sábado, 2 de diciembre de 2023

Pico de oro. Poemas nihilológicos -o, mejor: ¿oudenológicos?

Vanidad de vanidades, y solo vanidad.
Juan Crisóstomo
 
… Desprecia ahora
a Natura, al indigno
poder que, oculto, impera sobre el daño
y la profunda vanidad de todo.
Leopardi
 
Su nave estaba impulsada, igual que el esfuerzo bélico marciano, por la VULLS, la Voluntad Universal de Llegar a Ser. La VULLS es lo que crea universos de la nada, lo que hace que la nada insista en ser algo.
Vonnegut. Las sirenas de Titán.
 
Quien nunca duda nunca está en lo cierto.
Bergamín
 
           Vano es todo. Y el vano es muy profundo.
Y se hunde en el misterio que lo vela.
Y en la Ilusión, su Velo, todo el mundo
flota, en su niebla de tejida tela
de un hilo solo, del oriente oriundo,
inconsútil, de gasa, niebla lela,
            y en lo cierto se cree, y nunca duda,
y por ello jamás está en lo cierto,
pero es obvia verdad lozana y cruda
que el que está vivo es porque no está muerto,
y cuando muere y ha llegado al puerto
de la tranquila nada sordomuda,
            sin tacto o gusto, poco ya le importa
nada -si ojos no ven, nada se siente.
Así que ¡a aprovechar la vida corta!,
a base de intensión (sic), que la Fuente,
aunque sea de noche, nunca aborta
y mantiene su flujo y su corriente.
 
            Volvemos en la nada a serlo todo.
Y qué me importa -si mi Yo no existe,
parece ser, y no halla su acomodo
en la Hipérbole Cósmica, y me es triste,
por aferrarme a la ilusión de un quiste:
el Ego: tragicómico beodo.
 
            Si pudiera zafarme de mi ego
y su necia ambición de ser, si fuera
capaz de repensarme o, como un griego
que teme al Hades y lo niega, fuera
del terror, epicúreo, y así fuera
al otro mundo, con total sosiego
            me identificaría con la calma
del no-ser-nada, un mar al que no azota
la tormenta jamás, cuando la palma
exhibe su victoria en la derrota
de un navegar sin fin que no se nota,
pero ës, con el ánima en su alma
            unión con el no-ser. Pero no puedo:
quiero sufrir mi ego, aunque es un mierda
egoísta insufrible. Y ya, no quedo,
ese querer se sufre, aunque me pierda,                                                
y esa ansiedad es angustioso un miedo
que me manda a la mierda: nada lerda.             
                                                                                                 
            El Terror del Sin Mí despierta lumbres
oscuras por su sueño de morriña,
e induce ensueños, ilusión -si endiña
la conciencia de nada ser- de azumbres
de ego inebriantes -y a las muchedumbres
les den con el levante de la piña
            en alza siempre por el gran Soberbio
ignorante que manda, o el mandado,
que se agarra, inconsciente de su hado,
al iluso vivir, como un adverbio
sin Verbo o atributo, y mucho nervio
por pánico a caerse del estrado.
 
            “No me importa sufrir eternamente”,
dijo a su Dios el ego de Unamuno
-con tal de que no mucho, y que lo cuente,
añado yo, será. Ya que es cabruno
el monte, cuesta arriba, y aun corriente
en contra -porque no es fuenteovejuno.
            Y lo dudo: parece una espantada
del gran filósofo y poeta, ufano
y obseso con su eterno Yo que nada
en su angustia sin fondo, vano, en vano,
para pedir a un Dios, dudoso, sano
quedar ante el ataque de la nada.
 
            Eternos fuimos, cuando al Todo junto
estuvimos, sin tiempo y sin espacio,
en la Inconsciencia del remoto punto
del Origen, y somos el pancracio
de la diversidad y lo reacio
al otro, por terror de ser difunto                                                        
            uno, indefenso ante el extraño ignoto,
xenofobia de Nos, el mayestático,
y de ese modo se descose el roto
con un sesgo de vano antisocrático
no quererse saber en el vïático
sendero agudo, por obtuso boto.
            Y Sócrates pregunta, y ve la muerte
empero, ajena al alma -en griego: psique,
aunque también es ánemos, qué fuerte
viento fantasma -el ánima-, que el dique
final supera, sin que nadie explique
de dónde viene, en qué sentido -o suerte
            en el azar evolutivo sólo-
corre, y adónde llega, y dónde para
o hace posada, o dónde está su polo
atractivo magnético -y de cara
nos pone con el fin, y con el para
qué del vïaje a dónde, o cuál el rol o
            papel es -que se juega tras la escena,
si nada es la tramoya: la Energía
no se destruye, y nos in-forma y llena,
y nos hace, mas es mala tutía
con cada cual, y en marcha va a la buena
de Dios, a ser, como un cadáver, fría.
 
