Al margen de Frankl.. (V. “Arte Semántica”, cita 2ª).
A Francisco Castaño, el gongorino,
Justo Navarro, el mallarmeano, y antes
Carvajal, el dariano, consonantes
con que me afino,
y desde luego que primero a Inglada,
esta tirada a ellos se dedica
canción que, al fin, afín, a sí se aplica
en su mesnada
su valeryana vocación guillenia,
neológica en la acción de su semasia
y vétera en su son, por eutanasia
del caos, eu-genia.
Hipérbatos creantes hiperbólicos
y juegos con palabras excesivos
den con asuntos, temas y motivos
no melancólicos:
Llevamos dentro, propio, un enemigo
la contraria en
llevarnos que se obstina
(súper hipérbaton). Si medicina,
como castigo
a un vicio, prendo, o régimen o dieta,
refuerza mi ansia de pecar y, pecuo,
(de pecus -pécora, pecuaria…) ex ecuo
y, mal poeta
(de aequus -ecuador, igualitaria
ecuación, lo que iguala, no de yegua,
de -no caballa- equa), no hallo el aria
ni tiro legua
y dejo de estrofar, que es lo que cura,
y, si lo quiero hacer, nada me sale,
y, si no quiero, el diablo me da un vale
de sinecura
para una beca de creación. La idea
de que la voluntad un diablo propio
que la revuelve lleva me la copio
por panacea
del psiquitra que la Logoterapia
inventó para cura por Sentido
buscarse de la vida el padecido:
hay una tapia
que tapa oído a quien oír pretende
la música callada, el otro modo
de no perecedera, y
electrodo
choquea aquende
al cerebro su módulo específico
de esa especialidad de tanta especia:
mi idea “fementida” me desprecia
todo científico
materialista, quien defiende que lo
que aparece al espíritu o la mente
no existe: ficción es, como es patente.
Bruto camelo
que niega la evidencia: la conciencia
yo sé que existe, al menos en mí mismo.
Y ante la cosa-en-sí media un abismo
que la sentencia
a ser ignota, aunque ese espacio especie
una especie de mapa que nos guía
a una idea de tal, que esta elegía
puede que arrecie,
como a través de lluvia el Arco Iris,
su hondura de visión y estas estrofas
-que sé que van a dar lugar a mofas-,
son chirimiris.
Yo esa cosa evasiva me figuro
igual -misma- que Dios, Fuente de donde
mana el Bigbang, detrás del cual se esconde
o del futuro
punto Omega a que todo, global, tiende
en su expansión evolutiva, dando
causa a materia, vida, mente y, cuando
por fin allende
se llegue, lo que invente o que produzca
la evolución en su siguiente estadio
con el alargamiento de su radio,
cuando se luzca:
¿un nuevo Superseso autopoiético,
que pueda comprenderle?, ¿algún sistema
pobablemente cyborg? que anatema
es por herético
ahora, y de la Obtusa nos redima
Autoritariedad de vía chata
y corta que es la norma, que maltrata
cuanto se rima,
y cuanto se le salga de la madre
o madriz o los posos de preceptos
lunáticos y cauce sin exceptos
o se descuadre
de su cuadrada y mentirosa malla
pescatontos sin pesquis y morralla
que torna desgraciada a la canalla
con su pantalla
(monorrimo el tetrátrofo saliome
para marcar el más hastiante asunto:
no se quiere mirar lo que barrunto
verdad), que tome
de tomos de bodega como cubas
por su mente negar a base de uso
de su mental razón como un iluso
de ojo con bubas
que queda en el absurdo: si se niega
la conciencia, el espíritu o el alma,
y toda obra que la mente ensalma
y ensarta, Omega
no alcanzaremos nunca ni la cosa-
en-sí ni la Fonte nos dará su Seso.
Tendrán acidia, pues darán con queso
los mures, sosa,
porque, tóxico, es cebo de la Trampa,
y, cuando cae el mur, pilla la Trompa,
no ve que su visión se rompa, pompa,
si se lo zampa.
