I. Diferencias en Síntesis
Color de vino ¿tinto? decía el (ciego) Homero
que luce el mar o ¿blanco? (según su irreal leyenda).
Y el vino blanco ¿es blanco? ¿No es entre oro, empero,
y verde? No es achaque del ojo que se prenda
del Iris tras la lluvia. Yo veo más certero
decir: categorías semánticas de idiomas
distintos que organizan el mundo fenoménico
del luminoso espectro y acotan entre comas
sus Cláusulas o Clases, para cazar asténico
al bruto de un contínuum que puzlan en axiomas
conceptos en palabras fingiendo su sistema
tras del que nada existe que exactos las distinga.
Así, cuando se trata de ideas sobre un tema
ambiguo o delicado habladas, se respinga
de suspicacia al mínimo chispazo, si uno rema
contracorriente y otro se queda para arrastre
de su normal sentido al mar, por obediente
a lindes arbitrarias humanas: qué desastre
para el común sentido, el sexto, el de la mente
que por sentidos varios compone en un encastre
las 5 procedencias. ¿Tendrá que ver oído
con ojo, olfato, piel y lengua -y otros- algo?
Un son que se degusta con tacto ¿algún sentido,
si no es por sinestesia, tendrá, si no me salgo
de literalidades? ¿O son se hará de un ruido,
compuesto en su figura de adversos en concordia
por vías diferentes de trenes hipercúbicos?
Mi amor por ti, distinta de mí que, cuando exordia
su cotidiano esfuerzo de bien, desde los púbicos
encuentros a la unión de almas, sin falordia
o engaños de cliché, de públicos tan típica
los medios, que hipnotizan, de nazis pro-celosos
de propaganda en simple registro por edípica
complejidad, ¿es raro? ¿Qué somos: 2 colosos
en nombre de la paz sufriendo la filípica
de la corriente, norma del vulgo de la masa?
No creo, o no lo quiero, que una excepción seamos.
Arder el Todo quiere de Amor desde su brasa
para brotar en llamas que el nudo de los ramos,
siguiendo este modelo de nuestra dicha en casa,
abrase sin dañar sus contenidos varios
de entendimiento, incluso con bichos -que su esperma
esparcen por el prado en flor a los ovarios
de otras desde machos estambres, que la yerma
estepa reflorezcan en ciclos, y anüarios.
Y, cuando se divulgue la vida a contramuerte,
en vez de tanta muerte en vida de una vía
estrecha, renqueante por monolito inerte,
no le darán el nóbel a la vulgar sequía
del cruel sindiós mundano. (Amar es una suerte).
II. Lamentación del falso machista
“Que mal no diga nadie sobre mujer es justo.
Pero si alguna hembra mal hace, sí se debe
decir. Mas si lo acuso hay siempre algún percebe
que se fastidia y quiere callarme por disgusto
del fémino modelo: con eso ¿quién se atreve?.
Tardé sesenta años en encontrar un vero
amor, y no por nunca tratar de hallar el mío.
Continuo, mi fracaso me pudo dar avío
para entender que había razones de otro fuero,
raíces escondidas en tierras de un baldío
desierto. Fui diez años descanso de guerrera,
relleno, los mejores de mis edades mozas,
y, mientras de tu charca de sequedades hozas,
te salvo en mis memorias, pues eres primavera
también de mi esperanza, si aun luego me destrozas
en mi presente histórico. Fui ¡semental! Fui diana
de injurias por complejo sexista de una envidia
inadmitida, base del tópico de lidia
contra mi condición de hombre, en soberana
bajeza de mi suerte por nacimiento, insidia
sufriendo cotidiana, sin caso a mis audacias
de macho feminista de justo entendimiento,
y hasta probé la cárcel, para saciar el viento
de un hueco irrellenable, con cargo por falacias
en la denuncia, inversa al hecho. Que el lamento
al orden fue censura -por no aceptar camisa
de fuerza autoritaria que no admitió respuesta.
Provecho sacan hembras de justa ley, funesta
para el buen hombre, justo. Creía la eloïsa
maruja que esa ley le daba a ser la testa
de la familia nova derecho -mas la cosa
decirse no se puede. Concúlcase el derecho
aun de expresión al justo. Y saca su provecho
de aciagos abelardos la mari, cuya rosa
se queda sin sus pétalos, dejando sólo estrecho
el paso por espinas a la corola calva
e, insisto, no se puede decir lo que prohíbe
la norma, no la ley. La historia así se escribe:
pagamos inocentes por bestias que del alba
de la cultura fueron maltratadores. ¡Vive
dïós, si alguna vez he maltratado a alguna
y no me han maltratado! Pero del testimonio
la credibilidad es sólo del femenil demonio
que miente para el mando. Tocome la fortuna
de El Malo de la Peli, por turno. ¡San Antonio,
patrón de las parejas, me ampare!: en vez de cierta
medida que funcione social, el discrimine
positivado valga. La cosa es de alucine:
¡cambiar una injusticia por otra! Qué obra muerta
hundiendo la obra viva, para que más se incline,
si bien al lado opuesto, el fiel de la balanza:
no es justo. Los gobiernos debieran darle guita
a toda maltratada por macho, o una hermita
-ermita de Hermes- frente a tantas asechanzas
que acaban en tragedia, si, cuando un nota, frita
de agobios la sesera, se da al asesinato:
Mi amor, si yo te amato será de amores sólo.