            Aumenta su entropía, cuando agota
el Inmóvil Motor su combustible,
que se pierde difuso en humo a ignota
-ya sin música- parte, dando un drible
a la fuerza, y le funde su fusible,
y a oscuras vamos sin saber ni jota.
 
            Tal Máquina Aristóteles sitúa,
para explicar cómo un Ingenio Inmoble
puede mover el mundo, como grúa
quieta, en el fin futuro: la más noble
Belleza que, atractiva, al Todo actúa
o activa, si Pasiva. Y ya no hay proble,
            ea. Y ¿está? Porque, según parece,
la Expansión se acelera: Significa
que el Universo, cuanto más se acrece
el espacio sidéreo, más ubica
la muerte en todas partes, y se cuece
más en su hielo, si no más se aplica
            fuego, tirando al Polo, al Artilugio
Natural. Que se enfría -se expansiona-,
y no encontramos ya ningún refugio
donde salvar el ego y la persona,
y  nuestra vil soberbia se destrona:
somos nada, y no vale el subterfugio
            habitual. ¿O será el de Movimiento,
Perpetuo, que recapta su energía
gastada -su entropía en, siempre, aumento?
¿Hay remedio a la Máxima Entropía,
Muerte Fría de Todo: Todavía
hay sitio a la esperanza? Qué tormento
            no saber nada. Sólo sé que nada
sé, si no pienso, y sigo. Si se piensa
si se sigue aguzando la mirada
-mientras no esté vacía la despensa-,
cantar su negro humor es recompensa
-sólo sé que no hay nada- de esta arcada,
            esta náusea que funda el ser, emesis
-o, vulgo, pota- del no-ser, vacío
cuántico, falso (en hipo, que Indra -estesis-
a aquel Vritra Embuchado, que echa el Río
al Mar -antítesis-, da risa: “Frío
su vientre con mi Rayo” -catacresis
            de un chiste metafísico-, y se abre
y desembucha el agua por la tripa
en espasmo, y se acaba, y vuelve el labre,
la sequía -qué hipérbatos-, la pipa
abierta por la gracia que lo flipa,
y hay cosecha -y el mito me apalabre
            pacífico): Total, se desahoga,
(con el de zorra laude, vomitiva,
al cuervo de la fábula que droga
con cebo de celada purgativa):
Un mareo de vértigo desfoga
su vórtice indigesto, que te aviva
            con el cauterio suave de su llama
de Amor. Quién fuera un místico, aun ficticia
siendo su fe de gota en mar, que inflama
los límites y funde y la avaricia
de su ego, el fantasma; cuánta albricia
y hosanna y aleluya -en vez de fama
            banal, porque te entiende todo quisque
que siente igual que tú, y se encuentra idéntico,
como ambos labios, si se pimpla un whisky,
y se pone contento por auténtico
como un pueril orate, si esperpéntico
en su conciencia corva, dado al trisque
            rapaz, de síndico del crimen-: cuánta
euforia de sentir lo que se fuga
de la cerril normalidad, qué santa
manera de ser Uno, y no la nuga,
ni siquiera catulia, en la carpanta
saciada de apariencias, que sub-yuga.
 
            Y para qué tanto vivir, eterno,
si ni el Cosmos lo es, el que se crea
a sí mismo y nos crea, con su Cuerno
de la Copia gratuita. Pero idea
el Seso siempre algo, y el infierno
ardiente del origen aún menea,
            como guïón del filme, el gran Cotarro
de energía, materia, vida, mente,
y hemos salido ya una vez del barro,
y es cíclico, se rueda, y es frecuente
la regeneración, y aquella Fuente
quién sabe si perdiera un día el tarro
            sin fondo en sí, verténdolo, y acuoso
inunda los canales y acueductos
y acequias a los surcos del poroso
campo físico, cuyos usufructos
nos alimentan cuando los productos
-poiémata- se siegan, y en reposo.
 
