cobrarán en palos, porque es neuro-
patía de indolencia su analgesia
ante ajenas masacres, que es la propia
en potencia de fuego de la Copia
cornúpeta del Capi con su Iglesia
hipócrita que es trampa de anestesia
dirigida por teles con su escopia
que vela lo que muestra y manipula
desde ese púlpito a la chusma chula
que presume de sabia y cómo ladra
contra la sensatez desde su ignaro
estado del Estado, por el aro
encadanada al poste de la cuadra.
Pero a dónde escaparse, si no cuadra
el circulo selecto en su descaro
con su plebe abducida, si la embota
para aplastarla luego con su bota.
El
símbolo “uno = totalidad” ha sido rebajado al cero, y la “iota = diez = signo
mínimo” se le concedido el honor der ocupar el número uno… pienso que el
egoísmo y el egocentrismo que predominan hoy en día está relacionado con la
manera en que concebimos los números. En la forma antigua, si el individuo era
el microcosmos, su vínculo con la totalidad se concibe como la relación del uno
con el diez; sin embargo, con el símbolo de la totalidad reducido a la nada,
¿cómo puede uno relacionarse con el todo.
Anne Macaulay. “Apolo, la definición pitagórica de Dios”. En VVAA: Pitágoras y la ciencia sagrada.
Anne Macaulay. “Apolo, la definición pitagórica de Dios”. En VVAA: Pitágoras y la ciencia sagrada.
A Dios. Allá
en la era megalítica,
parece ser -así el observario,
por ejemplo, de Stonhenge, que prehistorio,
de las luces geométricas-, su mítica
sinfonía surgió, de la política
de los cielos que, justa, en su avalorio
-sic, que no es falta, es juego de vocablos,
de ortografía y étimos-, los diablos
ancïanos lo vieron, y resuena
en el culto del Apolo pitagórico,
a modo de escenario metafórico,
que tira de la órfica cadena,
tirando a la basura la condena
a nuestra finitud. Luego el eufórico
Ajenatón sereno fue y la impuso
en su Egipto natal porque difuso
el culto había llegado desde Creta
que lo importó de lo que fue Hiperbórea
la Isla, Gran Bretaña de la arbórea
selva del druida, bardo o el poeta
de la harmonía vate que el planeta
unió en sus 7 cuerdas, de incorpórea
sonoridad de sor con los celestes
brillantes emprismados de las huestes
pacíficas del cielo. El sacerdote
de Ra y su Cía a Ajenatón depuso
tras su muerte y Moisés frente al abuso
de la injusta política, dio el bote
llevando a un pueblo proletario y zote
por la vía iniciática del suso-
dicho del Sinaí por el desierto
donde sufrió de hambre medio muerto
para resucitar en Prometida
la Tierra que no vio. Josué, que nada
entendió del Maestro, pasó a espada
a todo bicho vivo en su estampida
arrasadora en Canaán, deicida
de su Vencido Sol, ciego de luces
de las constelaciones en sus cruces
simétricas de proporción. Alcanza
al presente su influencia, y proporciona
pravas excusas a la guerra en zona
de zonas de la marca por venganza
de nada, conculcando la esperanza
de paz. Y se ha perdido el viejo estro
que inspiró de Maestros al Maestro.
Geometría del Cielo o Harmonía
Sinfónica de Astros en Simétrica
Comunión con el Cosmos con su métrica
imitación de Suso, se extravía
y pierde y se desvía de la Vía
o Tao a la más triste y la más tétrica
de las desproporciones, y el negocio
es la historia de todo sacerdocio
oficial, negador de Dios, el Vero,
el del Amor incluso al enemigo
por la Conciliación a que bendigo,
y nadie me hace caso, que el Dinero
es lo que busca el pobre Pordisero,
y todo lo demás le importa un figo.
Uno era Igual a Todo y ahora el cero
lo sustituye, siendo ya el primero.
Que se puede esperar si es el vacío
de la riqueza material y fría
lo primero de todo. Quién se fía
de la Maldad. Pues casi todos. Río
de llanto dará al mar ya no bravío
cadáveres de inmensa mayoría.
Y al que avisa lo dejan más que solo,
porque ha sabido ver a aquel Apolo.
parece ser -así el observario,
por ejemplo, de Stonhenge, que prehistorio,
de las luces geométricas-, su mítica
sinfonía surgió, de la política
de los cielos que, justa, en su avalorio
-sic, que no es falta, es juego de vocablos,
de ortografía y étimos-, los diablos
ancïanos lo vieron, y resuena
en el culto del Apolo pitagórico,
a modo de escenario metafórico,
que tira de la órfica cadena,
tirando a la basura la condena
a nuestra finitud. Luego el eufórico
Ajenatón sereno fue y la impuso
en su Egipto natal porque difuso
el culto había llegado desde Creta
que lo importó de lo que fue Hiperbórea
la Isla, Gran Bretaña de la arbórea
selva del druida, bardo o el poeta
de la harmonía vate que el planeta
unió en sus 7 cuerdas, de incorpórea
sonoridad de sor con los celestes
brillantes emprismados de las huestes
pacíficas del cielo. El sacerdote
de Ra y su Cía a Ajenatón depuso
tras su muerte y Moisés frente al abuso
de la injusta política, dio el bote
llevando a un pueblo proletario y zote
por la vía iniciática del suso-
dicho del Sinaí por el desierto
donde sufrió de hambre medio muerto
para resucitar en Prometida
la Tierra que no vio. Josué, que nada
entendió del Maestro, pasó a espada
a todo bicho vivo en su estampida
arrasadora en Canaán, deicida
de su Vencido Sol, ciego de luces
de las constelaciones en sus cruces
simétricas de proporción. Alcanza
al presente su influencia, y proporciona
pravas excusas a la guerra en zona
de zonas de la marca por venganza
de nada, conculcando la esperanza
de paz. Y se ha perdido el viejo estro
que inspiró de Maestros al Maestro.