Jamás tentada seas de provocar a Apolo
por no ser Dafne, y pague el pobre dios el Pato
de Lílith, y sus cuernos se lleve al mauseolo.
Los mansos siempre sufren la fuerza de los brutos.
Y la equidad se extraña. Y es la australopiteca
Supermujer, que al culto aislado en biblioteca
le lee la cartilla, con índices astutos
de argucias milenarias so sumisión de meca.
Pero el Amor es justo. Si no lo es, quién sabe
qué oscuro sentimiento del Inconsciente judas
en lapsos brota estiércoles. Nosotros siempre ayudas
nos demos como Demos, y jamás por jarabe
de tósigo, y hagamos las paces de los Budas”.
III. Disonancias
(Hemistiquios diversos por pies acentuales, yambos y anapestos, en cada mismo verso).
El verso libre es lícito. No lo es la manía
que tienen los poetas en su gran mayoría
contra la licitud de la rima y la estrofa.
¿Por qué?: No ser modernas. Y prefieren la fofa
y fácil estructura a la estricta maestría.
Y es sólo porque es raro que se usen. Lo escaso
extraña a los usuales. Pero es por retraso
puntual. Lo novedoso, por lo tanto, conlleva
que el troglodita siga en platónica cueva.
Y fïat cualquier cosa, menos dar algún paso
avante. Que lo malo conocido lo bueno.
Lo bueno no es secreto. Cuando un buen Nazareno
oferta paz, justicia gratüitas, el vulgo
lo pena como orate. O peor: “Lo excomulgo
en Nombre de Dios Padre, por hereje” -ante el Cieno
de la Costumbre, santa-, “y me lo crucifico.
¡¿Pues no predica un Cielo pohïbido al que es rico?!
¡Se muestra partidario de los pobres! Azote
le den de Dios” -¿Atila?-. Siempre algún pasmarote
inquiere al acusado. Pese a su oro del pico
de raciocinio ilustre de impecable sesera,
sin lustre en la conciencia del soberbio Cualquiera,
que cree en el cuadrado de su círculo estrecho
de idiocia vasta, y basta catetez, por derecho
torcido por el hábito. Ya me voy de su vera,
cruz vera. Que esta mía, singular, en su plura-
lidad de perspectivas diferentes, de cura
no sirve al dogma falso ideológico, santo.
“De qué va el tío ese con su crítico canto
de piedra, que se esculpe. Y es que no es escultura
en verbo, o de alfarero, la labor del poeta.
Ya cauces hay que llevan la corriente a la meta
final, en donde el río se convierte en marítimo.
No es moldear, tampoco, un trabajo legítimo.
(Será algún infiltrado de Poesía Secreta)”.
La libertad, parece, no aparece libre-
versista. Pues no escribo como él, sin jengibre
ni especia alguna, veta, como Estados Unidos
la paz en este mundo, mis Trabajos Perdidos.
Del mismo modo andan. Sin el verso que vibre
por seso, modelando con su son consonantes
los signos. Nunca el fino del oído de antes
cabida ahora tiene en la Ïnteligencia
del estatus, sagrado. Y perdí la paciencia.
Las reses siempre mugen en la grey, tan campantes.
Exilian a pastores y mastines; el lobo
prefieren a guardianes -y se pinchan el globo
que los suben a más- que les dan su sustento.
Amor, esa avis rara, para qué. Ni te cuento
lo que siempre se sufre. Como pájaro bobo
del mar frío, se nutren de los peces pequeños
-sus menores- y al grande le regalan sus sueños:
las alas con que insurgen, o insurgían, atrofia
padecen. Yo sí amo de verdad, y a la bofia
traicionera lobuna, más le endiña mi leño,
inverso a como hace el odioso que imputa
su culpa al expiatorio que se queda sin ruta
si quiere regresar del desierto. Amor, mío,
encanto, verso arriba, me liberas del frío
de ese su mar, vendido, sin amor, que disputa
al justo, al amador, su lugar en el trono
que república hizo, y ahora sufre abandono
profesinal del bardo que se ha puesto de moda.
A ti yo te dedico desde el fondo es oda,
Amor, sin el que siento, en su sede, el gran Mono.
IV. Si es que ya no se puede, estamos listos
Las mayorías odian al raro y al distinto
y, por ser la justicia una cosa tan rara,
si un Justo viene a nuestro mundano laberinto,
lo lapidan con bulos que lo ponen más tinto
y verde, y me lo afean, y le parten la cara.
El hábito les hace creer que no es posible
que les diga verdades como templos y puños.
en beneficio suyo, y pierden su imperdible,
y se quedan mostrando su vergüenza insufrible
y en el error se empeñan, con cerril refunfuño.
Se vuelven partidarias del yerro que las hierra:
y no ven la pezuña del caprípedo diablo,
su cebo de celada, que chica ofrece perra,
y peseta le hace y al final lo destierra,
y pifian de soberbia, en su mísero establo.
La grey de cabras nunca saldrá de nuevo al aire
a pastar de su hierba por derecho, y lo cede
al Mentiroso, y quiere lograr, con mal donaire,
que el bandido le done protección al socaire
de rachas, convencido de que nada se puede.
Levanto en la asamblea la mano y lo defiendo,
y me dicen: Infórmate. Yo iba a darles mi informe,
de alerta: que se dejen de al falso reverendo
aplaudir caüdillo camuflado y, rïendo,
me insultan, por mi intento de engañarla, conforme
le ordena el inconsciente hipnotizado: al Grande
del parné le molestan justicieros extraños
que turban su gloriosa prosperidad: que mande
mandatarios que mienten es normal, y que ande
hurgando en sus defectos, que no encuentran en años.
Entonces los inventa. Y estando al descubierto
su cloaca política, no corrigen su credo,
y atrasan el reloj histórico. Si, experto,
un maestro les muestra que no están en lo cierto,
le tiran por el morro despectivo un buen pedo.
Un grupo de heroínas minúsculo, en enroque,
jugándose la tabla redonda de su Arturo,
han tenido la audacia de parar un vil choque
que agrede al indefenso. Y el mundo, erguido en bloque
-frontón-, encaja bolas. Qué razón dará un muro.
No habrá razón ninguna que al Bestia de las miles
de cabezas, le haga comprender que es erróneo
su juicio sumarísimo, pueriles por seniles
tozudos irredentos. No obstante, dile, diles
su pifia, por real tu ideal más idóneo.
A base de iterarlas penetran las ideas
en la testa más dura. Y salvar de sí mismo
del yerro a aquél que yerre, que creéselas feas
es deber de los justos. Y si no, no te veas.
Entre ciegos el tuerto es real silogismo.
V. Homo Mendax
Repetir la verdades contra tanta mentira,
cuando así la divulgan los maléficos medios,
es batalla perdida de antemano, y suspira
de impotencia el poeta que, acosado de asedios
de silencio, se empeña en ponerle remedios.
Las verdades nos duelen: cuando alguno las canta,
el errado rebuzna proyectando sus fallos
con insultos en éste que sin freno lo espanta
revelando su indigna posesión, como un gallo
que anunciara la noche. Pero yo no me callo:
la verdad me hace libre; la mentira esclaviza;
se inventó para eso; el político miente
si defiende la causa de su cuenta süiza
y a 200 familias opulentas, al frente
del país y su erario, y lo cree la gente
que ha perdido la fe por influjo dïario
del dïario oficial, que son todos. Aquello
que repita la tele, ese nuevo corsario,
por Palabra se toma Revelada, y el cuello
se lo juega el valiente, que no tiene un cabello
en la lengua, y no escupe. El Amor, la Justicia,
el sentido del Cosmos que predica hace sordos
los oídos al uso, por lo raros, e inicia
y remata su obra y, al final, los fiordos
lo limitan y sufre, si persiste, de gordos
abordajes de peces, al servicio del Rico,
para que lo devore, por botín, porque estorba,
y el pez gordo se come, como siempre, al más chico,
inclüido a los suyos que con máscara torva
de tragedia y suicidio inconsciente la corva
zarpa hendida le pone en retráctil la espalda:
os lo dije, se dice; ahora, menos querellas.
Os estabais tocando con laurel y guirnalda,
y la falda trepada aún conserva las huellas
de lo oscuros que fuisteis para cuántas estrellas
para ser luego nada, y me hicisteis objeto
de desprecio por vano presumido que cree
conocer la verdad, posesor de un secreto
ignorado por todos. Porque aquél que la lee,
no en la prensa, en el mundo y en los libros provee
de sentido a la historia, y si no hace sentido
la denuncia; y la historia del presente es un fiasco,
porque reina el embuste. Y el ingenuo creído
por su mal, que defiende, apresado en su atasco
por costumbre de no calentarse su casco,
no lo entiende, y no atiende al poeta, ya ronco
de gritarle que mire y que piense y no crea
sino en Dios, que no existe, si esculpido en un tronco,
pero sí, si lo crea tu Ideal con idea:
la Verdad, la Justicia, el Amor. Pues arrea
a la recua, aunque terca, y encamina sus pasos
con palabras estrictas que a presión la hermosura
del lenguaje rezume una serie de ocasos
sucesivos, sin cuido de fracasos de altura
por ensayo y error, con la bella figura
de tu buena intención. Y si de ellos alguno
es el último, nada perderás: no valía
el trabajo la pena y no importa el zorruno
fario malo del Homo. Y a dormir con la Fría.
Fui feliz, escribiendo, sobre todo, poesía.
que luce el mar o ¿blanco? (según su irreal leyenda).
Y el vino blanco ¿es blanco? ¿No es entre oro, empero,
y verde? No es achaque del ojo que se prenda
del Iris tras la lluvia. Yo veo más certero
decir: categorías semánticas de idiomas
distintos que organizan el mundo fenoménico
del luminoso espectro y acotan entre comas
sus Cláusulas o Clases, para cazar asténico
al bruto de un contínuum que puzlan en axiomas
conceptos en palabras fingiendo su sistema
tras del que nada existe que exactos las distinga.
Así, cuando se trata de ideas sobre un tema
ambiguo o delicado habladas, se respinga
de suspicacia al mínimo chispazo, si uno rema
contracorriente y otro se queda para arrastre
de su normal sentido al mar, por obediente
a lindes arbitrarias humanas: qué desastre
para el común sentido, el sexto, el de la mente
que por sentidos varios compone en un encastre
las 5 procedencias. ¿Tendrá que ver oído
con ojo, olfato, piel y lengua -y otros- algo?
Un son que se degusta con tacto ¿algún sentido,
si no es por sinestesia, tendrá, si no me salgo
de literalidades? ¿O son se hará de un ruido,
compuesto en su figura de adversos en concordia
por vías diferentes de trenes hipercúbicos?
Mi amor por ti, distinta de mí que, cuando exordia
su cotidiano esfuerzo de bien, desde los púbicos
encuentros a la unión de almas, sin falordia
o engaños de cliché, de públicos tan típica
los medios, que hipnotizan, de nazis pro-celosos
de propaganda en simple registro por edípica
complejidad, ¿es raro? ¿Qué somos: 2 colosos
en nombre de la paz sufriendo la filípica
de la corriente, norma del vulgo de la masa?
No creo, o no lo quiero, que una excepción seamos.
Arder el Todo quiere de Amor desde su brasa
para brotar en llamas que el nudo de los ramos,
siguiendo este modelo de nuestra dicha en casa,
abrase sin dañar sus contenidos varios
de entendimiento, incluso con bichos -que su esperma
esparcen por el prado en flor a los ovarios
de otras desde machos estambres, que la yerma
estepa reflorezcan en ciclos, y anüarios.
Y, cuando se divulgue la vida a contramuerte,
en vez de tanta muerte en vida de una vía
estrecha, renqueante por monolito inerte,
no le darán el nóbel a la vulgar sequía
del cruel sindiós mundano. (Amar es una suerte).
“Que mal no diga nadie sobre mujer es justo.
Pero si alguna hembra mal hace, sí se debe
decir. Mas si lo acuso hay siempre algún percebe
que se fastidia y quiere callarme por disgusto
del fémino modelo: con eso ¿quién se atreve?.
Tardé sesenta años en encontrar un vero
amor, y no por nunca tratar de hallar el mío.
Continuo, mi fracaso me pudo dar avío
para entender que había razones de otro fuero,
raíces escondidas en tierras de un baldío
desierto. Fui diez años descanso de guerrera,
relleno, los mejores de mis edades mozas,
te salvo en mis memorias, pues eres primavera
también de mi esperanza, si aun luego me destrozas
en mi presente histórico. Fui ¡semental! Fui diana
de injurias por complejo sexista de una envidia
inadmitida, base del tópico de lidia
contra mi condición de hombre, en soberana
bajeza de mi suerte por nacimiento, insidia
sufriendo cotidiana, sin caso a mis audacias
de macho feminista de justo entendimiento,
y hasta probé la cárcel, para saciar el viento
de un hueco irrellenable, con cargo por falacias
en la denuncia, inversa al hecho. Que el lamento
al orden fue censura -por no aceptar camisa
de fuerza autoritaria que no admitió respuesta.
Provecho sacan hembras de justa ley, funesta
para el buen hombre, justo. Creía la eloïsa
maruja que esa ley le daba a ser la testa
de la familia nova derecho -mas la cosa
decirse no se puede. Concúlcase el derecho
aun de expresión al justo. Y saca su provecho
de aciagos abelardos la mari, cuya rosa
se queda sin sus pétalos, dejando sólo estrecho
el paso por espinas a la corola calva
e, insisto, no se puede decir lo que prohíbe
la norma, no la ley. La historia así se escribe:
pagamos inocentes por bestias que del alba
de la cultura fueron maltratadores. ¡Vive
dïós, si alguna vez he maltratado a alguna
y no me han maltratado! Pero del testimonio
la credibilidad es sólo del femenil demonio
que miente para el mando. Tocome la fortuna
de El Malo de la Peli, por turno. ¡San Antonio,
patrón de las parejas, me ampare!: en vez de cierta
medida que funcione social, el discrimine
positivado valga. La cosa es de alucine:
¡cambiar una injusticia por otra! Qué obra muerta
hundiendo la obra viva, para que más se incline,
si bien al lado opuesto, el fiel de la balanza:
no es justo. Los gobiernos debieran darle guita
a toda maltratada por macho, o una hermita
-ermita de Hermes- frente a tantas asechanzas
que acaban en tragedia, si, cuando un nota, frita
de agobios la sesera, se da al asesinato:
Mi amor, si yo te amato será de amores sólo.
Jamás tentada seas de provocar a Apolo
por no ser Dafne, y pague el pobre dios el Pato
de Lílith, y sus cuernos se lleve al mauseolo.
Los mansos siempre sufren la fuerza de los brutos.
Y la equidad se extraña. Y es la australopiteca
Supermujer, que al culto aislado en biblioteca
le lee la cartilla, con índices astutos
de argucias milenarias so sumisión de meca.
Pero el Amor es justo. Si no lo es, quién sabe
qué oscuro sentimiento del Inconsciente judas
en lapsos brota estiércoles. Nosotros siempre ayudas
nos demos como Demos, y jamás por jarabe
de tósigo, y hagamos las paces de los Budas”.
El verso libre es lícito. No lo es la manía
que tienen los poetas en su gran mayoría
contra la licitud de la rima y la estrofa.
¿Por qué?: No ser modernas. Y prefieren la fofa
y fácil estructura a la estricta maestría.
Y es sólo porque es raro que se usen. Lo escaso
extraña a los usuales. Pero es por retraso
puntual. Lo novedoso, por lo tanto, conlleva
que el troglodita siga en platónica cueva.
Y fïat cualquier cosa, menos dar algún paso
avante. Que lo malo conocido lo bueno.
Lo bueno no es secreto. Cuando un buen Nazareno
oferta paz, justicia gratüitas, el vulgo
lo pena como orate. O peor: “Lo excomulgo
en Nombre de Dios Padre, por hereje” -ante el Cieno
de la Costumbre, santa-, “y me lo crucifico.
¡¿Pues no predica un Cielo pohïbido al que es rico?!
¡Se muestra partidario de los pobres! Azote
le den de Dios” -¿Atila?-. Siempre algún pasmarote
inquiere al acusado. Pese a su oro del pico
de raciocinio ilustre de impecable sesera,
sin lustre en la conciencia del soberbio Cualquiera,
que cree en el cuadrado de su círculo estrecho
de idiocia vasta, y basta catetez, por derecho
torcido por el hábito. Ya me voy de su vera,
cruz vera. Que esta mía, singular, en su plura-
lidad de perspectivas diferentes, de cura
no sirve al dogma falso ideológico, santo.
“De qué va el tío ese con su crítico canto
de piedra, que se esculpe. Y es que no es escultura
en verbo, o de alfarero, la labor del poeta.
Ya cauces hay que llevan la corriente a la meta
final, en donde el río se convierte en marítimo.
No es moldear, tampoco, un trabajo legítimo.
(Será algún infiltrado de Poesía Secreta)”.
La libertad, parece, no aparece libre-
versista. Pues no escribo como él, sin jengibre
ni especia alguna, veta, como Estados Unidos
la paz en este mundo, mis Trabajos Perdidos.
Del mismo modo andan. Sin el verso que vibre
por seso, modelando con su son consonantes
los signos. Nunca el fino del oído de antes
cabida ahora tiene en la Ïnteligencia
del estatus, sagrado. Y perdí la paciencia.
Las reses siempre mugen en la grey, tan campantes.
Exilian a pastores y mastines; el lobo
prefieren a guardianes -y se pinchan el globo
que los suben a más- que les dan su sustento.
Amor, esa avis rara, para qué. Ni te cuento
lo que siempre se sufre. Como pájaro bobo
del mar frío, se nutren de los peces pequeños
-sus menores- y al grande le regalan sus sueños:
las alas con que insurgen, o insurgían, atrofia
padecen. Yo sí amo de verdad, y a la bofia
traicionera lobuna, más le endiña mi leño,
inverso a como hace el odioso que imputa
su culpa al expiatorio que se queda sin ruta
si quiere regresar del desierto. Amor, mío,
encanto, verso arriba, me liberas del frío
de ese su mar, vendido, sin amor, que disputa
al justo, al amador, su lugar en el trono
que república hizo, y ahora sufre abandono
profesinal del bardo que se ha puesto de moda.
A ti yo te dedico desde el fondo es oda,
Amor, sin el que siento, en su sede, el gran Mono.
Las mayorías odian al raro y al distinto
y, por ser la justicia una cosa tan rara,
si un Justo viene a nuestro mundano laberinto,
lo lapidan con bulos que lo ponen más tinto
y verde, y me lo afean, y le parten la cara.
El hábito les hace creer que no es posible
que les diga verdades como templos y puños.
en beneficio suyo, y pierden su imperdible,
y se quedan mostrando su vergüenza insufrible
y en el error se empeñan, con cerril refunfuño.
Se vuelven partidarias del yerro que las hierra:
y no ven la pezuña del caprípedo diablo,
su cebo de celada, que chica ofrece perra,
y peseta le hace y al final lo destierra,
y pifian de soberbia, en su mísero establo.
La grey de cabras nunca saldrá de nuevo al aire
a pastar de su hierba por derecho, y lo cede
al Mentiroso, y quiere lograr, con mal donaire,
que el bandido le done protección al socaire
de rachas, convencido de que nada se puede.
Levanto en la asamblea la mano y lo defiendo,
y me dicen: Infórmate. Yo iba a darles mi informe,
de alerta: que se dejen de al falso reverendo
aplaudir caüdillo camuflado y, rïendo,
me insultan, por mi intento de engañarla, conforme
le ordena el inconsciente hipnotizado: al Grande
del parné le molestan justicieros extraños
que turban su gloriosa prosperidad: que mande
mandatarios que mienten es normal, y que ande
hurgando en sus defectos, que no encuentran en años.
Entonces los inventa. Y estando al descubierto
su cloaca política, no corrigen su credo,
y atrasan el reloj histórico. Si, experto,
un maestro les muestra que no están en lo cierto,
le tiran por el morro despectivo un buen pedo.
Un grupo de heroínas minúsculo, en enroque,
jugándose la tabla redonda de su Arturo,
han tenido la audacia de parar un vil choque
que agrede al indefenso. Y el mundo, erguido en bloque
-frontón-, encaja bolas. Qué razón dará un muro.
No habrá razón ninguna que al Bestia de las miles
de cabezas, le haga comprender que es erróneo
su juicio sumarísimo, pueriles por seniles
tozudos irredentos. No obstante, dile, diles
su pifia, por real tu ideal más idóneo.
A base de iterarlas penetran las ideas
en la testa más dura. Y salvar de sí mismo
del yerro a aquél que yerre, que creéselas feas
es deber de los justos. Y si no, no te veas.
Entre ciegos el tuerto es real silogismo.
Repetir la verdades contra tanta mentira,
cuando así la divulgan los maléficos medios,
es batalla perdida de antemano, y suspira
de impotencia el poeta que, acosado de asedios
de silencio, se empeña en ponerle remedios.
Las verdades nos duelen: cuando alguno las canta,
el errado rebuzna proyectando sus fallos
con insultos en éste que sin freno lo espanta
revelando su indigna posesión, como un gallo
que anunciara la noche. Pero yo no me callo:
la verdad me hace libre; la mentira esclaviza;
se inventó para eso; el político miente
si defiende la causa de su cuenta süiza
y a 200 familias opulentas, al frente
del país y su erario, y lo cree la gente
que ha perdido la fe por influjo dïario
del dïario oficial, que son todos. Aquello
que repita la tele, ese nuevo corsario,
por Palabra se toma Revelada, y el cuello
se lo juega el valiente, que no tiene un cabello
en la lengua, y no escupe. El Amor, la Justicia,
el sentido del Cosmos que predica hace sordos
los oídos al uso, por lo raros, e inicia
y remata su obra y, al final, los fiordos
lo limitan y sufre, si persiste, de gordos
abordajes de peces, al servicio del Rico,
para que lo devore, por botín, porque estorba,
y el pez gordo se come, como siempre, al más chico,
inclüido a los suyos que con máscara torva
de tragedia y suicidio inconsciente la corva
zarpa hendida le pone en retráctil la espalda:
os lo dije, se dice; ahora, menos querellas.
Os estabais tocando con laurel y guirnalda,
y la falda trepada aún conserva las huellas
de lo oscuros que fuisteis para cuántas estrellas
para ser luego nada, y me hicisteis objeto
de desprecio por vano presumido que cree
conocer la verdad, posesor de un secreto
ignorado por todos. Porque aquél que la lee,
no en la prensa, en el mundo y en los libros provee
de sentido a la historia, y si no hace sentido
la denuncia; y la historia del presente es un fiasco,
porque reina el embuste. Y el ingenuo creído
por su mal, que defiende, apresado en su atasco
por costumbre de no calentarse su casco,
no lo entiende, y no atiende al poeta, ya ronco
de gritarle que mire y que piense y no crea
sino en Dios, que no existe, si esculpido en un tronco,
pero sí, si lo crea tu Ideal con idea:
la Verdad, la Justicia, el Amor. Pues arrea
a la recua, aunque terca, y encamina sus pasos
con palabras estrictas que a presión la hermosura
del lenguaje rezume una serie de ocasos
sucesivos, sin cuido de fracasos de altura
por ensayo y error, con la bella figura
de tu buena intención. Y si de ellos alguno
es el último, nada perderás: no valía
el trabajo la pena y no importa el zorruno
fario malo del Homo. Y a dormir con la Fría.
Fui feliz, escribiendo, sobre todo, poesía.
VI. Amor a la Belleza
Porque odiáis la justicia, y con tirria y manías
de raíz inconsciente, con tozudas porfías,
y sentís, inconfesos, adversión, por motivos
tenebrosos, a su ánima, porque sois como crías
de conejo retráctil, de la onda cautivos
de la tele y, mezquinos, dais la vuelta a los hechos,
y con saña cobarde del caído desechos
hacéis, leña de piras, y en preciso el instante
en quiere salvaros, defendiéndoos derechos,
os ponéis en su contra como un fiero elefante
en rabiosa estampida, sin cerebro, os aviso:
basta ya de mirarse el ombligo narciso,
y aceptad la hermosura de la rara violeta
que propone ese sueño de un final paraíso
para andar en mejora, aun no habiendo una meta.
Realidades más justas se construyen andando
el correcto camino. Vocaciones de mando
no persiguen el cambio. Uno nada consigue
si en lo mismo se queda, por el miedo vitando
a seguir adelante, permitiendo que intrigue
el zorrón medratorio de los evos históricos,
u oportuno el trepista de alzamientos meteóricos
que no tienen vergüenza en mostrar sus vergüenzas,
aun diciendo que lucen sus vestidos, teóricos,
invisibles. De bolas el que no te convenzas
semejantes,te hace mucha falta. No obstante,
te me pones de parte del felón más bergante,
cuando incluso os desea un fatal retroceso
a lo mismo de siempre: ay señor almirante,
el comercio de esclavos se prohibió ya hace mucho,
contra hacernos esclavos otra vez yo es que lucho,
y no darle a los amos holguedad libertaria
que nos mate de hambre. Y así pues desembucho
mi canción anapéstica, contra la mercenaria
que se vende por gloria vanidosa y traiciona
a los desposeídos que las justas en zona
marginada defienden, para oír cómo el mundo
tergiversa ese grito que sublime les dona
su sentido moral, como mínimo fundo
que nos queda, ya único. Porque odiáis a las justas,
y dejáis manipulen el cerebro las fustas
de los 4 Jinetes, porque hacéis de caballo
al montaje embustero, y medidas adustas
de las austeridades fracasadas, que el callo
de jaeces y arreo os han vuelto indoloro
el dolor del endeble, yo anapéstico imploro
que por fin su reflejo en vosotros os haga
meditar solidarios, y no ser como un loro
que repite insensato lo que dicta la maga
que os hechiza. No gritan las rebeldes por ego:
es por sólo un nosotros, que te incluye, borrego,
y esa altiva asamblea se ha llenado de lobos.
que no piensan en ti, salvo ellas. Y agrego
que me ya desagrego de la grey de los robos,
de los engañabobos, y listillos de incultas
cataduras que estiman de siempre, a resultas
de creer que ellos saben lo que nunca se aprende:
el Amor a lo Justo es un don, y las multas
al saber, sólo vuestras. Y a vosotros, por ende.
de raíz inconsciente, con tozudas porfías,
y sentís, inconfesos, adversión, por motivos
tenebrosos, a su ánima, porque sois como crías
de conejo retráctil, de la onda cautivos
de la tele y, mezquinos, dais la vuelta a los hechos,
y con saña cobarde del caído desechos
hacéis, leña de piras, y en preciso el instante
en quiere salvaros, defendiéndoos derechos,
os ponéis en su contra como un fiero elefante
en rabiosa estampida, sin cerebro, os aviso:
basta ya de mirarse el ombligo narciso,
y aceptad la hermosura de la rara violeta
que propone ese sueño de un final paraíso
para andar en mejora, aun no habiendo una meta.
Realidades más justas se construyen andando
el correcto camino. Vocaciones de mando
no persiguen el cambio. Uno nada consigue
si en lo mismo se queda, por el miedo vitando
a seguir adelante, permitiendo que intrigue
el zorrón medratorio de los evos históricos,
u oportuno el trepista de alzamientos meteóricos
que no tienen vergüenza en mostrar sus vergüenzas,
aun diciendo que lucen sus vestidos, teóricos,
invisibles. De bolas el que no te convenzas
semejantes,te hace mucha falta. No obstante,
te me pones de parte del felón más bergante,
cuando incluso os desea un fatal retroceso
a lo mismo de siempre: ay señor almirante,
el comercio de esclavos se prohibió ya hace mucho,
contra hacernos esclavos otra vez yo es que lucho,
y no darle a los amos holguedad libertaria
que nos mate de hambre. Y así pues desembucho
mi canción anapéstica, contra la mercenaria
que se vende por gloria vanidosa y traiciona
a los desposeídos que las justas en zona
marginada defienden, para oír cómo el mundo
tergiversa ese grito que sublime les dona
su sentido moral, como mínimo fundo
que nos queda, ya único. Porque odiáis a las justas,
y dejáis manipulen el cerebro las fustas
de los 4 Jinetes, porque hacéis de caballo
al montaje embustero, y medidas adustas
de las austeridades fracasadas, que el callo
de jaeces y arreo os han vuelto indoloro
el dolor del endeble, yo anapéstico imploro
que por fin su reflejo en vosotros os haga
meditar solidarios, y no ser como un loro
que repite insensato lo que dicta la maga
que os hechiza. No gritan las rebeldes por ego:
es por sólo un nosotros, que te incluye, borrego,
y esa altiva asamblea se ha llenado de lobos.
que no piensan en ti, salvo ellas. Y agrego
que me ya desagrego de la grey de los robos,
de los engañabobos, y listillos de incultas
cataduras que estiman de siempre, a resultas
de creer que ellos saben lo que nunca se aprende:
el Amor a lo Justo es un don, y las multas
al saber, sólo vuestras. Y a vosotros, por ende.
VII. La ofuscación del mediocre
Llegaremos
a viejos todos: todo se anda.
Y la jubilaciones harán falta más luengas.
Si os caéis en trampillas -de la santa Servanda-,
mendigando ya os veo con las piernas más rengas
y los brazos más mancos -de inmoral propaganda.