            Sigan, pues, muchos puntos suspensivos
seguidores del Punto, al que ahora siga
el párrafo siguiente: los archivos
creo, que siguen llenos, con intriga
por el final del Cuento. Mientras vivos
sigamos, piénsese que Todo liga.
 
            Con cada nada todo liga, o ego,
y con egos se liga -y enamora
aün-: lo canta el bardo, tras el riego
de su jardín, que crece y se aminora
a manera homeostática, si adora
lo suficiente (a sí -llena el talego).
            La profesión lo exige: a ex profesa:
si no hay amor, se inventa, y se lo traga
el fingidor, como se traga tiesa
la bolsa, que protege, con su saga
o cuento antiguo, tradición; y apaga
y vámonos, que es santa la teresa,
            y pierdes la sesera, y se termina,
y no se entiende cómo pudo uno
amar a un bicho, que ahora te incrimina
de discriminación, por odio, tuno
truco, por macho, que invirtió su mina
y se quedó sin ella, que la muno
            y la armo, gorda, contra mí, que gana
bastante más que yo, con mi negocio
quebrado, no el boyante suyo, y mana
de mí, y me busco donde no hay, beocio
de vacuo cráneo, y soy, en sacerdocio
de una nada que crea, en la mañana
            del mundo, iluso, su contrario, Fonte
que no puede existir, de la que fluye
el Universo, tras del horizonte,
adonde no se alcanza, y te destruye,
y abajo vas, rodando por el monte
como ríos al mar, y sustituye
            por, mejor, otro. Siempre yo a mí mismo
me he recreado, muchas veces, y hago
lo mismo de continuo: me descrismo
esforzando la crisma, y en mal trago
soy más experto, si mi fondo drago
pescándome al Dragón, por exorcismo.
 
            Y lo veo, y es dios que se idolatra,
honda raíz del ego: es el deseo
de Poder, sobre el otro, y el psiquiatra
me ayuda, y veo que es un bicho feo,
(comecoco) sensóvoro del atra-
bilis salido vil, civil, ateo,
            guardia, de Él, Superyó -y sus arquetipos
y norma obligatoria, de que salgo.
Y salido de madre y los equipos
de la liga, me escapo como un galgo
tras de la liebre última e, hidalgo,
algo nos pare, a todo, de los cipos
            más allá, a que se vuelve y ¿nunca luego
se sale más? Sí sé cómo es la terca
voluntad de llegar a ser del fuego,
o la energía, heraclitano, y cerca,
dentro, íntimo arde, y hace al ego,
un fantasma en la máquina, que puerca
            mancha llama el cristiano, como al mundo,
la carne y el demonio, un ángel siendo
que son, y suena a dios, de ese fecundo
y fértil rito de crear, que entiendo
con venia de Morfeo, inverecundo
nudo de sueño de morriña, arriendo
            del Impostor, que no lo doma, fuerte,
pero vapor, espíritu, se escapa,
y su papa, tijera en mano, a muerte
lo condena y, si puede, me lo capa,
por robarle la papa, si lo atrapa,
y echada -jacta est alea-, está la suerte.
 
            Corrupta, la república, no marcha:
lo pocho pudre, y no hay manzana sana,
y aparece el Imperio, y con su escarcha
nos congela, y nos tienta su manzana,
y ya no hay gente sana, y en mi jarcha
estrellada lo exulto, sobrehumana,
            nunca sobre Natura. Y su Bandera
quiere meternos en vereda impura
forzándonos a unirnos de manera
impropia, obligatoria, y en cintura
su puñal terrorista me asegura
ser, y el tonto por necio, lo asevera
            y, ganapán, apoya a quien le quita
el pan común, y no comulga sino
con la impostura del archimandrita
del mandria, con su fe en el desatino,
y en flor su fe en su pita la marchita,
y el gusano nos cría de pepino.
 
            La unión hace la fuerza, mas la fuerza
no hace la unión: la fuerza y la vïola.
Y el juez parcial que la impostura ejerza
toma partido por el mal, que asola
a la gran mayoría, que en el Hola
dulce al Poder se guía, la mastuerza.
 