Geometría del Cielo o Harmonía
Sinfónica de Astros en Simétrica
Comunión con el Cosmos con su métrica
imitación de Suso, se extravía
y pierde y se desvía de la Vía
o Tao a la más triste y la más tétrica
de las desproporciones, y el negocio
es la historia de todo sacerdocio
oficial, negador de Dios, el Vero,
el del Amor incluso al enemigo
por la Conciliación a que bendigo,
y nadie me hace caso, que el Dinero
es lo que busca el pobre Pordisero,
y todo lo demás le importa un figo.
Uno era Igual a Todo y ahora el cero
lo sustituye, siendo ya el primero.
Que se puede esperar si es el vacío
de la riqueza material y fría
lo primero de todo. Quién se fía
de la Maldad. Pues casi todos. Río
de llanto dará al mar ya no bravío
cadáveres de inmensa mayoría.
Y al que avisa lo dejan más que solo,
porque ha sabido ver a aquel Apolo.
Tal vez la mano, en sueños,
del sembrador de estrellas,
hizo sonar la música olvidada
como una nota de la lira inmensa,
y la ola humilde a nuestros labios vino
de unas pocas palabras verdaderas.
Machado
Entre los bonobos no se producen guerras a muerte, apenas cazan, los machos no dominan a la hembras, y hay mucho sexo. Si el cimpancé representa nuestra cara diabólica, el bonobo es nuestra cara angélica.
Frans de Waal. El
mono que llevamos dentro.
hizo sonar la música olvidada
como una nota de la lira inmensa,
y la ola humilde a nuestros labios vino
de unas pocas palabras verdaderas.
Machado
Entre los bonobos no se producen guerras a muerte, apenas cazan, los machos no dominan a la hembras, y hay mucho sexo. Si el cimpancé representa nuestra cara diabólica, el bonobo es nuestra cara angélica.
Con la
Bóveda intento ver si cuadro
mi triste microcosmos con sus ruedos
espirales de astros, mis quevedos
usando telescópicos: taladro
la tiniebla a por luz, y me desmadro
y pierdo, pero intuyo, con mis dedos
en tecla, de la música de esferas
“unas pocas palabras verdaderas”.
O es ilusión de mi esperanza. Miro
admirando a través de los estudios
de los sabios la savia, en sus preludios
probables, de esta selva astral, y giro
la mirada a la altura, así me enliro,
buscado un Signo, y siento en mí el repudio
del mundo, que me ve como un orate
que la palabra pide y paz, dislate
que aprendí en Blas de Otero, cuando Franco
era Dios en España, como ahora
después de muerto, Cid a quien adora
el vulgo del cardumen y del banco
y de la grey fachosa, bajo el tranco
alzado, y mano abierta, en desmejora
del alargado paso hacia adelante,
por meter marcha atrás el dominante
ambiente de memez. Lo induce el Capi
del Tránsito que urdió esta vulgocracia,
campeón de falacia y más falacia,
mal padre, autoritario. “Yo a mi Papi
-Abba, que dijo Cristo-, como okapi
aún cachorro a su Madre, busco, hacia
algún claro sin fieras, o de cebra
el paso, y en la busca se me quiebra
el cerebro, que estrujo, a ver si encajo
en la harmonía sidérea, pero un tope
me encuentro atravesado: Pepe el Pope
hace cruces al súbdito, a destajo
o la tajada, y taja mi trabajo:
parece que la chusma es más mïope
que entonces, y no ve más que la tele,
nueva Palabra Revelada, y huele
a podre. La Justicia de los Cielos
traer a Tierra: locura: Soy más bobo…
Homo: mono brutal. Pero el bonobo
allá en el Congo lo desmiente. Celos
le tengo sanos, o lo envidio, y trovo
con Frans de Waal: Pacíficas criaturas
matriarcales, no aceptan dictaduras
de machos alfa, y un común ancestro
-y con el fiero chimpancé- tuvimos,
que me pone a pensar de cuál venimos:
del hobbsiano o el dócil, que el maestro
primatólogo explica. No es más nuestro
uno que el otro, porque nuestros primos
pacíficos que aísla el río Congo
son también, como el bestia. Y me supongo
que nuestra Eva, o Lucy, a la sabana
huyó del chimpancé por competencia
imposible, y nosotros esa herencia
llevamos: dócil es la esencia humana
pero también muy bruta, cuando gana
Poder, del cual abusa, si le viene
bien al bolsillo suyo lo que tiene
su congénere -poco. Todos somos
chimpancés y bonobos, cosas ambas,
las Homos; nos sostienen ambas jambas
contrarias el frontón, y todas Homos
miramos por los otros, o los lomos
doblamos ante el Alfa. Somos mambas
y tórtolas, y cada cual elige
si inclinación: doblarse ante el que rige
o alzarse al ideal las Alturas
por bipedestación (y así se importe
abajo, en menosprecio de la corte,
y alabanza de aldea, mas sin curas
sine cura, de tantas dictaduras
cómplices, mandadores, por deporte,
al infierno a cualquiera que disida
del Poder terrenal por darnos vida),
o rectitudes otras al derecho,
la Justicia de Veras, no de jueces
untados y parciales, en las heces
de la estatal cloca, en su provecho
mi triste microcosmos con sus ruedos
espirales de astros, mis quevedos
usando telescópicos: taladro
la tiniebla a por luz, y me desmadro
y pierdo, pero intuyo, con mis dedos
en tecla, de la música de esferas
“unas pocas palabras verdaderas”.
O es ilusión de mi esperanza. Miro
admirando a través de los estudios
de los sabios la savia, en sus preludios
probables, de esta selva astral, y giro
la mirada a la altura, así me enliro,
buscado un Signo, y siento en mí el repudio
del mundo, que me ve como un orate
que la palabra pide y paz, dislate
que aprendí en Blas de Otero, cuando Franco
era Dios en España, como ahora
después de muerto, Cid a quien adora
el vulgo del cardumen y del banco
y de la grey fachosa, bajo el tranco
alzado, y mano abierta, en desmejora
del alargado paso hacia adelante,
por meter marcha atrás el dominante
ambiente de memez. Lo induce el Capi
del Tránsito que urdió esta vulgocracia,
campeón de falacia y más falacia,
mal padre, autoritario. “Yo a mi Papi
-Abba, que dijo Cristo-, como okapi
aún cachorro a su Madre, busco, hacia
algún claro sin fieras, o de cebra
el paso, y en la busca se me quiebra
el cerebro, que estrujo, a ver si encajo
en la harmonía sidérea, pero un tope
me encuentro atravesado: Pepe el Pope
hace cruces al súbdito, a destajo
o la tajada, y taja mi trabajo:
parece que la chusma es más mïope
que entonces, y no ve más que la tele,
nueva Palabra Revelada, y huele
a podre. La Justicia de los Cielos
traer a Tierra: locura: Soy más bobo…
Homo: mono brutal. Pero el bonobo
allá en el Congo lo desmiente. Celos
le tengo sanos, o lo envidio, y trovo
con Frans de Waal: Pacíficas criaturas
matriarcales, no aceptan dictaduras
de machos alfa, y un común ancestro
-y con el fiero chimpancé- tuvimos,
que me pone a pensar de cuál venimos:
del hobbsiano o el dócil, que el maestro
primatólogo explica. No es más nuestro
uno que el otro, porque nuestros primos
pacíficos que aísla el río Congo
son también, como el bestia. Y me supongo
que nuestra Eva, o Lucy, a la sabana
huyó del chimpancé por competencia
imposible, y nosotros esa herencia
llevamos: dócil es la esencia humana
pero también muy bruta, cuando gana
Poder, del cual abusa, si le viene
bien al bolsillo suyo lo que tiene
su congénere -poco. Todos somos
chimpancés y bonobos, cosas ambas,
las Homos; nos sostienen ambas jambas
contrarias el frontón, y todas Homos
miramos por los otros, o los lomos
doblamos ante el Alfa. Somos mambas
y tórtolas, y cada cual elige
si inclinación: doblarse ante el que rige
o alzarse al ideal las Alturas
por bipedestación (y así se importe
abajo, en menosprecio de la corte,
y alabanza de aldea, mas sin curas
sine cura, de tantas dictaduras
cómplices, mandadores, por deporte,
al infierno a cualquiera que disida
del Poder terrenal por darnos vida),
o rectitudes otras al derecho,
la Justicia de Veras, no de jueces
untados y parciales, en las heces
de la estatal cloca, en su provecho
exclusivo de mono con estrecho
casco y bajuno, ni los de memeces
ante los golpes, ciegos, de derechas
y ganchos para el hurto, haciendo trechas.
Harmonía es Belleza; exclusivismo,
Fealdad Malvada. Y el Poder excluye
a la gran mayoría -que rehúye
implicarse en la lucha por el mismo
derecho para todos, y al abismo
tirar se deja por cobarde, astuta
y al fin ignara bajo la absoluta
iniquidad del mundo, connivente
y condenada por sí misma a paria.
Y falta simetría, necesaria
para la paz, que no quiere la gente,
parece, o no pensarlo. La corriente
se sigue al nazi (¿a ser de raza aria
aspira?). Y no me evado: no hay Afuera.
Aspiro a la Palabra Verdadera,
macrocosmos en micro, el ser humano
como cantaba Orfeo, enseña Hermes
y demuestra la ciencia, si no duermes
en tus laureles con tu sueño insano
de gloria indiferente. Que el tirano
de moda es un modelo de los vermes
parásitos y el Buitre. Tu carroña
no le empeñes al monstruo de la roña.
casco y bajuno, ni los de memeces
ante los golpes, ciegos, de derechas
y ganchos para el hurto, haciendo trechas.
Harmonía es Belleza; exclusivismo,
Fealdad Malvada. Y el Poder excluye
a la gran mayoría -que rehúye
implicarse en la lucha por el mismo
derecho para todos, y al abismo
tirar se deja por cobarde, astuta
y al fin ignara bajo la absoluta
iniquidad del mundo, connivente
y condenada por sí misma a paria.
Y falta simetría, necesaria
para la paz, que no quiere la gente,
parece, o no pensarlo. La corriente
se sigue al nazi (¿a ser de raza aria
aspira?). Y no me evado: no hay Afuera.
Aspiro a la Palabra Verdadera,
macrocosmos en micro, el ser humano
como cantaba Orfeo, enseña Hermes
y demuestra la ciencia, si no duermes
en tus laureles con tu sueño insano
de gloria indiferente. Que el tirano
de moda es un modelo de los vermes
parásitos y el Buitre. Tu carroña
no le empeñes al monstruo de la roña.
Y dejas, Pastor santo
Fr. Luis
Que viene el lobo
León Felipe
Pido la paz y la palabra
Blas de Otero
Fr. Luis
Que viene el lobo
León Felipe
Pido la paz y la palabra
Blas de Otero
Cuando contemplo el cielo
Fr. Luis
Invictus Sol, fue, Mitra, dios del gusto
de soldados romanos, generales
inclusos, luego Cristo, cuando males
de desunión combate con adusto
monoteísmo Constantino Augusto.
Y su Iglesia se dio a los carnavales
de Poder imperial, exclusivista
-conversiones a fuerza de conquista
totalitaria y falsa propaganda
desde el púlpito impuso obligatorio.
Y ahora somos cristianos en velorio
del verdadero Cristo, y nos apanda
la traición de su Iglesia, y la demanda
de Equidad fragua ateos de ilusorio
nihilismo en rebeldía, y el Dios niño
se va por el desagüe, entre el armiño
del jabón, corresponda o no la idea
con la nada o el ser. Mas, si se mira
la innumerable luz de aquella lira
del pitagórico, se ve menea
el sabio plectro
el Soplo o lo que Sea
que Deba Ser, y sólo no la admira
el burro que ve el dedo que señala
al cielo, y nada más, perdida el ala
de su visión. Valiente es el ateo
en sacra rebeldía ante las mafias
gobernadoras, que entre las agrafias
destaca analfabetas, como reo
de censuras y amnesias, que el Morfeo
impone con los medios, sin alafias
ni palinodias. Repitiendo atonta,
mientras el Macho Alfa se la monta.