Engañar a su pueblo o intentarlo con Pedro
el Portero, es de diestros, los de siempre. Y, encima,
como el santo Felipe, dedicados al medro,
laureáis a un poeta que desprecia la rima
sistemática, en pro de un vidrioso poliedro
bisutero e, incluso, su mensaje humanístico
que defiende el amor al humano en desvío
de su ser, alienado, como el tufo de místico,
que supure un poeta, dado que es desvarío,
y lo aísla con trampas de papel periodístico.
No es mï isla una isla, sino un astro celeste
que implotara algún día, expulsando sus capas
exteriores al Cosmos, y cuajándoos en este
-o aquel- polvo de estrellas, lo sembrasteis de papas
mandatarios obsesos en cultivos de agreste
extensión, que cosechan para sí lo que sobra
del consumo precario, sometiendo a precarios,
y han sembrado las pipas, y entrenado a la cobra
traicionera que mata al labriego -vicarios
del Trabajo de Dios, con artera maniobra
timadora de ingenuos-, acogida en su seno
cuando, muerta de frío, la salvó, y recompensa
inyectando en sus venas el más falso veneno,
el que impide ver mundo al fulano que piensa
que ve el mundo; y Dios llora, y lloró el Nazareno,
que el Amor predicara mundïal, que detiene
la ambición y encarcela en su espacio doméstico,
donde goza de su íntima soledad: la ecumene
ha perdido su tiempo. Y en mi rudo anapéstico
os lo canto y denuncio por su falta de higiene.
Pero no me haréis caso: la verdad es molesta
como un Dios que castigue al pudiente malvado
que se queda la mosca que al currante le cuesta
su trabajo, y queréis que lidere el Estado
la maldad que os refleja y envidiáis, que detesta
el honesto, una chispa trascendente que escapa
a la norma de uso: la miseria más zafia
que el imperio sin ley nos impone y que zapa
los cimientos del Bien, porque os gusta la mafia,
como a mí ningún reino, ni un imperio ni un Papa.
Al Amor me compensa. Pero no es suficiente.
Solidario es su rasgo en mi lengua poética.
Egoísta es el mundo y mezquino, indecente.
Y no tiene ni idea de Belleza ni Ética:
Yo os lo dejo y me vuelvo a mi fuente, a la Fuente:
Prediqué en el desierto. Mi mensaje no era
adaptable a los sesos miserables de curso
o corriente torcidos, y mi gran Borrachera
por la Justa Belleza no se adecua al concurso.
Solo es gozo contigo. Pero sigo a la espera.
Y la jubilaciones harán falta más luengas.
Si os caéis en trampillas -de la santa Servanda-,
mendigando ya os veo con las piernas más rengas
y los brazos más mancos -de inmoral propaganda.
Engañar a su pueblo o intentarlo con Pedro
el Portero, es de diestros, los de siempre. Y, encima,
como el santo Felipe, dedicados al medro,
laureáis a un poeta que desprecia la rima
sistemática, en pro de un vidrioso poliedro
bisutero e, incluso, su mensaje humanístico
que defiende el amor al humano en desvío
de su ser, alienado, como el tufo de místico,
que supure un poeta, dado que es desvarío,
y lo aísla con trampas de papel periodístico.
No es mï isla una isla, sino un astro celeste
que implotara algún día, expulsando sus capas
exteriores al Cosmos, y cuajándoos en este
-o aquel- polvo de estrellas, lo sembrasteis de papas
mandatarios obsesos en cultivos de agreste
extensión, que cosechan para sí lo que sobra
del consumo precario, sometiendo a precarios,
y han sembrado las pipas, y entrenado a la cobra
traicionera que mata al labriego -vicarios
del Trabajo de Dios, con artera maniobra
timadora de ingenuos-, acogida en su seno
cuando, muerta de frío, la salvó, y recompensa
inyectando en sus venas el más falso veneno,
el que impide ver mundo al fulano que piensa
que ve el mundo; y Dios llora, y lloró el Nazareno,
que el Amor predicara mundïal, que detiene
la ambición y encarcela en su espacio doméstico,
donde goza de su íntima soledad: la ecumene
ha perdido su tiempo. Y en mi rudo anapéstico
os lo canto y denuncio por su falta de higiene.
Pero no me haréis caso: la verdad es molesta
como un Dios que castigue al pudiente malvado
que se queda la mosca que al currante le cuesta
su trabajo, y queréis que lidere el Estado
la maldad que os refleja y envidiáis, que detesta
el honesto, una chispa trascendente que escapa
a la norma de uso: la miseria más zafia
que el imperio sin ley nos impone y que zapa
los cimientos del Bien, porque os gusta la mafia,
como a mí ningún reino, ni un imperio ni un Papa.
Al Amor me compensa. Pero no es suficiente.
Solidario es su rasgo en mi lengua poética.
Egoísta es el mundo y mezquino, indecente.
Y no tiene ni idea de Belleza ni Ética:
Yo os lo dejo y me vuelvo a mi fuente, a la Fuente:
Prediqué en el desierto. Mi mensaje no era
adaptable a los sesos miserables de curso
o corriente torcidos, y mi gran Borrachera
por la Justa Belleza no se adecua al concurso.
Solo es gozo contigo. Pero sigo a la espera.
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