domingo, 2 de abril de 2023

Térmica Muerte Cósmica. Microepílogo de parte final.

 
Según se ha -por ahora- descubierto,
el cosmos acelera
la onda expansiva de su honda esfera
y es al fin muerto:
            La energía, que nunca se destruye,
no obstante se degrada,
y al final no nos sirve para nada
y todo se diluye.
            La muerte afecta a todos, y hasta al Todo.
Se mueren las medianas
criaturas, incluidas las humanas,
y, en cierto modo
            inmortal, aun la eu- (de pro-) cariota
que nace de mitosis
o escisión de mamá, como psicosis
y esquizofrenia idiota
            de la materia -helénico, cateto-,
cuando acaba el planeta
con el sol, mueren. Mientras, el poeta
-hace un ¿soneto?-,
            no sabe -solo curra el verso libre
esclavo de la prosa.
Y dice casi nada y cada cosa
estrecha de calibre.
            Ignorando, no mira allende su higo
de amor, ni sabe pizca
de cuanto canto: doble a vista bizca
vese su ombligo. 
            Y, si mira a la muerte, como ilustra
tanto ilustrado agnóstico
del poema normal, vano y feróstico,
mientras se embucha y rustra,
            por, carpe diem, no perder cosecha,
silenciador, te calla,
tildándote de ingenuo -fatua galla,
pico de endecha-,
            si cantas la estrechez de su codicia
o ambición plana y corta,
y se queda en su dogma, y no soporta
buena nueva o noticia.
            Imaginad que un día se descubre
real metempsicosis,
nueva post vidam como anadiplosis
cómo insalubre
            verás que te escarnece con insultos
su ideología estricta:
es dictador todo el que dogmas dicta
y acepta, contra cultos,
            aunque fueren verdad. No. Yo investigo,
porque no me conformo
con la dogmática del cloroformo,
y allende sigo.
            Ya lo dijo el Maestro: la esperanza
es la verdad
, las bellas
y justas, aún ignotas, que atropellas
o te topas en danza
            con tu verso genuino: son, noética,
de otro modo de música
callada en busca de celada prúsica,
arte poética.

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