El Bien existe, empero, y su Belleza
y Verdad. Si no fuera así, los mundos
se habrían extinguido, o en profundos
infiernos yacerían, pieza y pieza
desencajadas, rota su entereza:
todo un montón sería de rotundos
rompientes enrocados. Poco falta,
pero estamos aún -en la más alta
punta de la Creación evolutiva,
dicen. Será por algo. Mas nos pesa
la parte chimpancé, y la envidia gruesa
de la rivalidad nos es nociva,
y, de poder, por odio, a la deriva
echamos a los justos y a la huesa
por competentes. Sucedió con Cristo
y cuántos de su tipo, y me contristo.
A menudo el cristiano es el más carca
neo-liberal, del rico partidario,
al revés que Jesús, y del armario
sale vistiendo el velo de la Parca
deseando las guerras que el monarca
de siempre propició, por el erario
de los que envía al frente, cuya gloria
defienden con su sangre. La Memoria
se olvida, y ya no hay musas ni su música
nos entra, sólo un himno de trompetas
y tambores de marcha, y los poetas
en sus laureles cantan la venúsica
libre canción, por la razón malthúsica
de ser ya demasiados -y los zetas
su metralla preparan, y sus bombas,
para limpiar con sus torrentes, trombas
de fuego, tal exceso-, en indolencia
por omisión de cómplice insensato.
Y aviso: viene el lobo, y timorato
el borrego pascual de la indecencia
bélica bala y piensa, y se sentencia,
que otro será el que muera, y hasta el gato
muere que apunta el rol al tal que actúa,
y él se deja estafar, por cacatúa.
Y dejas, Pastor Santo, en valle oscuro
tu grey en soledad y
llanto ácido,
mientras el coco permanece plácido
asustando a los críos -sin seguro
de vida- con el rojo, y el canguro
lo abraza en su marsupio tierno y flácido
cantándole su nana, cuando a paga
está del real Ogro que se traga
poco a poco su humor vital, y él ronca
poemas soñolientos. Yo despierto
con alarma al dormido medio muerto
y me apaga el sonámbulo la bronca,
aun siendo mediodía, que le tronca
la inconsciencia mi grito, y al desierto
manda a mi voz que clama, y estoy solo
por ser lira de Otero, el dios Apolo
-arcaico- o León Felipe. Nadie escucha
o casi, y no es bastante. Solo en masas
corales se podría de las nasas
salvar al chico pez, pero la lucha
por una justa idea está pachucha
de vírica infección de bits, y pasas
de mala uva. Que es mejor ser ciego,
que exigir de una vez el alto el fuego.
inclusos, luego Cristo, cuando males
de desunión combate con adusto
monoteísmo Constantino Augusto.
Y su Iglesia se dio a los carnavales
de Poder imperial, exclusivista
-conversiones a fuerza de conquista
totalitaria y falsa propaganda
desde el púlpito impuso obligatorio.
Y ahora somos cristianos en velorio
del verdadero Cristo, y nos apanda
la traición de su Iglesia, y la demanda
de Equidad fragua ateos de ilusorio
nihilismo en rebeldía, y el Dios niño
se va por el desagüe, entre el armiño
del jabón, corresponda o no la idea
con la nada o el ser. Mas, si se mira
la innumerable luz de aquella lira
del pitagórico, se ve menea
que Deba Ser, y sólo no la admira
el burro que ve el dedo que señala
al cielo, y nada más, perdida el ala
de su visión. Valiente es el ateo
en sacra rebeldía ante las mafias
gobernadoras, que entre las agrafias
destaca analfabetas, como reo
de censuras y amnesias, que el Morfeo
impone con los medios, sin alafias
ni palinodias. Repitiendo atonta,
mientras el Macho Alfa se la monta.
El Bien existe, empero, y su Belleza
y Verdad. Si no fuera así, los mundos
se habrían extinguido, o en profundos
infiernos yacerían, pieza y pieza
desencajadas, rota su entereza:
todo un montón sería de rotundos
rompientes enrocados. Poco falta,
pero estamos aún -en la más alta
punta de la Creación evolutiva,
dicen. Será por algo. Mas nos pesa
la parte chimpancé, y la envidia gruesa
de la rivalidad nos es nociva,
y, de poder, por odio, a la deriva
echamos a los justos y a la huesa
por competentes. Sucedió con Cristo
y cuántos de su tipo, y me contristo.
A menudo el cristiano es el más carca
neo-liberal, del rico partidario,
al revés que Jesús, y del armario
sale vistiendo el velo de la Parca
deseando las guerras que el monarca
de siempre propició, por el erario
de los que envía al frente, cuya gloria
defienden con su sangre. La Memoria
se olvida, y ya no hay musas ni su música
nos entra, sólo un himno de trompetas
y tambores de marcha, y los poetas
en sus laureles cantan la venúsica
libre canción, por la razón malthúsica
de ser ya demasiados -y los zetas
su metralla preparan, y sus bombas,
para limpiar con sus torrentes, trombas
de fuego, tal exceso-, en indolencia
por omisión de cómplice insensato.
Y aviso: viene el lobo, y timorato
el borrego pascual de la indecencia
bélica bala y piensa, y se sentencia,
que otro será el que muera, y hasta el gato
muere que apunta el rol al tal que actúa,
y él se deja estafar, por cacatúa.
Y dejas, Pastor Santo, en valle oscuro
mientras el coco permanece plácido
asustando a los críos -sin seguro
de vida- con el rojo, y el canguro
lo abraza en su marsupio tierno y flácido
cantándole su nana, cuando a paga
está del real Ogro que se traga
poco a poco su humor vital, y él ronca
poemas soñolientos. Yo despierto
con alarma al dormido medio muerto
y me apaga el sonámbulo la bronca,
aun siendo mediodía, que le tronca
la inconsciencia mi grito, y al desierto
manda a mi voz que clama, y estoy solo
por ser lira de Otero, el dios Apolo
-arcaico- o León Felipe. Nadie escucha
o casi, y no es bastante. Solo en masas
corales se podría de las nasas
salvar al chico pez, pero la lucha
por una justa idea está pachucha
de vírica infección de bits, y pasas
de mala uva. Que es mejor ser ciego,
que exigir de una vez el alto el fuego.
Este buitre voraz de ceño torvo
que me devora las entrañas fiero
y es mi único y constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.
Unamuno
que me devora las entrañas fiero
y es mi único y constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.
Unamuno
Alto el
fuego, Señor de las estrellas,
de su harmonía manda tu mensaje.
Pero quién va a tener este coraje
de defender la paz. Sufren las mellas
de la guerra las carnes de las bellas
murallas inocentes, por dopaje
emocional patriótico de tantos
mïopes que no ven de lejos, cantos
desoyendo de riesgos y noticias
y avisos. Hemos vuelto a la cultura
del conflicto de siempre, y la censura
de raros pacifistas. Grita albricias
el fabricante de armas, las delicias
del traficante haciendo, por la oscura
empresa genocida que masacres
propicia, y el desierto de los acres
agrícolas, y el hambre de carnaza,
por la provocación de quien se forra
con el negocio de la erguida porra
bélica, que en Oriente ya amenaza
con su jeta de buitre. Y en la plaza
no se oye el asunto, por modorra
inducida por miedo, y a otro lado
mira el contribuyente, porque el dado
espera del azar o de la suerte
buena o fortuna de que nada pase
al fin, o pase lejos, dando un pase
afuera, que qué más le da la muerte
del ajeno y aun prójimo, y convierte
en indolencia el pánico en su envase
de edulcorante en serie telediaria,
y no nos enfrentamos a, sumaria,
esa conspiración de temerario
acuerdo con empresas de la guerra
que negocia el Poder, que nos entierra
en la caverna de un Platón vicario
de aquél de la Ideas, secretario
de Ninguna, a no ser la que se aferra
al yerro del dinero, valor solo
que exilia a aquel antiguo dios, Apolo,
el de la lira cósmica. Las paces
después de las disputas son tardías:
más valió prevenir . Pero en las frías
seseras del Poder tantos desguaces
de su harmonía manda tu mensaje.
Pero quién va a tener este coraje
de defender la paz. Sufren las mellas
de la guerra las carnes de las bellas
murallas inocentes, por dopaje
emocional patriótico de tantos
mïopes que no ven de lejos, cantos
desoyendo de riesgos y noticias
y avisos. Hemos vuelto a la cultura
del conflicto de siempre, y la censura
de raros pacifistas. Grita albricias
el fabricante de armas, las delicias
del traficante haciendo, por la oscura
empresa genocida que masacres
propicia, y el desierto de los acres
agrícolas, y el hambre de carnaza,
por la provocación de quien se forra
con el negocio de la erguida porra
bélica, que en Oriente ya amenaza
con su jeta de buitre. Y en la plaza
no se oye el asunto, por modorra
inducida por miedo, y a otro lado
mira el contribuyente, porque el dado
espera del azar o de la suerte
buena o fortuna de que nada pase
al fin, o pase lejos, dando un pase
afuera, que qué más le da la muerte
del ajeno y aun prójimo, y convierte
en indolencia el pánico en su envase
de edulcorante en serie telediaria,
y no nos enfrentamos a, sumaria,
esa conspiración de temerario
acuerdo con empresas de la guerra
que negocia el Poder, que nos entierra
en la caverna de un Platón vicario
de aquél de la Ideas, secretario
de Ninguna, a no ser la que se aferra
al yerro del dinero, valor solo
que exilia a aquel antiguo dios, Apolo,
el de la lira cósmica. Las paces
después de las disputas son tardías:
más valió prevenir . Pero en las frías
seseras del Poder tantos desguaces
mortuorios nada importan y antifaces
sus para-bellum lucen, tan vacías
de empatía, ante cámaras: peligra
el mundo, si al sensato se denigra
y aparta del gobierno, por la espalda
atacado. Y el mundo, tan contento.
Rusia es sólo una excusa, para aumento
del exceso de armas, por la falda
del monte casi en cima ya, en la balda
final del belicismo, de ese cuento
de su Historia baldía, y miserable;
y no escucha jamás, por más que hable
quien impetra concilio de contrarios:
no violencia, diálogo. Y al cubo
de la basura lo echan, y no hubo
político mejor. Los propietarios
del mundo, policía, y jueces varios
a su servicio nos condenan; subo
a pararlos y caigo, porque estorbo
a ese “buitre voraz de ceño torvo”.
Pero a tozudo a mí no hay quien me gane:
Capitalismo y armas de su tráfico
son inherentes. No lo ve el agráfico
ni el facha, que no quiere que se hermane
la humanidad, que nadie le profane
la gloria de matar por epitáfico
galardón patriotero, y vaya zumba
me lían si les hablo de la tumba
que labra su ignorancia, si en refugio
tal héroe, sobre todo, permanece.
Qué fácil es decir “La guerra crece:
Viva la Patria”, ciego al artilugio
nuclear que amenaza, el subterfugio,
tácito, desvelando, y no se entera,
no se quiere enterar el Calavera
delegado. Dios mío, o sí lo sabe
pero a él que le importa. No le alcanza
la bala. Desde mi desesperanza
te pido paz y lucidez, que grave
ardiente está la cosa. Venga tu Ave
-Paloma (de la Paz)- y con templanza
nos disuada de tanto lunatismo,
que aquí solo se teme al comunismo,
que ya no existe: Coco asusta-niños,
los infantes pro-bélicos lo temen,
que Gaza les da igual, igual que el Yemen
y en el fondo hasta Ucrania, que hace guiños
a la atractiva OTAN, los corpiños
sufriendo siempre carnes cuyo semen
no llegará a su óvulo, en ahogo,
siempre en manos de tanto demagogo.
el mundo, si al sensato se denigra
y aparta del gobierno, por la espalda
atacado. Y el mundo, tan contento.
Rusia es sólo una excusa, para aumento
del exceso de armas, por la falda
del monte casi en cima ya, en la balda
final del belicismo, de ese cuento
de su Historia baldía, y miserable;
y no escucha jamás, por más que hable
quien impetra concilio de contrarios:
no violencia, diálogo. Y al cubo
de la basura lo echan, y no hubo
político mejor. Los propietarios
del mundo, policía, y jueces varios
a su servicio nos condenan; subo
a pararlos y caigo, porque estorbo
a ese “buitre voraz de ceño torvo”.
Pero a tozudo a mí no hay quien me gane:
Capitalismo y armas de su tráfico
son inherentes. No lo ve el agráfico
ni el facha, que no quiere que se hermane
la humanidad, que nadie le profane
la gloria de matar por epitáfico
galardón patriotero, y vaya zumba
me lían si les hablo de la tumba
que labra su ignorancia, si en refugio
tal héroe, sobre todo, permanece.
Qué fácil es decir “La guerra crece:
Viva la Patria”, ciego al artilugio
nuclear que amenaza, el subterfugio,
tácito, desvelando, y no se entera,
no se quiere enterar el Calavera
delegado. Dios mío, o sí lo sabe
pero a él que le importa. No le alcanza
la bala. Desde mi desesperanza
te pido paz y lucidez, que grave
ardiente está la cosa. Venga tu Ave
-Paloma (de la Paz)- y con templanza
nos disuada de tanto lunatismo,
que aquí solo se teme al comunismo,
que ya no existe: Coco asusta-niños,
los infantes pro-bélicos lo temen,
que Gaza les da igual, igual que el Yemen
y en el fondo hasta Ucrania, que hace guiños
a la atractiva OTAN, los corpiños
sufriendo siempre carnes cuyo semen
no llegará a su óvulo, en ahogo,
siempre en manos de tanto demagogo.
No puedo
ser feliz. Poco me afecta
en directo y en vivo esta locura
pero vaya si tienen caradura
los políticos desde su perfecta
protección en el búnker, de tortura
proporcionando improporción sin cura
pública y sin Asclepio que repare
las muertes por masacre, y su curare
en el observador. A la defensa
derecho -dicen- de quien no me ataca
tenemos -los panolis. La cloaca
medra en lo sucio, inicuo. Y no se piensa
en la provocación que da en la tensa
situación; y las armas del que atraca,
el Capi, son vendidas al que expía
el yerro ajeno, por la mercancía
de fuego en que se invierten los tributos
de los contribuyentes, que son propios
de la seguridad social, acopios
de la cual pilla el bruto de los brutos
neoliberal fascista, de atributos
diabólicos, sin sus fonendoscopios
para algún corazón que no sea el mismo
suyo. Y ¡espanta con el comunismo!
Ay Sembrador de estrellas, haz sensata
y lúcida a la gente, y en protesta
frenemos todos esta zapatiesta
de la escalada de armas, que se mata,
si no, entre sí, cebando al garrapata
ocioso que no muere ni hace frente
en persona a su víctima: es la gente
de a pie quien muere enviada a su fortuna,
la del Capi, jamás la del extraño
a su interés, ahogada bajo el baño
de sangre, mientras todos en la Luna
al bicho eligen, dados a la cuna
televisiva por astuto engaño.
Doma, Dios mío, a ese asesino mono,
y promueve al bonobo, y te perdono
por tu ausencia de siglos, que en tu nombre
la bestia perpetró la guerra, el crimen
-a beneficio de quien luce el himen
de la conciencia limpio, superhombre,
por borrada- perpetuo, y tú en tu ensombre
o inhibición, y danos ya un regimen
(sic) distinto al de siempre, que ya basta
de esa forma asesina de hacer pasta.
Y qué caso
va a hacerse a un pobre alcohólico
con peligro de ictus y de infarto
y en esta isla de su triste cuarto,
que es su estudio, no anda muy católico,
por rabioso más bien que melancólico
ante el terror del mundo, que más harto
lo tiene que se puede -y la ignorancia
activa del obseso por ganancia
y nada más. El culto de lo bélico
regresa tras la Fría, ya caliente
de deseo feroz sobresaliente
que ha suspendido el seso de lo angélico.
Y un pacto, al parecer, mefistofélico
protege al mandatario delincuente.
Yo no soy nadie. Mas vosotros, menos.
Porque no le ponéis al Monstruo frenos.
Preferís al Injusto. Y los envíos
de armas de Occidente a la refriega
a mansalva en unión de sangre riega
al Este y me produce escalofríos.
Los Estados Unidos, como críos
que juegan a la guerra, que no llega
a ellos jamás su fuego, exportan guerra,
y su mano otra vez cierra y se aferra
a su papel de árbitro y de poli
mundial, y todos os tragáis rollo
americano, y choca en el escollo
de su sirena, el coro del panoli,
que parece que juega a un monopoly
real y saca cuartos de tal chollo
aunque no hay tal, y todo es la rüina
del gasto en guerra como disciplina.
¿Tan difícil es ver que es un boyante
negocio de un Estado que fabrica
armas, y tiene que sacarle rica
tajada? Y borreguiles adelante
seguimos el sendero traficante
que nos marca su dedo, que trafica
con armas el Primer Mundo, y ahora,
parece, marcha su apisonadora
al frente Oriente. Y, como un loco el cuesco
se tire nuclear, ya un Trump, ya el Putin,
no habrá lugar donde nos lleve el footing
fugitivo ni habrá ningún refresco
de tropas que nos salve del simiesco
espíritu asesino, con su chut in
albis en vía al blanco ya sin blanca
por el oscuro lío de su banca.
Y la suma al sociata en el empeño
guerrero contra gente que perece
se añade a la contienda, que más crece
todavía -y a mí me quita el sueño,
cuando antes roncaba como un leño-
en el tiempo de crisis, que enriquece
al mismo siempre, al Capi. Y sufro angustia
porque veo la paz cómo se mustia.
Debo ser un tío raro, si detesto
esa manía de matar por guita,
que provoca al Cabrón, que resucita
siempre, por más que muera, y de su puesto
se le apee por tiempos, que denuesto
inútilmente aquí. ¿Sólo me irrita
a mí y a pocos más? También me asusta
no ver aquí casi ningún me-gusta.
¿Qué no os
gustan? ¿Los versos o su asunto?
¿Su maestría o la verdad que muestra
el poema? ¿Su técnica maestra
o la obviedad velada a la que apunto
y desvelo por obvia?, o cómo junto
lo bello con lo feo. Cómo adiestra
el mediático embuste que nos calma
y nos pone de parte del sin-alma.
La codicia y el pánico hacen torva
pareja: desalmada y con el medro
por único objetivo y el arredro
que mira hacia otro lado, ya te encorva
en rüín reverencia y ya te amorba
de indolencia medrosa que al paredro
Capi te liga de las plutocracias
beligerantes, las que exportan razias
a los desposeídos, los ilotas
sin derecho a vivir en paz. Que mientras
sea el otro quien sufre, si no encuentras
en tu camino fuego, nada notas
ni te haces notar, como marmotas
durmiendo un sueño en el que más te adentras
por no sentir sino ese sentimiento
privado, de individuo: qué lo siento.
Ande caliente yo, y muera la gente.
Hace frío en el mundo. Y eso que arde.
Qué más me da ser sólo un cruel cobarde,
si de amor personal estoy caliente.
Sumémonos al tren indiferente,
no vaya a ser que se nos haga tarde
y lo perdamos, digo el de la vida
contenta, ajena a tanta despedida.
Colofón
en directo y en vivo esta locura
pero vaya si tienen caradura
los políticos desde su perfecta
protección en el búnker, de tortura
proporcionando improporción sin cura
pública y sin Asclepio que repare
las muertes por masacre, y su curare
en el observador. A la defensa
derecho -dicen- de quien no me ataca
tenemos -los panolis. La cloaca
medra en lo sucio, inicuo. Y no se piensa
en la provocación que da en la tensa
situación; y las armas del que atraca,
el Capi, son vendidas al que expía
el yerro ajeno, por la mercancía
de fuego en que se invierten los tributos
de los contribuyentes, que son propios
de la seguridad social, acopios
de la cual pilla el bruto de los brutos
neoliberal fascista, de atributos
diabólicos, sin sus fonendoscopios
para algún corazón que no sea el mismo
suyo. Y ¡espanta con el comunismo!
Ay Sembrador de estrellas, haz sensata
y lúcida a la gente, y en protesta
frenemos todos esta zapatiesta
de la escalada de armas, que se mata,
si no, entre sí, cebando al garrapata
ocioso que no muere ni hace frente
en persona a su víctima: es la gente
de a pie quien muere enviada a su fortuna,
la del Capi, jamás la del extraño
a su interés, ahogada bajo el baño
de sangre, mientras todos en la Luna
al bicho eligen, dados a la cuna
televisiva por astuto engaño.
Doma, Dios mío, a ese asesino mono,
y promueve al bonobo, y te perdono
por tu ausencia de siglos, que en tu nombre
la bestia perpetró la guerra, el crimen
-a beneficio de quien luce el himen
de la conciencia limpio, superhombre,
por borrada- perpetuo, y tú en tu ensombre
o inhibición, y danos ya un regimen
(sic) distinto al de siempre, que ya basta
de esa forma asesina de hacer pasta.
con peligro de ictus y de infarto
y en esta isla de su triste cuarto,
que es su estudio, no anda muy católico,
por rabioso más bien que melancólico
ante el terror del mundo, que más harto
lo tiene que se puede -y la ignorancia
activa del obseso por ganancia
y nada más. El culto de lo bélico
regresa tras la Fría, ya caliente
de deseo feroz sobresaliente
que ha suspendido el seso de lo angélico.
Y un pacto, al parecer, mefistofélico
protege al mandatario delincuente.
Yo no soy nadie. Mas vosotros, menos.
Porque no le ponéis al Monstruo frenos.
Preferís al Injusto. Y los envíos
de armas de Occidente a la refriega
a mansalva en unión de sangre riega
al Este y me produce escalofríos.
Los Estados Unidos, como críos
que juegan a la guerra, que no llega
a ellos jamás su fuego, exportan guerra,
y su mano otra vez cierra y se aferra
a su papel de árbitro y de poli
mundial, y todos os tragáis rollo
americano, y choca en el escollo
de su sirena, el coro del panoli,
que parece que juega a un monopoly
real y saca cuartos de tal chollo
aunque no hay tal, y todo es la rüina
del gasto en guerra como disciplina.
¿Tan difícil es ver que es un boyante
negocio de un Estado que fabrica
armas, y tiene que sacarle rica
tajada? Y borreguiles adelante
seguimos el sendero traficante
que nos marca su dedo, que trafica
con armas el Primer Mundo, y ahora,
parece, marcha su apisonadora
al frente Oriente. Y, como un loco el cuesco
se tire nuclear, ya un Trump, ya el Putin,
no habrá lugar donde nos lleve el footing
fugitivo ni habrá ningún refresco
de tropas que nos salve del simiesco
espíritu asesino, con su chut in
albis en vía al blanco ya sin blanca
por el oscuro lío de su banca.
Y la suma al sociata en el empeño
guerrero contra gente que perece
se añade a la contienda, que más crece
todavía -y a mí me quita el sueño,
cuando antes roncaba como un leño-
en el tiempo de crisis, que enriquece
al mismo siempre, al Capi. Y sufro angustia
porque veo la paz cómo se mustia.
Debo ser un tío raro, si detesto
esa manía de matar por guita,
que provoca al Cabrón, que resucita
siempre, por más que muera, y de su puesto
se le apee por tiempos, que denuesto
inútilmente aquí. ¿Sólo me irrita
a mí y a pocos más? También me asusta
no ver aquí casi ningún me-gusta.
¿Su maestría o la verdad que muestra
el poema? ¿Su técnica maestra
o la obviedad velada a la que apunto
y desvelo por obvia?, o cómo junto
lo bello con lo feo. Cómo adiestra
el mediático embuste que nos calma
y nos pone de parte del sin-alma.
La codicia y el pánico hacen torva
pareja: desalmada y con el medro
por único objetivo y el arredro
que mira hacia otro lado, ya te encorva
en rüín reverencia y ya te amorba
de indolencia medrosa que al paredro
Capi te liga de las plutocracias
beligerantes, las que exportan razias
a los desposeídos, los ilotas
sin derecho a vivir en paz. Que mientras
sea el otro quien sufre, si no encuentras
en tu camino fuego, nada notas
ni te haces notar, como marmotas
durmiendo un sueño en el que más te adentras
por no sentir sino ese sentimiento
privado, de individuo: qué lo siento.
Ande caliente yo, y muera la gente.
Hace frío en el mundo. Y eso que arde.
Qué más me da ser sólo un cruel cobarde,
si de amor personal estoy caliente.
Sumémonos al tren indiferente,
no vaya a ser que se nos haga tarde
y lo perdamos, digo el de la vida
contenta, ajena a tanta despedida.
I’ vo gridando pace, pace, pace.
Petrarca
Petrarca
ha sido errónea, salvo acaso aquélla
de Juan: “Dios es Amor”. Y esa gran pella
de las masas, que pasan del tormento
de los otros, a un ídolo, cimiento
del Mal, adoran, aun si las atropella.
Por ello Dios no existe: nadie ama.
Salvo a quien se propicia en propia cama.
Y a veces ni eso. No hablaré de amores,
que siento yo también, sino el de Todo
por Todo en su diverso codo a codo.
O ¿preferís que os cante sobre flores?
Canto la paz que odian los señores,
modelos falsos de ese Dios que apodo
Numen, por distinguirlo de la tonta
creencia en un Patrón que nos afronta
y, vencedor, divide. No hay ganancia,
como no sea para él, en esto
de la muerte recíproca: protesto
contra esa connivencia -que ya Francia
anuncia- con el Capi, que le escancia
su bourbon de terror en propio tiesto.
¿Quiere matar franceses? ¿Como a rusos
Rusia, y antes Ucrania, por ilusos
deseos de ser parte de la NATO?
¿Por qué los USA quieren ahora guerra
en la Unión Europea? Mala perra
se han cogido los miembros del contrato
de malos tratos, por un líder nato
en la tele, y la gente que a él se aberra:
votar por fama a un cómico comporta
la muerte en masa del de vista corta.
Aquí no es diferente, si al pacífico
lo mandan al Pacífico, a que clame
y jamás se les escuche. Ya le lame
la parte al Amo el siervo por prolífico
prole alienado por el específico
método de la especie, y así ame
a su asesino atlántico: lo envía
a tomar vientos esa vieja Harpía.
El día que entendamos que el derecho
a defensa es postrero a la amenaza
de integrarse en el grupo de la caza
del mundo sólo puede dar provecho
al búnker de los Capis del cohecho
mundial, podremos defender a Gaza
y similares de su genocidio
y meter a esos Bestias en presidio.
Mientras tanto, ¡a matarnos! Que se haga
más rico el matador que nos lo ordena,
y a la máxima pena nos condena
-por amor a la paz- y satisfaga
su codicia. Mejor no abrir la llaga
que sutura después, y otro negocio
negociar, que hay mejores que el beocio
asesinato mutuo de las gentes
del mundo contra el mundo, desunidas,
que por la gloria del Patrón suicidas
se vuelven, como carne de parientes
a parir puestos por caninos dientes:
¿no más justo será salvar sus vidas?
Pero yo soy un loco solitario.
Y la gente prefiere su calvario
de morir por la patria, malhechora
con ella, como ídolo vacío.
La vera patria es padre que a su crío
cuida en el seno de su madre, y mora
con ambos, que aconsejan cada hora
que no vaya a meterse en ningún lío.
Si no es así, la patria es una estafa
del Patrón, que nos ve como piltrafa.
Pero yo soy un raro por escaso
de sentido común, pese a que tengo
más que la media, porque mi abolengo
evolutivo es de progreso, y paso
de violencia normal, y es mi fracaso
no ser oído porque el verso rengo
y mal hecho es del gusto de la moda
como todo lo recto, que incomoda:
se odia al justo, se ama a los chorizos
de las instituciones, la siniestra
hace aguada oficial, y la que muestra
de Verdad es velada por hechizos
y rizos del Poder, que son huidizos
de Ella, la Extraña, y se nos encabestra.
Pero yo soy un Nadie, como Ulises,
gris para el blanco y negro de los grises.
se odia al justo, se ama a los chorizos
de las instituciones, la siniestra
hace aguada oficial, y la que muestra
de Verdad es velada por hechizos
y rizos del Poder, que son huidizos
de Ella, la Extraña, y se nos encabestra.
Pero yo soy un Nadie, como Ulises,
gris para el blanco y negro de los grises.
He indicado
una senda alternativa,
y casi nadie la ha seguido: es dura
la originalidad, que hay dictadura
de la mediocridad en exclusiva.
Y me ha excluido el club de inquisitiva
vigilancia, y padezco su censura.
Y se me ha desahuciado con la argucia
de nadie ser para la banda sucia.
y casi nadie la ha seguido: es dura
la originalidad, que hay dictadura
de la mediocridad en exclusiva.
Y me ha excluido el club de inquisitiva
vigilancia, y padezco su censura.
Y se me ha desahuciado con la argucia
de nadie ser para la banda sucia.