Enteras biblia-tecas cientifistas
zampa su propia mente por negarla,
-que “no es más que el cerebro”, vana parla
reduccionistas,
y el seso no es los sesos, y esos sesos
son objeto de espíritu, objetivo,
que ve materia pura por motivo
de sus sabuesos
mentales que procesan cuanto dato
construya su real mundo, ilusorio
si a su base se enfoca observatorio
el ojo lato
y fino que, aumentado por sus artes
escópicas, ve allende el escenario
espejístico, y ultravisionario,
pese a descartes
de preceptivas romas de agudeza
e ingenio que prohíben lo más obvio
-: ingenio y agudeza-, en su cenobio
de biodestreza
(que la derecha niega a izquierdas zurdas,
por ser más hábil -en sacarnos cuartos.
E izquierdas diestras hay que esos repartos
ansian absurdas):
Son de la ciencia de la Logoscopia
que a través de palabra observa -ingenio-,
por no temer al disparate el genio,
nunca en la inopia.
Son de la ciencia de la Logopoética:
la invención de Sentido por Lenguaje
o su descubrimiento, de un paisaje
de extraña estética,
desvïado de normas y costumbres
que imponen la costumbre como norma,
romas de cumbres y de floja forma
y escasas lumbres.
Ingeniero del Seso, me diseño
una theoría (en griego visión), como
con el matema-scopio mira, romo,
si no, de Sueño,
los quanta y el Principio el matemático
en sus fórmulas Uno, y el boquete
negro invisible ve, en que su estilete
mete acrobático.
Yo también tengo estilo y meto y saco
su agudeza e ingenio a Seso o Logos
y me ingenio su Genio sin ahogos
y lío el taco.
Puede ser que esté loco de remate,
o puede ser que el loco sea el resto.
No temo al disparate y soy, por esto,
genio y orate.
No la materia niego por producto
abstracto del espíritu: el que niega
es el materialista con su ciega
visión, constructo
ideológico, el alma con que arguye:
¿quién estará más loco, el que ahora inventa,
o quien niega su mente que argumenta?
y la destruye.
Descubrimiento, invento: el verbo “invenio”
tiene ese doble seso y el que troba
en provenzal, también. Yo, supernova,
me estrello, genio.
Justo Navarro, el mallarmeano, y antes
Carvajal, el dariano, consonantes
con que me afino,
y desde luego que primero a Inglada,
esta tirada a ellos se dedica
canción que, al fin, afín, a sí se aplica
en su mesnada
su valeryana vocación guillenia,
neológica en la acción de su semasia
y vétera en su son, por eutanasia
del caos, eu-genia.
Hipérbatos creantes hiperbólicos
y juegos con palabras excesivos
den con asuntos, temas y motivos
no melancólicos:
Llevamos dentro, propio, un enemigo
(súper hipérbaton). Si medicina,
como castigo
a un vicio, prendo, o régimen o dieta,
refuerza mi ansia de pecar y, pecuo,
(de pecus -pécora, pecuaria…) ex ecuo
y, mal poeta
(de aequus -ecuador, igualitaria
ecuación, lo que iguala, no de yegua,
de -no caballa- equa), no hallo el aria
ni tiro legua
y dejo de estrofar, que es lo que cura,
y, si lo quiero hacer, nada me sale,
y, si no quiero, el diablo me da un vale
de sinecura
para una beca de creación. La idea
de que la voluntad un diablo propio
por panacea
del psiquitra que la Logoterapia
inventó para cura por Sentido
buscarse de la vida el padecido:
hay una tapia
que tapa oído a quien oír pretende
la música callada, el otro modo
choquea aquende
al cerebro su módulo específico
de esa especialidad de tanta especia:
mi idea “fementida” me desprecia
todo científico
materialista, quien defiende que lo
que aparece al espíritu o la mente
no existe: ficción es, como es patente.
Bruto camelo
que niega la evidencia: la conciencia
yo sé que existe, al menos en mí mismo.
Y ante la cosa-en-sí media un abismo
que la sentencia
a ser ignota, aunque ese espacio especie
una especie de mapa que nos guía
a una idea de tal, que esta elegía
puede que arrecie,
como a través de lluvia el Arco Iris,
su hondura de visión y estas estrofas
-que sé que van a dar lugar a mofas-,
son chirimiris.
Yo esa cosa evasiva me figuro
igual -misma- que Dios, Fuente de donde
mana el Bigbang, detrás del cual se esconde
o del futuro
punto Omega a que todo, global, tiende
en su expansión evolutiva, dando
causa a materia, vida, mente y, cuando
por fin allende
se llegue, lo que invente o que produzca
la evolución en su siguiente estadio
con el alargamiento de su radio,
cuando se luzca:
¿un nuevo Superseso autopoiético,
que pueda comprenderle?, ¿algún sistema
pobablemente cyborg? que anatema
es por herético
ahora, y de la Obtusa nos redima
Autoritariedad de vía chata
y corta que es la norma, que maltrata
cuanto se rima,
y cuanto se le salga de la madre
o madriz o los posos de preceptos
lunáticos y cauce sin exceptos
o se descuadre
de su cuadrada y mentirosa malla
pescatontos sin pesquis y morralla
que torna desgraciada a la canalla
con su pantalla
(monorrimo el tetrátrofo saliome
para marcar el más hastiante asunto:
no se quiere mirar lo que barrunto
verdad), que tome
de tomos de bodega como cubas
por su mente negar a base de uso
de su mental razón como un iluso
de ojo con bubas
que queda en el absurdo: si se niega
la conciencia, el espíritu o el alma,
y toda obra que la mente ensalma
y ensarta, Omega
no alcanzaremos nunca ni la cosa-
en-sí ni la Fonte nos dará su Seso.
Tendrán acidia, pues darán con queso
los mures, sosa,
porque, tóxico, es cebo de la Trampa,
y, cuando cae el mur, pilla la Trompa,
no ve que su visión se rompa, pompa,
si se lo zampa.
Enteras biblia-tecas cientifistas
zampa su propia mente por negarla,
-que “no es más que el cerebro”, vana parla
reduccionistas,
y el seso no es los sesos, y esos sesos
son objeto de espíritu, objetivo,
que ve materia pura por motivo
de sus sabuesos
mentales que procesan cuanto dato
construya su real mundo, ilusorio
si a su base se enfoca observatorio
el ojo lato
y fino que, aumentado por sus artes
escópicas, ve allende el escenario
espejístico, y ultravisionario,
pese a descartes
de preceptivas romas de agudeza
e ingenio que prohíben lo más obvio
-: ingenio y agudeza-, en su cenobio
de biodestreza
(que la derecha niega a izquierdas zurdas,
por ser más hábil -en sacarnos cuartos.
E izquierdas diestras hay que esos repartos
ansian absurdas):
Son de la ciencia de la Logoscopia
que a través de palabra observa -ingenio-,
por no temer al disparate el genio,
nunca en la inopia.
Son de la ciencia de la Logopoética:
la invención de Sentido por Lenguaje
o su descubrimiento, de un paisaje
de extraña estética,
desvïado de normas y costumbres
que imponen la costumbre como norma,
romas de cumbres y de floja forma
y escasas lumbres.
Ingeniero del Seso, me diseño
una theoría (en griego visión), como
con el matema-scopio mira, romo,
si no, de Sueño,
los quanta y el Principio el matemático
en sus fórmulas Uno, y el boquete
negro invisible ve, en que su estilete
mete acrobático.
Yo también tengo estilo y meto y saco
su agudeza e ingenio a Seso o Logos
y me ingenio su Genio sin ahogos
y lío el taco.
Puede ser que esté loco de remate,
o puede ser que el loco sea el resto.
No temo al disparate y soy, por esto,
genio y orate.
No la materia niego por producto
abstracto del espíritu: el que niega
es el materialista con su ciega
visión, constructo
ideológico, el alma con que arguye:
¿quién estará más loco, el que ahora inventa,
o quien niega su mente que argumenta?
y la destruye.
Descubrimiento, invento: el verbo “invenio”
tiene ese doble seso y el que troba
en provenzal, también. Yo, supernova,
me estrello, genio.