            Y todo explota y quiebra y muere, y nace
la larva universal, y se organiza
en su pluralidad, que se deshace
en un mar de ondulante, escurridiza
angula que es su ola, y se desliza
en programa un conjunto, del desguace
            salido y, espontáneo, en un sistema
dinámico un patrón conforma, y uno
lo convierte en estrofa y en poema,
y resulta que sale un unamuno
que quiere ser fantasma -y es su tema-
del mecano que monta el grupo ayuno
            de energía, que busca, y que desgasta
su homeostasis, gastándose en la brega.
(Ha nacido otro cosmos de la casta
muerte del otro). Cuando al punto omega
lleguemos todos, todo, tras la Siega,
luego, molidos, hechos de otra pasta,
            volveremos a ser, el qué lo ignoro
y poco me consuela. Me consuelo
con esa pasta nunca como un oro,
que no quebranta fuero, ni es del suelo
ni el cielo, tan cristiano como moro
o judío, sin celos, y con celo
            permanente pagano por el Eros,
dios del Origen, órfico, que el tracio
cantaba y que nos hace caballeros
de a pie, quizá por un ciberespacio,
neuronas superadas, pero enteros:
Con ese mundo extraño me congracio.
 
            Crisóstomo lo dijo, Pico de Oro:
Vanitates sunt omnia. Y es que un flatus
vocis de verbo -fïat- creó al Coro
de Ángeles que cantan el estatus
de Dios, y al Cosmos, que los nosferatus
próceres sangran sin ningún decoro,
            fundados en mentira: por el pico
muere la bestia vanidosa, el loro
rüidoso de blufes, que critico
por ser lo que no es. Si me enamoro
creo un bello fantasma, a quien adoro
y, pues, se alza, que su bote achico,
            y después lo desamo: me defrauda
sin culpa: he sido yo quien se figura
e imagina su gloria, que recauda
en su provecho, y luego a la basura
me desecha; no sirvo ya: a la cauda
a esperar turno, y otra fermosura
            que me vuelva a fingir, que si no finjo
una ficción de fábula, no hay nada,
porque todo es ficción: no me restrinjo
a un sórdido realismo de mesnada,
que me es nada, del orden: y lo infrinjo:
es norma cotidiana que degrada.
 
            Todo estuvo ligado, y se desliga,
y hay que unirse a la liga, o no hay futuro,
en solidaridad, no con intriga:
con entrega, egoísta, por más duro
ganar, o cuarto, a Salto del gran muro
final, que Dios nos dé, y que nos bendiga
            Pedro, la Piedra, que no pica piedra,
el cimiento de Iglesias, Asambleas,
que es su sentido en griego, nunca yedra
trepadora, venada, sin ideas,
con obsesión de robo, de quien medra
por parte, y parte, a víctimas teseas
            que ya no pagarán por Él. Ay, cuándo.
¿Alguna vez? ¿Ya muertos? ¿Cómo especie?
¿Tanshumanos, simbióticos, amando
al otro yo, si yo otro ya? Qué especie
de cuento para niños, que desprecie
el sentir del experto, bajo mando
            Paterno. Madre mía, aquí me quedo
a la espera. De qué. Ya no confío
en ningún semejante. Mi quevedo
ya no me sirve para ver el brío
de la creación continua. Y tengo frío.
Pero sé que se puede. O que yo puedo.
 
            Y, aunque valiente, tengo mucho miedo.
Y, aunque cobarde, al todo desafío.
Y responde la nada, como un pedo
de Dios: No se es. Valiente desvarío
del cobarde no-ser, falso, vacío,
el ser que nos remata. Mas no cedo:
            Cuando no esté, seré. Si la Memoria
me recuerda quién fui, será curioso
mi Nous, la Madre de las Musas, gloria
bendita, de Anaxágoras, del poso
de la nada que, siendo, quita el soso
deseo de Poder del Yo, en su noria,
            si no, narcisa, vicio que circula,
como la vieja mula machadiana
en torno a un pozo, seco, pobre mula
domada, sin manada, que no mana
de la Manida, aunque es de noche, ufana
virtüal: una nada que se anula.
 
            Y, si no, nuevamente a ver qué ocurre,
y, si no veo, a descansar. No es poco.
Soñar tal vez un sueño de algún loco.
O esperar el comienzo de otro curre
de tejedor del hilo, que provoco:
lo bordo. Lo demás, más bien me aburre.
 
            Y estoy cansado. Y harto del Jumento
Universal, pollinos en su masa
domada que, creyéndose el gran Cuento,
se niegan a bordar la vana gasa
que somos, condenados al memento.
Y es que no hay nada -como estar en casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario